ESPAÑA VACIADA

Galletas Gullón: nuevo plan de inversiones para seguir la senda de éxito de la reinversión, la deuda cero y el factor humano en la ‘España vaciada’

La multinacional palentina acomete la mayor expansión de su historia con la construcción de una segunda fábrica en Palencia, pero fuera de su feudo histórico en Aguilar de Campoo, además de un nuevo centro logístico. El grupo, que ya factura 750 millones de euros y supera los 2.000 empleados, creará más empleo en la España vaciada a través de su política histórica e inamovible de dividendo cero para la familia propietaria y reinversión sistemática de sus beneficios en tecnología y crecimiento del negocio. Una empresa centenaria alejada de las presiones y exigencias de los mercados bursátiles o los fondos de inversión.

Hay trayectorias de éxito industriales que destacan por su tecnología de última generación y otras que se caracterizan por su historia y arraigo. Pero en el norte de Castilla y León, en la comarca de la Montaña Palentina, los muros de la fábrica de Galletas Gullón pueden ser un ejemplo perfecto de la comunión entre la innovación y la tradición.

Una compañía centenaria que demuestra que se puede competir con los gigantes globales de la alimentación sin renunciar a sus raíces. Hoy, la firma con sede en la localidad palentina de Aguilar de Campoo acomete un nuevo y ambicioso plan de inversiones para seguir una senda de crecimiento basada en la autofinanciación, el saneamiento de su balance, y la reinversión de los beneficios en recursos propios y tecnología.

Tercera fábrica y nuevo centro de distribución

Galletas Gullón acomete más que una ampliación de instalaciones. Es un movimiento estratégico de futuro: el grupo ha comprometido una inversión de 196,3 millones de euros hasta el año 2030 para poner en marcha una tercera fábrica, que por primera vez desde su fundación se ubicará fuera de su localidad de origen, aunque también en Palencia. La saturación logística y la necesidad de escala provocadas por su crecimiento han decidido a la compañía a levantar una nueva planta de producción en Villamuriel de Cerrato, en el sur de la provincia.

La declaración de este plan como Proyecto Industrial Prioritario por parte de la Junta de Castilla y León responde a una realidad social: Gullón se ha convertido en un polo de desarrollo económico frente a la despoblación de la España vaciada, territorios necesitados de proyectos industriales estables. Un apoyo de la Administración que implica a cambio que la empresa deberá mantener las inversiones y la actividad en los emplazamientos previstos durante al menos cinco años desde la finalización del proyecto en 2030, así como los objetivos de empleo durante un periodo mínimo de cinco años.

La nueva planta, que estará especializada en preparados alimenticios y productos dietéticos, arrancará con tres líneas de producción automatizadas (ampliables a nueve).

Al tiempo, las instalaciones de Aguilar de Campoo se reforzarán con una plataforma logística avanzada, totalmente robotizada, con un silo de alto rendimiento de 38 metros de altura y capacidad para 37.400 palets. La multinacional prevé crear 140 empleos directos y que se generen más de 600 indirectos.

Algo muy significativo y propio del ADN de la empresa familiar palentina es que, en un mercado agroalimentario super competitivo y dominado por el apalancamiento y el capital riesgo, Galletas Gullón financia el plan inversor estrictamente con recursos propios generados por su actividad comercial.

Resultados financieros y deuda cero

Galletas Gullón cerró su último ejercicio financiero con una facturación récord de 750 millones de euros, lo que representa un crecimiento neto del 7,6% en comparación con los 690millonesdel año anterior (que a su vez ya había registrado un alza del 9,5% respecto a 2023). La evolución de la compañía en los últimos años se ve reflejada en su volumen de negocio: si se toma como referencia el escenario prepandemia de 2019, cuando la compañía ingresaba 387 millones, la galletera prácticamente ha duplicado sus ingresos en un lustro.

Este ritmo de crecimiento se sostiene sobre una estructura financiera poco habitual en la industria agroalimentaria: la deuda bancaria neta del grupo es cero. La dirección de la compañía, comandada operativamente por el director general y consejero delegado, Juan Miguel Martínez Gabaldón, mantiene una máxima inamovible: el rechazo al endeudamiento con entidades financieras para costear la expansión. Las nuevas capacidades técnicas y las líneas de alta tecnología se sufragan directamente con la tesorería de la empresa.

Instalaciones de Galletas Gullón en Aguilar de Campoo en la década de 1950. Firma: Gullón

Esta capacidad de autofinanciación es el resultado directo de una norma de gobierno corporativo implantada en la década de los 80: la política de dividendo cero. El 100% del beneficio neto anual —que en 2024, último dato publicado, se situó en 83,7 millones de euros— se destina íntegramente de forma sistemática a reservas y a la reinversión en tecnología e infraestructura productiva.

Los miembros de la familia propietaria no recogen beneficios vía dividendo. Esta disciplina financiera permitió a la compañía inyectar más de 200 millones de euros autofinanciados en sus instalaciones entre 2016 y 2023, las mismas bases para asumir el actual plan estratégico cercano a los 200 millones sin tensionar su liquidez. Una seña de identidad que ha distinguido históricamente a la firma palentina.

De la confitería artesanal a la gran industria

Esta política de reinversión que hoy define la estrategia de la multinacional ha sido norma de la casa desde sus primeras etapas. Los orígenes se remontan a finales del siglo XIX por la iniciativa del confitero zamorano José Gullón Barrios, quien puso en marcha una confitería artesanal en Aguilar de Campoo, que comenzó a industrializarse y tomar cuerpo empresarial a partir de 1918.

Su hijo, Manuel Gullón, introdujo en el catálogo de la empresa, en la década de los 50, la galleta María, un producto de origen británico que pronto se transformó en un estándar de consumo básico en los hogares españoles. En 1965 se constituyó formalmente como sociedad anónima y se inauguró el primer gran complejo industrial: la fábrica Gullón I, en la misma localidad palentina.

La firma operó como una factoría familiar tradicional hasta 1983, año en que el fallecimiento en accidente de tráfico a los 40 años de edad de José Manuel Gullón, miembro de la tercera generación, precipitó un cambio de rumbo.

Su viuda, María Teresa Rodríguez Sáinz-Rozas, asumió la presidencia en un momento crítico y sin experiencia previa en el sector. Pasó de ser ama de casa a líder de un proyecto industrial casi ya centenario en ese momento. En 1986, Teye, como se la conoce familiarmente, apostó por la profesionalización en la gestión con el fichaje de Martínez Gabaldón como director general. Fue este binomio el que diseñó el modelo de desarrollo basado en la renuncia al reparto de dividendos para destinarlo a inversión tecnológica. Una estrategia que convirtió a Galletas Gullón en una firma altamente competitiva frente a las multinacionales extranjeras.

El sello personal de ‘Teye’, presidenta de honor

Ella es natural de Aguilar de Campoo, en la que llegaron a ubicarse cinco empresas galleteras, entre las que se encontraban algunas míticas como Fontaneda y Fontibre, pero en la actualidad solo permanece Gullón. Telle, fiel a su origen a sus 84 años de edad, siempre se ha mantenido localizada en esta zona castellana.

Su vinculación afectiva con la planta se demuestra en que aún en la actualidad sigue siendo habitual verla pasear por las instalaciones, acudir a actos de la plantilla y mantener contacto directo con los trabajadores de toda la vida.

Asimismo, impulsa que la compañía mantenga una fuerte acción social en la comarca, con donaciones a residencias de ancianos, comedores, colegios y asociaciones locales. También promueve iniciativas filantrópicas en educación, empleo y desarrollo comunitario.

División familiar y proceso judicial

Sin embargo, la historia societaria de la compañía familiar registró una serie de episodios de alta tensión. Entre 2009 y 2010 estalló un conflicto por el control de la empresa que enfrentó de forma directa a distintos miembros de la saga. Tres de los hijos varones de la presidenta (Félix, Hernán y Rubén Gullón) y dos hermanos de María Teresa, principal accionista, trataron de apartarla de la gestión ejecutiva, así como a su director general.

El pulso familiar y legal alcanzó su cénit el 1 de septiembre de 2010 con un episodio que podría calificarse como novelesco, pero que fue validado por los tribunales de Justicia: la Junta del Mercedes.

Desde la izquierda: Lourdes Gullón, preidenta del grupo Galletas Gullón; María Teresa Rodríguez Sáinz-Rozas, ‘Telle’, presidenta de honor; y Juan Miguel Martínez Gabaldón, consejero delegado y director general. Firma: Gullón

Había sido convocada una Junta General Extraordinaria de Accionistas para disolver el consejo de administración (controlado por los hijos varones mencionados). La presidenta decidió constituir la Junta, con su equipo: María Teresa Rodríguez y su equipo: su hija y aliada Lourdes Gullón, el destituido ex director general Martínez Gabaldón y un notario para levantar acta. Dado que María Teresa controlaba de forma directa la mayoría absoluta de la propiedad con el 55,28% de las acciones, disponía del quórum legal suficiente para adoptar acuerdos vinculantes.

En esa sesión se modificaron los estatutos, se disolvió el consejo de administración y se nombró a la madre administradora única. Aunque los hijos varones impugnaron judicialmente la validez de una reunión celebrada en un automóvil, el Juzgado de Primera Instancia y la Audiencia Provincial de Palencia ratificaron la legalidad de los acuerdos.

Salida de un hijo y relevo generacional

El conflicto se cerró años después con la salida del capital de uno de los hijos varones. Félix Gullón adquirió la fábrica del grupo Cerealto Siro Foods en Jaén y fundó su propia marca independiente de galletas, bautizada como Family Biscuits, de la que sigue siendo gestor y accionista mayoritario en la actualidad, aunque no el único propietario.

Y es que Juan Manuel González Serna, el mismísimo fundador original de Grupo Siro, se incorporó formalmente al accionariado capitalizando un préstamo que le había otorgado a Félix Gullón en sus inicios y pasó a ostentar algo más del 40% de las acciones de la compañía por un valor de 11,9 millones de euros. Esta compañía facturó 32 millones de euros en 2024.

Mientras, en Galletas Gullón, años más tarde, también se terminó llevando a cabo el relevo generacional en la presidencia a favor de la hija, Lourdes Gullón, aún hoy número uno del grupo (desde 2019); su madre permanece como presidenta de honor desde entonces y el rescatado Juan Miguel Martínez Gabaldón es desde ese momento y hasta nuestros días el consejero delegado y director general que dirige la operativa de la compañía.

El mayor complejo industrial galletero de Europa

Hoy en día, a la espera de la construcción y entrada en funcionamiento de la nueva factoría en Villamuriel de Cerrato, el entramado industrial de Galletas Gullón se concentra en el municipio de Aguilar de Campoo a través de dos grandes fábricas automatizadas: Gullón I y el centro de alta tecnología Gullón II (denominado Planta Vida).

Este complejo industrial de Aguilar de Campoo es reconocido como el mayor dedicado a las galletas en toda Europa, con una capacidad productiva de 360.000 toneladas al año y suma una superficie de 250.000 metros cuadrados: 100.000 la fábrica original inaugurada en 2003 y 150.000 la Planta Vida, que ha ido creciendo por fases entre 2015 y 2025 y está enfocada en la gama de galletas saludables.

La compañía da empleo directo en estas instalaciones a 2.300 trabajadores, un número que sitúa a la firma como el principal empleador privado de la comarca de la Montaña Palentina y de todo el norte de la provincia ycomo una de las principales industrias empleadoras de Castilla y León. Además, la empresa atrae a trabajadores de regiones colindantes: aproximadamente un tercio de su plantilla se desplaza diariamente desde comunidades vecinas como Cantabria. Todo un activo contra la despoblación de la España vaciada.

Y el plan de inversión que contempla la puesta en marcha de la tercera fábrica y el nuevo centro logístico prevé llegar a los 3.000 empleados en 2030.

Trabajdora de la compañía en el interior de la fábrica Gullón I del grupo Galletas Gullón en Aguilar de Campoo (Palencia). Firma: Gullón

La relevancia de este volumen de empleo trasciende lo meramente económico para convertirse en un factor de resistencia demográfica. En una provincia como Palencia, fuertemente azotada por la sangría migratoria y el envejecimiento de la población rural —dos de las variables más complejas de la España vaciada—, el arraigo de una corporación que fija población en el territorio actúa como un dique de contención social.

De hecho, la Junta de Castilla y León avanza la construcción de 804 viviendas en Aguilar de Campoo. Una iniciativa que está planteada ante el crecimiento de Galletas Gullón. De ellas, más de la mitad, 410 serán de protección pública. Esta actuación forma parte del Plan Regional de Ámbito Territorial que busca transformar y revitalizar el sector Vega de las Claras, creando zonas verdes, viales, infraestructuras, equipamientos, plazas de aparcamiento y espacios públicos en el municipio palentino, especialmente vinculadas a la ribera del río Pisuerga y a la conexión con la Avenida de Palencia.

Además, los planes internos vinculados a la nueva fábrica de Villamuriel de Cerrato distribuirán el impacto económico y social también hacia el sur de la provincia. Las nuevas inversiones tendrán un efecto tractor en la región por las necesidades de abastecimiento de materias primas y de transporte de los productos. La firma calcula que trabajará con 1.800 proveedores de Castilla y León, lo que generará otros 600 empleos indirectos.

Arraigo local y comercialización internacional

Pero el mercado nacional se encuentra limitado por el envejecimiento de la población española, que provoca cambios en los hábitos de consumo alimenticio. De esta forma, la empresa ha declarado que la palanca de crecimiento está en la expansión hacia los mercados internacionales, especialmente los europeos.

El negocio exterior ya aporta el 45% de los ingresos totales, equivalentes a más de 330 millones de euros en ventas brutas fuera de nuestras fronteras. La marca comercializa sus distintas referencias en 125 países, con especial penetración en Europa y algunas zonas de Oriente Medio y Asia-Pacífico. La compañía también considera un área de crecimiento interesante el norte de África.

Para sostener operativamente esta capilaridad comercial, la multinacional palentina opera de forma directa mediante cinco filiales comerciales estratégicas ubicadas en Portugal, Italia, Francia, Reino Unido y Estados Unidos, un mercado considerado importante pero que se mantiene en stand by debido a la errática política del presidente Donald Trump.

Fortalezas operativas y amenazas en el horizonte comercial

El posicionamiento estratégico de Galletas Gullón se asienta sobre dos pilares complementarios. El primero es su condición de pionera en el segmento saludable (sin azúcar, sin gluten, sin lactosa, integrales, dietéticas). En la década de los 90 creó la primera línea de galletas formulada con aceites vegetales en sustitución de las grasas animales saturadas. Hoy, lidera el nicho de mercado de productos sin azúcares, dietéticos y sin gluten bajo su enseña Zero.

El segundo factor clave es su rol, silencioso pero masivo, como proveedor industrial de marca propia para grandes corporaciones de la distribución minorista como Carrefour, El Corte Inglés, Dia y Alcampo. Su gran capacidad productiva le asegura grandes volúmenes de compra constantes por la alta rotación en los lineales de los supermercados al tiempo que desarrolla sus productos para las distintas marcas del grupo.

En el reverso, los desafíos que afronta la dirección del grupo son estructurales. Por un lado, la crisis demográfica en el mercado nacional por el descenso continuado de la natalidad en España deprime de forma directa el consumo en el segmento de galletas convencionales. Esta contracción obliga a la empresa palentina a acelerar sus planes para que las ventas internacionales superen el umbral del 50% de la facturación antes del año 2030.

Por otra parte, la volatilidad del mercado de materias primas es otra amenaza a controlar. La inestabilidad en las cotizaciones internacionales de insumos industriales básicos —como el azúcar, las grasas vegetales y el trigo— somete a los márgenes operativos a una presión constante que exige la optimización de los procesos técnicos mediante infraestructuras logísticas robotizadas de última generación.

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