ESTUDIO

Las baterías de sodio emergen como alternativa al litio para el almacenamiento energético y la movilidad ligera

Un estudio de la Cátedra Master Battery de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) concluye que las baterías de ion-sodio han alcanzado un grado de madurez tecnológica e industrial que las sitúa como una alternativa viable al litio en aplicaciones estacionarias, sistemas de respaldo energético y vehículos de baja autonomía. Su menor coste, mayor disponibilidad de materias primas y mejor comportamiento en condiciones extremas compensan, por ahora, una densidad energética inferior.

Las baterías de ion-sodio están ganando terreno en la carrera por el almacenamiento energético. Aunque todavía no igualan las prestaciones de las baterías de ion-litio en términos de densidad energética, un análisis elaborado por la Cátedra Master Battery de la Universidad Politécnica de Madrid apunta a que esta tecnología podría ocupar una posición relevante en sectores donde el coste, la seguridad y la disponibilidad de materiales resultan determinantes.

El informe destaca que el principal atractivo del sodio radica en su abundancia. Este elemento es unas 500 veces más abundante en la naturaleza que el litio y está distribuido geográficamente de forma mucho más homogénea, lo que reduce los riesgos asociados a la concentración de recursos y cadenas de suministro. Actualmente, la producción y fabricación de baterías de litio depende en gran medida de unos pocos países, especialmente China, que concentra buena parte de la capacidad industrial mundial.

A ello se suma una ventaja económica. Según el estudio, el coste estimado de las baterías de sodio se sitúa entre 40 y 80 euros por kilovatio hora, aproximadamente la mitad que las tecnologías basadas en litio. Además, prescinden de materiales considerados críticos, como el cobalto o el níquel, lo que podría contribuir a reducir la volatilidad de precios y la dependencia de determinados mercados.

Mejor comportamiento en frío y mayor seguridad

Las baterías de ion-sodio presentan también ventajas operativas. El informe señala que mantienen más del 80 % de su capacidad a temperaturas de hasta -20 °C e incluso muestran un rendimiento destacado en condiciones más extremas, algo especialmente relevante para aplicaciones en climas fríos.

Otro de los aspectos que subrayan los investigadores es la seguridad. Frente a las baterías de litio, las de sodio muestran una mayor estabilidad térmica y un menor riesgo de sufrir episodios de «thermal runaway» o desbordamiento térmico, uno de los principales factores asociados a incendios en sistemas de almacenamiento energético.

Además, algunas tecnologías permiten almacenar y transportar las celdas completamente descargadas sin riesgo de degradación. A ello se añade una menor dependencia de procesos extractivos intensivos y una mayor facilidad para el reciclaje de materiales, factores que refuerzan el atractivo de esta tecnología desde el punto de vista ambiental.

El principal reto sigue siendo la autonomía

La principal limitación tecnológica continúa siendo la densidad energética. Mientras las baterías de ion-litio alcanzan habitualmente entre 180 y 280 Wh/kg, las de sodio se sitúan generalmente entre 90 y 160 Wh/kg, aunque algunos desarrollos recientes ya se acercan a los 175 Wh/kg.

Esta diferencia reduce su atractivo para vehículos que requieren largas autonomías. Sin embargo, los avances registrados durante los últimos años muestran una progresiva reducción de esa brecha, impulsada por mejoras en los materiales de los electrodos y en los procesos de fabricación.

Por este motivo, los investigadores consideran que el mercado más favorable para esta tecnología será el almacenamiento estacionario de energía, donde el peso y el volumen de las baterías tienen menor relevancia que el coste, la durabilidad o la seguridad. En este segmento, las baterías de sodio ya representaron más del 70 % del mercado de esta tecnología en 2024.

China lidera el desarrollo industrial

El análisis identifica una fuerte concentración industrial en China, país que controla más del 95 % del mercado mundial de baterías de sodio y donde se encuentran la mayoría de los fabricantes y proyectos comerciales. Empresas como CATL, BYD, HiNa, Great Power o Transimage han iniciado la producción industrial o desarrollado instalaciones piloto para aplicaciones tanto en almacenamiento energético como en movilidad eléctrica.

Entre los hitos recientes destaca el lanzamiento por parte de CATL de baterías de sodio con densidades energéticas de hasta 175 Wh/kg y más de 10.000 ciclos de carga, así como la puesta en marcha en China de grandes sistemas de almacenamiento basados en esta tecnología.

Europa también comienza a posicionarse mediante empresas como la sueca Altris o la francesa Tiamat, que preparan nuevas capacidades de producción industrial para los próximos años.

Perspectivas de crecimiento

Las previsiones recogidas en el estudio apuntan a que las baterías de ion-sodio podrían alcanzar cerca de un tercio del mercado mundial de almacenamiento estacionario entre 2030 y 2035. También se espera una presencia significativa en segmentos como bicicletas eléctricas, patinetes, motocicletas y otros vehículos ligeros.

En el caso de los automóviles, su implantación será previsiblemente más limitada debido a las mayores exigencias de autonomía. Aun así, algunos fabricantes ya han comenzado a probar esta tecnología en modelos urbanos y vehículos de bajo coste.

Los autores concluyen que, más que sustituir completamente al litio, el sodio se perfila como una tecnología complementaria. Su evolución dependerá de la capacidad de la industria para seguir mejorando la densidad energética y escalar la producción, pero las ventajas en coste, sostenibilidad y seguridad la sitúan ya como una de las principales alternativas para el almacenamiento energético de la próxima década.

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