IFS, la multinacional de software empresarial especializada en sectores de alta densidad de activos y fabricación avanzada, acaba de hacer públicos sus resultados financieros del primer semestre del año. Los ingresos recurrentes anuales se han incrementado un 25% respecto al pasado ejercicio, impulsados por un alza del 24% en la división de servicios en la nube. De esta forma, el 84% de la facturación total de la compañía ya proviene de suscripciones recurrentes.
En los últimos resultados anuales presentados por la compañía, los correspondientes a 2024, la facturación alcanzó los 1.228 millones de euros, con unos ingresos recurrentes por encima de los 1.000 millones de euros.
De Softeon a Copperleaf: estrategia de adquisiciones de ‘software’
Este crecimiento se produce en paralelo a la integración definitiva de Softeon, compañía estadounidense de gestión de almacenes y ejecución robótica de la cadena de suministro cuya adquisición se cerró en marzo de este mismo año. La operación ha permitido a IFS dotar a su plataforma de inteligencia artificial aplicada (Industrial AI) de la capacidad de coordinar flotas de robots autónomos y flujos logísticos directamente desde el núcleo del ERP (Enterprise Resource Planning o Planificación de Recursos Empresariales).
Una adquisición que forma parte de la ambiciosa política de crecimiento inorgánico desplegada en los últimos años. En julio de 2024 había adquirido la también estadounidense EmpowerMX, una firma de software especialista en MRO (mantenimiento, reparación y revisión) para el sector aeroespacial y de defensa; en junio del mismo año se hizo por 1.000 millones de dólares (unos 920 millones de euros al cambio del momento) —única operación en la que se ha hecho público el importe de adquisición— con la canadiense Copperleaf Technologies, empresa de software de planificación de inversiones en activos físicos, esencial para empresas eléctricas, de gas y agua (utilities); en 2021 compró la escocesa Axios Systems, especializada en capacidades de gestión de servicios empresariales y gestión de servicios de tecnologías de la información; y en 2017 había adquirido la estadounidense WorkWave, de software para la gestión de flotas de pequeñas y medianas empresas.
La compañía tiene hoy una plantilla de 7.000 empleados, está presente en 80 países y cuenta con una cartera de clientes formada por 5.500 grandes empresas, con el 80% de su volumen de negocio generado fuera de su mercado original sueco, con un gran peso en las regiones de Europa Occidental (donde se encuadra España) y Norteamérica. Esta firma tecnológica presume de estar orientada a la agilidad y al cliente. Unos valores, así la naturaleza de su producto, que se sembraron de una forma radical hace más de cuatro décadas, en 1983, en Suecia.
El origen: el pragmatismo escandinavo de los 80
Cinco estudiantes —Bengt Nilsson, Ulf Stern, Lars Karlsson, Martin Wästgärd y Claesson— de ingeniería de la Universidad de Linköping (Suecia) vieron una oportunidad de negocio en el mantenimiento de las plantas industriales, que por aquel entonces se seguía gestionando con procesos manuales y fichas de papel; y consiguieron su primer contrato para desarrollar un software de gestión de mantenimiento en la central nuclear sueca de Barsebäck.
Frente a la estricta regulación y prudencia que caracteriza al sector nuclear, la central confió en este grupo de universitarios principiantes por necesidades técnicas y pragmatismo local: eran capaces de programar un sistema a medida para eliminar el caos administrativo de la planta. Sin presupuesto para costear noches de hotel y ante la necesidad crítica de garantizar un soporte técnico ininterrumpido las 24 horas del día, los cinco emprendedores decidieron vivir en una tienda de campaña en los terrenos exteriores de la instalación, en la provincia sureña de Escania (Skåne), en las paradisíacas praderas de la costa del estrecho de Öresund. Un paisaje casi bucólico, salpicado de campos de cultivo agrícolas que mueren en playas de arena fina y aguas bálticas heladas, con la silueta de Copenhague al otro lado del estrecho (a solo 20 kilómetros), pero cuyo horizonte había quedado roto por el hormigón gris de los reactores nucleares.
Con la herramienta de mantenimiento consolidada, el producto evolucionó en 1990 hacia un sistema completo de ERP (Planificación de Recursos Empresariales), añadiendo módulos de finanzas y compras orientados a la producción industrial. En 1993 iniciaron su expansión internacional fuera de Escandinavia. No buscaron plazas financieras, sino corredores con alta densidad de manufactura y automoción: Reino Unido, Alemania y el Benelux. Ese mismo año la estructura se asentó en el sur de Europa con la apertura de la filial IFS Applications Ibérica en España. En 1996, la compañía dio el salto al parqué, debutando en la Bolsa de Estocolmo.
La exclusión de bolsa y el laboratorio del capital riesgo
IFS cotizó durante dos décadas, pero las exigencias del mercado bursátil chocaron con la reconversión tecnológica de la pasada década. La migración de los sistemas locales hacia el modelo de nube (SaaS) obligaba a la empresa a renunciar a los ingresos inmediatos de licencias millonarias a cambio de menores cuotas mensuales. Un proceso que hundió temporalmente los beneficios trimestrales y que la bolsa penalizó.
En diciembre de 2015, el fondo de capital riesgo sueco EQT Partners lanzó una OPA para excluir a la tecnológica de cotización, un proceso que culminó oficialmente el 7 de octubre de 2016 tras adquirir su paquete de acciones al fondo activista Elliott Management. La operación valoró la compañía en 1.400 millones de euros y supuso la desvinculación accionarial y ejecutiva definitiva de los cinco fundadores.
A partir de ese momento, la ingeniería financiera del capital riesgo sustituyó al crecimiento orgánico tradicional. Los fondos aportaron líneas de crédito para absorber a los competidores especializados antes mencionados.
Cuatro años más tarde EQT dio entrada al fondo estadounidense TA Associates como socio minoritario, habiéndose multiplicado por dos el valor de la empresa: 3.400 millones de dólares (unos 3.000 millones de euros al cambio de la época). En 2022, el fondo británico Hg Capital, especialista en software, compró una participación minoritaria relevante a EQT y TA y el valor de la compañía se había multiplicado por tres en solo dos años: 10.000 millones de dólares (unos 9.100 millones de euros).
Trasvase de clientes
Los fondos de inversión han actuado como brókers comerciales a escala global que han permitido a IFS aumentar sus acuerdos y al acceso a un mayor número de clientes. Una estrategia que fue apuntalada en una reestructuración de capital en 2025, que fijó la valoración actual del grupo en 15.000 millones de euros. Hg incrementó su participación para convertirse en accionista de co-control junto con EQT.
Esta operación, además, dio entrada como socios minoritarios a dos gigantes institucionales: el fondo soberano de Abu Dabi, ADIA; y el fondo de pensiones de Canadá, CPP Investments.
Ahora, la compañía, dirigida por su CEO, Mark Moffat, ha trazado una hoja de ruta para preparar la estructura corporativa para el regreso de IFS a los mercados cotizados entre los años 2027 y 2028. En España, la firma compite directamente con gigantes generalistas como SAP u Oracle, diferenciándose por la especialización de su código, diseñado exclusivamente para los talleres, plantas de producción y hangares españoles.

