REPORTAJE

Industria del textil y del calzado: reinventarse para no perder más peso

La industria española de la moda ha arrancado 2026 con la misma preocupación con la que cerró el ejercicio anterior: la dificultad para recuperar el pulso de un sector que, pese a su peso económico, su capacidad exportadora y su arraigo territorial, sigue enfrentándose a una pérdida progresiva de competitividad.

Los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a enero confirman que el textil, la confección y el cuero y calzado continúan en terreno negativo, en un contexto marcado por la debilidad del consumo, la presión sobre los márgenes y la transformación acelerada de los hábitos de compra.

La facturación de la industria textil española cayó un 7% interanual en enero, empeorando el descenso del 6,1% registrado en diciembre. En el conjunto de 2025, el sector ya había anotado una contracción media del 2,1%, lo que evidencia que la recuperación sigue sin consolidarse. El deterioro es todavía más acusado en la confección, donde el Índice de Cifra de Negocios (ICN) descendió un 14,3%, un punto más que en el último mes del año anterior, después de cerrar 2025 con una caída media del 3,8%.

La situación tampoco ofrece alivio para las industrias del cuero y el calzado, cuya facturación retrocedió un 6,2% interanual en enero. El dato contrasta con el descenso casi plano del 0,1% de diciembre y profundiza una tendencia negativa que llevó al sector a cerrar 2025 con una reducción media del 4,2%.

Estas cifras reflejan las dificultades de una de las actividades industriales con mayor tradición en España. Desde los polos textiles de Cataluña y la Comunidad Valenciana hasta las zonas zapateras de Alicante, La Rioja o Castilla-La Mancha, miles de empresas se enfrentan a un escenario en el que competir ya no depende únicamente del coste de producción o de la calidad del producto, sino de la capacidad para adaptarse a un consumidor más exigente, más digital y mucho menos impulsivo.

La industria de la moda se encuentra así ante una encrucijada. Por un lado, debe hacer frente al avance de competidores internacionales con estructuras de costes más ajustadas y cadenas logísticas extremadamente ágiles. Por otro, tiene que responder a nuevas demandas en materia de sostenibilidad, trazabilidad y digitalización, al tiempo que protege su rentabilidad en un entorno de costes elevados.

Para el sector, la respuesta pasa por una reinvención profunda del modelo de negocio, tanto en la industria como en el comercio. El objetivo es recuperar competitividad sin renunciar a los atributos que históricamente han distinguido a la moda española: diseño, calidad, proximidad y capacidad de adaptación.

Un consumidor más racional y selectivo

Uno de los factores que más está condicionando la evolución del sector es el cambio en el comportamiento del consumidor. Según explica Eduardo Zamácola, presidente de Acotex, a industry TALKS, el mercado ha cambiado de forma estructural y obliga a las empresas a replantear su estrategia.

“El consumo de moda en España muestra una recuperación moderada, aunque todavía muy lejos de los niveles históricos previos a la crisis de 2008”, señala.

En 2025, la facturación del comercio textil aumentó apenas un 0,61%, hasta alcanzar 11.107 millones de euros. El dato confirma una leve mejoría, pero no oculta una realidad más profunda: el gasto medio anual por hogar en moda se situó en 945 euros, prácticamente la mitad de los 1.881 euros registrados en 2006.

Industria textil

La comparación es especialmente significativa porque pone de manifiesto la pérdida de peso de la moda en el presupuesto familiar. Actualmente, la ropa y el calzado representan solo el 4,4% del gasto total de los hogares españoles, un porcentaje sensiblemente inferior al de hace dos décadas.

Para Zamácola, esta evolución revela una transformación de fondo. “Hoy se compra de forma más racional, más selectiva y con una mayor sensibilidad al precio”. El consumidor compara, espera promociones y medita más cada decisión de compra, lo que obliga a las empresas a afinar su propuesta de valor y a controlar de forma mucho más precisa sus costes y su política comercial.

El cambio no es coyuntural. Responde a una combinación de factores económicos, sociales y tecnológicos que han alterado de forma duradera la relación de los ciudadanos con la moda. La pérdida de poder adquisitivo acumulada, la mayor preocupación por el ahorro y la facilidad para comparar precios online han reducido el componente impulsivo que históricamente impulsaba muchas compras.

A ello se suma una mayor conciencia sobre la durabilidad de las prendas, el interés por la sostenibilidad y el crecimiento de fórmulas alternativas como la segunda mano, el alquiler de ropa o la reparación, tendencias que están reconfigurando la demanda y obligando a la industria a repensar su modelo productivo.

La omnicanalidad deja de ser una opción

La digitalización es otro de los grandes vectores de transformación. Lo que hace una década era una apuesta innovadora es hoy una exigencia básica para competir.

“El cliente es ya plenamente omnicanal: combina tienda física y online con total naturalidad y exige inmediatez, flexibilidad y facilidad en todos los canales”, destaca Eduardo Zamácola, presidente de Acotex.

El comercio electrónico representa ya cerca del 17% de la facturación total del sector y continúa creciendo. Este avance no implica la desaparición de las tiendas físicas, pero sí redefine su función. Los establecimientos dejan de ser simples puntos de venta para convertirse en espacios de experiencia, asesoramiento y conexión con la marca.

Industria textil

Para muchas empresas industriales y comerciales, esta transformación exige inversiones relevantes en tecnología, sistemas de gestión, análisis de datos, automatización logística y herramientas de relación con el cliente.

La digitalización también afecta a la propia fabricación. El uso de software de diseño, sistemas avanzados de planificación, automatización de procesos y soluciones de trazabilidad permite reducir tiempos, minimizar errores y mejorar la capacidad de respuesta ante una demanda cada vez más cambiante.

En un mercado en el que la velocidad es determinante, la capacidad para producir series más cortas, adaptar rápidamente las colecciones y reponer con agilidad se ha convertido en una ventaja competitiva clave.

La integración entre producción, logística y canales de venta es, en este sentido, uno de los principales desafíos para las empresas españolas, especialmente para las pymes, que constituyen la mayor parte del tejido empresarial del sector.

Polarización del mercado y presión sobre el comercio tradicional

La evolución del mercado también está provocando una creciente polarización. “Por un lado, crecen los operadores especializados, las grandes cadenas y el canal outlet/factory; por otro, las tiendas multimarca tradicionales siguen perdiendo cuota de mercado”, advierte Eduardo Zamácola, presidente de Acotex.

Esta dinámica tiene consecuencias directas sobre la estructura empresarial. Muchos pequeños comercios afrontan dificultades para mantener su rentabilidad, mientras que las empresas con mayor escala, capacidad tecnológica y músculo financiero logran adaptarse con más facilidad.

El ajuste se traduce en una reducción del número de establecimientos, en procesos de concentración y en una mayor especialización. Las compañías buscan nichos concretos, propuestas diferenciales y fórmulas que les permitan fidelizar al cliente en un entorno de competencia intensa.

En el ámbito industrial, esta presión se traslada a la cadena de suministro. Los fabricantes deben ofrecer mayor flexibilidad, tiempos de entrega más cortos y precios competitivos, sin comprometer la calidad ni las exigencias regulatorias en materia ambiental y social.

La creciente competencia de plataformas internacionales y operadores ultrarrápidos ha elevado aún más la exigencia. Las empresas españolas deben competir con modelos capaces de lanzar nuevas referencias en cuestión de días y con una política de precios muy agresiva.

Ante esta realidad, la diferenciación basada en diseño, marca, proximidad y sostenibilidad se perfila como una de las principales vías para mantener la competitividad.

El turismo, un aliado clave para la recuperación

En un contexto de consumo doméstico contenido, el turismo se ha consolidado como uno de los grandes soportes del sector.

Según ACOTEX, el gasto turístico aumentó un 7% en 2025, y la moda y los complementos concentraron el 87% del gasto en compras de los visitantes internacionales. Ciudades como Madrid y Barcelona se han convertido en polos de atracción para el turismo de compras.

“El auge del turismo de compras tiene un peso creciente en el consumo de moda”, subraya Eduardo Zamácola, presidente de Acotex.

El fenómeno beneficia especialmente a las zonas comerciales urbanas y a las marcas con posicionamiento internacional, pero también genera oportunidades para fabricantes y proveedores nacionales que abastecen a estas cadenas.

Industria del calzado

No obstante, el sector es consciente de que el turismo no puede ser la única palanca de crecimiento. La recuperación estructural dependerá de la capacidad para reactivar el consumo interno, mejorar la productividad y consolidar modelos de negocio más resilientes.

Reinventar la industria para ganar competitividad

La pérdida de competitividad de la industria tradicional no es un problema exclusivo del textil y el calzado, pero en estos sectores resulta especialmente visible debido a su exposición a la competencia global.

Durante décadas, buena parte de la producción se deslocalizó hacia países con menores costes laborales. Sin embargo, las recientes tensiones logísticas, el encarecimiento del transporte y la necesidad de acortar plazos han reabierto el debate sobre la conveniencia de reforzar la producción de proximidad.

España cuenta con ventajas relevantes: conocimiento técnico, proveedores especializados, infraestructuras logísticas y una sólida tradición industrial. La cuestión es cómo transformar estos activos en una propuesta competitiva en el nuevo contexto.

La automatización, la fabricación flexible y la especialización en segmentos de mayor valor añadido aparecen como algunas de las principales estrategias. También gana importancia la colaboración entre fabricantes, marcas, centros tecnológicos y asociaciones sectoriales.

En el calzado, la apuesta por la innovación en materiales, ergonomía y sostenibilidad se ha convertido en una herramienta para competir más allá del precio. En el textil, la incorporación de fibras recicladas, procesos de bajo impacto y tecnologías de producción avanzadas está redefiniendo la oferta.

La sostenibilidad, además, deja de ser un elemento reputacional para convertirse en un requisito de mercado. Las nuevas normativas europeas exigirán mayor transparencia y responsabilidad en toda la cadena de valor, lo que obligará a las empresas a reforzar sus sistemas de control y trazabilidad.

Un 2026 de prudencia y adaptación

Las perspectivas para los próximos meses son moderadamente positivas, aunque el sector mantiene la cautela.

“Los primeros datos de 2026 muestran una evolución ligeramente positiva, con un crecimiento acumulado del 1,78% hasta abril, aunque con un comportamiento todavía irregular”, explica Eduardo Zamácola, presidente de Acotex.

Desde Acotex consideran que la recuperación continúa siendo frágil y muy dependiente de factores externos, como la incertidumbre económica internacional, la evolución del consumo y las tensiones geopolíticas.

A ello se suman retos estructurales como el incremento de costes energéticos, laborales y logísticos, la necesidad de invertir en digitalización y la presión constante sobre los márgenes.

Industria de la moda

Pese a este escenario, el sector confía en mantener una evolución moderadamente positiva durante el año, apoyado en la estabilización de la inflación, el impulso del turismo y la creciente adaptación de las empresas al nuevo entorno competitivo.

La prudencia no implica inmovilismo. Al contrario, la mayoría de los operadores asume que el contexto actual exige una transformación continua y una mayor capacidad de anticipación.

Un sector en plena redefinición

La industria textil y del calzado española atraviesa una etapa de redefinición profunda. Las cifras del INE evidencian que la recuperación sigue siendo desigual y que la pérdida de competitividad continúa siendo una amenaza real para uno de los sectores industriales más emblemáticos del país.

Sin embargo, también muestran que el proceso de adaptación ya está en marcha. Las empresas están ajustando sus estructuras, incorporando tecnología, apostando por la omnicanalidad y buscando nuevas fuentes de crecimiento.

La transformación afecta a toda la cadena de valor, desde la producción hasta el punto de venta. El éxito dependerá de la capacidad para combinar eficiencia, innovación, sostenibilidad y cercanía al consumidor.

España mantiene importantes fortalezas: talento creativo, experiencia industrial, marcas reconocidas y una posición estratégica para abastecer al mercado europeo. Convertir esos activos en una ventaja competitiva sostenible será la clave para que el textil y el calzado recuperen dinamismo.

En un mercado global cada vez más exigente, reinventarse ya no es una opción. Es la condición necesaria para que la industria tradicional de la moda conserve su peso económico, su capacidad de generar empleo y su papel como uno de los motores históricos del tejido productivo español.

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