FEIQUE

La industria química cierra 2025 con una caída del 0,1% en su facturación pero lidera las exportaciones con un alza del 6,4%

La industria química española ha cerrado 2025 prácticamente en plano, pero ha reforzado su posición internacional hasta convertirse en el primer exportador de la economía española, al tiempo que ha advertido del riesgo creciente de desinversión si no se adoptan medidas estructurales en materia energética.

Así lo ha expuesto Feique durante la presentación de resultados del sector, donde ha subrayado la “dualidad” entre resiliencia y pérdida de competitividad.

El sector ha registrado una cifra de negocios de 85.417 millones de euros en 2025, lo que ha supuesto una leve caída del 0,1% respecto a 2024, en un contexto marcado por la debilidad de la demanda europea, las tensiones comerciales y la caída de precios del 1,6%, que han neutralizado el crecimiento de la producción, situado en el 1,3%.

Sin embargo, el dato más relevante ha sido el impulso exterior: las exportaciones han alcanzado los 62.926 millones de euros, un 6,4% más, lo que ha situado al sector como líder exportador, concentrando el 18% de las ventas al exterior de la economía española. En total, el 73,7% de la cifra de negocio del sector ha dependido de mercados internacionales, con especial peso de la Unión Europea.

Durante la presentación, Teresa Rasero, presidenta de Feique, ha resumido esta situación como “una dualidad”, al señalar que “la industria química ha demostrado su resiliencia” con una facturación estable, pero al mismo tiempo ha advertido de “la dificultad que está sufriendo la química básica”, clave para el conjunto de la economía.

Rasero ha destacado que este segmento “está dando suministro a un 98% de la industria”, por lo que su deterioro puede arrastrar al resto de sectores: “Si esta industria sufre, puede sufrir todo el resto de la industria”.

En este sentido, ha insistido en que, aunque los datos globales son positivos, “lo que nos preocupa es que, aunque nuestros números se pueden calificar de resilientes y estables, nos gustaría ver el crecimiento que nuestras empresas podrían estar dando”.

El principal factor detrás de esta debilidad ha sido el elevado coste energético en Europa. La química básica, que representa un tercio de la producción, ha seguido en una situación crítica por el diferencial de precios frente a otras economías: el gas ha sido entre cuatro y cinco veces más caro que en Estados Unidos y la electricidad ha alcanzado niveles muy superiores a los de los principales competidores internacionales.

Durante el encuentro, Juan Antonio Labat, director general de Feique, ha incidido en esta brecha al señalar que Estados Unidos “tiene los mejores precios globales, siempre en competencia con China, pero con costes energéticos muy atractivos”, lo que ha reforzado su competitividad frente a Europa.

El impacto energético se ha agravado además por el contexto geopolítico. El conflicto en Oriente Medio ha generado un sobrecoste estimado de 40 millones de euros mensuales por el gas y de 20 millones por la electricidad, además de fuertes subidas en materias primas como la nafta y la urea, que han aumentado un 67% y un 48%, respectivamente.

En paralelo, el sector ha alertado de un problema estructural de competitividad. Desde 2022, la industria química básica europea ha cerrado 126 plantas, perdiendo el 9% de su capacidad productiva, lo que ha evidenciado el riesgo real de deslocalización industrial.

Rasero ha subrayado que este contexto genera un “sabor agridulce”, al combinar buenos datos de exportación con señales de deterioro estructural, especialmente en los segmentos más intensivos en energía.

Ante esta situación, Feique ha reclamado la adopción urgente de medidas estructurales, más allá de las soluciones coyunturales aplicadas en los últimos meses. Entre ellas, ha destacado la necesidad de abaratar el precio final de la electricidad mediante reformas fiscales, reducción de peajes y mejora de los mecanismos de compensación por emisiones indirectas de CO2.

También ha solicitado el desarrollo de un Estatuto de Consumidores Gasintensivos para reducir el impacto del precio del gas, así como la simplificación regulatoria, cuyo coste ha pasado del 4% al 12-13% del valor añadido del sector en las últimas dos décadas, lo que equivale a unos 2.700 millones de euros anuales.

Durante la presentación, Rasero ha insistido en que las medidas adoptadas por el Gobierno han sido “esenciales”, pero ha advertido de que “no pueden ser coyunturales”, ya que “la industria necesita realmente medidas estructurales” para garantizar su competitividad a largo plazo.

En la misma línea, Labat ha defendido reforzar los mecanismos de compensación energética y eliminar limitaciones regulatorias que sitúan a España en desventaja frente a países como Francia o Alemania.

Además, el sector ha puesto el foco en la necesidad de impulsar instrumentos de financiación para la descarbonización, como los Contratos por Diferencias de Carbono, que permitan acometer inversiones en tecnologías limpias sin comprometer la viabilidad económica de las empresas.

Rasero ha advertido de que, sin estas inversiones, “no es que no se hagan inversiones, es que van a llegar desinversiones”, lo que ha reforzado el mensaje de urgencia trasladado por el sector.

En conjunto, la industria química ha mantenido su peso como uno de los pilares industriales del país —segunda mayor industria, con más de un millón de empleos—, pero ha alertado de que su futuro dependerá de la capacidad para corregir los desequilibrios energéticos y regulatorios que lastran su competitividad en el contexto global.

Total
0
Shares
Previous Post

Esta semana en tvTALKS Informativo | Programa IN+DEF, la inversión extranjera en industria y los centros de datos

Related Posts