TRIBUNA

Medir el impacto social para decidir: una estrategia de gestión que urge a las empresas

Redacción

ENVERA

El 80% del valor de las compañías está en los intangibles. Es la evidencia que subraya el presidente de la Fundación Sociedad y Empresa Responsable (SERES), Fernando Ruiz, en el informe ‘Índice de huella social, el desafío de la nueva Europa’, del que Sacyr ha sido patrocinador. Y es que medir únicamente los resultados financieros no es suficiente para conocer el valor de una compañía y no contribuirá a dar respuesta a los retos sociales y medioambientales a los que nos enfrentamos.

A la espera del desarrollo de una taxonomía social europea, que cree un sistema de clasificación con una lista de actividades económicas sostenibles desde el punto de vista social y un criterio uniforme para toda la UE, muchos están siendo los movimientos y avances de importantes organizaciones para tratar de solventar la urgencia de las empresas: medir para decidir, medir para comparar entre compañías y rendir cuentas de cara a inversores, financiadores y clientes que lo reclaman. Una situación que requiere de un marco metodológico que permita realizar estas mediciones con solvencia y arroje datos con valor tangible.

El último borrador del grupo de expertos de la UE para alcanzar esa clasificación, publicado el 28 de febrero del año pasado, pone el foco en tres ejes: empleados en la cadena de valor, consumidores y sociedad. Respecto al primer grupo de interés se apunta la creación de empleo, la protección social, derechos laborales y diálogo social, formación y equidad; respecto a los consumidores, prevalecen los derechos económicos y sociales (salud, alimentación, vivienda o educación), productos y servicios saludables y seguros, duraderos y reparables, la privacidad y protección de los datos personales y una publicidad responsable; y sobre la sociedad, destaca la promoción y crecimiento justo e inclusivo, la mejora al acceso al transporte, las telecomunicaciones e internet, a los servicios financieros y energéticos, el cuidado y apoyo a la infancia, la inclusión y protección a las personas con discapacidad, y el trabajo decente como pate de una transición justa, verde y digital.

En la actualidad, son muchas las metodologías de medición del impacto social al servicio de las empresas, de modo que cada compañía usa una distinta sin consenso sobre indicadores concretos. La taxonomía europea permitirá estandarizar el futuro reporting exigible a través de una directiva en la que se da por hecho que se integrarán algunos de los sistemas ya existentes como GRI (Global Reporting Initiative) o SASB (Sustainabolity Accounting Standars Board).

‘La Huella Social’ de SERES vincula los estándares comúnmente aceptados de medición ASG (sostenibilidad) con los objetivos de impacto social del Plan de Recuperación europeo. Por su parte, el think tank de la Cátedra de Impacto Social de la Universidad Pontificia Comillas ha reunido a 50 organizaciones del ecosistema de impacto, con representantes de la academia, empresas tradicionales y sociales, consultoras, gestores de inversión de impacto, ONG y administraciones públicas con la misión de “establecer unas bases sólidas para la gestión y medición del impacto social (GMIS)” consensuando cuatro principios que todas compartían para una medición “robusta y rigurosa”: transparencia y rendición de cuentas, aprendizaje para la gestión, medición de lo material y fiabilidad.

El informe de la Cátedra de Impacto Social, que dirige Carlos Ballesteros, señala que una de las aproximaciones más extendidas para avanzar en la armonización del valor del impacto consiste en su monetización, utilizando un valor monetario para identificar el valor social generado o destruido por una organización o un proyecto. Existen diferentes metodologías y enfoques para ello como el Social Return On Investment (SROI), el valor social integrado o la contabilidad social (Stakeholder Scounting) o la iniciativa más reciente del Impact-Weighted Accounts Initiative (IWAI) promovida desde Harvard. “La monetización del valor social o del impacto social –asegura el informe de la Cátedra de Comillas- es una buena manera de construir una cultura de gestión por impacto y caminar hacia una integración de la información financiera y no financiera en la toma de decisiones de las organizaciones”.

Queda mucho por hacer. En España, la medición del impacto social es una práctica aún poco extendida, a pesar de ser clave en la toma de decisiones y en la estrategia empresarial. Para el citado think tank que dirige el profesor Ballesteros, medir es un camino de mejora continua en el que se aprende andando. “Es mejor empezar a medir con las capacidades y los recursos disponibles y tratar de reforzarlos, que esperar a tener las condiciones perfectas”. Y al mismo tiempo se alienta a las empresas a adelantarse a la regulación que está por venir, ya que obliga a ajustar el modelo de gobernanza empresarial y a realizar una gestión responsable de los riesgos, oportunidades e impactos. Y eso es mucho mejor que actuar sin plan alguno. “Porque medir es una decisión de carácter estratégico, una apuesta por una gestión basada en el impacto social de la organización”, concluye el citado informe, al que ninguna compañía ni actividad industrial va a poder sustraerse.

O como apunta el Clúster Impacto Social de Forética en sus ‘Diez claves para el éxito’, “existe más que nunca la necesidad de contar con compromisos, estrategias y acciones enfocadas en entender, gestionar y acelerar los impactos positivos de las empresas en la sociedad, a la vez que controlar y minimizar los negativos. Las compañías deben prepararse para afrontar adecuadamente sus responsabilidades en la cadena de valor, y el momento es ahora”.

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