La apertura del acto corrió a cargo de Laura Olcina, presidenta de Fedit, quien situó el aniversario como un punto de inflexión entre pasado y futuro. “De compromiso y de servicio. Treinta años acompañando a las empresas, impulsando la innovación y contribuyendo desde el conocimiento y la capacidad aplicada al progreso de nuestro país”, afirmó. La presidenta defendió que la federación ha alcanzado una posición consolidada dentro del sistema de innovación: “Llegamos a este aniversario en una posición de liderazgo, sólida y reconocida, construida con esfuerzo, con visión y con constancia durante décadas”.
Olcina puso cifras a esa evolución, recordando que la organización agrupa actualmente 55 centros y cuatro agrupaciones regionales, con más de 11.000 profesionales y servicio a más de 29.000 empresas al año. “Son datos importantes, pero sobre todo son resultados que hablan de impacto, de conocimiento aplicado, de capacidad de innovación y de compromiso con la competitividad de nuestro país”, señaló. En este sentido, subrayó el papel territorial de los centros: “Significa que la innovación llega hasta el último rincón de España y que empresas de distintos sectores encuentran en los centros tecnológicos un aliado para innovar, crecer y competir”.
La presidenta insistió en el carácter aplicado de la innovación que impulsa la red: “Hacemos una innovación útil, conectada con la empresa y con la industria, una innovación con impacto”, y recordó que ese ha sido el eje de actuación durante tres décadas: “Fortalecer capacidades, acompañar a las empresas en su transformación y convertir el conocimiento en competitividad, resiliencia y futuro”.
El acto continuó con la presentación del informe de impacto económico, uno de los hitos centrales de la jornada. Joaquín Maudos, director de investigación del Ivie, explicó que el estudio se ha diseñado para medir de forma rigurosa el efecto de los centros tecnológicos en la economía y en las empresas. “Queremos conocer qué opinan las empresas, cómo son y cuantificar el impacto económico de esta red en España”, indicó.
Los resultados reflejan un alto grado de satisfacción empresarial. “El 85% de las empresas considera que se han cumplido los objetivos del contrato, el 87,5% que se han respetado los compromisos y el 93,5% destaca la buena relación entre equipos”, explicó. A ello se suma un índice global de confianza del 91,7%, que para el investigador evidencia que “la relación funciona y funciona muy bien”.
Más allá de la percepción, el impacto se traduce en resultados concretos. Maudos detalló que la colaboración mejora la competitividad, la capacidad de I+D+i y la red de contactos de las empresas, con valoraciones cercanas al notable. También tiene efectos directos en el negocio: “Las empresas atribuyen de media un 2% de sus ventas a estos acuerdos de colaboración, con porcentajes más elevados en pymes”, afirmó, añadiendo que la rentabilidad aumenta en torno a 0,8 puntos porcentuales.
El análisis comparativo refuerza esta idea. “Las empresas que colaboran con centros tecnológicos son más rentables, más productivas, más solventes, están menos endeudadas y son más grandes”, señaló, lo que, a su juicio, demuestra que apostar por la innovación tiene un retorno claro. En un tono más directo, advirtió que no hacerlo implica perder oportunidades: “La empresa que no apuesta por esto está dejando de ganar dinero”.
En cuanto al impacto macroeconómico, el investigador explicó que este se produce por dos vías: el gasto directo de los centros y el aumento de ventas de las empresas. “El gasto de funcionamiento, de 765 millones de euros, genera más de 1.079 millones de valor añadido y 19.289 empleos”, indicó. Sin embargo, el grueso del impacto proviene del efecto sobre las empresas: “Las ventas inducidas alcanzan cerca de 6.500 millones de euros y generan 6.623 millones de renta y más de 108.000 empleos”. La suma de ambos efectos arroja el dato global: “7.702 millones de PIB y más de 127.000 empleos”.
Durante el diálogo posterior, José Moisés Martín Carretero, director general del CDTI, puso el foco en la importancia de contar con evidencia en la política de innovación. “No es propaganda, es evidencia”, afirmó, destacando el valor del informe como herramienta para la toma de decisiones. En su intervención subrayó especialmente el papel de la confianza: “Uno de los indicadores donde más alto puntúa Fedit es en la generación de confianza entre las empresas, y eso es absolutamente esencial”.
Martín Carretero contextualizó esta idea en el escenario actual. “Hoy tomar una decisión de invertir en innovación es arriesgado”, señaló, y añadió que contar con una red que acompañe a las empresas es clave para superar esa incertidumbre. “Tener una infraestructura que genera confianza para que las empresas inviertan no tiene precio”, afirmó, defendiendo que ese factor es determinante especialmente para las pymes.
El director del CDTI también reivindicó el papel estratégico de los centros tecnológicos. “Sois esenciales en el futuro de este país”, aseguró, y destacó su capacidad para actuar como intermediarios entre la financiación pública y las necesidades empresariales: “Sois los grandes traductores, los que convertís necesidades en proyectos reales”.
Tras la presentación del informe, la jornada continuó con una mesa redonda centrada en la relación entre empresas y centros tecnológicos, moderada por Elisa Rivera, directora general de Planificación, Coordinación y Transferencia del Conocimiento, quien enmarcó el debate en el contexto de las políticas públicas. Rivera destacó la creciente importancia de la evaluación: “La medición del impacto va a ser cada vez más importante porque tenemos que demostrar que cada euro de inversión pública en innovación genera resultados”.
En este sentido, recordó que el Gobierno está trabajando en nuevas estrategias y herramientas de evaluación. “Estamos evaluando la política de innovación y vamos a realizar una evaluación de impacto económico y social al final de la estrategia vigente”, explicó, subrayando que estos análisis permiten ajustar y mejorar los instrumentos públicos.
La mesa dio voz a representantes empresariales de distintos sectores, que aportaron su experiencia directa. Eduardo Fernández, director general de Apis, defendió que la innovación es una necesidad estructural. “En una empresa la innovación no es una opción, es una absoluta necesidad”, afirmó, destacando que la colaboración con centros tecnológicos permite acceder a talento y conocimiento especializado. “Te aportan foco y una visión mucho más centrada en las oportunidades”, añadió.
Desde el ámbito industrial, Belén García, vicepresidenta de ingeniería de Airbus, introdujo una reflexión clave sobre la percepción de la tecnología. “La tecnología es una inversión, no es un coste”, afirmó con rotundidad, insistiendo en que la innovación implica asumir riesgos. “Unas veces funciona y otras no, pero lo que sería un fracaso es no intentarlo”, señaló, destacando que los centros tecnológicos permiten avanzar en desarrollos que no siempre pueden abordarse internamente. “Cuando no puedo justificar un desarrollo con números, recurro a mis centros de confianza”, explicó, poniendo en valor la colaboración basada en la confianza.
Francisco Sánchez, director de tecnología de Fermax, puso el acento en la necesidad de integrar la innovación en la estrategia empresarial y en su aplicación práctica. “La innovación tiene que estar alineada con el negocio, no puede ser algo aislado”, señaló, destacando que la colaboración con centros tecnológicos permite acelerar desarrollos y reducir incertidumbre en proyectos tecnológicos. En este sentido, subrayó que “trabajar con ellos nos ayuda a transformar ideas en soluciones reales y a llevarlas al mercado con mayor rapidez”.
Por su parte, Igor Pagazaurtundua, director de innovación y tecnología de Enagás, destacó el papel de los centros tecnológicos como socios estratégicos en procesos de transformación profunda. “Nos ayudan a abordar retos complejos que no podríamos afrontar solos”, afirmó, haciendo referencia a ámbitos como la transición energética y el desarrollo de nuevas tecnologías. Pagazaurtundua incidió en la importancia de la colaboración a largo plazo: “La innovación no es inmediata, requiere continuidad, confianza y un ecosistema sólido, y ahí los centros tecnológicos son clave”.
En la misma línea, los participantes coincidieron en que la relación con los centros tecnológicos permite anticipar tendencias, mejorar la competitividad y afrontar retos complejos en sectores muy diversos, desde la energía hasta la alimentación o la industria tecnológica.
La clausura del acto puso el broche institucional a la jornada con la intervención de Teresa Riesgo, secretaria general de Innovación, quien reforzó la idea de que la innovación debe sustentarse en resultados medibles y en impacto real. Durante su intervención defendió que la evaluación es clave en el contexto actual, marcado por una alta exigencia sobre el uso de los recursos públicos. “Tenemos que demostrar que el impacto existe y que cada euro destinado a innovación contribuye a construir un futuro mejor”, señaló.
Riesgo subrayó que la inversión en innovación implica una responsabilidad colectiva. “El dinero que se dedica a innovación es dinero de los ciudadanos que esperan un retorno en forma de bienestar y oportunidades”, afirmó, insistiendo en que la medición del impacto no solo sirve para poner en valor lo conseguido, sino también para mejorar las políticas. “Cuando no hay impacto, hay que cambiar los programas”, añadió.
La secretaria general destacó además que los datos presentados reflejan una realidad clara: la innovación genera crecimiento, empleo y competitividad. En este sentido, defendió que el papel de los centros tecnológicos es clave para el futuro del país y para avanzar hacia una economía más innovadora y resiliente.
El cierre de la jornada dejó una idea compartida por todos los participantes: la innovación ya no es una opción estratégica, sino una necesidad estructural para el desarrollo económico. Treinta años después de su creación, Fedit no solo consolida su papel como agente clave del sistema de innovación, sino que refuerza su relevancia en un contexto en el que la transferencia de conocimiento, la colaboración público-privada y la confianza empresarial se configuran como pilares esenciales del crecimiento.

