EMPRESAS

La industria europea de defensa necesita fusionar sus empresas para ser más competitiva

La industria de defensa europea crece impulsada por el contexto geopolítico, pero está lastrada por la atomización de sus empresas y por la falta de coordinación de los Estados que limita su competitividad frente a Estados Unidos, según el análisis de la agencia de calificación crediticia alemana Scope Ratings.

La industria de defensa europea atraviesa una fase de fuerte expansión desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia, con carteras de pedidos en máximos históricos y un creciente aumento del gasto militar. Sin embargo, según un reciente análisis sectorial elaborado por la agencia de calificación crediticia Scope Ratings, el principal obstáculo para su desarrollo no es la financiación, sino su profunda fragmentación, que limita las economías de escala y la capacidad de competir con Estados Unidos.

A diferencia del modelo estadounidense, donde el Departamento de Defensa centraliza la inversión en I+D y las compras, en Europa el gasto se reparte entre 27 presupuestos nacionales. Esta dispersión se traduce en una brecha significativa: mientras Estados Unidos destinó en 2024 unos 149.000 millones de dólares (unos 126.627 millones de euros) a investigación y desarrollo en defensa, la Unión Europea apenas alcanzó los 13.000 millones de euros. 

La falta de coordinación también se refleja en que los Estados miembros de la Unión Europea operan más de 170 sistemas de armas frente a unos 40 en Estados Unidos, incluyendo tres programas paralelos de aviones de combate frente a la estandarización estadounidense en torno al F-35.

Coste económico para Europa

Esto tiene un impacto económico notable. El Servicio de Investigación del Parlamento Europeo (European Parliamentary Research Service, EPRS) estima que el coste anual de la falta de consolidación es de entre 18.000 y 57.000 millones de euros debido a programas duplicados, pérdida de economías de escala y menor capacidad de innovación. Incluso con presupuestos al alza. Ineficiencias que podrían persistir si no se avanza hacia una mayor integración.

En este contexto, la consolidación del sector aparece como una necesidad estratégica, aunque su avance está siendo limitado, según los autores de este análisis. En los últimos meses se han registrado operaciones relevantes, tanto adquisiciones como alianzas, impulsadas por la necesidad de reforzar capacidades tecnológicas y asegurar cadenas de suministro. Sin embargo, el volumen total de fusiones y adquisiciones sigue lejos de un ciclo de consolidación pleno.

Las empresas con mayor capacidad financiera podrían liderar este proceso, apoyadas por sólidos flujos de caja derivados de sus carteras de pedidos. No obstante, buena parte de esa liquidez está comprometida por anticipos de clientes y necesidades de capital circulante, lo que reduce el margen real para grandes operaciones. Además, muchas adquisiciones tienden a financiarse con deuda, lo que introduce riesgos para los balances.

La participación de los Estados

A estos límites financieros se suman obstáculos estructurales. La complejidad regulatoria en la Unión Europea, la falta de un marco claro y armonizado para fusiones transfronterizas y la coexistencia de múltiples mecanismos de control —incluidos los vinculados a la inversión extranjera— ralentizan los procesos. 

A ello se añade el peso de los Estados en el accionariado de muchas compañías, lo que introduce condicionantes políticos en decisiones corporativas estratégicas. En España, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) es el principal accionista de Indra, cotizada en el Ibex 35 y llamada a convertirse en el campeón nacional de defensa; en Italia, el Estado posee el 30,2% de Leonardo, la principal empresa del sector en el país; en Francia, el Estado mantiene el control de Thales y participa en Dassault Aviation; mientras que en Noruega el 50,004% de Kongsberg es de titularidad pública.

Una situación similar se observa en alianzas industriales y joint ventures como Airbus —participada por los Estados alemán, francés y español—; MBDA, en la que participan Leonardo y Airbus; o KNDS, con presencia del Estado francés. Estos son solo algunos ejemplos del peso del sector público en buena parte de la industria de defensa europea.

Ejemplos recientes muestran cómo estos factores pueden frenar operaciones incluso a nivel nacional. El informe cita el caso de España, con el intento —por ahora fallido— de compra de la empresa familiar EM&E por parte de Indra. La participación pública en compañías consideradas estratégicas complica tanto las fusiones como las alianzas, especialmente cuando implican a varios países con intereses industriales distintos, añade el análisis de la agencia de calificación crediticia alemana.

Las empresas con más pulmón para operaciones

Basándose en el apalancamiento bruto en lugar del neto, Safran (14.000 millones de euros), Airbus (13.400 millones) y Rolls-Royce (13.000 millones) presentan la mayor capacidad absoluta para acometer operaciones de M&A (fusiones y adquisiciones). No obstante, el informe introduce una advertencia relevante: una parte significativa de ese margen de maniobra procede de sus negocios en la aviación civil, por lo que constituye más una referencia que un indicador real de potencial para grandes operaciones en el ámbito estrictamente de defensa.

Entre los contratistas predominantemente orientados a defensa, BAE Systems (6.800 millones de euros) y Thales (3.400 millones) muestran un apalancamiento bruto moderado, con margen relevante —aunque limitado— para nuevas operaciones. Por su parte, Rheinmetall (5.500 millones) combina un bajo apalancamiento con un ebitda en rápido crecimiento, lo que amplía su capacidad de financiación a medida que ejecuta nuevas adquisiciones. La reciente compra de NVL por parte del grupo alemán se financió en gran medida con deuda de nueva emisión, respaldada por una financiación puente sindicada de hasta 1.500 millones de euros acordada a comienzos de marzo de 2026.

En el extremo opuesto, Hensoldt se sitúa entre las compañías con menor margen de maniobra, al presentar un nivel de apalancamiento bruto cercano a su límite —más ajustado de lo que refleja su posición neta—, lo que limita su capacidad para abordar adquisiciones relevantes financiadas con deuda en el corto plazo. Su capacidad estimada negativa la sitúa más como objetivo de consolidación que como potencial comprador. En la práctica, además, es más probable que las operaciones en este entorno se financien mediante deuda adicional que con caja disponible, con el objetivo de preservar la liquidez, según Scope Ratings. 

Precios elevados por el crecimiento

Otro elemento que dificulta la consolidación es el elevado nivel de valoración de las compañías del sector. Con múltiplos superiores a 20 veces el ebitda, las adquisiciones requieren un endeudamiento significativo, lo que limita el apetito por grandes operaciones y favorece movimientos más selectivos o acuerdos de colaboración, como las joint ventures.

De hecho, este tipo de alianzas se perfila como una vía intermedia para avanzar en la integración sin asumir grandes riesgos financieros. Permiten compartir capacidades y costes de I+D, aunque no resuelven por completo el problema de fondo: la fragmentación de la producción y la contratación pública en Europa.

El futuro

A medio plazo, la evolución del sector dependerá en gran medida de la voluntad política de los Estados miembros de la UE. Sin reformas que impulsen compras conjuntas, reduzcan la intervención estatal y armonicen las reglas de competencia, la industria europea seguirá en desventaja frente a la estadounidense.

En este escenario, la consolidación será previsiblemente gradual y desigual entre compañías, con implicaciones distintas en función de su capacidad financiera, su exposición al mercado europeo y su habilidad para ejecutar integraciones complejas. Mientras tanto, la fragmentación continuará siendo el principal freno estructural para el desarrollo de una verdadera base industrial de defensa europea.

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