ENTREVISTA

Manuel García-Sañudo, CEO de Arquimea: “España tiene capacidad de subirse al tren del hidrógeno, sería un gran proyecto de país y tenemos gente muy buena”

Con una larga trayectoria en cargos de máxima responsabilidad en empresas desarrolladoras de alta tecnología, Manuel García-Sañudo, CEO de Arquimea, no duda en dedicar a industry TALKS su preciado tiempo para comunicar y poner en valor a la industria. García-Sañudo recuerda la necesidad de no perder más trenes en España, aprovechar el enorme talento con el que contamos para crear el verdadero círculo virtuoso de la generación de tecnología, industrializarla, mercantilizarla y continuar destinando recursos constantes a nueva I+D. Arquimea es un ejemplo de que se puede, es emprendimiento en su máxima expresión, y todo gracias a una organización inteligente, moderna y, sin duda alguna, valiente.

El crecimiento del grupo está siendo exponencial, ¿cuéntenos cómo se ha desarrollado la transformación de los últimos años?

Hay principalmente tres motores de crecimiento que hemos puesto a todo gas. El primero ha sido el desarrollo tecnológico: aprovechar todas las capacidades de I+D que teníamos en el grupo, unirlas, crear un centro de desarrollo tecnológico, consiguiendo que todas esas capacidades trabajaran en conjunto. Veníamos observando que en el momento que desarrollabas una tecnología y se transfería a un producto vendible, los técnicos se dedicaban al negocio y se olvidaban de la tecnología que tenía que venir después. Teníamos el riesgo de caer en la comoditización de la tecnología y quedarnos atrás.

Por otra parte, organizamos todo nuestro sector industrial en cinco grandes verticales, que utilizan la tecnología que desarrollamos para llevarla a los mercados y separamos muy bien el negocio del desarrollo tecnológico. Hemos conseguido en una misma compañía tener integrada la transferencia del conocimiento a los mercados, preservar el conocimiento y tener unas unidades muy potentes que extraen de esos productos y servicios esos grandes saltos tecnológicos.

La tercera pata, para que el banco no cojee, ha sido la internacionalización. Aun en estos años sumamente complicados hemos sido capaces de abrir en Alemania, Sudeste Asiático (concretamente en Malasia) y en Estados Unidos.

¿También han comprado compañías?

Compramos una serie de compañías, oportunidades que ya teníamos localizadas antes de la pandemia, con el compromiso de cerrarlas antes del 31 de marzo. Es verdad que, a mediados de marzo de 2020, salta la pandemia y estuvimos tentados de parar los planes de desarrollo, pero fuimos no sé si valientes, osados o inconscientes, pero ejecutamos las compras y el tiempo nos está dando la razón. La apuesta está dando resultados.

De los sectores en los que trabajan, ¿cuál es que está mejorando con la pandemia?

Hay un sector que especialmente ha despegado que es el Medical. Nosotros teníamos un sector que era Arquimea Medical, Arquimea Heathcare, dedicado a tecnologías médicas. Dentro de esta compañía teníamos laboratorios de análisis genéticos, como una de las capacidades de desarrollar tecnologías y productos de cara a detectar tendencias o preferencias de la piel para aditivos en cosméticos u otros nichos donde no están las grandes farmacéuticas relativas a patologías genéticas.

Con el COVID-19 dedicamos todo el conocimiento que teníamos de este sector a hacer pruebas PCR y dedicarlos al análisis de detección del virus.

Nosotros somos ingenieros, somos industriales. Desde esta perspectiva y viendo que había un problema de operaciones, esto es, no éramos capaces (en España) de hacer los test suficientes para segregar la gente que estaba enferma de la que estaba sana, que era el problema de los primeros días de marzo, ideamos un sistema industrial: compramos robots en Alemania para industrializar el proceso, en lugar de producir PCRs en lugar de uno en uno, hacerlos de cien en cien, montamos una cadena de producción y de suministro muy potente. Cerramos acuerdos con los proveedores de los kits de los reactivos para el análisis de RNA y de los kits PCR.

Todo ello en plena vorágine. En marzo y abril de 2020 estábamos cerrando acuerdos muy importantes y poniendo nuestra capacidad al servicio de la Administración.

Evidentemente un laboratorio, que era lo que teníamos entonces, no es suficiente. Por ello, llegamos acuerdos con más laboratorios de análisis genéticos en Aragón, País Vasco, Andalucía y Madrid, les proporcionamos los robots (cinco en total) y les comunicamos que tendrían los reactivos garantizados con nuestro proveedor. Fue una inversión importante, alrededor de cinco millones de euros.

Cuanto estuvo todo listo, desarrollamos una plataforma tecnológica para que las pruebas realizadas en cualquier laboratorio se subieran a una red en el que se descargaba el certificado PCR… Todo esto que ya es más común, estaba listo ya en el mes de abril de 2020.

¿En qué fecha se comunica a la Administración?

La carta en la que comunicamos a la Administración se remitió entre el 20 o 25 de abril.

Estamos hablando que apenas un mes escaso después de decretar el estado de alarma…

Efectivamente. Donde tuvimos más problemas es en las restricciones por la importación de material, aunque más que restricciones, había barreras. No obstante, tal y como se exigía declaramos a la Administración toda nuestra capacidad… Pero aquello fue un sonido de ida que no tuvo retorno.

Si vemos las gráficas que aparecen en los periódicos, que aparece una gráfica de contagiados bajita y de muertos brutal por abajo, la conclusión es que la gráfica de arriba no está bien porque no se sabía el número de contagiados.

Porque no había PCRs…

Porque se decía que no había PCRs. Yo creo que hay un problema de no contar con la sociedad civil o con la industria para resolver los grandes problemas que tenemos en el país. Y esto es cosa de todos. Parece que los problemas los tiene que resolver la Administración porque si lo hace la industria parece que ‘está contaminado’ (se lamenta).

No obstante, luego ya se ha ido normalizando. Nosotros ahora hemos ganado el concurso de AENA para las clínicas en los aeropuertos, estamos haciendo 5.000 PCRs a la semana en el aeropuerto de Barajas, en Málaga y Sevilla, y lo vamos poner en marcha en Jerez y en Murcia.

La gran dificultad en España es que generamos un montón de conocimiento, en centros tecnológicos, de I+D… pero no somos capaces de transferirlo para ser utilizado en la industria. Ese “valle de la muerte” que le llaman, en países anglosajones no existe. Allí es una llanura, en la que hay que correr mucho, pero no mueren las tecnologías en un valle por no ser capaces de ponerlas en el mercado. ¿Por qué sucede esto? Porque parece que se van a ‘pervertir’ porque las vamos a ‘mercantilizar’ cuando realmente lo que estamos viendo y tenemos que aprender de esta pandemia es que a nosotros no nos faltan científicos, biólogos, epidemiólogos para hacer una vacuna, lo que no teníamos es ninguna empresa, industria, capaz de llevar al mercado el desarrollo de un producto.

Ese es el gran reto que tiene la sociedad española. Sacar el conocimiento de los cajones y sacar la industria.

Y eso, ¿cómo lo llevamos a cabo?

Dedicando el dinero a la transferencia de tecnología. Poniendo a las compañías en situación de competir, pero no en costes ni en precios, sino en cuestión de nuevas tecnologías punteras y necesarias para el desarrollo de servicios y productos que la sociedad ya está demandando, mejorar la calidad de vida, la sostenibilidad.

¿Cómo aplican el concepto de sostenibilidad en las distintas áreas de negocio del grupo?

Hay tecnologías donde estamos aplicando incluso en granjas de producción animal, para utilizar el amoniaco que sale de las balsas de purines para producir pilas de hidrógeno. Eso es sostenibilidad, estoy convirtiendo un problema en una oportunidad creando economía circular.

No hay que inventar grandes cosas, cada uno dentro de su industria sabe muy bien lo que tiene que hacer. Ahora bien, si no lo sabes, mejor no inviertas. Hay que saber por dónde pasa tu tren.

El CEO de Arquimea en la sede de la empresa en la planta 29ª de la Torre Espacio.

¿En qué proyectos industriales están trabajando en el área de Aeroespacio y Defensa así como servicios industriales?

Participamos en el proyecto del Perseverance, en Marte; lleva componentes de alta tecnología nuestros fabricados en Madrid. Es chiquitino pero es muy pintón (bromea), ha aguantado la radiación del viaje y todo lo que se le pide a los componentes de Espacio. No es tema baladí, porque detrás lleva muchísima tecnología, ingeniería y dedicación. Sobre todo, en garantizar la calidad y estamos muy orgullosos.

Ahora estamos también colaborando en las cámaras de telescopios Cherenkov, un proyecto que tiene varias fases. Hicimos un proyecto para el IAC para el gran telescopio robótico español, de ocho metros. Es un mundo fascinante, no sólo las aplicaciones científicas, sino el interés mundial que hay por tener este tipo de instalaciones donde se pueden tener y contamos con la gran ventaja de que tenemos unas de las tres mejores localizaciones.

En Defensa, continuamos trabajando en sistema de mando y control. Tenemos interesantes oportunidades en el Sudeste asiático y nos hemos metido en algunos proyectos programas muy interesantes con el Ejército americano.

¿Qué hitos destacaría para los próximos años en Arquimea?

Tenemos un gran proyecto en Alemania junto a Siemens, las eHighways, que hemos presentado en España porque creemos que es perfectamente “importable” a nuestra realidad y, además, es muy pragmático: no puedo evitar el transporte por carretera con combustibles fósiles, pero quiero descarbonizar todas mis ciudades. Por tanto, cuando se acerquen los camiones a la ciudad, hago un tramo de autopista que electrifico con catenarias, subo un trolley, cargo y todo el trayecto dentro del anillo urbano e incluso interurbano lo hago eléctrico.

Las catenarias las estamos instalando nosotros, Arquimea Industrial Services. También hemos realizado un anillo que es el laboratorio para el desarrollo de los camiones. Hay tres empresas, Scania, Volvo y Mercedes que están desarrollando esos camiones híbridos con el trolley para la carga.

El mantenimiento es muy bajo y el coste del desarrollo del vehículo es muy asumible. En Alemania ya está implementado, hay tramos que ya están funcionando y el anillo está prácticamente terminado.

¿En qué consiste el Arquimea Research Center?

Es la primera pata que comentábamos. En este centro acogemos los investigadores creándoles un entorno “a salvo” del mercado donde puedan desarrollar tecnologías que podamos llevar a la siguiente fase, la industrialización. Se trata de obtener tecnologías que permitan que nuestra compañía no se quede obsoleta dentro de cinco años. Si no protegemos eso, caemos en los mercados y los ingenieros tienen a dedicarse a lo que ya se está vendiendo, al servicio post venta, mejoras de un producto que ya está en el mercado… Y nos olvidamos que para llegar a eso había desarrollado una tecnología única.

El Arquimea Research Center reúne a todos los departamentos de I+D de todas las compañías y en Canarias montamos un gran centro de investigación, justo a principios de 2020, y ya hay 60 ingenieros trabajando. Está diseñado al estilo de las grandes compañías tecnológicas. Hemos definido las grandes verticales que nos interesan: genética y reproducción, fotónica, nuevos materiales, oceanografía. Hemos traído investigadores principales, de allí donde estuvieran: Alemania, Holanda, españoles en España o en el extranjero.

Es un lugar atractivo, el investigador elige el proyecto que quiere hacer, si además eres un investigador principal te vas a llevar una vertical, te puedes traer a quien quieras y desarrollar cuatro o cinco proyectos que desee. El obstáculo es convencerles que se lo crean (que esto es posible en España) y financiarlo.

Para financiarlo generamos una compañía de financiación de proyectos I+D a través de un instrumento que es el tax lease, que es intercambiar con un inversor las deducciones que genero con la propia I+D.

¿Considera adecuados los planteamientos en torno a la planificación de los fondos Next Generation UE así como otros planes de ayuda a la industria como el presentado en Madrid?

No tenemos toda la información. Ha habido una temporada en la que desde todas las asociaciones pedían proyectos. Pero de nuevo no hemos recibido mucho feedback al respecto. Hemos mandado muchísimos proyectos, desde las eHighways, otros proyectos tecnológicos muy ambiciosos y alineados con los principios determinados con la ONU.

Tengo el deseo que de esa “lluvia” de fondos tan importante no resulte que llegue abajo, a la industria, con un simple “chirimiri”, si me permites el símil, porque haya por encima muchas capas. Me gustaría que no perdiéramos esta oportunidad, porque es una oportunidad para transformar el país.

En España, y en Europa también, hemos perdido varios trenes. Perdimos el tren de los semiconductores; había que haber invertido en una gran fábrica de chips en Europa que es una inversión de entre 5.000 y 6.000 millones de euros, de proyecto de Europa, pero dependemos de China, Estados Unidos y Corea del Sur. Y ahora estamos pensando en retomarlo, pero hemos perdido 15 años.

Perdimos el tren de los paneles solares o, al menos, no nos hemos subido en el vagón de cabeza, el de la energía eólica-hidráulica. Teníamos la capacidad de tener una tecnología puntera.

Ahora está pasando el tren del hidrógeno y biocombustible, tenemos capacidad en España para subirnos y a lo mejor también lo perdemos porque veo los proyectos y hay un gran plan entre las eléctricas, los grandes centros de investigación que tenemos en pilas de combustible y el área de biocombustibles… Pero hay que cerrar el círculo. Estamos en el momento, sería un gran proyecto de país y tenemos gente muy buena.

¿En qué PERTEs quiere estar Arquimea?

Arquimea quiere estar en la nueva Agencia Espacial Española, tenemos nuestros proyectos de Espacio y de comunicaciones y de servicios que tenemos que asegurar con una tecnología propia. Queremos trabajar en sistemas de comunicaciones por satélite, crear redes de microsatélites, sistemas de comunicaciones donde se puedan intercambiar datos de manera veloz.

En biotecnología tenemos dos ramas. El sector de la salud va a cambiar mucho, se va a tender a la telemedicina, asistencia en domicilio sobre todo a cierta edad. Hay que desplegar mucha tecnología y queremos estar ahí. Queremos estar en temas de análisis genéticos para detección de tendencias y predilecciones de nuestro cuerpo. En lugar de que por el método estadístico saber que a cien personas una pastilla les sienta mal, sino conocer que esta es tu pastilla, este es tu alimento, o esta es tu tendencia, tecnología que ayuda en prevención.

La otra parte de bio es, Agrotech: desarrollo de biocombustibles, desarrollo de algas para alimentación animal, nuevos sistemas para mejorar la reproducción de las cabañas que tenemos, hay que hacer análisis PCR de forma industrial periódica y eficiente en las cabañas porcinas, por ejemplo. La granja 360º, proyecto de automatizar al 100% una granja. Desde la alimentación, hasta la recogida de residuos, generación de biocombustibles, etcétera.

¿Cuáles son las asignaturas que considera pendientes en la industria en España, en qué se debe mejorar?

Por ejemplo, en Arquimea no hemos llevado a cabo un proceso de digitalización. No hay transformación porque somos nativos. Pero hay una empatía que consiste en que me tengo que poner en el lugar del otro que tiene que realizar esa transformación y que tiene que aprovechar toda la tecnología disponible para dar ese salto.

Yo creo que tenemos una asignatura pendiente de decidir exactamente dónde queremos estar y dónde no queremos estar.

En un proceso evolutivo, y en la industria también, hay elementos que van a tener que desaparecer para dar lugar a una mejor industria, más resistente, sostenible, eficiente, capaz. Y eso es así. Tenemos que ser capaces de reconocer, y es muy duro, que la transformación es de 360º. Ser capaces de asumir ese feedback brutal del mercado y de la sociedad y darnos cuenta de que es así. Nos ayudará a no perder el tiempo y ponernos a trabajar.

Tenemos una generación que ya son digitales, son nativos, y vienen con una formación, habilidad y capacidad de asumir nuevas tecnologías y cambio continuo que nosotros no hemos tenido. La conflictividad que generan los cambios va a desaparecer. Contamos con la “materia prima” para dar ese salto.

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