REPORTAJE

Cómo sortear la crisis geopolítica con IA, robótica y una audaz apuesta por los centros de datos

En un contexto de recesión económica, guerras activas en Europa y Oriente Próximo y una competencia feroz con China, el gigante alemán de tecnología láser y de máquinas-herramienta Trumpf no se repliega.

En una rueda de prensa celebrada en Ditzingen con motivo de la feria Intech 2026, los ingenieros Stefan Meyer y Hagen Zimer, CEO de Máquinas-Herramienta y CEO de Tecnología Láser de Trumpf, respectivamente, desgranaron una estrategia de resiliencia basada en tres pilares: innovación en inteligencia artificial y robótica, aprovechamiento de la explosión de los centros de datos, y una dura advertencia sobre la necesidad de reglas de juego equitativas con Asia.

Incertidumbre política y tijeretazo a las inversiones

La apertura del encuentro de ambos -los dos son miembros de la junta directiva de Trumpf- con la prensa europea no pudo ser más directa. La moderadora y portavoz de Trumpf, Ramona Hönl, planteó directamente la cuestión de los desafíos actuales, y Mayer no esquivó la realidad.

Con el telón de fondo del flaco crecimiento económico en Alemania vinculado especialmente a la guerra en Ucrania, uno de los retos apunta a la incertidumbre política a nivel global. “Cuando hablamos de productos de inversión, como herramientas máquinas o láseres, necesitamos una cierta estabilidad de planeación. Así que, como compañía, como cliente, necesitamos saber qué va a suceder en los próximos años para tomar una decisión de inversión”, señaló Meyer.

Zimer añadió un matiz sectorial. “Todos estamos sufriendo un desgaste económico en la arena de la geopolítica y en el terreno del comercio, también en términos de tecnología. No está garantizado que podamos obtener todas las tecnologías. Como solía ocurrir”, enfatizó. La referencia a las baterías y los centros de datos fue inmediata, dejando claro que la transformación tecnológica global no es un lujo, sino una necesidad para sobrevivir.

De hecho, los efectos de la situación se han visto hasta en la propia toma de decisiones de Trumpf. Los directivos tenían previsto construir un centro de demostraciones para clientes, pero el contexto poco favorable les hizo cambiar de planes. Lo cierto es que se ve un importante movimiento de tierras próximo al edificio donde se da la bienvenida a la feria Intech 2026. Los bulldozers no paran. El proyecto será un parque de paneles solares para suministrar energía al centro de formación que también se encuentra dentro de las instalaciones del gigante fabricante de máquinas. El nuevo parque será inaugurado en agosto, según fuentes de la empresa situada en la localidad de Ditzingen, cerca del polo industrial de Stuttgart.

La anécdota del parque solar no es menor. Simboliza un giro estratégico. Ante la imposibilidad de mantener planes expansivos convencionales, Trumpf ha optado por la autosuficiencia energética y la sostenibilidad, dos valores que, paradójicamente, también vende a sus clientes.

Relación con China: respeto, desconfianza y reglas claras

El temor a la competencia asiática, especialmente china, sobrevoló toda la conferencia. Zimer fue contundente: “Vemos que China está a la vanguardia, son rápidos, tienen muchas capacidades, incluso han construido máquinas, baterías, coches. Así que la pregunta es cómo nosotros, como compañía europea y alemana, podemos posicionarnos en estos mercados, en este mundo”. La respuesta, según él, no es imitar. “Creo que solo podemos superar en el mercado mundial si ofrecemos algo que otros aún no tienen”, resumió.

Pero la diferencia no es solo tecnológica, sino también regulatoria.Meyer denunció una competencia desleal en materia de seguridad. “Si lo ignoras, si lo falsificas, gastas entre 10 y 20% [menos], así que puedes ofrecer tu equipamiento bastante más barato. Y eso está sucediendo”. Y puso un ejemplo concreto. Los estándares de seguridad CE exigen hasta tres circuitos de seguridad en un láser, mientras que “ahora vemos otros láseres de China con sólo uno o dos circuitos de seguridad”.

Zimer elevó el tono. “Estoy diciendo aquí a los políticos que no tememos a los chinos, no tenemos miedo de enfrentarnos a la competencia. Pero queremos tener un benchmark equivalente”. La exigencia de igualdad de condiciones se extendió al control de exportaciones. El CEO de Tecnología Láser criticó el actual desequilibrio. “Si lo prohibimos demasiado, van a convertirse en más independientes porque para ellos tiene sentido hacer cualquier cosa para reemplazar esta tecnología y luego se pierde su mercado”. Y añadió una queja recurrente en la industria alemana: los plazos de decisión. “En este momento, una decisión suele tomarse en tres meses, a veces en seis. Dentro de seis meses el cliente se habrá ido. Y la probabilidad de obtener la aprobación es del 99%, pero luego, simplemente, el negocio se ha escapado. Y se ha ido para siempre porque luego han desarrollado un suministro local”.

Meyer remató esta posición. “Creo que tenemos una estrategia muy desequilibrada en la política respecto a China, que necesita un fuerte refinamiento pronto. No se puede ingresar en esos mercados. Nadie habla más de nuestra independencia de la cadena de suministro de China”, enfatizó. La paradoja es bien amarga, porque las propias baterías que necesita Europa se fabrican en líneas de producción chinas, donde Trumpf vende precisamente sus máquinas.

El fin de la programación y el nacimiento del robot vivo

La Inteligencia Artificial (IA) no es un añadido, sino el núcleo de la nueva generación de productos Trumpf. Zimer explicó dos ejemplos paradigmáticos: la fabricación de baterías y los conectores para centros de datos. En este último caso, la complejidad es tal que “una falta de esta conexión […] definitivamente deteriorará la probabilidad del algoritmo de la IA”. Para soldar miles de pines con una fiabilidad del 99,99%, “se puede hacer solo con el juicio de la inteligencia artificial”. Trumpf ha incorporado “modelos de IA fácil” que analizan “tropecientas fotos” para decidir en tiempo real si una unión es correcta.

Pero el gran salto cualitativo llega con la robótica. Meyer explicó que el problema histórico de los robots era la programación: “Si no tienes una tarea que es repetitiva, simplemente no tiene sentido hacer el esfuerzo de programar”. Con la IA, “ahora no necesitas hacer ese esfuerzo. O lo reduces sustancialmente. Así también puedes trabajar con robots de muy pequeños tamaños. Y además, el robot se vuelve tolerante a errores”.

El ejemplo estrella es el robot de clasificación de piezas metálicas. Tradicionalmente, extraer una pieza cortada del «esqueleto» de la chapa suponía una pesadilla. “La IA ayuda a probar de nuevo, a mirar con la cámara y a entender cómo está la parte ubicada y luego a traer el robot a esa parte para asegurarse de que agarre la parte”. El resultado es evidente. “No necesitas más programación. El robot está vivo”. En solo un año y medio, Trumpf ha pasado de mostrar un prototipo a tener cinco sistemas funcionando en clientes reales.

En cuanto a los robots humanoides, Meyer se mostró cauto pero optimista. “Creo que en este momento el nivel de los robots humanoides es como el del iPhone. Cada año, un nuevo lanzamiento”. Y aunque hoy son lentos, “como diseñadores de máquinas, necesitamos empezar a jugar con ello”.

Centros de datos: el nuevo Eldorado para el láser y el metal

El auge imparable de los centros de datos es una bendición para Trumpf, pero también un reto de flexibilidad. Así lo advirtió Mayer. “Si hoy decidiera que quiero entrar en el centro de datos, tal vez sea demasiado tarde porque ese tren ya va a toda velocidad”. Sin embargo, identificó cuatro grandes áreas de negocio: racks, sistemas de ventilación y refrigeración, suministro eléctrico y edificios. Todas ellas requieren chapa metálica, el material base de Trumpf.

Un documento interno de Trumpf confirma esta visión y la desglosa con cifras concretas. “La demanda de centros de datos está creciendo rápidamente, impulsada por los servicios digitales, la inteligencia artificial y la conectividad global. Grandes operadores como AWS, Google y Meta planean invertir más de 277.000 millones de euros en nuevas ubicaciones hasta 2030. Esto se traducirá en miles de edificios en todo el mundo, llenos de tecnología, sistemas de refrigeración e infraestructura de alta precisión”. Para los fabricantes de chapa metálica, esto supone “un mercado que ofrece demanda estable, altos volúmenes y seguridad de planificación a largo plazo”.

El Fact Sheet añade que “casi todos los componentes de un centro de datos están hechos de chapa metálica fina: bastidores de servidores y armarios de distribución, carcasas para refrigeración (HVAC, gestión de flujo de aire, refrigeración líquida), carcasas para sistemas eléctricos y de seguridad, así como componentes de cobre para la transmisión de datos ultrarrápida”. La necesidad de fabricarlos con alta precisión y en grandes cantidades “crea un nuevo segmento industrial central para los transformadores de chapa”.

Pero Meyer lanzó una nota de precaución con respecto al mercado de los Data Centers. “También es una especie de burbuja. No sé cuánto tiempo durará”. Por ello, recomienda a los clientes comprar equipamiento flexible, capaz de cambiar la producción para centros de datos (chapa fina de 1-2 mm) por la de de agricultura o automoción (chapa de 10-15 mm). “Si compras a la competencia máquinas más baratas, tal vez 20% más baratas, estas están limitadas a 2 milímetros. Así que tienes que cambiar, necesitas un nuevo equipamiento. El mundo es extremadamente volátil y mueres si inviertes demasiado en un equipamiento”, argumentó.

La expansión imparable de los centros de datos, especialmente los gestionados por hiperescaladores como Amazon, Google o Microsoft, está redefiniendo las necesidades de la industria electrónica y de cableado.

Según los datos disponibles, en 2025 existen más de 11.800 centros de datos en todo el mundo, 1.100 de ellos hiperescalares, que ya concentran el 35% del mercado. En este escenario, empresas como Trumpf se enfrentan a un reto mayúsculo: ofrecer una solución de soldadura láser para cables que responda a lo que realmente piden los clientes. Y eso se resume en tres conceptos clave: productividad, calidad y facilidad de uso. Así lo estima el doctor Woo-Sik Chung, ingeniero de Trumpf en el área de Electrónica Industrial y de Automoción, en un breve encuentro con periodistas europeos -entre ellos este representante de industry TALKS- a propósito de la feria Intech 2026.

Los operadores de centros de datos necesitan aumentar la producción de sus líneas de ensamblaje de cableado sin ampliar plantas ni contratar personal indefinidamente. La productividad implica tres cosas concretas: incrementar el rendimiento por hora, ofrecer un claro beneficio en costes –tanto de inversión como de operación– y, muy importante, reducir la huella física del equipo (decrease footprint). En un centro de datos donde cada metro cuadrado de sala blanca cuesta una fortuna, disponer de una estación de soldadura láser más compacta supone un ahorro directo. Además, los clientes valoran que la máquina pueda integrarse fácilmente en líneas existentes sin paradas largas. Trumpf responde con su láser verde cw de alta potencia, que permite soldar a mayor velocidad y con menor necesidad de refrigeración o espacio periférico, cumpliendo así la promesa de desbloquear nuevos potenciales.

El ingeniero Woo-Sik Chung. Firma: Trumpf


La calidad es probablemente el requisito más exigente. Los clientes no pueden permitirse fallos en las conexiones de cables dentro de un centro de datos, porque una soldadura defectuosa genera retrasos, sobrecalentamiento o incluso incendios. Por eso exigen una tasa de rendimiento (yield rate) superior al 99%. Para lograrlo, necesitan una detección precisa de piezas y huecos a escala de píxel. Esto significa que el sistema láser debe ser capaz de identificar microdesajustes entre los cables y los conectores antes de soldar, ajustando el haz en tiempo real. El láser verde cw de Trumpf, gracias a su calidad de haz y longitud de onda, ofrece ese nivel de precisión, reduciendo salpicaduras y garantizando uniones homogéneas. La calidad también se traduce en repetibilidad: el mismo resultado en la soldadura número 1 que en la número 100.000. Esto es crítico cuando se fabrican millones de racks de servidores.

Por último, los clientes demandan facilidad de uso. En un entorno de producción continua, cada minuto que la máquina está parada por mantenimiento, cambio de formato o avería se traduce en pérdidas millonarias. La facilidad de uso implica interfaces intuitivas, cambio rápido de herramientas, limpieza sencilla del cabezal láser y diagnósticos automáticos. También significa que los operadores no necesitan ser expertos en programación para manejar el sistema. O que existe una plataforma de entrenamiento de IA basada en la nube. Trumpf diseña sus equipos con una filosofía plug-and-produce (conecta y produce) y con sistemas de monitorización en remoto que predicen fallos antes de que ocurran. De esta forma, el tiempo efectivo de trabajo supera el 99,9%, algo que los responsables de centros de datos valoran tanto como la propia calidad de soldadura.

Conectividad y datos: el verdadero campo de batalla

Uno de los puntos más reveladores fue el debate sobre la cesión de datos. Preguntado si los clientes aceptan compartir información, Zimer reconoció un largo camino recorrido. “Empezamos muy temprano conectando nuestros láseres con Mercedes Benz aquí en Sindelfingen hace casi ocho o nueve años”. Hoy tienen 400 láseres conectados. La discusión inicial fue terrible: “¿Nos abrimos para saber cuáles son los datos que se intercambian? ¿Cómo aseguramos la seguridad de los datos?”. Sectores sensibles como la industria de semiconductores en Corea del Sur o Japón aún se resisten, pero en general “vemos que hay una victoria para el cliente al bajar los costes de servicio, lo que es una victoria para nosotros”.

Meyer cuantificó el cambio de mentalidad: “Hace cinco años era una historia diferente. Ahora la industria también ha aprendido esto”. La prueba de fuego son las 8.000 máquinas herramienta Trumpf ya conectadas, que permiten monitorizar, actualizar el control y, sobre todo, entrenar modelos de IA. “Si tuvieras una máquina asiática también conectada. ¿Cuál sería tu propietario favorito? ¿Un negocio alemán, familiar, dentro de la Unión Europea? ¿O tal vez un proveedor asiático donde los datos van a Asia, en línea, en realidad, todos los días?”. La pregunta, retórica, encierra una defensa de la soberanía de datos como ventaja competitiva.

Además, Trumpf está utilizando la IA para sus procesos internos. “Recibimos 4.000 peticiones de piezas de repuesto al día. Estas son tareas repetitivas que podemos automatizar fácilmente con la IA”. También ayuda a la traducción de manuales a 35 idiomas o al mantenimiento predictivo. “Ahora decimos, preguntemos a los sensores cuándo es el momento correcto”. El objetivo final, según Meyer, es la fábrica sin humanos, donde las máquinas funcionen solas y la IA programee a los robots a partir de lo que ven.

Apostar por lo humano… y por la máquina

El debate sobre el empleo estuvo presente. Zimer admitió su temor: “Lo que estoy temiendo personalmente es que perdamos el control. Pensemos en los drones, la defensa de los drones”. Y pidió reglas claras. “¿En qué punto en el tiempo nos detenemos?”. Pero también defendió la IA como herramienta para liberar a los humanos del trabajo repetitivo y aburrido, potenciando la creatividad.

Mayer, por su parte, planteó la pregunta incómoda que muchos padres se hacen: “¿Qué recomendaría a mi hija para estudiar? ¿Cuáles son las habilidades necesarias en 5 o 10 años y cuáles no?”. La respuesta no se plasmó, pero implícitamente quedó que la adaptabilidad y el manejo de la IA serán tan básicos como leer o escribir.

En resumen, Trumpf -con 18.000 empleados, 90 filiales, 11 cventros de producción y 4.300 millones de euros de facturación en 2024/2025- afronta la crisis no con recortes, sino con una ofensiva tecnológica. La construcción del parque solar en lugar del centro de demostraciones es un símbolo de realismo que argumenta que la energía barata y sostenible es tan estratégica como el láser más preciso. Y mientras China avanza a toda velocidad, los ingenieros de Ditzingen, a las afueras de Stuttgart, confían en que la calidad, la seguridad y la inteligencia de sus máquinas sigan siendo la mejor barrera comercial. Siempre que Bruselas y Berlín pongan, por fin, los mismos controles a la importación que ya existen para la exportación.

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