Sin embargo, detrás de esa cartera de marcas hay una historia empresarial mucho más compleja que la de una compañía que ha conseguido crecer y conquistar mercados internacionales. Durante las últimas dos décadas, Deoleo ha pasado por una expansión basada en grandes adquisiciones, una crisis de endeudamiento que puso en cuestión su continuidad, la entrada de fondos de inversión, una reestructuración financiera de gran calado y una posterior recuperación de su rentabilidad.
Ahora, más de veinte años después de que comenzara su aventura internacional en el negocio del aceite, el grupo vuelve a protagonizar uno de los movimientos corporativos más relevantes de la industria agroalimentaria española. El 5 de noviembre de 2026, Deoleo comunicó la aceptación de la oferta conjunta presentada por Dcoop y Acesur, que contempla un valor de empresa de 520 millones de euros.
La operación, todavía pendiente de las autorizaciones y condiciones necesarias para su cierre, pone fin a un largo periodo de control financiero y abre la puerta a una nueva etapa industrial. Para entender cómo ha llegado hasta aquí, hay que remontarse a los primeros años de la década de los 2000, cuando el grupo SOS decidió que el aceite de oliva podía convertirse en uno de sus grandes negocios internacionales.
El origen: SOS entra en el negocio del aceite con Carbonell y Koipe
Aunque la historia societaria del grupo se remonta a una compañía alimentaria anterior, el origen de Deoleo como gran operador oleícola se sitúa en 2001.
En aquel momento, el grupo SOS, vinculado a los hermanos Jesús y Jaime Salazar, ya contaba con una importante actividad en el negocio del arroz y había ampliado su presencia en el sector alimentario con la adquisición de Cuétara. Su siguiente objetivo fue entrar con fuerza en el mercado del aceite de oliva.
Para hacerlo, el grupo adquirió Koipe, una de las principales compañías aceiteras españolas, propietaria de marcas históricas como Carbonell y Koipe. La operación le permitió incorporarse a un mercado en el que las marcas y la distribución internacional tenían un peso determinante.
La estrategia de los Salazar tenía una lógica comercial: SOS ya disponía de una red de distribución internacional desarrollada alrededor del arroz, especialmente en Estados Unidos, pero necesitaba marcas reconocidas para competir en el mercado del aceite de oliva. La compra de Koipe le proporcionó una primera plataforma desde la que construir ese negocio.
El grupo no quería limitarse a vender aceite español en otros países. Su objetivo era convertirse en un operador global, con marcas capaces de competir en los principales mercados consumidores, independientemente de su origen.
La gran apuesta italiana: más marcas, más mercados y una deuda millonaria
A partir de 2004, SOS inició una agresiva política de adquisiciones en Italia. La compañía entendió que para ganar peso en mercados como Estados Unidos necesitaba incorporar marcas italianas con reconocimiento internacional y redes comerciales ya establecidas.
La primera gran operación fue la adquisición de Minerva Oli, propietaria de marcas como Sasso y Minerva. Posteriormente llegaron otras compras, entre ellas Carapelli y Friol. El movimiento más importante se produjo en 2008, cuando SOS adquirió a Unilever el negocio de aceite de oliva de Bertolli, una de las marcas italianas más conocidas del sector.
Con estas operaciones, el grupo consiguió reunir bajo una misma estructura algunas de las marcas más reconocidas del mercado mundial del aceite de oliva. Carbonell, Koipe, Carapelli, Sasso y Bertolli pasaron a formar parte de un mismo proyecto empresarial.
La dimensión alcanzada era considerable. Deoleo llegó a situarse entre los líderes mundiales del aceite de oliva envasado con marca, con una cuota de mercado superior al 20% y una facturación cercana a los 800 millones de euros en 2014, según los datos publicados entonces.
Pero la expansión tuvo un coste financiero muy elevado. Las adquisiciones internacionales se financiaron en buena medida mediante deuda. El desembolso acumulado por las compras de marcas italianas rondó los 900 millones de euros y el endeudamiento del grupo llegó a aproximarse a los 1.500 millones.
La operación de Bertolli fue especialmente significativa: permitió reforzar la presencia internacional, pero también incrementó considerablemente las obligaciones financieras de la compañía.
El problema era estructural. El grupo había construido una cartera de marcas de primer nivel y una posición internacional muy relevante, pero debía hacer frente a una deuda enorme en un negocio caracterizado por márgenes relativamente reducidos, una fuerte competencia y una elevada exposición a las oscilaciones del precio de la materia prima.
El crecimiento mediante adquisiciones había permitido construir un gigante mundial del aceite. Sin embargo, la capacidad de generar caja no evolucionó al mismo ritmo que las obligaciones financieras asumidas.
De SOS Cuétara a Deoleo
La dimensión que había adquirido el negocio oleícola terminó provocando una reorganización del grupo.
Tras varios años de expansión, SOS comenzó a desprenderse de actividades que no estaban directamente relacionadas con sus principales negocios. La venta de Cuétara y la posterior desinversión en el negocio arrocero formaron parte de ese proceso de concentración empresarial.
En 2011, después de la reorganización societaria y la salida de la actividad arrocera, el grupo adoptó definitivamente el nombre de Deoleo.
El cambio no era únicamente de denominación. La compañía pasaba a concentrarse en el aceite de oliva y en las actividades relacionadas con su comercialización, con una cartera de marcas internacionales que constituía su principal activo.
Sin embargo, la especialización no solucionó sus problemas financieros. La compañía arrastraba las consecuencias de la expansión anterior y se enfrentaba también a dificultades de gestión y gobierno corporativo.
En los años anteriores se había producido una crisis institucional que terminó con la salida de Jesús Salazar de la dirección del grupo en 2009, en medio de informaciones sobre presuntas irregularidades financieras. La compañía tuvo que afrontar una etapa de reorganización y recuperación de la confianza de sus accionistas y acreedores.
La nueva Deoleo tenía marcas reconocidas, presencia internacional y una posición destacada en el sector, pero necesitaba reducir su deuda y recuperar la rentabilidad.
2014: CVC entra en escena y toma el control de la aceitera
La situación financiera y accionarial de Deoleo desembocó en un cambio de propiedad en 2014.
Hasta entonces, el accionariado estaba repartido entre distintas entidades financieras y otros inversores. La necesidad de estabilizar la estructura de capital y garantizar la continuidad del negocio abrió la puerta a la entrada de un nuevo socio de referencia.
Ese inversor fue CVC Capital Partners, uno de los grandes fondos internacionales de capital privado.
En junio de 2014, Ole Investments, vehículo controlado por fondos asesorados por CVC, adquirió un 29,99% del capital de Deoleo a través de la compra de participaciones de Bankia, Banco Mare Nostrum y Dcoop. Posteriormente, CVC lanzó una oferta pública de adquisición que le permitió consolidar su posición como accionista de referencia.
La entrada del fondo se produjo en un momento especialmente delicado. La empresa necesitaba estabilizar su financiación, reorganizar su estructura accionarial y encontrar una estrategia que le permitiera competir en un mercado de márgenes ajustados sin seguir acumulando deuda.
La llegada de CVC aportó un nuevo respaldo financiero y permitió ordenar parte de la estructura de propiedad. Sin embargo, no eliminó el principal problema de Deoleo: el peso de su endeudamiento seguía condicionando la capacidad de invertir y desarrollar el negocio.
La compañía continuó bajo presión financiera durante los años siguientes, mientras los fondos y los acreedores buscaban una solución que permitiera garantizar su viabilidad.
2019-2020: la deuda amenaza la continuidad y Deoleo ejecuta su gran rescate financiero
El momento más crítico llegó entre 2019 y 2020.
En septiembre de 2019, Deoleo alcanzó un acuerdo con sus principales financiadores para reestructurar un préstamo sindicado cuyo saldo pendiente ascendía a 574,9 millones de euros.
La situación era especialmente delicada. El grupo había registrado importantes pérdidas y su sociedad matriz presentaba un patrimonio neto negativo de 54,3 millones de euros al cierre de 2019. Además, había incurrido en causa legal de disolución al tener un patrimonio neto inferior a la mitad de su capital social.
La solución pasó por una operación financiera y societaria de gran alcance.
En enero de 2020, la junta de accionistas aprobó un plan de rescate que incluía una reducción del capital social a cero para compensar las pérdidas acumuladas y una posterior ampliación de capital de hasta 50 millones de euros.
La operación se completó en junio de ese año y se acompañó de una reorganización societaria que trasladó los principales activos y pasivos operativos a una nueva estructura encabezada por Deoleo Holding.
El acuerdo también permitió que los acreedores participasen en el capital de la nueva sociedad, a cambio de una importante reducción de la deuda financiera.
El ajuste fue muy significativo: se contempló la amortización de más de 330 millones de euros de deuda mediante la combinación de capitalización de pasivos y aportaciones de capital. La deuda restante quedó reestructurada con vencimientos más amplios y condiciones que permitían a la empresa recuperar capacidad financiera.
La operación supuso, en la práctica, una nueva oportunidad para la compañía. Deoleo conservaba sus marcas, sus instalaciones y su red internacional, pero lo hacía con un balance mucho más saneado.
El cambio también tuvo consecuencias en la propiedad. Los acreedores pasaron a controlar aproximadamente el 49% del nuevo holding operativo, mientras que los antiguos accionistas mantenían el 51%.
Fue el comienzo de una nueva etapa para Deoleo, que consiguió evitar su desaparición y recuperar progresivamente la capacidad de desarrollar su negocio.
Alchemy gana peso y los fondos preparan una futura salida
La reestructuración de 2020 no solo transformó el balance de Deoleo. También modificó el equilibrio de poder entre sus accionistas.
Entre los acreedores que pasaron a participar en el capital se encontraba Alchemy Partners, fondo británico especializado en inversiones en situaciones complejas y procesos de reestructuración empresarial.
A través de sucesivas compras de deuda y participaciones, Alchemy fue aumentando su peso en Deoleo Holding hasta alcanzar aproximadamente el 41% en 2023.
CVC, por su parte, mantenía el control de la sociedad cotizada Deoleo, con cerca del 57% de su capital, mientras que Alchemy se había convertido en uno de los principales accionistas del holding operativo.
La nueva estructura permitió a ambos fondos compartir el control económico de la compañía y establecer un marco de compromisos entre accionistas y acreedores.
Pero la permanencia de los fondos no estaba planteada como una situación indefinida. El acuerdo de socios establecía que, transcurridos cuatro años y medio desde la reestructuración de junio de 2020, podía activarse formalmente un proceso para buscar comprador para el grupo.
Ese plazo se cumplió en diciembre de 2024.
A partir de entonces, la posibilidad de vender Deoleo comenzó a ganar protagonismo. Alchemy, que había adquirido una participación importante durante la reestructuración, tenía un papel especialmente relevante en el proceso gracias a los derechos establecidos en el acuerdo de socios.
La compañía había pasado de ser un negocio amenazado por la deuda a convertirse en un activo que podía volver a despertar el interés de inversores industriales y financieros.
La recuperación del negocio: volver a ganar dinero sin renunciar a las marcas
Mientras se reorganizaba su accionariado, Deoleo tenía otro desafío: recuperar la rentabilidad de su actividad industrial y comercial.
El grupo debía gestionar un negocio especialmente expuesto a la volatilidad del aceite de oliva. La evolución de las cosechas, los precios en origen, la disponibilidad de materia prima y el comportamiento del consumo tienen un impacto directo sobre sus resultados.
La crisis de producción de las campañas 2022/2023 y 2023/2024, especialmente intensa en España, provocó un fuerte encarecimiento del aceite de oliva y alteró los patrones de consumo en mercados tradicionales.
Para una compañía como Deoleo, que necesita comprar materia prima, envasarla, comercializarla y defender el posicionamiento de sus marcas, el aumento de los precios supone un reto doble: proteger los márgenes y evitar que el encarecimiento del producto provoque una pérdida de demanda.
La empresa tuvo que adaptar su estrategia comercial y reforzar la disciplina en la gestión de compras y costes.
En 2023, Deoleo registró pérdidas de 34 millones de euros, en un contexto marcado por la elevada volatilidad y las dificultades del mercado. El ejercicio 2024 tampoco estuvo exento de presión, aunque la compañía comenzó a beneficiarse de la normalización de la producción y de una mejora progresiva de las condiciones de mercado.
La recuperación se hizo más visible en 2025. Deoleo cerró el ejercicio con un EBITDA de 50 millones de euros, un 50% más que el año anterior, y un beneficio neto de 20 millones.
La compañía atribuyó esta evolución a la recuperación de los volúmenes de venta, la normalización de la cosecha española, la defensa de los márgenes y la ejecución de su hoja de ruta estratégica, denominada EVOO-lution.
El plan busca reforzar el valor de las marcas, mejorar la rentabilidad, optimizar la gestión de las compras de aceite y concentrar los esfuerzos comerciales en mercados con mayor potencial.
También se ha producido una mejora del balance. La deuda financiera neta pasó de 116 millones de euros al cierre de 2024 a 86 millones al cierre de 2025, según la presentación de resultados de la compañía.
Es una evolución especialmente relevante si se compara con los más de 1.000 millones de deuda que llegó a acumular el grupo durante su etapa de expansión internacional.
2026: una empresa más saneada vuelve a despertar el interés de la industria
La mejora de los resultados y la reducción del endeudamiento han coincidido con la apertura de un proceso de venta.
En junio de 2026 comenzaron a conocerse las primeras ofertas de inversores interesados en hacerse con el grupo o con determinados activos. Entre los nombres que aparecieron en el proceso estaban la cooperativa Dcoop y el grupo italiano Coricelli, además de otros operadores industriales y financieros.
Durante los meses siguientes, la puja fue evolucionando hasta enfrentar dos grandes propuestas: por un lado, la alianza de Dcoop y Acesur; por otro, el consorcio formado por la italiana Coricelli y la española Migasa.
Finalmente, el 5 de noviembre de 2026, los accionistas de Deoleo aceptaron la propuesta conjunta de Dcoop y Acesur, que fija un valor empresarial de 520 millones de euros.
El contrato contempla la adquisición del 91,99% del capital de Deoleo Holding, con la posibilidad de que se adhieran otros socios vendedores y la transmisión alcance el 100%.
El importe de 520 millones corresponde al valor de empresa, no al precio neto que recibirán los accionistas. La contraprestación final depende, entre otros factores, de la deuda financiera neta y de los ajustes habituales de cierre.
La operación todavía debe superar las autorizaciones de competencia en España y Estados Unidos, los permisos de inversión extranjera en Italia y la aprobación de la junta de accionistas. Deoleo estima que estos trámites pueden prolongarse entre seis y ocho meses.
La elección de la oferta española frente a la de Coricelli y Migasa se ha justificado por el precio, la financiación disponible y el menor riesgo de ejecución de la operación.
Un nuevo capítulo para uno de los grandes nombres del aceite de oliva
La posible entrada de Dcoop y Acesur representa un cambio importante en la historia de Deoleo. Después de más de una década bajo el control de fondos de inversión internacionales, la compañía podría integrarse en el perímetro de dos grandes operadores españoles del sector oleícola.
La operación también tiene una lectura industrial. Deoleo aporta marcas con reconocimiento internacional, experiencia en comercialización y una extensa red de distribución. Dcoop cuenta con una enorme base de productores y una posición destacada en la producción y comercialización de aceite de oliva, mientras que Acesur aporta capacidad industrial, experiencia comercial y marcas propias como Coosur y La Española.
La combinación de estas capacidades podría reforzar la posición de los grupos españoles en el mercado mundial del aceite de oliva, aunque todavía habrá que conocer cómo se articula la integración y qué estructura adoptará la compañía una vez se cierre la operación.
La historia de Deoleo es, en definitiva, la de una empresa que vivió las consecuencias de una expansión internacional financiada con demasiada deuda, necesitó una reestructuración profunda para sobrevivir y tuvo que reconstruir su rentabilidad antes de volver a convertirse en un activo atractivo para el mercado.
De la ambición de construir un imperio mundial del aceite a la crisis financiera de 2020, pasando por el control de CVC y Alchemy y una posterior recuperación operativa, Deoleo ha recorrido un camino poco habitual en la industria agroalimentaria española.
Ahora, con una oferta de 520 millones de euros sobre la mesa, el grupo se prepara para escribir un nuevo capítulo. Esta vez, el reto no será conquistar el mundo mediante adquisiciones, sino aprovechar el valor de sus marcas, su capacidad industrial y su presencia internacional para construir un proyecto empresarial sostenible a largo plazo.

