La necesidad de adaptar los productos financieros a las pymes y simplificar los mecanismos de financiación centró el debate de la mesa sobre financiación del IV Congreso de Anese, patrocinada por BBVA. Los participantes defendieron que existe financiación disponible para impulsar la eficiencia energética, pero reconocieron que persisten dificultades para convertir las actuaciones técnicamente viables en operaciones financiables, especialmente en las empresas de menor tamaño.
Pedro Guerrero Meseguer, director de Asuntos Europeos y Estrategia de la Asociación Española de Banca (AEB), defendió que la viabilidad económica y una adecuada gestión de los riesgos son determinantes para que los proyectos obtengan financiación. A su juicio, es necesario contar con un marco regulatorio estable y predecible, acompañado de incentivos públicos y mecanismos que reduzcan las barreras de entrada. “Lo que es realmente importante es que el proyecto sea económicamente viable”, señaló. También reclamó que las garantías públicas tengan menos cargas administrativas y que los bancos de promoción y otros instrumentos europeos contribuyan a financiar proyectos que se encuentran cerca del umbral de viabilidad.
Por su parte, Ángel Giménez Palazón, responsable de Sostenibilidad de BBVA España, apuntó que la transición energética ha ganado peso en las decisiones empresariales, impulsada también por la necesidad de controlar los costes y reducir la exposición a las fluctuaciones de los precios energéticos. Sin embargo, advirtió de que sigue siendo complicado llegar a las pequeñas empresas con soluciones adaptadas a sus necesidades. “Tenemos que buscar la manera de poder llegar hasta la parte más pequeña”, afirmó, aludiendo a la dificultad de trasladar productos financieros complejos a negocios que necesitan soluciones sencillas y de aplicación inmediata.
En la misma línea, Pablo Alonso, director de Financiación ESG para Empresas de Santander, defendió una evolución desde la financiación de productos aislados hacia un acompañamiento integral que contemple el conjunto de la operación. Esto implica analizar conjuntamente la inversión, los ahorros previstos, las subvenciones disponibles y la monetización de los CAE para construir una estructura económica y financiera sólida. “Los bancos podemos ahora mismo aportar valor […] en haber ayudado a construir esa ecuación económica completa del proyecto”, explicó. El objetivo es combinar los instrumentos financieros y no financieros sin perder de vista la evaluación de los riesgos técnicos, financieros y de ejecución.
El leasing, el renting y los CAE, herramientas por desarrollar
Una de las intervenciones más críticas fue la de Marco Fruehauf, director general de grenke, quien consideró que el mercado español está desaprovechando el potencial del leasing y el renting para financiar inversiones de eficiencia energética. Según los datos que expuso durante la mesa, estas operaciones representan menos del 10% del volumen de leasing y renting que se mueve en España, incluida la financiación de vehículos eléctricos. A su juicio, estos instrumentos son especialmente adecuados para las pymes, ya que permiten financiar la renovación de equipos y adaptar las inversiones a las necesidades de cada negocio.
“Yo voy a dar un suspenso, pero gordo”, afirmó al valorar el acceso a la financiación. Fruehauf cuestionó que las empresas de servicios energéticos sigan recurriendo en gran medida a sus propios fondos para financiar proyectos y reclamó que las entidades financieras amplíen su alcance más allá de las grandes operaciones. “El protagonista es el cliente y el protagonista es la transición energética”, subrayó, defendiendo que la financiación debe integrarse en la cadena de valor sin añadir complejidad innecesaria al proceso.
El papel de los CAE también ocupó una parte destacada del debate. Alberto Usano, responsable de Desarrollo de Negocio en Eficiencia Energética de GO2MARKETS, señaló que estos certificados pueden contribuir a reducir la inversión inicial de los proyectos, siempre que exista un sistema suficientemente claro y fiable para anticipar los ingresos derivados de los ahorros energéticos.
Usano explicó que las inversiones en eficiencia suelen competir con otras prioridades industriales que presentan retornos más inmediatos o fáciles de justificar. En muchas empresas, los proyectos energéticos quedan relegados cuando sus periodos de recuperación superan los dos o tres años. Por ello, defendió que se puedan anticipar los ingresos de los CAE y estructurar operaciones que permitan reducir el desembolso inicial. “La única solución es bajar esa inversión inicial”, afirmó.
No obstante, advirtió de que la incertidumbre sobre la obtención de los certificados y las dificultades para incorporarlos a las estructuras financieras pueden frenar operaciones que, de otro modo, saldrían adelante. Para aprovechar su potencial, consideró necesario ofrecer mayores garantías a los bancos y facilitar que los derechos de cobro asociados a los CAE puedan incorporarse a la financiación.
Simplificar y estandarizar para llegar a las pequeñas empresas
La mesa coincidió en que la financiación de proyectos de eficiencia energética no depende únicamente de la disponibilidad de capital. También requiere mejorar la preparación de las operaciones, reducir los costes de análisis y facilitar que las entidades financieras puedan evaluar proyectos de menor tamaño con criterios homogéneos.
Los participantes señalaron que las grandes compañías cuentan habitualmente con departamentos financieros y técnicos capaces de estructurar inversiones complejas, mientras que en muchas pymes estas funciones recaen sobre una misma persona. Por eso, Alberto Usano, de GO2MARKETS, defendió que el mercado debe ofrecer productos sencillos y un mayor acompañamiento a las empresas, en lugar de exigirles que desarrollen por sí solas estructuras financieras específicas para cada inversión.
Desde la banca, Ángel Giménez Palazón, de BBVA España, incidió en la importancia de combinar instrumentos de garantía más fáciles de aplicar con acciones de divulgación que ayuden a las pequeñas empresas a identificar los beneficios económicos de la eficiencia energética. Pablo Alonso, de Santander, añadió que la estandarización y la normalización de las metodologías son esenciales para alcanzar una escala mayor y facilitar la colaboración entre entidades financieras, ingenierías y empresas de servicios energéticos.
En relación con los CAE, Alonso explicó que estos pueden contribuir a mitigar riesgos y mejorar la estructura financiera, aunque no sustituyen el análisis global del proyecto. “Lo incluimos como una cesión del derecho de cobro a favor de las entidades y que vaya amortizando esa financiación”, indicó sobre una de las vías para incorporar los ingresos previstos a las operaciones.
La medición y verificación de los ahorros se consideró igualmente esencial para aportar credibilidad. Usano defendió que los proyectos deben planificarse desde el principio para cumplir los requisitos documentales y técnicos del sistema, y que los cálculos de ahorro deben realizarse con prudencia, especialmente en las actuaciones singulares.
Como conclusión, el debate puso de manifiesto que el reto no consiste solo en disponer de financiación, sino en hacerla accesible a un tejido empresarial formado mayoritariamente por pymes. Para avanzar, los participantes reclamaron instrumentos de garantía más eficaces, mayor estandarización, una mejor integración de los CAE y modelos capaces de reducir la complejidad y el riesgo de las operaciones. El objetivo compartido es convertir un mayor número de proyectos de eficiencia energética en inversiones viables y financiables, acelerando así la descarbonización de la industria española.

