La inteligencia artificial se ha convertido en el gran reclamo tecnológico de empresas de prácticamente todos los sectores. Desde vuestra posición junto al cliente, ¿cuánto hay hoy de transformación real y cuánto de necesidad de subirse a una ola por miedo a quedarse atrás?
Hay de las dos cosas. La IA está evolucionando tan rápido que muchas empresas sienten que, si no hacen algo ya, se van a quedar atrás. Y eso genera cierta ansiedad. Pero precisamente por esa velocidad creo que hay que tener todavía más criterio para decidir dónde aplicarla y dónde no.
Hay empresas que están haciendo proyectos de IA porque realmente han detectado un problema que pueden resolver mejor, más rápido o de una manera que antes no era posible. Y hay otras que empiezan la conversación con un “tenemos que hacer algo con IA”, pero sin tener todavía demasiado claro para qué. Y creo que ahí está parte de nuestro trabajo. A veces hay que decirle al cliente que la IA no tiene por qué ser el punto de partida. Primero tenemos que entender qué problema queremos resolver, qué datos tenemos, qué procesos hay detrás y qué impacto esperamos conseguir.
La IA es una herramienta increíble, pero no convierte automáticamente un proyecto en un buen proyecto.
Next Digital trabaja en desarrollo de software, ingeniería de datos e inteligencia artificial. ¿Estamos hablando demasiado de IA y demasiado poco de algo menos vistoso pero imprescindible: tener buenos datos, bien estructurados y preparados para poder utilizarla?
Totalmente. La IA es probablemente la parte más visible ahora mismo, pero debajo tiene que haber muchísimas cosas funcionando bien. Puedes tener el mejor modelo del mundo, pero si tus datos están dispersos, no son fiables, no sabes dónde están o ni siquiera tienes claro quién es responsable de ellos, es muy difícil construir algo que realmente aporte valor.
Por eso nosotros hablamos mucho de todo el ciclo del dato. Antes de pensar qué IA vamos a aplicar, muchas veces hay que ordenar la casa. No es la parte más vistosa de la conversación, pero probablemente sea una de las más importantes.
Desde Desarrollo de Negocio tenéis una perspectiva especialmente interesante porque estáis entre lo que la tecnología puede hacer y lo que el cliente está dispuesto a comprar. ¿Qué están pidiendo hoy realmente las empresas y qué ha cambiado en sus prioridades en los últimos dos años?
Yo diría que ahora hay mucha más necesidad de ver resultados concretos. Hace unos años era más fácil hablar de transformación digital en términos muy amplios. Ahora el cliente quiere saber qué problema le vas a resolver, cuánto tiempo va a tardar y qué impacto va a tener. Por supuesto hay muchísimo interés por la IA, pero también estamos viendo conversaciones alrededor de modernización de sistemas, explotación del dato, automatización o cómo conseguir que los equipos sean más eficientes sin necesidad de crecer indefinidamente.
El cliente llega cada vez más informado, ha probado herramientas y muchas veces ya viene con una idea bastante clara de lo que quiere hacer. Pero una de nuestras mayores fortalezas es precisamente no limitarnos a ejecutar lo que nos piden. Si creemos que algo no tiene sentido, lo decimos. Y si hay una forma mejor de resolver el problema, aunque no sea la respuesta que el cliente esperaba, también se la planteamos. Para nosotros, aportar valor empieza por ser honestos y actuar como un partner, no simplemente como un proveedor.
Para mí, además, Desarrollo de Negocio no es solo vender. Es conectar tecnología, personas, marketing, comunicación y ventas para que las oportunidades realmente ocurran. Muchas veces el valor está precisamente en conseguir que todas esas piezas dejen de trabajar aisladas y empiecen a empujar en la misma dirección.
Una empresa puede invertir mucho dinero en tecnología y, sin embargo, no conseguir transformar su negocio. ¿Dónde suelen fracasar estos proyectos: en la tecnología, en la definición del problema, en la resistencia interna al cambio o en no saber medir el retorno?
Muchas veces el problema empieza bastante antes de elegir la tecnología. Si no tienes claro qué quieres solucionar, para quién lo estás haciendo y cómo vas a saber si ha funcionado, puedes construir técnicamente algo perfecto que no sirva para nada.
Y luego está la parte de las personas, que para mí es fundamental. Puedes cambiar una herramienta, pero si no cambias procesos, si no explicas por qué se hace o si las personas que tienen que utilizarla no forman parte del cambio, es muy difícil que funcione. La tecnología es una pieza. La estrategia, el negocio y las personas son las otras. Cuando las cuatro cosas no están conectadas, aparecen los problemas.
Datos, IA, cloud y desarrollo de software compiten por protagonismo y presupuesto. Si miramos a la empresa española, ¿dónde detectáis actualmente la mayor brecha entre las posibilidades que ofrece la tecnología y su implantación real?
Creo que una de las mayores brechas está en conectar todas esas cosas. Tenemos empresas que han avanzado mucho en cloud, otras que tienen buenos equipos de datos, otras que están experimentando con IA… pero muchas veces son iniciativas que viven separadas unas de otras. El verdadero salto se produce cuando dejas de pensar “quiero un proyecto de IA” o “quiero migrar a cloud” y empiezas a pensar qué necesitas para que el negocio funcione mejor.
Para mí, la tecnología debería ser cada vez menos protagonista de la conversación. Si al final estamos hablando de cómo vender mejor, atender mejor a un cliente, reducir errores o liberar a una persona de tareas que no le aportan nada, probablemente vamos por buen camino.
La IA generativa ha democratizado el acceso a herramientas que hace muy poco estaban reservadas a perfiles especializados. ¿Eso hará que necesitemos menos profesionales tecnológicos o, paradójicamente, aumentará la demanda de perfiles capaces de entender qué hay detrás de esas herramientas y utilizarlas con criterio?
Yo creo que vamos a necesitar profesionales diferentes. Todo está cambiando a una velocidad enorme. Lo que hoy parece novedoso, dentro de seis meses puede haberse convertido en algo habitual. Y cuando trabajas de verdad con inteligencia artificial te das cuenta de que puede ser una herramienta potentísima en las manos adecuadas, pero también muy peligrosa si se utiliza sin criterio, sin conocimiento o sin entender sus limitaciones.
Hay tareas que van a cambiar y otras que probablemente desaparecerán, pero también van a aparecer muchísimas nuevas. Lo que sí creo es que cada vez tendrá menos sentido medir el valor de una persona únicamente por su capacidad para ejecutar una tarea técnica concreta. Saber utilizar una herramienta no es lo mismo que entender un problema.
Vamos a necesitar personas capaces de hacer buenas preguntas, entender qué hay detrás de las herramientas, validar lo que producen, identificar cuándo se equivocan, hablar con negocio y tomar decisiones con criterio. La IA puede acelerar muchísimo a una buena persona profesional. Pero precisamente por eso, el criterio, la responsabilidad y el conocimiento cada vez van a valer más.
Next Digital mantiene un modelo de trabajo 100 % remoto y flexible basado en responsabilidad y autogestión. En plena competencia por profesionales tecnológicos, ¿sigue siendo el salario el principal argumento para atraer talento o han cambiado las reglas de esa batalla?
El salario importa, claro. Creo que sería absurdo decir que no. Pero hace tiempo que dejó de ser suficiente. Las personas también valoran muchísimo cómo van a trabajar, con quién, qué autonomía van a tener, si confían en ellas, si pueden aprender, si su trabajo tiene sentido y si pueden conciliar su vida con él.
Nuestro modelo remoto funciona precisamente porque parte de la confianza y de la responsabilidad. No queremos controlar dónde está alguien cada minuto; queremos que las cosas salgan bien y que las personas puedan organizarse.
Y hay otra cosa que para nosotros es muy importante: que la gente sienta que pertenece a algo, aunque no comparta una oficina todos los días.
Trabajar en remoto no significa trabajar desconectados. De hecho, casi al contrario: obliga a cuidar mucho más los espacios en los que la gente se encuentra, comparte y siente que forma parte de algo. Por eso hacemos tanto esfuerzo en comunidad interna, encuentros y momentos para vernos.
Usted ha defendido públicamente que construir una carrera tecnológica va mucho más allá de saber programar. ¿Qué habilidades están marcando hoy la diferencia entre un buen perfil técnico y un profesional capaz de crecer y asumir responsabilidades dentro de una compañía tecnológica?
Cada vez estoy más convencida de que las habilidades que durante muchos años llamábamos “soft skills” tienen muy poco de secundarias. Puedes ser técnicamente brillante, pero a medida que creces necesitas explicar tus ideas, escuchar, trabajar con personas diferentes, entender prioridades, gestionar conflictos y aceptar que muchas veces la mejor solución técnica no es la mejor solución para el negocio. También valoro muchísimo la curiosidad y la capacidad de adaptarse, es más importante la actitud que la aptitud.
La tecnología cambia a una velocidad brutal. Lo que sabes hoy seguramente dentro de unos años habrá cambiado muchísimo. La capacidad de seguir aprendiendo probablemente sea más importante que dominar una herramienta concreta. Y compartir conocimiento también forma parte del crecimiento profesional. Muchas veces una charla, un meetup o una conversación de pasillo acaba generando una oportunidad, una colaboración o incluso un proyecto.
Y, sobre todo, ser buena persona. Parece una tontería decirlo en una entrevista de tecnología, pero trabajar bien con los demás sigue siendo una ventaja competitiva enorme.
Hablamos mucho de tecnología como motor de productividad, pero menos de su capacidad para eliminar barreras. ¿Puede la IA, junto con herramientas de accesibilidad y apoyo cognitivo, abrir nuevas oportunidades profesionales para personas con discapacidad —también intelectual— en un sector que tradicionalmente ha asociado talento a una elevada especialización técnica?
Creo que sí, y además me parece una de las partes más interesantes de todo lo que está ocurriendo con la tecnología. Hablamos muchísimo de IA para ser más productivos, automatizar tareas o ahorrar tiempo, pero también puede servir para algo mucho más importante: dar más autonomía a las personas. Puede ayudar a comprender información compleja, adaptar contenidos, facilitar determinados procesos o servir de apoyo en tareas que hasta ahora podían suponer una barrera. Y eso puede abrir oportunidades profesionales que antes eran mucho más difíciles de imaginar.
Pero creo que hay que verlo con naturalidad. La tecnología no va a conseguir que todo el mundo pueda hacer cualquier trabajo, ni creo que ese tenga que ser el objetivo. Lo importante es que pueda reducir barreras innecesarias y permitir que más personas puedan desarrollar sus capacidades. Para mí, ese es uno de los usos más potentes de la tecnología: no solo hacer lo mismo más rápido, sino conseguir que más personas puedan participar.
Mañana, la gran gala de reconocimientos de Next Digital contará en la atención al público con profesionales auxiliares de apoyo en eventos con discapacidad. ¿Qué tendría que cambiar para que la inclusión dejara de verse como una acción de responsabilidad social y empezara a entenderse como una forma normal de incorporar talento a la cadena de valor de las empresas, tal y como vosotros lo veis?
Precisamente eso: dejar de verlo como algo extraordinario. Creo que tenemos que empezar por cuestionarnos cómo organizamos el trabajo dentro de las empresas. Muchas veces construimos los puestos de una manera muy cerrada y damos por hecho que una misma persona tiene que hacer todo lo que ocurre alrededor de ese rol. Y quizá no siempre tiene sentido.
Puede haber profesionales extraordinarios en una parte de su trabajo que no tengan por qué ser buenos en otras tareas. Y, al mismo tiempo, puede haber personas con capacidades muy valiosas para esas otras funciones a las que ni siquiera estamos dando una oportunidad porque nunca hemos pensado en ellas como un puesto independiente.
Para mí, ahí está una parte muy interesante de la inclusión: no se trata de crear puestos artificialmente ni de intentar que todo el mundo haga de todo, sino de mirar con más detalle qué trabajo hay realmente que hacer, qué capacidades requiere y qué personas pueden hacerlo bien. Cuando haces ese ejercicio aparecen oportunidades muy interesantes para todos: equipos más especializados, mejor reparto de tareas y personas aportando desde aquello en lo que realmente destacan. Y eso es precisamente algo que queremos explorar con Envera. No queremos que su participación en nuestros eventos sea algo puntual o anecdótico, sino aprender juntos qué funciones pueden incorporarse de manera natural a nuestra actividad y dónde pueden aportar valor real.
Next Digital habla de “tecnología que importa” y de proyectos donde la ingeniería marque la diferencia. Si eliminamos por un momento palabras como IA, cloud, data o automatización, ¿qué debería demostrar un proyecto tecnológico para poder decir que realmente ha transformado un negocio?
Que ha cambiado algo de verdad. Que una persona tarda menos en hacer su trabajo. Que un cliente recibe un mejor servicio. Que se toman mejores decisiones. Que hemos eliminado errores. Que podemos hacer algo que antes no podíamos hacer. O que hemos conseguido que un negocio crezca de una manera que antes no era posible. Para mí, cuando acabamos un proyecto, la conversación no debería ser “hemos utilizado esta tecnología tan increíble”. Debería ser: “antes pasaba esto y ahora pasa esto otro”.
Y además creo que la tecnología empieza a transformar de verdad cuando deja de ser un proyecto aislado y empieza a conectar con las personas, con el negocio y con la forma en la que una organización aprende.
