ENTREVISTA

Elena Guede, Oficemen: «No pedimos competir con ventaja; pedimos no competir en desventaja»

Oficemen, la Agrupación de Fabricantes de Cemento de España, representa a una industria inmersa en un profundo proceso de transformación, marcado por la descarbonización, la innovación y la competitividad. Al frente de la organización se encuentra Elena Guede, nueva directora general, que afronta esta etapa con el objetivo de impulsar una industria "más sostenible, innovadora y competitiva".

¿Qué balance hace de este primer periodo al frente de la patronal y cuáles han sido las principales prioridades que se ha marcado para el sector?

Asumir la dirección general de Oficemen es un privilegio, especialmente en un momento de profunda transformación para la industria cementera. Está siendo una etapa intensa y apasionante. Llevo vinculada al sector desde hace tres décadas y he tenido la oportunidad de trabajar en diferentes ámbitos como las operaciones, la calidad, el medio ambiente, la estrategia, la innovación y la sostenibilidad. Esa trayectoria me ha permitido conocer de cerca su evolución y su realidad industrial.

Mi prioridad está plenamente alineada con la del sector: dar respuesta a los desafíos actuales e impulsar una agenda centrada en la sostenibilidad, la innovación y el desarrollo de soluciones que generen valor para nuestra industria, pero también para las personas y su entorno.

Desde Oficemen es necesario poner en valor la contribución del cemento y el hormigón a una construcción más sostenible y eficiente, y trasladar mejor a la sociedad los beneficios de unos materiales que siguen siendo imprescindibles para el desarrollo del país y la adaptación al cambio climático. Son esenciales para afrontar retos como el acceso a la vivienda, la movilidad, la transición energética o el desarrollo de infraestructuras duraderas, seguras y resilientes.

La industria cementera está inmersa en un profundo proceso de transformación. ¿Cuáles considera que son los principales retos que afronta actualmente el sector en España y qué oportunidades se abren en este nuevo contexto?

Efectivamente, la industria cementera afronta una transformación sin precedentes. El principal reto es alcanzar la neutralidad climática sin perder competitividad ni capacidad industrial en España.

Para conseguirlo debemos actuar en varios frentes: mejorar la eficiencia energética, aumentar el uso de combustibles y materias primas alternativas, desarrollar cementos y hormigones con menor huella de carbono y avanzar en tecnologías de captura, transporte, almacenamiento y uso del CO₂. Todo ello exige innovación, inversión y un marco que nos permita competir en igualdad de condiciones.

Esta transformación abre también nuevas oportunidades. La digitalización, la inteligencia artificial, la economía circular y la gestión del CO₂ están cambiando nuestra forma de producir. Al mismo tiempo, la construcción sostenible, la rehabilitación, las infraestructuras energéticas, el agua, la movilidad o la adaptación al cambio climático van a necesitar materiales cada vez más eficientes, duraderos y con menor huella de carbono.

Ahí el cemento y el hormigón tienen mucho que aportar. Tenemos la oportunidad de desarrollar nuevas soluciones, colaborar con otros sectores y contribuir a responder a algunos de los grandes retos que tenemos como sociedad. Para hacerlo posible, necesitamos también que las administraciones públicas impulsen la compra pública verde, para acompañar el esfuerzo inversor que está realizando la industria.

La descarbonización es uno de los grandes desafíos para la industria. ¿Qué papel están desempeñando tecnologías como la captura, uso y almacenamiento de CO, el uso de combustibles alternativos o la mejora de la eficiencia energética para alcanzar los objetivos climáticos?

Nuestra industria lleva más de una década trabajando en su descarbonización. En 2015 presentamos nuestra primera hoja de ruta sectorial y, desde 2020, seguimos el denominado “Enfoque de las 5Cs”, que aborda la reducción de emisiones a lo largo de toda la cadena de valor: clínker, cemento, hormigón, construcción y recarbonatación. La última actualización, de 2025 y certificada por AENOR, eleva nuestra ambición: reducir las emisiones un 42% por tonelada de cemento en 2030, un 83% en 2040 y alcanzar la neutralidad climática en 2050.

Para avanzar hacia esos objetivos tenemos que combinar distintas soluciones: soluciones operacionales y soluciones disruptivas. La mejora de la eficiencia energética, el uso de combustibles y materias primas alternativas y el desarrollo de cementos con menor huella de carbono ya están contribuyendo a reducir nuestras emisiones y seguirán teniendo un papel fundamental en los próximos años.

Pero, en el sector cementero, el reto no es solo energético, como para otros sectores industriales. Una parte importante de nuestras emisiones procede de la reacción química necesaria para obtener clínker —el producto intermedio con el que se obtiene el cemento— y, por tanto, no puede eliminarse únicamente con estas medidas operacionales.

Por eso, para alcanzar la neutralidad climática será imprescindible desplegar las tecnologías de captura, almacenamiento y uso del CO₂ (CAUC). Y no hablamos solo de capturar el CO₂ en las fábricas: necesitamos desarrollar toda la cadena, desde su captura y transporte hasta su uso industrial o almacenamiento permanente.

España, a diferencia de otros países europeos, todavía no cuenta con una estrategia nacional específica que permita desarrollar estas infraestructuras de forma coordinada y con la certidumbre necesaria para acometer inversiones de esta magnitud. Para hacernos una idea, instalar un sistema de captura de CO₂ en una fábrica tipo supone una inversión de alrededor de 350 millones de euros, superior incluso a la necesaria para poner en funcionamiento una nueva planta de cemento.

Necesitamos, por tanto, planificación a largo plazo, infraestructuras y mecanismos estables de financiación que vayan más allá de los actuales PERTE. Es un desafío de tal magnitud que solo podremos abordarlo con la colaboración de las administraciones y las empresas.

La vivienda, las infraestructuras y la transición energética requieren importantes inversiones en los próximos años. ¿Qué papel cree que debe desempeñar el cemento y el hormigón en el desarrollo económico y en la modernización de España?

El cemento y el hormigón van a seguir desempeñando un papel esencial en el desarrollo económico y en la modernización de España porque están en la base de la mayoría de las actuaciones que el país necesita acometer en los próximos años: viviendas, instalaciones industriales y logísticas, escuelas, hospitales e infraestructuras hidráulicas, viarias, ferroviarias, aeroportuarias o energéticas.

No olvidemos que el consumo de cemento es uno de los indicadores adelantados de la evolución de la construcción. En 2025 alcanzó los 16,5 millones de toneladas, un 11,3% más que en 2024. Aun así, seguimos en niveles insuficientes para responder al déficit de vivienda —estimado en torno a 750.000 unidades— y a las necesidades de infraestructuras de un país con cerca de 50 millones de habitantes y casi 100 millones de turistas al año. Desde Oficemen consideramos que, para afrontar adecuadamente estos retos, el consumo debería situarse por encima de los 20 millones de toneladas anuales.

Además, su contribución no se limita a aportar los materiales necesarios para construir más. La innovación en los materiales con base de cemento está permitiendo construir de forma más eficiente y sostenible. Soluciones como la construcción industrializada en hormigón o la impresión 3D pueden acortar los plazos de ejecución, optimizar los procesos y contribuir a un parque edificatorio con menor consumo energético y menor impacto ambiental.

En numerosas ocasiones el sector ha reclamado un marco regulatorio que facilite las inversiones industriales. ¿Qué medidas consideran prioritarias para mejorar la competitividad de la industria cementera española frente a otros países europeos?

La competitividad de la industria española —y no solo de la cementera— depende, en buena medida, de poder competir en condiciones similares a las de otros países europeos. Hoy, la estructura de costes eléctricos sigue suponiendo una clara desventaja.

En nuestro caso, esa diferencia se nota especialmente. La energía representa más del 30% de los gastos operativos de las fábricas y, aunque nuestras plantas se encuentran entre las más eficientes de Europa, hemos perdido peso en los mercados exteriores. No es una cuestión de eficiencia industrial, sino de costes.

Desde el apagón de abril de 2025, los servicios de ajuste han supuesto 48 millones de euros para el sector. A ello se suman 29 millones por no contar con una reducción estructural del 80% de los peajes para consumidores electrointensivos y otros 12 millones de euros anuales por el impuesto sobre el valor de la producción de energía eléctrica, aunque este último se eliminará de forma progresiva. En conjunto, hablamos de un impacto de casi 90 millones de euros sobre nuestros costes de producción.

Necesitamos, por tanto, medidas estructurales que corrijan esta desventaja y permitan reducir de forma estable los costes eléctricos que soporta la industria, más allá de respuestas temporales o coyunturales.

Por eso insistimos en una idea muy sencilla: no pedimos competir con ventaja; pedimos no competir en desventaja.

Y esa misma lógica debe aplicarse frente a terceros países. El aumento de las importaciones de clínker puede generar un riesgo de fuga de carbono si esos productos entran en Europa sin asumir exigencias ambientales equivalentes a las de la industria europea.

Ahí el mecanismo de ajuste en frontera por carbono (CBAM por sus siglas en inglés), tiene un papel clave. Desde Oficemen defendemos un mecanismo riguroso y verificable, con controles suficientes para evitar fraudes y prácticas de elusión y con la implicación de toda la cadena: puertos, aduanas y el resto de las administraciones competentes.

El objetivo es evitar que la reducción de emisiones en Europa termine trasladando la producción, el empleo y las propias emisiones a países con normativas medioambientales menos exigentes.

La economía circular es otra de las grandes apuestas de la industria. ¿Qué avances se han producido en los últimos años y qué margen de mejora existe todavía en ámbitos como la valorización de residuos o el uso de materias primas alternativas?

La industria cementera desempeña un papel importante en la recuperación de residuos que, de otro modo, terminarían en vertederos. Su aprovechamiento como materias primas o combustibles alternativos permite conservar recursos naturales, reducir el uso de combustibles fósiles y evitar algunos de los impactos asociados al vertido, como las emisiones de gases de efecto invernadero o la contaminación del suelo y del agua.

Por lo que respecta a la valorización material, la última actualización del Observatorio de Economía Circular, elaborado por la Fundación CEMA junto al Institut Cerdà y basado en datos de los últimos veinte años, señala que en 2024 el sector utilizó 2,9 millones de toneladas de materias primas alternativas. En la actualidad, hay 63 tipos de residuos autorizados para este uso, entre ellos escorias, cenizas, materiales cerámicos o lodos con carbonato. En conjunto, estos materiales representaron el 11,4 % del consumo total de materias primas del sector.

En cuanto a la valorización energética, ese mismo Observatorio recoge que, en 2024, la industria cementera española sustituyó con combustibles derivados de residuos el 42,1 % de la energía térmica utilizada en sus hornos y consumió cerca de 1,1 millones de toneladas de combustibles alternativos, el mayor volumen de la serie histórica.

Es un avance importante, pero España continúa por debajo de la media europea, situada en el 58 %, y lejos de países como Noruega o Austria, donde la sustitución supera el 80 %. Para acercarnos a esos niveles necesitamos criterios regulatorios y administrativos más homogéneos, especialmente entre comunidades autónomas. Esto permitiría ampliar el aprovechamiento de residuos no reciclables y reducir tanto su depósito en vertedero como el consumo de combustibles fósiles y las emisiones de CO₂.

¿Cómo imagina la industria cementera española dentro de diez años? ¿Qué le gustaría que hubiera cambiado y qué mensaje le trasladaría a quienes todavía perciben el cemento como una industria tradicional y alejada de la innovación?

Dentro de diez años imagino una industria cementera mucho más descarbonizada, digitalizada e innovadora, que haya avanzado de forma decisiva hacia la neutralidad climática y que siga siendo competitiva y manteniendo capacidad industrial en España y siendo al mismo tiempo referente en Europa.  También confío en que la sociedad conozca mejor la realidad de nuestro sector: una industria moderna y eficiente, que desarrolla materiales esenciales para el progreso, la calidad de vida y el bienestar.

La innovación está ya presente en toda la cadena de valor del cemento y en sus aplicaciones. La digitalización y la inteligencia artificial nos permiten optimizar hornos y molinos, anticipar averías mediante mantenimiento predictivo, mejorar el control de calidad y desarrollar nuevas formulaciones de cemento y hormigón con menos ensayos y en menos tiempo.

También estamos avanzando en la monitorización mediante sensores, los sistemas IoT, los drones o la impresión 3D con materiales con base de cemento. Son tecnologías que permiten disponer de información en tiempo real, mejorar la gestión y el mantenimiento de las infraestructuras, prolongar su vida útil y abrir nuevas aplicaciones para el hormigón.

Hay ejemplos muy concretos de esta evolución. El Instituto Español del Cemento y sus Aplicaciones (IECA) trabaja en proyectos como eCONPAVE, que desarrolla un sistema inteligente para mejorar la gestión y el mantenimiento de pavimentos de hormigón en aeropuertos, o PowerConcrete, que investiga un pavimento urbano capaz de cumplir su función estructural y, al mismo tiempo, almacenar energía eléctrica de origen renovable para alimentar dispositivos como balizas LED.

Y hay otro factor que será determinante para seguir impulsando esta transformación: el talento. Me gustaría que cada vez más jóvenes vieran en la industria cementera una opción profesional atractiva y decidieran desarrollar su carrera en un sector que ofrece oportunidades en ámbitos como los datos, la automatización, la energía, la química, la gestión del CO₂, la economía circular o el mantenimiento avanzado.

Por eso tenemos que hacer llegar a la ciudadanía qué industria somos y hacia dónde vamos. A quienes todavía perciben el cemento como una industria tradicional les diría que se acerquen a conocerla, en mi experiencia, siempre sorprendemos gratamente como industria, Somos una industria centenaria, sí, y estamos incorporando nuevas tecnologías, desarrollando nuevos materiales y transformando nuestros procesos para afrontar uno de los mayores retos de nuestra historia: alcanzar la neutralidad climática y seguir aportando a la sociedad un material esencial para su desarrollo y bienestar.

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