El control sobre la cadena de suministro completa de semiconductores se ha convertido en el principal factor estratégico para las industrias de vanguardia. En un movimiento sin precedentes de integración vertical, Elon Musk ha tomado una decisión ambiciosa y disruptiva para dar una única respuesta a las necesidades de chips de sus dos grandes compañías, la automovilística Tesla y la aeroespacial SpaceX.
El magnate estadounidense de origen sudafricano ha dado luz verde a la construcción de Terafab. El proyecto para levantar en Texas (Estados Unidos) la que será la mayor infraestructura industrial del planeta contempla una inversión inicial de 16.800 millones de dólares (unos 14.560 millones de euros al cambio actual).
La iniciativa busca romper la dependencia directa de los grandes fabricantes asiáticos y asegurar una capacidad de computación propia masiva. A diferencia del modelo sectorial convencional, en el que el diseño, la fabricación de obleas y el encapsulado avanzado se reparten entre diferentes empresas y países, la megafactoría del conglomerado de Musk unificará todo el proceso bajo un mismo techo.
Terafab, el mayor edificio y la fábrica más grandes del mundo
La planta se ubicará en el condado de Grimes, ocupando los terrenos de una antigua central térmica de carbón. El proyecto ejecutivo contempla una estructura de más de 9 millones de metros cuadrados operativos, una superficie que quintuplica el actual récord de espacio industrial en todo el mundo. Hasta ahora, el edificio más grande del globo por superficie útil es el New Century Global Center, en Chengdu (China), con 1,7 millones de metros cuadrados. Por tanto, el proyecto de Tesla y SpaceX multiplicará por cinco sus dimensiones.
Mientras que la mayor planta manufacturera o complejo industrial del mundo bajo un mismo techo es el edificio de ensamblaje principal del fabricante automovilístico AvtoVAZ en Tolyatti (Rusia), con unos 6 millones de metros cuadrados operativos. Y si se tiene en cuenta la extensión total de terreno, el récord lo ostenta la planta de Volkswagen en Wolfsburg (Alemania), con 6,5 millones de metros cuadrados.
Terafab, una capacidad productiva de chips sin precedentes que multiplica la de España y Europa
El nombre con el que se ha bautizado a este proyecto sin precedentes en la historia de la humanidad, Terafab, comprime en una sola palabra el objetivo de Musk. Es la unión de teravatios (TW) de potencia de cálculo informático y capacidad de procesamiento para inteligencia artificial. Y fab. En el argot tecnológico, a las fábricas de chips se las conoce con ese término (de fabrication facility, en español planta o instalación de fabricación o producción). A los centros más grandes se les denomina megafabs o gigafabs, como las de TSMC en Taiwán, Arizona (Estados Unidos) y Japón o las de Intel en Irlanda, Israel y también en Arizona. Pero la futura planta de Musk salta al siguiente prefijo numérico del sistema internacional por su capacidad de fabricación (kilo, mega, giga, tera) y por ello el magnate ha decidido bautizar de esta forma su proyecto faraónico dejando claro que supera todo lo conocido hasta ahora en capacidad productiva.

La planta de Tesla y SpaceX se pondrá en marcha inicialmente con una producción de 100.000 obleas de silicio al mes (el estándar real de la industria de semiconductores), lo que la situará desde el principio al nivel de las mayores gigafabs actuales de Intel o TSMC. Pero la capacidad máxima una vez escalado el complejo, con nuevas inversiones que elevarán el presupuesto muy por encima del anunciado inicialmente, será de un millón de obleas al mes.
Lo que se traducirá en la fabricación de entre 100.000 y 200.000 millones de chips al año de nodos de 2 nanómetros (la tecnología de vanguardia más avanzada del mercado, pasando por encima directamente desde sus inicios de las de 3 y 4 nanómetros que producen otros proveedores en la actualidad). La capacidad de producción de Terafab duplicará la de España, Francia e Italia juntos.
Terafab, un desafío de suministro de energía
Los planes de ingeniería para alimentar de forma ininterrumpida una instalación de este calibre suponen un desafío energético. A pesar del liderazgo de Tesla en el sector de las baterías y la energía solar, SpaceX ha confirmado que la planta tendrá sus propias centrales de gas natural combinadas con megabaterías de almacenamiento (megapacks). El objetivo es garantizar la estabilidad en el suministro que exige la fotolitografía de semiconductores a estos niveles y durante las 24 horas del día, algo que la red eléctrica comercial de Texas no puede asegurar como tampoco la energía solar.
La fotolitografía de semiconductores es el proceso de microfabricación que utiliza luz ultravioleta para transferir diseños de circuitos desde una máscara a la oblea de silicio. Esta técnica actúa como una suerte de imprenta a escala nanométrica (diminuta) para construir los transistores y componentes clave de los chips.
La construcción de Terafab, una carrera contrarreloj al más puro estilo Musk
Las obras del que pretende ser el mayor macrocomplejo industrial del planeta ya han comenzado. Tesla realizó el movimiento de tierras el pasado 22 de abril y actualmente está en construcción el Research Fab, la planta piloto de investigación y desarrollo convertida en avanzadilla del proyecto.
El despliegue de Terafab se ejecutará mediante una estrategia escalada de hasta cuatro fases, con un calendario de construcción intensivo para la primera fase, que se extenderá hasta 2028. Las fases 2 y 3 se completarían entre 2027 y 2029 y la fase 4 entre 2029 y 2032.
El inicio de la actividad de fabricación será también progresivo. Los planes de la compañía contemplan ensamblar los primeros lotes técnicos a escala reducida a lo largo de 2027 (los chips AI5 para Tesla). La puesta en marcha de la producción a gran escala en el complejo principal de Grimes County con 100.000 obleas de silicio al mes llegaría en 2028. En 2030 se alcanzarían las 500.000 obleas mensuales.

Potencia informática e inversión ‘estratosféricas’
El hito del millón de obleas al mes (que se traducirá en los 100.000-200.000 millones de chips anuales y el teravatio de potencia informática) está proyectado para alcanzarse entre 2032 y 2033, una vez que los 10 módulos de producción estén operando al 100% de rendimiento.
El proyecto completo contempla una inversión total astronómica que se dispara desde los 16.800 millones de la primera fase hasta los 119.000 millones de dólares si se llegan a finalizar todas las ampliaciones (unos 103.150 millones de euros).
El reparto de la producción de Terafab entre Tesla y SpaceX
La producción de Terafab no estará destinada a la comercialización para terceros, sino al autoconsumo de los grupos empresariales de Musk, repartiéndose según las necesidades de cada sector:
Tesla (25% de la producción): La automovilística absorberá una cuarta parte de los chips para alimentar los sistemas de conducción autónoma de sus vehículos, la arquitectura de sus centros de datos y el cerebro del robot humanoide Optimus.
SpaceX (75% de la producción): El grupo aeroespacial será destinatario del grueso de la producción. Estos componentes se destinarán a las constelaciones de satélites de órbita baja y a los centros de datos espaciales, que requieren procesadores con una tolerancia extrema a la radiación cósmica y a las fluctuaciones térmicas del espacio.

De la mano de la experiencia de Intel
Aunque el proyecto se gestiona bajo el paraguas de las empresas de Musk, la viabilidad técnica contará con soporte externo. El gigante estadounidense Intel aportará su experiencia en los procesos de manufactura avanzada y en la maquinaria de luz ultravioleta extrema necesaria para imprimir los circuitos en las obleas de silicio.
Este giro hacia la autonomía de componentes marca un cambio de rumbo en la política industrial. Al asumir la fabricación de su propia lógica y memoria, el consorcio estadounidense de Musk se blinda ante futuras crisis de suministro y establece un nuevo estándar de control operativo que abarca desde la automoción terrestre hasta la infraestructura aeroespacial.
