INFORME

Power Couples y el futuro de la industria europea: las claves para acelerar la electrificación

Europa ya dispone de buena parte de las tecnologías necesarias para electrificar su industria. Sin embargo, la velocidad de implantación sigue siendo insuficiente. Esa es una de las principales conclusiones del informe Power Couples, elaborado por Eurelectric y Accenture, que sostiene que el principal obstáculo para avanzar no es tecnológico, sino de coordinación entre infraestructuras, financiación, regulación y operación industrial.

Según el estudio, los proyectos de electrificación suelen fracasar cuando factores como el coste de la electricidad, el acceso a la red, la financiación o la integración operativa se abordan de forma aislada. Por el contrario, las iniciativas que consiguen avanzar son aquellas que alinean todos estos elementos desde las fases iniciales de inversión.

El informe llega en un momento en el que la electrificación europea avanza con lentitud. A pesar de que cerca del 72% del mix eléctrico europeo ya procede de fuentes bajas en carbono, la electrificación apenas aumentó un punto porcentual durante 2024.

El precio de la electricidad sigue siendo la principal barrera

La investigación identifica la economía de la electricidad como el condicionante más recurrente en prácticamente todos los sectores analizados. La incertidumbre sobre los precios energéticos continúa dificultando la toma de decisiones industriales a largo plazo, especialmente en proyectos que requieren inversiones elevadas y horizontes de amortización prolongados.

Los autores consideran que el problema no reside tanto en lograr electricidad barata en determinados momentos, sino en ofrecer previsibilidad durante toda la vida útil de los activos industriales. Para ello, proponen extender instrumentos como los contratos de compraventa de energía a largo plazo (PPA), modelos de suministro basados en servicios y combinaciones de generación renovable, almacenamiento y suministro de red que permitan estabilizar costes.

Las industrias electrointensivas son las que perciben con mayor intensidad esta problemática. En sectores como el químico, el metalúrgico o el siderúrgico, los costes energéticos y la volatilidad de los mercados condicionan directamente la competitividad internacional de las plantas europeas.

La red eléctrica no avanza al mismo ritmo que la demanda

Otro de los grandes cuellos de botella identificados por el informe es el acceso a la red. Aunque la disponibilidad de electricidad renovable aumenta, los plazos necesarios para construir nuevas infraestructuras siguen siendo incompatibles con los calendarios de inversión industrial.

El estudio señala que mientras muchos proyectos industriales se desarrollan en horizontes de dos o tres años, las ampliaciones de red pueden requerir entre cinco y diez años. Esta diferencia temporal está retrasando decisiones de inversión y condicionando la ubicación de nuevas instalaciones.

La situación resulta especialmente crítica para los centros de datos. El crecimiento de la inteligencia artificial está impulsando una demanda eléctrica sin precedentes, pero la capacidad de conexión y la velocidad de desarrollo de las redes no evolucionan al mismo ritmo. El informe advierte de que el problema no es la cantidad de demanda adicional, sino la capacidad del sistema para anticiparla y gestionarla.

En este contexto, los autores reclaman una planificación más anticipatoria de las infraestructuras, conexiones flexibles y una mayor coordinación entre operadores de red, empresas energéticas e industrias consumidoras.

El documento también subraya que la electrificación no consiste únicamente en sustituir combustibles fósiles por electricidad. La capacidad de las instalaciones para adaptarse a las condiciones del sistema energético será cada vez más relevante.

Almacenamiento energético, gestión flexible de la demanda, sistemas híbridos y herramientas digitales aparecen como elementos clave para mejorar tanto la rentabilidad de los proyectos como la estabilidad de las redes.

Los centros de datos figuran entre los sectores con mayor potencial para aportar flexibilidad al sistema. El informe destaca casos en los que infraestructuras ya existentes, como sistemas de alimentación ininterrumpida (UPS) o baterías, pueden participar en servicios de red sin afectar a la continuidad operativa de las instalaciones.

El riesgo financiero sigue frenando inversiones

La concentración de riesgos en un único actor constituye otra de las barreras identificadas por el estudio. Muchas empresas deben asumir simultáneamente incertidumbres tecnológicas, regulatorias, operativas y de mercado, lo que dificulta la aprobación de nuevos proyectos.

Para superar este obstáculo, los autores defienden modelos de financiación compartida, esquemas de copropiedad, participación de terceros inversores y mecanismos públicos de mitigación del riesgo. Según el informe, numerosos proyectos fracasan no por falta de viabilidad económica, sino porque el riesgo queda concentrado en un único balance empresarial.

Uno de los aspectos más destacados del informe es la identificación de cinco modelos de electrificación que ya están demostrando su viabilidad en distintos entornos.

Entre ellos figuran los sistemas energéticos urbanos integrados que combinan calor, frío, almacenamiento y electricidad; los centros de datos que aportan servicios de flexibilidad a la red; las plataformas de recuperación de calor residual a escala urbana; los modelos de calor industrial como servicio; y los proyectos de electrificación de procesos industriales de alta temperatura.

Lo relevante, según los autores, no son las tecnologías concretas empleadas en cada caso, sino la capacidad de estos proyectos para integrar desde el inicio aspectos energéticos, comerciales, financieros y operativos.

Seis condiciones para que la electrificación escale

Tras analizar diferentes sectores y proyectos, el informe concluye que la electrificación solo puede extenderse de forma masiva cuando concurren seis factores: acceso predecible a electricidad baja en carbono, disponibilidad de red, integración con el sistema energético, marcos regulatorios adecuados, mecanismos de reparto del riesgo y garantías de demanda a largo plazo.

La ausencia de cualquiera de estos elementos dificulta la escalabilidad de los proyectos, independientemente del grado de madurez tecnológica de las soluciones disponibles.

La principal advertencia del informe es que la capacidad de Europa para mantener su competitividad industrial dependerá de su habilidad para convertir la electrificación en un proceso predecible, financiable y ejecutable a gran escala.

En opinión de los autores, la cuestión ya no es demostrar que la electrificación funciona, sino construir las condiciones que permitan replicar rápidamente los modelos de éxito existentes. Las regiones que consigan ofrecer electricidad competitiva, acceso ágil a las redes y marcos de inversión estables atraerán nuevas inversiones industriales y digitales. Las que no lo hagan corren el riesgo de quedarse rezagadas en la próxima fase de transformación energética europea.

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