CIBITEC 2026

La construcción industrializada, clave para reducir plazos y costes en el sector residencial

Empresas del sector, como Avintia Industrial, Saint-Gobain, Lignum Tech y Molins, reclaman a la administración agilidad en licencias y una actualización normativa para escalar la producción de viviendas

El déficit de vivienda en España supera las 700.000 unidades y podría alcanzar los 3,5 millones en los próximos 15 años. Frente a esta dura realidad, la construcción industrializada se presenta como una herramienta esencial, aunque aún está lejos de ser mayoritaria. Así lo pusieron de manifiesto los expertos reunidos en una mesa redonda dentro del marco de Cibitec 2026, el Congreso Iberoamericano de Ingeniería y Tecnoilogía.

Actualmente, solo entre el 10% y el 12% de las viviendas que se construyen cada año en España incorporan sistemas industrializados, muy por debajo de países como Países Bajos o Suecia, donde esta cifra supera el 40%.

Moderados por Javier Alonso, CEO de Antana Arquitectura y Construcción, los ponentes —representantes de Avintia Industrial, Saint-Gobain, Lignum Tech y Molins— coincidieron en que el sector vive un momento de transición. Entre ellos, Sergio Retamero, director general de Avintia Industrial, destacó que su grupo ya tiene 9.000 viviendas industrializadas en distintas fases y prevé alcanzar las 9.000 anuales con su futura «ciudad de la industrialización» en Ávila.

Uno de los debates centrales fue el de los costes. Aunque la construcción industrializada sigue siendo entre un 3% y un 4% más cara en coste directo por metro cuadrado, los expertos defendieron que el cálculo debe hacerse en términos de rentabilidad global. Tatiana Moya, directora de Contratación de Lignum Tech, explicó que reducir el tiempo de obra de 18 a 6 meses permite al promotor ejecutar más promociones con el mismo capital. «No somos más caros, somos un buen negocio», sentenció.

Miguel Ángel Santos, director de Negocio de Edificiación Residencial de Molins, aportó datos significativos. Dijo que en una promoción de 500 viviendas, la construcción tradicional requeriría 300 operarios frente a menos de 150 en un sistema industrializado, con menos accidentes y mayor calidad. Además, el ahorro de plazos alcanza el 30%, aunque el verdadero cuello de botella no está en la fábrica, sino en la administración. Obtener una licencia de obras puede tardar entre 12 y 18 meses, mientras que la construcción industrializada levanta 200 viviendas en seis meses.

Nueva Ley de Ordenación de la Edificación

Por ello, los ponentes reclamaron una actualización de la Ley de Ordenación de la Edificación (LOE), que data de hace más de 25 años y fue concebida para procesos tradicionales. José Manuel Garcilópez , director de Construcción Industrializada de Saint-Gobain, valoró positivamente avances como el PERTE de Descarbonización o la futura norma UNE de construcción industrializada, que convertiría a España en el primer país del mundo en contar con una regulación específica para este segmento productivo. «La industria de la vivienda necesita innovación y esta va por delante de la normativa», señaló Santos.

Otro de los temas recurrentes de la mesa redonda apuntó a la necesidad de estabilidad en la demanda. Las fábricas industrializadas requieren producción continua para ser rentables. “Una industria que para dos meses al año es una catástrofe. Nunca bajará costes si para y arranca constantemente”, advirtió Santos, comparando la situación con el sector de la automoción.

Los cuatro expertos también compartieron errores pasados como lecciones aprendidas. Desde desarrollar fachadas que no funcionaron como se esperaba, hasta crear una empresa de gestión energética que tuvieron que cerrar porque las viviendas resultaron tan eficientes que los inquilinos no necesitaban encender la calefacción ni el aire acondicionado.

Sobre el futuro, las previsiones fueron optimistas pero prudentes. Moya auguró que en cinco años la industrialización podría alcanzar el 25% del total. Otros se mostraron menos ambiciosos, hablando del 15%. Todos coincidieron, no obstante, en que el verdadero salto cualitativo vendrá con la robotización de las obras y la hibridación de materiales, así como con la vertebración de un ecosistema de pequeñas y medianas empresas industriales que hoy carecen de capacidad de financiación para construir fábricas robotizadas, cuyo coste ronda los 25 millones de euros.

Finalmente, los intervinientes pidieron coherencia a las administraciones públicas. «Si queremos una industria potente, necesitamos demanda y certidumbre. Y eso pasa por licencias ágiles, suelo disponible y pliegos que favorezcan la industrialización en la contratación pública», dijeron a modo de colofón de la mesa.

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