Tubacex ha decidido poner en marcha una ampliación de capital de 6,5 millones de euros, diseñada para implementar por primera vez el sistema de dividendo flexible (scrip dividend). Con esta medida, la compañía fija una retribución equivalente a 0,05 euros por título, que los accionistas podrán elegir entre cobrar en efectivo el próximo 9 de julio, percibir nuevas acciones para mantener su porcentaje de propiedad o vender en el mercado sus derechos de asignación gratuita de esos nuevos títulos.
Esta decisión financiera responde a una estrategia clara: la de proteger su liquidez actual en un momento en que el escenario geopolítico internacional marcado por la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz; los aranceles impuestos a las empresas europeas por Estados Unidos; y las interrupciones en la cadena de suministro derivadas sobre todo de su planta en Abu Dabi han provocado el incremento del endeudamiento de la compañía y una caída en sus márgenes operativos y su beneficio.
Tensión en la tesorería y niveles de deuda
Tubacex busca de esta forma proteger su tesorería: con los accionistas que elijan recibir títulos en lugar de efectivo, la empresa evita una salida de fondos que puede llegar hasta 6,5 millones de euros, logrando remunerar al mercado sin descapitalizarse o haciéndolo lo menos posible. Con los accionistas que decidan vender sus derechos de asignación, la compañía también ahorra caja y esos inversores verán reducida su participación porcentual (efecto de dilución) frente a quienes sumen las nuevas acciones a su cartera. El mismo efecto tendrá sobre los propietarios que decidan cobrar en efectivo, la única opción que supondrá un desembolso para la tesorería del grupo vasco. Por el contrario, la empresa se asegura el cumplimiento de sus compromisos de retribución sin privar de ese derecho al accionista que lo prefiera.
La decisión de retener efectivo por parte de la compañía alavesa se explica por la actual estructura de balance de la empresa. Tubacex cuenta con una cartera de pedidos histórica, impulsada por su contrato a largo plazo con la petrolera estatal de Abu Dabi, Adnoc (Abu Dhabi National Oil Company). Sin embargo, la ejecución de estos grandes proyectos exige un elevado consumo previo de capital circulante para adquirir materias primas y financiar la fabricación antes de percibir el cobro total del contrato.
Esta situación ha elevado la deuda financiera neta del grupo hasta los 344,8 millones de euros, situando su ratio de apalancamiento en 3,3 veces el ebitda. Este nivel de endeudamiento supera los rangos habituales de confort para las empresas industriales y obliga a la dirección a restringir las salidas de efectivo para evitar el recelo de los mercados y las agencias de calificación.
Descenso de márgenes en el sector
El contexto geopolítico y del mercado del acero tiene sus consecuencias sobre los resultados financieros del grupo vasco. Tubacex cerró el último ejercicio fiscal con una caída del beneficio neto del 30,5%, hasta los 15,9 millones de euros; tendencia que se agravó drásticamente en el primer trimestre de este año con un desplome del beneficio del 84%.
Este deterioro responde a tres factores clave que penalizan actualmente a esta industria: las barreras comerciales en forma de aranceles y restricciones en mercados estratégicos como Estados Unidos han complicado las exportaciones; el conflicto en Oriente Próximo genera retrasos logísticos e incrementa los costes operativos en la planta de Abu Dabi; y el deterioro de los costes de producción por el alza de los precios de la energía y de aleaciones clave, como el níquel.
Con el dividendo flexible, Tubacex levanta un cortafuegos: prioriza blindar sus 180 millones de caja operativa para asegurar el funcionamiento de las fábricas y avanzar en la contención de su deuda.

La estrategia protectora de Tubacex
La estrategia financiera de la compañía alavesa responde a un cálculo muy medido. Aunque el grupo contabiliza 180 millones de euros en caja, esos fondos no representan circulante libre, sino que están en parte comprometidos para financiar el elevado coste previo de fabricación que implica el megacontrato de Adnoc.
Para evitar un desembolso inmediato de 6,5 millones de euros el próximo 9 de julio que tensionaría su tesorería, Tubacex ofrece el dividendo flexible que puede percibirse en acciones, pero ha activado en paralelo un programa de recompra de títulos propios de hasta 3,5 millones con un plazo de ejecución de tres años, según ha comunicado al regulador de los mercados, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).
De esta forma, la empresa logra diluir el impacto en su caja actual y adquiere estas acciones para mantenerlas en régimen de autocartera. Otro objetivo de este movimiento es equilibrar el capital en circulación en el mercado bursátil y neutralizar el efecto de dilución, protegiendo el porcentaje de propiedad de fondos e inversores que decidan percibir el efectivo o transmitir sus derechos de asignación de nuevos títulos.
Asimismo, la firma vasca elude enviar un mensaje de debilidad a los mercados y cumple con sus compromisos de retribución al accionista sin descapitalizarse en pleno bloqueo logístico en el estrecho de Ormuz.
Resultados financieros
El grupo ha registrado en el primer trimestre del ejercicio un volumen de negocio de 154,2 millones de euros, lo que supone una caída respecto al mismo periodo del pasado año del 15,4%. Mientras que el beneficio neto ha sido de 1,3 millones de euros, con un fuerte descenso del 84% en comparación con los 7,9 millones obtenidos en el arranque de 2025.
El resultado bruto de explotación (ebitda) ha sido de 20 millones de euros, con un retroceso del 35,4% respecto al mismo periodo de 2025, aunque el margen ebitda se ha mantenido en el 13%. El resultado neto de explotación (ebit) se ha situado en 7,4 millones, con una bajada del 61,2% respecto a los tres primeros meses del año pasado. Y el beneficio antes de impuestos ha sido de 1,8 millones, muy por debajo de los 11,2 millones del mismo periodo del ejercicio previo. La cartera de pedidos ha alcanzado los 1.202 millones.
Visión de futuro
Tubacex mantiene una visión prudente de cara al segundo trimestre, ante la continuidad del conflicto en Oriente Próximo y de un entorno comercial todavía inestable, que seguirá condicionando la evolución de los resultados.
Y es que, a pesar de la caída, la compañía, especializada en la fabricación de tubos de acero inoxidable sin soldadura y aleaciones de alto contenido en níquel, vuelve a presentar un resultado positivo tras varios trimestres complicados. En el ejercicio de 2025 las ganancias de 15,9 millones se convirtieron en unas pérdidas de 31,3 millones por la revisión de activos de la compañía.

El grupo vasco ha evolucionado de ser un fabricante de componentes básicos a un proveedor integral de soluciones industriales de alto valor añadido, con un modelo de negocio verticalmente integrado; con productos diseñados para operar en condiciones extremas de temperatura, presión y corrosión en industrias críticas, como la energética, la química, la aeroespacial y la de movilidad.
Una industria exportadora
Tubacex ha construido una red internacional que incluye centros de producción en España, Austria, Italia, Estados Unidos, India, Tailandia y Arabia Saudí. El mercado internacional suele superar el 90% de su volumen de negocio. En el ejercicio 2025, de los 719,3 millones de euros en ventas totales, el 94% procedieron del exterior. Esto equivale a 676,1 millones de euros ingresados fuera de España. Asia y Oriente Medio fueron sus destinos principales, con un 37% de los ingresos; Europa (excluyendo España) concentró el 30%; América supuso el 29%, con un peso crucial de Estados Unidos (25%) a pesar del impacto de los aranceles y la debilidad del dólar; y África aportó el 4% restante. La empresa ha consolidado esta actividad exportadora gracias a su enfoque en productos prémium y acuerdos a largo plazo en regiones clave para el sector.
En el primer trimestre de 2026, Asia y Oriente Medio han concentrado el 41% de las ventas, Europa el 29%, América el 27% y África el 3%.
Nuevo convenio y paz social
Al término de 2025, la compañía contaba con 2.619 empleados. Pese a que durante las negociaciones del nuevo convenio colectivo que se han prolongado durante dos años la dirección llegó a plantear la posibilidad de acometer un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) debido a la difícil coyuntura en Oriente Próximo, lo que provocó paros parciales, la situación laboral ha dado un giro que parece definitivo.
La empresa y una amplia mayoría sindical han ratificado la firma del nuevo convenio con vigencia hasta 2029 para sus plantas de Tubos Inoxidables (TTI) en Llodio y de Aceralava en Amurrio. Este acuerdo, que afecta a unos 600 trabajadores en Álava, garantiza la estabilidad e inversión industrial; la carga de trabajo; y la paz social para los próximos tres años y medio.
Un acuerdo que se ha logrado pactando una actualización salarial retroactiva para 2025 del 4,65%, que incluye el IPC del año pasado (que fue del 2,9%) más un 1,25% adicional para actualizar las tablas salariales tras la congelación de las mismas y un 0,50% adicional (este último se aplicará anualmente desde 2026 a 2029); además, una paga única de 2.000 euros para compensar la pérdida retributiva de los últimos años; y el blindaje del empleo.
Blindando la producción y el negocio
La estrategia de Tubacex de cuidar su tesorería mediante el dividendo flexible y el programa de recompra de acciones diferido en tres años permite a la corporación vasca asumir el coste inmediato del nuevo acuerdo laboral (estimado en 1,2 millones de euros solo para la paga única de los 600 operarios alaveses) sin añadir tensión a su caja actual.
La dirección blinda de esta forma el frente interno con la plantilla y asegura la paz social para los próximos tres años y medio, sin dejar de cumplir con la retribución a sus accionistas. Decisiones que garantizan que la producción opere a pleno rendimiento y sin riesgo de paros, esperando los cobros futuros de su cartera de pedidos histórica con Adnoc.
