ENTREVISTA

Marta López Costa, directora de la Cátedra UOC: “La accesibilidad digital ha pasado de ser una recomendación a una exigencia normativa”

Marta López, directora de la Cátedra UOC – Fundación VASS Transformación Digital sin Barreras, analiza el papel de la accesibilidad en el actual contexto de transformación tecnológica. Esta iniciativa, impulsada conjuntamente por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Fundación VASS, trabaja en el desarrollo de formación, investigación aplicada y transferencia de conocimiento para mejorar la empleabilidad de personas con discapacidad en el ámbito digital, así como para promover la integración de criterios de accesibilidad en empresas y organizaciones.

¿Qué objetivos prioritarios se ha marcado la Cátedra y qué metas concretas esperan alcanzar en los próximos años?

La Cátedra nace con tres objetivos prioritarios: generar conocimiento aplicado en empleabilidad y accesibilidad digital, mejorar la empleabilidad de personas con discapacidad mediante formación tecnológica accesible y acelerar la transferencia de soluciones inclusivas al tejido empresarial.

En los próximos años queremos consolidar y escalar el modelo. Eso implica ampliar la oferta formativa en competencias digitales de alta demanda, incrementar el número de personas formadas, fortalecer la conexión con empresas para facilitar la inserción laboral y desarrollar nuevas herramientas e indicadores que ayuden a medir y mejorar la accesibilidad en entornos digitales reales.

Nuestra meta no es solo formar, sino contribuir a transformar la cultura digital de las organizaciones, integrando la accesibilidad como estándar de calidad y competitividad.

Desde la universidad y la investigación aplicada, ¿cómo se está interpretando la entrada en vigor de la Ley Europea de Accesibilidad? ¿Supone un punto de inflexión real en la formación tecnológica?

La entrada en vigor de la Ley Europea de Accesibilidad supone, sin duda, un punto de inflexión. Por primera vez, la accesibilidad digital deja de ser una recomendación o una cuestión reputacional y pasa a ser una exigencia normativa en sectores estratégicos como el comercio electrónico, la banca, el transporte o los servicios digitales.

Desde la universidad lo interpretamos como una llamada a actualizar el proceso de ensenyanza aprendizaje. No podemos seguir formando profesionales sin integrar competencias en accesibilidad, diseño universal y cumplimiento normativo. La ley está generando una demanda real de perfiles capaces de evaluar, implementar y supervisar criterios de accesibilidad (como WCAG), y eso obliga a repensar la formación tecnológica. En este sentido, sí estamos ante un cambio estructural: la accesibilidad pasa de ser un nicho a ser una competencia transversal.

La Cátedra presenta sus primeros resultados con 51 personas formadas en 2025 en programación, diseño accesible y gestión digital. ¿Qué perfiles se han formado y qué demanda real existe por parte de las empresas?

En 2025 hemos trabajado con perfiles orientados a programación básica (Python), diseño digital accesible, gestión avanzada de contenidos web (WordPress y fundamentos de desarrollo) y competencias de productividad digital en entornos colaborativos.

Son perfiles híbridos, con base técnica y sensibilidad en accesibilidad, que pueden integrarse en equipos de desarrollo web, marketing digital, e-commerce, soporte tecnológico o gestión de contenidos.

La demanda empresarial es creciente y muy concreta. Muchas compañías necesitan adaptar sus plataformas digitales a la normativa europea y mejorar la experiencia de usuario. Además, el propio mercado está penalizando entornos digitales poco accesibles. Por tanto, existe una doble presión, legal y competitiva, que incrementa la necesidad de talento formado en este ámbito.

¿Cómo puede la colaboración entre universidad, empresa e investigación aplicada acelerar la empleabilidad de personas con discapacidad en sectores tecnológicos de alta demanda?

La clave está en la alineación. Cuando universidad, empresa e investigación trabajan de forma coordinada, la formación y transferencia social responde a necesidades reales del mercado, no a supuestos teóricos.

La empresa aporta conocimiento sobre competencias demandadas y tendencias tecnológicas. La universidad traduce esas necesidades en programas formativos accesibles y rigurosos. Y la investigación aplicada permite evaluar impacto, generar herramientas prácticas y mejorar continuamente los modelos de intervención.

Esta colaboración reduce la brecha entre formación y empleo, facilita prácticas, proyectos reales y contacto directo con el entorno productivo, y posiciona a las personas formadas no solo como candidatas, sino como profesionales capaces de aportar valor inmediato.

En términos de innovación, ¿puede la accesibilidad convertirse en un motor de mejora del diseño y la experiencia de usuario para todos, más allá del colectivo al que inicialmente se dirige?

Absolutamente. La accesibilidad es, en esencia, buen diseño.

Cuando diseñamos para personas con distintas capacidades (sensoriales, cognitivas, motoras) estamos simplificando procesos, mejorando la claridad, optimizando la navegación y reduciendo fricciones. Eso beneficia a todos los usuarios.

Muchas innovaciones que hoy consideramos estándar nacieron como soluciones de accesibilidad: subtítulos, asistentes de voz, navegación por teclado, interfaces simplificadas. La accesibilidad no limita la creatividad, la impulsa.

Por eso defendemos que no es una capa adicional, sino un criterio de calidad y excelencia. Las organizaciones que integran accesibilidad desde el diseño no solo cumplen la ley, sino que innovan mejor y llegan a más personas.

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