REPORTAJE

La economía cuántica: la disrupción que ya está aquí (aunque no la veas todavía)

De la optimización logística al diagnóstico médico, pasando por la ciberseguridad y el diseño de fármacos, las tecnologías cuánticas han dejado de ser una promesa del futuro para convertirse en una herramienta tangible del presente que empieza a redefinir las reglas de la competencia industrial. España, con una Estrategia Nacional aprobada en 2025 y una inversión de 800 millones de euros, busca posicionarse en una carrera global donde el margen de maniobra ya se mide en años, no en décadas.

I. El horizonte ya no es un espejismo

No hace ruido. No ocupa titulares cada mañana. Y sin embargo, la economía cuántica está en marcha. No en un futuro utópico de laboratorio, sino en fábricas, hospitales, centros de logística y departamentos de I+D de empresas que ya han decidido que no pueden permitirse esperar.

«La cuántica no deja de ser las leyes de la física cuántica aplicadas a las tecnologías», explica Gloria Díaz, gerente de Conetic, la Confederación Española de Empresas de Tecnologías de la Información, Comunicaciones y Electrónica. «Nos dan una serie de capacidades que superan todo lo que la informática clásica tiene. Y eso es transversal. Nos va a afectar a todos», afirma en una entrevista a industry TALKS.

Lo que está en juego no es menor. Según las proyecciones recogidas en los análisis sectoriales, el mercado global de tecnologías cuánticas podría alcanzar los 173.000 millones de dólares (aproximadamente 148.000 millones de euros) en 2040, con un impacto agregado estimado en hasta 2 billones de dólares (1,7 billones de euros) en valor añadido para la economía mundial en las próximas décadas.

Pero esas cifras, por impresionantes que sean, no cuentan toda la historia. La economía cuántica no es un sector independiente sino una capa tecnológica transversal que se superpone a industrias existentes y amplifica sus capacidades. Como la electricidad o internet, su verdadero valor no reside en su producción directa, sino en cómo transforma todo lo demás, incluido por supuesto el tejido productivo industrial.

El alcance de esa transformación la expresó el director general de Tecnalia, Jesús Valero, durante la apertura de una jornada sobre computación cuántica celebrada esta misma semana y enfocada precisamente al efecto de «la cuántica para la industria».

Valero empleó una buena metáfora para conectar el Renacimiento con el mundo presente, cuando se refirió al fresco que Leonardo da Vinci inmortalizó a partir de 1495 para decorar el refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie en Milán. «Creó algo absolutamente inesperado en el mundo. Al finalizar La Última Cena, comenzó el Renacimiento. Cambió completamente el mundo. La cuántica también tiene los ingredientes para cambiar el mundo», significó.

Jesús Valero, director general de Tecnalia, durante el seminario sobre cuántica.

Y acto seguido Valero fijó su posición al respecto cuando resumió que «la cuántica necesita menos misterio y más claridad, menos futuros y más impacto, menos expectativas abstractas y más aplicaciones concretas».

II. Las tres ramas de una revolución silenciosa

Para entender el alcance de la economía cuántica, hay que descomponerla en sus tres vertientes tecnológicas. No todas alcancen el mismo nivel de madurez (TRL), ni avanzan al mismo ritmo, ni todas afectan por igual a los distintos sectores económicos.

A) La computación cuántica es la más conocida y quizás la más disruptiva del trío. Utiliza cúbits o bits cuánticos, unidades que, gracias a la superposición, pueden existir en múltiples estados simultáneamente y son capaces de resolver problemas que a los ordenadores clásicos les llevarían años o décadas.

B) La sensórica cuántica, menos visible pero igualmente transformadora, permite mediciones extremadamente precisas a nivel atómico y molecular. Sus aplicaciones abarcan desde la detección precoz de enfermedades hasta el control de calidad en procesos industriales.

C) Las comunicaciones cuánticas, por último, prometen seguridad absoluta en la transmisión de datos mediante técnicas como la distribución cuántica de claves (QKD, por sus siglas en inglés) y la criptografía postcuántica.

Preguntado por este medio de comunicación, Aitor Moreno, responsable del área de tecnologías cuánticas en Iksnext, aporta una visión pragmática sobre el estado real de cada una de estas tres ramas de conocimiento. «La parte de comunicaciones y seguridad cuántica ya está en producción. En la parte postcuántica —no es solamente cuántica—, de hecho, ya llegamos tarde. Los grandes players como Amazon, Google, Apple, Microsoft, ya están usando esta tecnología», comenta por videollamada.

Sobre la sensórica cuántica, el diagnóstico de Moreno es sorprendentemente rotundo. «Los sensores cuánticos basados en la tecnología de centros de nitrógeno vacante están en el mercado. De hecho, algunas empresas vascas y nacionales que están fabricando este tipo de sensores están desbordadas. Tienen tanta demanda que tienen problemas de suministro», desvela.

La computación cuántica, admite, está más alejada de la producción masiva, pero identifica tres focos donde ya se pueden hacer proyectos reales: optimización, inteligencia artificial (IA) cuántica y simulación.

III. ¿Cuándo se producirá el Q-Day?

Uno de los temas que divide a los expertos es el momento en que la computación de los cúbits alcanzará la llamada «ventaja cuántica» —el punto en que resuelva problemas que los ordenadores clásicos no pueden abordar de manera práctica—, y especialmente la fecha del Q-Day, el día en que un ordenador cuántico sea capaz de romper los sistemas de cifrado actuales.

Moreno lo tiene claro. «Los últimos informes de los fabricantes en hardware cuántico antes hablaban de 2050; ahora ya están llamando el Q-Day al 2030 y eso es pasado mañana». Su diagnóstico no deja lugar a la complacencia. «Estamos exactamente en el mismo punto que con la IA en 2018. Cuatro años después llegó ChatGPT y nadie parece recordar que antes ya existía. El que supo aprovecharlo generó una industria multimillonaria. En cuatro años va a haber una disrupción».

Carlos Kuchkovsky, CEO de QCentroid, coincide en el horizonte temporal, aunque matiza que «hay un escenario de alta probabilidad de que antes de 2030 tengamos el Q-Day» y cita «un artículo de Google de hace un mes» que «demostró un avance significativo reduciendo el número de cúbits necesarios. Parece que la industria está evolucionando para que esto pudiese ser antes».

Pero no todos suscriben una visión tan inminente. Eneko Osaba, investigador del centro tecnológico Tecnalia con un doctorado en IA, introduce un matiz crucial que cambia completamente el enfoque. Para él el futuro no será puramente cuántico, sino híbrido.

«Cometemos un error si pensamos que la computación cuántica viene a reemplazar a la computación clásica. Eso no va a ser así ahora ni en el futuro», afirma con contundencia. «El presente es híbrido, pero el futuro también va a serlo. No va a ser cuántico. La computación clásica es muy eficiente; hagamos que trabajen de forma conjunta», opina.

La firma canadiense D-Wave se especializa en ordenadores cuánticos.

Esta perspectiva tiene implicaciones profundas para la estrategia empresarial. No se trata de esperar a que maduren los ordenadores cuánticos para dar un salto, sino de empezar ahora a desarrollar arquitecturas híbridas que combinen lo mejor de ambos mundos. Y esa hibridación, según Osaba, no es un parche. «Si desarrollas métodos donde la computación clásica solo esté para suplir carencias de la cuántica, cuando la cuántica madure, tu método dejará de tener sentido. Hay que desarrollar métodos donde ambos paradigmas introduzcan inteligencia», argumenta a industry TALKS.

IV. Cuando la teoría se encuentra con la fábrica

Uno de los proyectos más tangibles del que se tiene constancia es la colaboración entre Tecnalia y el Grupo Würth para optimizar el empaquetado 3D de pedidos empleando computación cuántica. No es un experimento de laboratorio con datos ficticios. Son pedidos reales, datos reales, problemas reales. Osaba describe el resultado con honestidad. «En muchos de los pedidos que nos manda Würth hemos conseguido encontrar mejores soluciones. Pero en tiempos de ejecución, de momento no podemos competir. El algoritmo clásico es más rápido». La conclusión suena reveladora. «Con la computación cuántica, actualmente tener una ventaja competitiva en un caso real no es factible. Lo que no quiere decir que no se puedan resolver problemas de índole real con resultados prometedores», asegura.

Imagen de un computador cuántico.

Este pragmatismo contrasta con el entusiasmo general, pero no lo invalida. Señala simplemente que están en una fase de exploración donde el valor no está tanto en la eficiencia operativa inmediata sino más en el aprendizaje y el posicionamiento tempranos.

En otros ámbitos, los avances son más evidentes. Aitor Moreno menciona aplicaciones en el campo de la salud como la «detección de partículas nocivas en sangre, metabolómica, proteómica… Sacar fotos a nivel molecular para temas de tumores, cáncer…» También cita usos muy relevantes en el área de la industria como «detectar brechas en soldaduras, defectos en chapa», imperfecciones en materiales a nivel atómico.

Gloria Díaz, por su lado, enumera los sectores donde se están desarrollando 36 casos de uso concretos en el marco del proyecto APP-TC que lidera su organización, Conetic: «Industria energética, logística, transporte, movilidad inteligente, finanzas, telecomunicaciones, salud, biotecnología, industria farmacéutica, defensa, seguridad, aeroespacial». Entre esos ejemplos prácticos, destaca la medicina de precisión. «Esa sensórica avanzada que permite detectar marcadores proteínicos que anticipan diagnósticos precoces. Con la cuántica es inmediato».

En el proyecto APP-TC, además de Conetic, participan el clúster tecnológico vasco Gaia así como organizaciones territoriales de Andalucía, Asturias, La Rioja y Castilla-La Mancha o la Asociación Española de la Industria de la Ciencia, Ineustar. Esta alianza a nivel estatal está financiada con 4,6 millones de euros por Red.es, entidad pública diseñada para impulsar la transformación digital de la sociedad, empresas (especialmente pymes) y la administración pública mediante proyectos TIC, gestión de fondos europeos y el fomento de la economía digital. 

De los 36 casos de uso citados, 27 se desarrollan en el País Vasco, 2 en Andalucía, 4 en Castilla-La Mancha y 1 en La Rioja. Estas cifras evidencian la potencia misma del ecosistema cuántico vasco.

V. Las pymes ante el espejo cuántico

Uno de los temas recurrentes en todas las conversaciones que versan sobre la economía cuántica es el desafío que esta representa para el tejido industrial mayoritario, es decir, para las pequeñas y medianas empresas. No tienen miles de millones para invertir en I+D, ni departamentos de físicos teóricos, ni capacidad para esperar una década a que la tecnología madure. Pero no quieren perder competitividad.

Gloria Díaz propone una estrategia en dos fases para captar a las pymes. Primero, sensibilidad; después, acción. «Tenemos que hacer ruido de manera que las empresas sepan qué significa esto para ellas. Si conseguimos que hasta la más pequeña empiece a pensar que en el corto o medio plazo va a tener que hacer cambios en su compañía, aunque solo sea para abordar temas de seguridad, seguridad de comunicaciones, accesos, datos, ya habremos dado un pequeño paso».

El canal natural de llegada, según su experiencia, es el proveedor de confianza: «Siempre es así, sobre todo pensando en las pequeñas empresas. Siempre es el proveedor de confianza el que les va a llevar esto a su empresa», sostiene la gerente de Conetic. Para facilitar esa transferencia, su organización está desarrollando «píldoras formativas que van desde la formación más específica para profesionales del sector hasta un baño de conocimiento de qué es esto de la cuántica y cómo me puede afectar». Un buen baño como el organizado por Tecnalia.

Carlos Kuchkovsky, desde QCentroid, plantea una solución estructural, una suerte de App Store cuántica donde las soluciones ya vengan empaquetadas para su consumo directo por parte de empresas que no necesitan entender los farragosos detalles técnicos.

Pantallas de la plataforma diseñada por QCentroid.

«Trabajamos con compañías que hacen algoritmos de logística, son doctores en computación cuántica. Ese algoritmo lo aislamos para exponer solo el caso de uso con las métricas que una compañía mediana o pequeña necesitaría: cómo almacenar mejor los paquetes en un almacén o en una camioneta. Ellos solo tienen que focalizarse en el problema», explica. Su hoja de ruta contempla que este modelo esté operativo a finales de 2026: «El doctor ya ha hecho su trabajo, el desarrollador lo ha empaquetado en una solución final enfocada en las métricas de ese caso de uso y esa industria, para que ellos lo puedan consumir y pagar por uso», añade Kuchkovsky.

No todos los sectores se verán igualmente afectados, y eso es importante subrayarlo para evitar alarmismos innecesarios. Como señala Gloria Diaz, «si cogemos una pequeña empresa con procesos sencillos, probablemente no vayan a aplicar la cuántica. No se van a meter en una sensórica avanzada porque no la requieren. La digitalización afectaba a todas; la cuántica, por contra, va a afectar más a industrias con procesos complejos».

VI. España y el País Vasco: un ecosistema en construcción

En el mapa europeo de la economía cuántica, España no parte de cero. Tiene tres supercomputadores cuánticos, una Estrategia Nacional de Tecnologías Cuánticas aprobada en abril de 2025, y una inversión comprometida que ronda los 800 millones de euros. Gloria Díaz sitúa esta estrategia en su contexto. «España ya lleva varios años trabajando en tecnología cuántica. No podemos estar descolgados de lo que hace el resto del mundo. Lo que nos importa es que las empresas españolas puedan dar respuesta a la industria española desde el punto de vista cuántico».

Pero es en Euskadi donde el ecosistema cuántico parece haber alcanzado una masa crítica singular. Aitor Moreno, que conoce bien la realidad vasca, enumera algunos hitos. «El País Vasco lleva desde 2018 con una estrategia vasca en cuántica. No es casualidad que el sistema de IBM se haya puesto en Donosti. No es casualidad que Fujitsu tenga la única máquina fuera de Japón en Vizcaya, en Bilbao. No es casualidad que el congreso europeo más importante de computación cuántica vaya a ser en Bilbao en las próximas semanas». Se refiere al Congreso Q-Expo que se celebrará los días 18 y 19 de mayo. «Euskadi ahora mismo es referente en regiones europeas en tecnologías cuánticas. El ecosistema vasco está trayendo investigadores, empresas, startups, porque ven que hay una apuesta clara», puntualiza.

Carlos Kuchkovsky, cuya empresa tiene sede en Bilbao, corrobora esa estimación. «El ecosistema vasco es uno de los más potentes de Europa. En Vizcaya en concreto, BIQAIN (Bizkaia Quantum Advanced Industries), la estrategia industrial de la Diputación Foral de Vizcaya para impulsar la adopción de tecnologías cuánticas en el tejido empresarial local, concentra «el hub con mayor número de accesos disponibles de computación cuántica, mayor número de miembros entre universidades, centros de investigación, startups integradoras y corporaciones».

El ordenador cuántico IBM System 2, instalado en San Sebastián, fue inaugurado en octubre de 2025.

Osaba, el investigador de Tecnalia, ofrece una visión complementaria. El hecho de que el ordenador cuántico de IBM esté en San Sebastián «es toda una declaración de intenciones». «Oye, vamos en serio. Lo que estamos haciendo en el País Vasco es una apuesta muy importante. Ayuda a crear un ecosistema. Necesitamos talento, centros tecnológicos, universidades, infraestructura». Sin embargo, también advierte contra el riesgo del localismo. «Hay otros ordenadores. Nosotros en Tecnalia también usamos D-Wave, que es otro tipo de ordenador. Existen otros muchos que están igual o más avanzados que el de Donosti y tenemos que tener acceso a ellos». Mientras el de IBM se enfoca en el «modelos de compuertas», los de la canadiense D-Wave apuestan por «el recocido cuántico». Ambos sistemas están especializados en tareas distintas.

VII. La carrera global y el dilema de la soberanía tecnológica

La economía cuántica no se desarrolla en el vacío. Se representa en el escenario de una competencia entre actores como Estados Unidos, China y la Unión Europea. Aitor Moreno, de LKS Next, describe ese marco sin ambages. «Hay una guerra geopolítica. Es una tecnología tan disruptiva, que cambia tanto las reglas del juego, por ser el único sistema analógico y paralelo real que hemos tenido en la historia».

Gloria Díaz sitúa a España y Europa en este tablero competitivo. «Europa ha asumido que tenemos que tener una soberanía tecnológica. Este proyecto que gestiona Red.es se hace con fondos Next Generation». Y no se acobarda. «Creo que no nos tenemos que achicar. En esto no hemos perdido el carro». La interlocutora reconoce, no obstante, las dificultades estructurales que todo esto conlleva. «Tenemos una serie de cortapisas mayores que no tienen otros mercados. Tenemos una legislación que se preocupa de los derechos de los ciudadanos, de los consumidores, de los usuarios digitales. En otros territorios no existe esa legislación. Y eso nos hace tener dificultades para competir», admite.

Pero su diagnóstico final es de confianza en las capacidades propias. «Nuestra industria tiene que comprar en España y en Europa. Tiene que asumir que podemos responderles y no irse a otros mercados. Tenemos que ser valientes. Sí es verdad que hemos perdido el tren en otras áreas —refiriéndose a la IA—, pero creo que en esta estamos preparándonos», estima.

Carlos Kuchkovsky, de QCentroid, introduce un elemento adicional que tiene nombre y apellidos: la falta de estandarización como obstáculo. «El mayor reto a nivel de estandarización es la fragmentación tanto en el hardware como en los lenguajes de programación. Tener que hacer diferentes sistemas de integración genera una barrera. Diferentes proveedores han definido diferentes lenguajes. Esa falta de estandarización duplica esfuerzos», reconoce.

VIII. El retorno de la inversión: medir lo que aún no produce

Uno de los problemas prácticos más acuciantes para las empresas es cómo justificar la inversión en tecnologías cuánticas cuando los beneficios aún no están garantizados. La plataforma de QCentroid, explica Kuchkovsky, está diseñada precisamente para abordar esta dificultad.

«Permitimos que las compañías puedan experimentar, definir desde el punto de vista de negocio y también con equipos técnicos y científicos. Les ayudamos a descubrir para qué es interesante la computación cuántica de manera clara, con métricas de negocio y científicas. Les permitimos hacer estimaciones iniciales de cómo la computación cuántica podría mejorar las variables del caso de uso», responde en una videoentrevista concedida a industry TALKS. Y el siguiente paso es el benchmarking. «Comparar entre soluciones clásicas y cuánticas cuál es el coste de computación, el tiempo de cómputo y las variables que más impactan».

La plataforma de QCentroid conecta con múltiples ordenadores cuánticos —»más de 30″, precisa Kuchkovsky— de distintos fabricantes, ofreciendo métricas en tiempo real sobre disponibilidad, configuración y adecuación a cada tipo de problema.

IX. Lecciones de la revolución digital

Por otra parte, la tentación de establecer paralelismos entre la revolución cuántica y la digital parece inevitable. Gloria Díaz, la gerente de Conetic, aporta una perspectiva matizada que puede ayudar a calibrar las expectativas. «La transformación digital, explica, ha sido progresiva. Las empresas han ido poco a poco, empezando por procesos muy básicos. Han tenido mucho tiempo. Hubo regulaciones que obligaron a dar pasos, pero fue un cambio que se condujo de manera tranquila». Frente a esto, la cuántica presenta un perfil distinto. «No va a ser tan disruptiva para todas las empresas por igual. La cuántica es un cambio abrupto en la tecnología, en la forma de procesar datos, en la rapidez de cálculo. No todas las empresas se van a ver tan encaminadas a hacer un cambio motivado por la cuántica, salvando procesos generales como la seguridad».

Esta advertencia es importante pues la economía cuántica no será para todos al mismo tiempo ni de la misma manera. Y eso no es necesariamente un problema. La clave está en identificar en qué capa de la tecnología tiene cada empresa algo que ganar o que perder.

X. El camino por delante: cuatro años de ventana estratégica

Si hay un mensaje que atraviesa todas las entrevistas realizadas, ese es la urgencia del factor tiempo. El margen no es de décadas, sino de años. Quizás cuatro.

Aitor Moreno lo expresa con claridad. «Tenemos dos opciones. Esperar a que lo hagan otros y seremos usuarios, tendremos que pagar por ese software y ese hardware. O tenemos cuatro años para ponernos las pilas y desarrollar software soberano —europeo, local—, aplicaciones, y estar ya preparados».

La metáfora del Renacimiento que empleó el director general de Tecnalia cobra ahora todo su sentido. Leonardo da Vinci no pintó lo común y corriente. Creó lo inesperado, y con ello cambió el mundo y la percepción que tenemos de él desde entonces. La economía cuántica, como aquella Última Cena, no está hecha para ser contemplada pasivamente y se transforma en una invitación a participar en su construcción.

Gloria Díaz lo resume en una fórmula que debería resonar en los consejos de administración de medio centenar de industrias españolas. «El posicionamiento temprano de la industria española en la aplicación práctica de las tecnologías cuánticas es fundamental. No podemos estar descolgados», sentencia.

El mapa que están trazando —con 36 casos de uso reales, con 800 millones de inversión, con un ecosistema vasco que compite en Europa, con sensores cuánticos que ya se venden y comunicaciones postcuánticas que ya se implementan— es el de un país que ha decidido no esperar sentado a que otros definan su futuro.

La revolución cuántica no se ve (todavía). Pero está en marcha. Silenciosa. Transparente. Y cuando sea plenamente visible, quizás ya sea tarde para que algunas industrias se suban a ese tren del progreso.

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