El último informe de absentismo de AdiRelab ha generado un notable impacto mediático. ¿Cuál diría que es la principal conclusión que debería preocupar —y ocupar— a empresas y administraciones?
La principal conclusión es que el absentismo ha dejado de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en un reto estructural para la economía española, un “problema país”. Estamos hablando de más de 37.000 millones de euros anuales, cerca del 2,7% del PIB, lo que evidencia que ya no es solo un asunto empresarial, sino un desafío país que exige coordinación entre empresas, administraciones y agentes sociales.
España vuelve a situarse entre los países europeos con mayores tasas de absentismo. ¿Qué factores estructurales explican esta brecha respecto a nuestros vecinos?
Hay varios factores: una gestión administrativa de las bajas médicas poco ágil, diferencias en los sistemas de control y seguimiento, una cultura preventiva todavía insuficiente y un mercado laboral con elevados niveles de temporalidad y rotación en algunos sectores. También influyen los cambios sociales y organizativos tras la pandemia (cambio de paradigma), que han modificado la percepción del trabajo y la relación con la salud laboral.
¿Qué sectores económicos están registrando los niveles más elevados de absentismo y por qué? ¿La industria está especialmente expuesta a este fenómeno?
Según la información que manejamos desde Adirelab el problema es generalizado si bien, la industria, la logística, los servicios intensivos en mano de obra y determinados ámbitos del sector público presentan tasas relevantes. En el caso industrial, influyen factores como la exigencia física, los turnos, la presión productiva y el envejecimiento de determinadas plantillas. Además, cuando el absentismo aumenta en entornos industriales, su impacto en la cadena de valor es inmediato, porque afecta directamente a la producción.
Más allá del coste económico, ¿qué efectos menos visibles está provocando el absentismo en la productividad, la organización interna y la cultura laboral de las empresas españolas?
El absentismo genera sobrecarga en los equipos presentes, deteriora el clima laboral y obliga a reorganizaciones constantes que afectan a la eficiencia. También introduce incertidumbre en la planificación y puede erosionar la cultura de compromiso si no se gestiona con equilibrio. Muchas empresas están destinando recursos crecientes a cubrir ausencias en lugar de invertir en innovación, desarrollo del talento y flexibilidad dentro de una culturade confianza y compromiso, cosa que entendemos que debe cambiar en el futuro inmediato.
¿Qué medidas deberían adoptar las compañías para reducir el absentismo sin caer en enfoques punitivos? ¿Qué papel juegan la prevención, la salud laboral y la calidad del empleo?
No existe la formula de la “Coca Cola” para resolver este problema tan grave, si bien, consideramos que el enfoque debe ser preventivo y estratégico. Invertir en salud laboral, ergonomía, bienestar emocional y liderazgo cercano tiene un impacto directo en la reducción del absentismo. También es clave mejorar la organización del trabajo, la flexibilidad y la calidad del empleo. No se trata de sancionar, sino de anticiparse a los riesgos y crear entornos laborales sostenibles.
Desde su perspectiva, ¿las políticas públicas actuales ayudan a contener el absentismo o están generando incentivos que lo agravan?
A nuestro juicio, hay margen de mejora. Las políticas públicas deben equilibrar la protección social con mecanismos más ágiles de seguimiento y reincorporación. Muchas empresas perciben que los procesos administrativos son lentos y generan incertidumbre. Es necesario avanzar hacia modelos más colaborativos entre sistema sanitario, mutuas y empresas, siempre garantizando, por supuesto, los derechos de los trabajadores.
Además del absentismo, ¿cuáles son hoy los principales riesgos que acechan a la economía española desde el punto de vista de las relaciones laborales? ¿Estamos ante un cambio de ciclo en la forma de trabajar?
Por lo que nosotros vemos en las empresas en las que trabajamos, estamos en una transición profunda: digitalización, envejecimiento demográfico, nuevas expectativas laborales y cambios regulatorios constantes. El reto será combinar flexibilidad y seguridad jurídica, atraer talento y gestionar plantillas cada vez más diversas. Creemos que estamos ante un cambio de ciclo que obliga a repensar los modelos de organización del trabajo.
En un contexto de tensiones laborales, inflación de costes y cambios regulatorios, ¿cómo están afectando estos factores a la competitividad de las empresas industriales?
Las empresas industriales operan con márgenes ajustados y compiten en mercados globales. El aumento de costes laborales, energéticos y regulatorios, unido a fenómenos como el absentismo, reduce la capacidad de inversión y la competitividad internacional. Por eso insistimos en la necesidad de estabilidad normativa y diálogo social orientado a la productividad. Esto es clave.
Diversos estudios apuntan a que las personas con discapacidad presentan niveles de absentismo inferiores a la media y un alto compromiso laboral. ¿Qué lectura hace de este dato y qué deberían aprender las empresas sobre el valor del talento diverso?
Es un ejemplo claro de que la inclusión no solo es una cuestión ética, sino también estratégica. Las personas con discapacidad suelen mostrar altos niveles de compromiso y estabilidad, lo que contribuye positivamente a la cultura organizativa. Las empresas deben entender que el talento diverso fortalece la resiliencia de los equipos y mejora los resultados a largo plazo. Parece evidente que la “cultura” empresarial tiene claro impacto en el absentismo.
Si tuviera que lanzar un mensaje urgente a los líderes empresariales y a los responsables públicos, ¿cuál sería la prioridad número uno para frenar el absentismo y reforzar la salud laboral del país?
A nuestro juicio, desde Adirelab pensamos que la prioridad es construir un gran pacto por la salud laboral basado en la prevención, la corresponsabilidad y la eficiencia institucional. Necesitamos menos enfoque reactivo y más estrategia compartida. Si conseguimos situar la salud laboral en el centro de la agenda económica, no solo reduciremos el absentismo, sino que mejoraremos la productividad y la competitividad del país. Tenemos que evolucionar con los tiempos y los que no lo hagan se quedarán atrás más pronto que tarde.

