CONGRESO NACIONAL DE INDUSTRIA

Sindicatos y administraciones coinciden en que no habrá industria fuerte sin empleo de calidad, FP flexible y arraigo local

La reindustrialización solo será sostenible si se construye desde la base: las personas, el territorio y un modelo de competitividad que genere empleo estable y de calidad. Esa fue la principal conclusión de la mesa redonda “Personas, Territorio y Competitividad: la reindustrialización desde la base”, celebrada en el Congreso Nacional de Industria, donde representantes institucionales, sindicales y territoriales defendieron una política industrial entendida como proyecto de país y no como una suma de inversiones aisladas.

La directora general de Planificación, Innovación y Gestión de la Formación Profesional del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, María Paz Sánchez Martínez, abrió el debate subrayando que “cualquier proceso de reindustrialización solo es posible si contamos con una formación profesional capaz de adaptarse con rapidez a las necesidades reales de las empresas, pero siempre poniendo en el centro a la persona trabajadora”. En ese sentido, destacó la reforma del sistema de FP, que cumple ahora un año de implantación y que introduce flexibilidad territorial, formación dual y microformaciones adaptadas a los cambios tecnológicos y productivos. “No podemos hacer una reindustrialización real sin una transformación constante de los trabajadores”, afirmó.

El comisionado especial para la Reindustrialización del Ministerio de Industria y Turismo, Jaime David Peris Pascual, situó el debate en un contexto más amplio y recordó que España afronta retos estructurales de primer orden, como un desempleo todavía en torno al 10% y un peso de la industria del 15% del PIB, lejos del objetivo del 20%. “La política industrial es la política del país”, defendió, insistiendo en que solo puede construirse con la implicación coordinada del Estado, las comunidades autónomas, las empresas y los agentes sociales. “Todo lo que hacemos en industria, al final, es para las personas”, resumió.

Desde el territorio, Iker Galparsoro Lasa, secretario del Valle de Goierri, aportó la experiencia de una comarca industrial del interior que ha logrado reinventarse sin renunciar a su identidad productiva. “La industria es lo que nos ha dado de comer”, recordó, al explicar cómo, frente a la tentación de abandonar la actividad industrial, el valle optó por reforzar la cooperación entre pymes, compartir conocimiento y crear estructuras como una agencia de desarrollo y un centro de formación profesional que hoy convive incluso con una universidad. “Decidimos colaborar, desarrollar proyectos conjuntos y apostar por el valor añadido”, señaló, reivindicando el arraigo industrial como motor de cohesión social y territorial.

La visión sindical puso el acento en la calidad del empleo y en la necesidad de anticiparse a las transiciones. Juan Antonio Vázquez, secretario de Política Industrial de UGT FICA, defendió que el aumento de la inversión pública y privada en industria “es fundamental para garantizar proyectos industriales viables que den alternativas reales a los territorios y a las personas trabajadoras”. A su juicio, la clave está en no llegar tarde a los cambios. “La mejor transición es la que se anticipa”, afirmó, destacando la importancia de orientar las inversiones hacia sectores emergentes y hacia proyectos que mantengan actividad y empleo allí donde otras industrias pueden estar en declive.

Por su parte, Raquel Márquez Fernández, responsable de Política Industrial de CCOO, analizó la situación desde una perspectiva comparada y señaló que el sistema industrial español está resistiendo mejor que el de otros países del entorno, en parte gracias a su fuerte orientación exportadora. “Producimos más del 80% para exportación y eso nos permite amortiguar mejor los vaivenes”, explicó, citando el sector de la automoción como ejemplo de una industria en plena transformación que sigue teniendo un alto valor añadido. No obstante, advirtió de debilidades estructurales como el déficit de talento cualificado, la dificultad para retener perfiles especializados, el peso de las micropymes o los costes energéticos, que condicionan la competitividad.

A lo largo del debate se insistió en que sectores emergentes como la energía, la tecnología o la defensa abren nuevas oportunidades para una industrialización más equilibrada territorialmente. “Podemos arraigar estas actividades en nodos tecnológicos distintos de las zonas tradicionalmente industrializadas”, se apuntó, lo que permitiría combatir la despoblación y repartir mejor la riqueza industrial. En ese contexto, la formación y la recualificación volvieron a aparecer como elementos clave para adaptar el talento a las nuevas demandas.

La mesa concluyó con una idea compartida: la reindustrialización no es solo una cuestión de cifras o de inversión, sino de modelo social. Apostar por personas formadas, territorios cohesionados y un diálogo social fuerte es, para los participantes, la única vía para construir una industria competitiva, resiliente y capaz de sostener el empleo del futuro.

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