REPORTAJE

Materiales estratégicos: cuando la seguridad de Europa empieza en la fábrica

Europa está redefiniendo qué significa hablar de seguridad y defensa. La transformación no se limita a las capacidades militares o a los sistemas de armamento: también afecta a las cadenas de suministro, a la disponibilidad de materias primas, a la capacidad tecnológica y, en último término, a la posibilidad de fabricar dentro de Europa los materiales y componentes que sostienen sectores considerados esenciales. En ese escenario, la industria de los plásticos ocupa una posición cada vez más relevante.

Esta fue una de las principales ideas que atravesó la jornada #InnovaPlásticos: Materiales estratégicos para la seguridad y la defensa de Europa, organizado por Plastics Europe y Suschem- España, un encuentro que puso el foco en la relación entre innovación, materiales avanzados, autonomía industrial y resiliencia. Más allá de las aplicaciones estrictamente militares, las intervenciones mostraron cómo determinados desarrollos de la industria de los polímeros pueden convertirse en tecnologías habilitadoras para ámbitos tan diversos como la energía, la movilidad, la medicina, la electrónica, la aeronáutica o la protección de infraestructuras.

Coronel Francisco Márquez de la Rubia, analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), organismo dependiente del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) del Ministerio de Defensa de España, situó esta cuestión en un contexto geopolítico marcado por una creciente competencia por los recursos, la tecnología y las capacidades industriales. En su intervención, bajo el título “Una visión geopolítica de España”, defendió la necesidad de analizar las transformaciones internacionales desde una perspectiva amplia y conectada con la industria.

“Lo que interesa, donde se juega España, sus intereses estratégicos, es ser capaces de entender en su conjunto qué está pasando y cómo nos afecta en cada una de las facetas en las cuales, en este caso, todos los plásticos están implicados”, señaló.

La idea resulta especialmente relevante para una industria acostumbrada a analizar sus retos desde variables como el coste, la disponibilidad de materias primas o la eficiencia productiva. La evolución del contexto internacional introduce una nueva dimensión: la seguridad del suministro. La pandemia evidenció las consecuencias de unas cadenas de suministro excesivamente dependientes del exterior y puso de manifiesto la importancia de disponer de alternativas, proveedores diversificados y capacidades productivas propias.

En este nuevo escenario, la seguridad de los materiales adquiere una dimensión estratégica. No se trata únicamente de disponer de una determinada materia prima, sino de garantizar que existe conocimiento tecnológico, capacidad de transformación y una base industrial capaz de responder cuando las condiciones del mercado internacional cambian. Como se planteó durante la jornada, quien controla el aprovisionamiento y el suministro de materiales críticos dispone también de una herramienta para reforzar la resiliencia de sus propias industrias.

La cuestión enlaza directamente con uno de los grandes retos europeos: avanzar hacia una mayor autonomía estratégica sin renunciar a la integración en las cadenas globales de valor. Para la industria de los plásticos, esto implica identificar aquellos materiales y tecnologías cuya pérdida, interrupción de suministro o dificultad de sustitución podría tener consecuencias relevantes para sectores considerados esenciales.

Esta perspectiva obliga también a cambiar la forma de entender la competitividad industrial. En un entorno estable, disponer de un proveedor internacional capaz de suministrar un material de forma eficiente puede ser suficiente; en un escenario de mayor incertidumbre, entran en juego otros factores como la continuidad del suministro, la capacidad de reacción ante una interrupción o la existencia de alternativas tecnológicas. Para las empresas europeas de materiales, esto abre una nueva dimensión de la competitividad en la que producir dentro de Europa no solo puede responder a criterios económicos, sino también a la necesidad de conservar capacidades industriales consideradas relevantes para el conjunto de la economía.

Del material avanzado al material estratégico

La intervención de Raquel Hernández, ingeniera sénior de Asistencia Técnica y Desarrollo de Especialidades en Repsol, permitió trasladar esta reflexión geopolítica al terreno concreto de los materiales. Su exposición se centró en el polietileno de ultra alto peso molecular, conocido como UHMWPE, un polímero caracterizado por unas cadenas moleculares extremadamente largas y entrelazadas que le proporcionan una combinación de propiedades poco habitual.

Entre ellas destacan su elevada resistencia al desgaste y a la abrasión, su resistencia al impacto, su bajo coeficiente de fricción y su ligereza. Estas características explican su presencia en aplicaciones muy diferentes, desde la industria pesada hasta la medicina o el almacenamiento de energía, y también en soluciones vinculadas a la protección personal y de vehículos.

En el ámbito sanitario, por ejemplo, el material se emplea en determinadas aplicaciones relacionadas con implantes de rodilla y fibras de sutura. En energía puede utilizarse en componentes asociados a las baterías, mientras que en defensa sus propiedades permiten desarrollar chalecos balísticos, cascos y elementos de protección capaces de reducir peso manteniendo los niveles de resistencia requeridos.

Esta última característica es especialmente relevante. En determinadas aplicaciones, el empleo de UHMWPE puede permitir reducciones de peso del orden del 30-40 %, lo que transforma el valor del material más allá de su precio por kilogramo. En sistemas de protección personal, cada reducción de peso puede traducirse en una mejora de la movilidad y de las prestaciones del conjunto. “Ahí no entras en discusión tanto de precios, sino de prestaciones”, explicó Hernández.

Sin embargo, disponer de una tecnología avanzada no garantiza por sí mismo una ventaja industrial. Para que un material pueda desempeñar un papel estratégico tiene que existir una capacidad de fabricación estable y competitiva. “Las tecnologías avanzadas no dependen únicamente de disponer de los materiales innovadores, sino que estos materiales se necesitan disponer de manera fiable y competitiva”, señaló.

Esa cuestión explica la importancia de reforzar las capacidades productivas europeas. En el caso del UHMWPE, Repsol ha planteado una nueva planta en Puertollano con el objetivo de incrementar capacidad, diversificar el suministro y reducir la dependencia geográfica de los clientes europeos. El planteamiento refleja una tendencia que va más allá de una inversión industrial concreta: la capacidad productiva comienza a considerarse una pieza de la propia seguridad de suministro.

Hernández introdujo, además, una distinción importante. No todos los materiales avanzados tienen necesariamente que ser considerados estratégicos. Para determinarlo es necesario observar conjuntamente factores como la importancia del material para determinadas aplicaciones, las posibilidades de sustitución, la concentración de su suministro y su valor tecnológico. “Los materiales avanzados no todos tienen por qué considerarse materiales estratégicos”, explicó. Cuando esos factores coinciden, la capacidad productiva adquiere una dimensión diferente: “Si aúnan todo eso, desde luego tendrán que considerarse un material estratégico y defender su capacidad productiva en Europa”.

Innovación y tecnologías de doble uso

La dimensión tecnológica estuvo especialmente presente en la intervención de Joaquín Castán, investigador sénior del departamento de Ingeniería del Instituto Tecnológico del Plástico Aimplas, que mostró cómo tecnologías desarrolladas inicialmente para determinados mercados pueden encontrar nuevas aplicaciones en el ámbito de la seguridad y la defensa.

Uno de los ejemplos fue el de la electrónica flexible y los sensores integrados en sustratos plásticos. Proyectos como Kinesensor y Sensopie, concebidos inicialmente para aplicaciones relacionadas con la salud, permiten incorporar tintas funcionales sobre superficies plásticas y obtener información sobre movimiento, temperatura, presión o actividad muscular.

La adaptación de este tipo de tecnologías a otros ámbitos puede abrir nuevas posibilidades para monitorizar las condiciones de una persona durante una determinada actividad. En el terreno militar, Castán explicó que podrían utilizarse para obtener información sobre fatiga, estrés, condiciones ambientales o desplazamientos. “Lo que nos permite es precisamente monitorizar a ese combatiente, detectar fatiga, detectar estrés, detectar condiciones ambientales adversas que le puedan estar afectando, detectar desplazamiento y con todo esto poder darle el apoyo correspondiente para que cumpla su función de la forma más eficaz posible”.

El concepto de doble uso es especialmente significativo para la industria de los plásticos porque permite conectar mercados y aprovechar conocimiento ya desarrollado. Sensores, materiales compuestos, electrónica flexible o nuevas soluciones estructurales pueden tener aplicaciones simultáneas en sectores civiles y de defensa, reduciendo los tiempos necesarios para trasladar una innovación de un ámbito a otro.

“De lo que se trata es de identificar bien claro el valor añadido o el factor diferenciador de lo que ya existe”, explicó Castán. En su opinión, la capacidad de adaptación resulta tan importante como el desarrollo tecnológico original, porque “el valor dual no está en solo el desarrollo, sino en reutilizar y en aprovechar los conocimientos que se generan”.

La ventaja de este planteamiento es que permite que una misma base tecnológica genere oportunidades en mercados diferentes. Un desarrollo realizado inicialmente para resolver una necesidad médica, industrial o de movilidad puede evolucionar hacia una aplicación relacionada con seguridad, protección o defensa sin que todo el conocimiento tenga que empezar de cero. Para una industria como la de los plásticos, acostumbrada a trabajar transversalmente entre sectores, esta capacidad de transferencia puede convertirse en una herramienta para acelerar la llegada de nuevas soluciones al mercado y aprovechar mejor las inversiones realizadas en investigación y desarrollo.

La misma lógica aparece en el desarrollo de materiales para aeronáutica y automoción. Los proyectos presentados durante la jornada abordaron soluciones destinadas a reducir peso, mejorar la seguridad, integrar protección frente a descargas eléctricas o interferencias electromagnéticas y sustituir determinados componentes metálicos por materiales compuestos y termoplásticos.

En vehículos tácticos, por ejemplo, el uso de estructuras multicapa y materiales compuestos puede contribuir a sustituir determinados elementos metálicos manteniendo las prestaciones frente al impacto y reduciendo masa. El resultado no es simplemente un vehículo con más plástico, sino una arquitectura diferente en la que el material se convierte en parte esencial del diseño y de las prestaciones del producto.

Para que estas tecnologías tengan impacto industrial, sin embargo, no basta con demostrar que funcionan. La capacidad de fabricación es determinante. “Las producciones tienen que ser rápidas, tienen que ser ágiles y tienen que ser industrializables de forma a corto plazo”, señaló Castán. Por eso, su conclusión fue directa: “La innovación es clave”.

Cuando la capacidad industrial se convierte en capacidad estratégica

La última dimensión abordada durante la jornada fue la financiera y empresarial. Senén Ferreiro, socio fundador y presidente de Valora Consultores, planteó que el cambio no afecta únicamente a los materiales o a las tecnologías, sino también a la manera en la que el mercado y los inversores perciben a la industria.

“Lo que está cambiando es cómo el sector inversor y financiero está entendiendo lo que es el sector del plástico y el sector químico”, afirmó. La industria comienza a ser observada no solo como proveedora de productos, sino como una pieza de las capacidades industriales que permiten mantener determinadas actividades económicas y tecnológicas.

En este sentido, Ferreiro resumió el cambio de perspectiva señalando que “ya no somos simplemente una industria productora de soluciones. Somos una industria que aporta una capacidad crítica para un elemento importantísimo en lo que es la soberanía de los países, de los territorios y regiones y la economía, que es la autonomía estratégica”.

Esta consideración tiene consecuencias para las propias empresas. Si determinados conocimientos, procesos, instalaciones o materiales adquieren un carácter estratégico, también aumenta la importancia de proteger esas capacidades y de incorporarlas a la planificación empresarial. “Hay que traducir ese cociente industrial en un cociente estratégico y lo primero es identificar las capacidades estratégicas de la compañía”, explicó.

La gobernanza se convierte así en otra pieza del problema. “Es clave el modelo de gobernanza. Es decir, cómo tomamos las decisiones en la compañía y cómo protegemos nuestros activos industriales, el producto que sea”, señaló Ferreiro. La estrategia industrial deja de limitarse a decidir qué fabricar y cómo hacerlo para incorporar preguntas relacionadas con la resiliencia, la inversión, la protección de capacidades y la capacidad de responder ante cambios bruscos del entorno.

También cambia la dimensión del mercado. Para Ferreiro, las oportunidades vinculadas a defensa no deben analizarse únicamente desde el mercado nacional. “El potencial que tenemos como industria del plástico no es exclusivamente habilitar soluciones para la industria de necesidades de defensa españolas. La OTAN es el gran marco de mercado.” En consecuencia, el reto para las empresas consiste también en prepararse para competir en cadenas de suministro internacionales y responder a requisitos industriales cada vez más exigentes.

Todo ello requiere financiación. El desarrollo de nuevos materiales, la construcción de plantas, la ampliación de capacidad o la industrialización de tecnologías requieren inversiones importantes y, en muchos casos, periodos prolongados antes de alcanzar el retorno esperado. “La gasolina de la aceleración muchas veces es el capital. Si tenemos buena financiación y buena inversión, podremos muchas veces ir más rápido”, afirmó.

La conclusión que se desprende de la jornada es que la consideración estratégica de los materiales no depende exclusivamente de su utilización final. Un polímero puede convertirse en estratégico por las propiedades que aporta, por la dificultad para sustituirlo, por la concentración geográfica de su producción, por el conocimiento necesario para fabricarlo o por la importancia de las aplicaciones que dependen de él. En todos esos casos, la cuestión industrial resulta inseparable de la cuestión tecnológica.

La financiación, además, no debe entenderse únicamente como el recurso necesario para poner en marcha un nuevo proyecto. En industrias intensivas en tecnología y capacidad productiva, también resulta determinante para poder escalar una innovación, aumentar capacidades, modernizar instalaciones o responder con rapidez cuando aparece una nueva oportunidad de mercado. El reto consiste, por tanto, en conectar las necesidades de la industria con el capital disponible y conseguir que los proyectos que aportan capacidad tecnológica puedan alcanzar la dimensión industrial necesaria para competir dentro y fuera de Europa.

La industria de los plásticos se encuentra, por tanto, ante una oportunidad para ampliar su papel dentro de las cadenas de valor europeas. La defensa constituye uno de los mercados en los que estas capacidades pueden encontrar aplicaciones, pero el alcance es mucho mayor: energía, transporte, aeronáutica, electrónica, medicina y protección de infraestructuras comparten la necesidad de materiales más ligeros, resistentes, funcionales y disponibles de forma segura.

La resiliencia europea no se construye únicamente acumulando reservas o diversificando proveedores. También depende de conservar conocimiento, desarrollar tecnologías propias y mantener una industria capaz de transformar esas tecnologías en productos competitivos. Como sintetizó Ferreiro al cerrar la jornada, el objetivo pasa por contar con “modelos de gobernanza y gestión empresarial sólidos que van a tener capacidad de innovar, como apunta Joaquín, y de dialogar con el sector financiero para captar esa financiación”.

Desde esta perspectiva, hablar de materiales estratégicos es hablar también de industria. Y hablar de industria significa hablar de capacidad tecnológica, inversión, fabricación y conocimiento. La seguridad de las cadenas de suministro europeas comienza, en buena medida, mucho antes de que un producto llegue al mercado: empieza en las empresas capaces de desarrollarlo, fabricarlo y garantizar que seguirá estando disponible cuando más se necesite.

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Planta de productos farmacéuticos

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