ENTREVISTA ENVERA

Laura Parra, fundadora de ODSiza: “La sostenibilidad como factor de competitividad consiste en crear valor no en hacer menos daño”

La innovación aplicada al impacto permite transformar modelos de negocio y generar valor económico, social y ambiental de forma equilibrada. Cada vez más empresas buscan integrar estos criterios en su estrategia para responder a los retos regulatorios y de mercado. En este contexto, la figura de quienes traducen los grandes marcos de sostenibilidad en acciones medibles resulta clave para el tejido empresarial.

Directiva, emprendedora y divulgadora especializada en sostenibilidad e innovación. ¿Cómo se ha construido una trayectoria que combina estrategia empresarial, impacto y liderazgo consciente?

Mi trayectoria siempre ha estado ligada a la transformación de organizaciones a través de la tecnología y la innovación. Después de muchos años dirigiendo proyectos de transformación digital entendí que el siguiente gran reto ya no era solo hacer empresas más eficientes, sino ir más allá contribuyendo a que las empresas desarrollen su propósito y compromiso con la sociedad y el entorno en el que operan.

Hoy las empresas necesitan ser rentables, pero también generar confianza, atraer talento y aportar valor a la sociedad. Ahí nace el propósito de ODSiza: convertir la sostenibilidad en una herramienta de competitividad y no en una obligación administrativa.

¿Qué necesidad detectó en el ecosistema empresarial que le llevó a fundar ODSiza y cómo ha evolucionado la plataforma desde su creación?

Detecté una realidad muy clara: casi todas las empresas tenían iniciativas sociales y ambientales, pero muy pocas conseguían implicar a las personas o medir realmente su impacto. La sostenibilidad se estaba gestionando desde departamentos muy concretos cuando, en realidad, debería formar parte del día a día de toda la organización. Por eso nació ODSiza: para convertir la sostenibilidad en una experiencia participativa, donde empleados, clientes, ciudadanos o estudiantes puedan actuar, dejar evidencia de su contribución y transformar esas acciones en información útil para la organización.

Muchas compañías siguen viendo los ODS como un marco abstracto y devaluado. ¿Qué barreras encuentra y cómo se convierten en oportunidades reales de negocio?

El problema nunca han sido los ODS. El problema es que tanto por parte de muchas empresas como políticamente los han tratado como un lenguaje institucional y un medio para generar controversia, en lugar de convertirlos en las palancas para realizar y escalar acciones concretas de impacto social y medioambiental.

Cuando una organización deja de hablar de objetivos y empieza a hablar de ahorro energético, captación de talento, bienestar, innovación o reputación, la conversación cambia completamente.

La sostenibilidad deja de ser un coste para convertirse en una ventaja competitiva que mejora resultados y fortalece la relación con empleados, clientes e inversores.

Ha desarrollado metodologías para traducir la sostenibilidad en acciones concretas y medibles. ¿Qué elementos son imprescindibles para que una empresa avance de forma ordenada y eficaz?

Lo primero es conectar la sostenibilidad con la estrategia del negocio. Después identificar prioridades, definir indicadores claros y, sobre todo, activar a las personas. Ninguna estrategia funciona si depende únicamente del departamento de sostenibilidad. Cuando toda la organización participa y cada acción deja una evidencia verificable, la empresa puede medir, aprender y mejorar continuamente.

Trabaja en la intersección entre innovación y propósito. ¿Cómo se articula esa relación y qué papel juega en la competitividad actual?

La innovación responde al «cómo» y el propósito responde al «para qué». Cuando ambas cosas se unen aparecen nuevos modelos de negocio, nuevas formas de colaborar y una mayor capacidad para adaptarse a un mercado que cambia constantemente. Las empresas más competitivas serán aquellas capaces de innovar resolviendo problemas sociales y ambientales, porque ahí es donde estarán las oportunidades de crecimiento de los próximos años.

Cuando se habla de sostenibilidad, la mayoría piensa en medio ambiente y la sostenibilidad social suele quedar fuera del foco… ¿Qué oportunidades ofrece la sostenibilidad social y cómo encajan misiones como la de Envera?

Creo que precisamente ahí está una de las mayores oportunidades. Europa puede competir en innovación, talento y cohesión social, no únicamente en costes. La sostenibilidad social genera empleo inclusivo, mejora la productividad, fortalece la reputación y crea organizaciones mucho más resilientes.

Entidades como Envera demuestran que la inclusión no es una acción asistencial, sino una fuente de talento, compromiso e innovación. Y es por ello que hay muchas organizaciones con este mismo propósito. Hay que acercar a las empresas a estas organizaciones, pues las empresas que lo entiendan estarán mejor preparadas para atraer personas, clientes e inversión.

La sostenibilidad requiere cultura, no solo procesos. ¿Qué claves permiten que los equipos integren el impacto en su día a día?

Las personas necesitan entender que su contribución importa. Una clave es el reconocimiento y puesta en valor. No basta con enviar comunicaciones o publicar una memoria anual. Hay que facilitar que cualquiera pueda participar con acciones sencillas, reconocer ese compromiso y mostrar el impacto conseguido entre todos. Cuando las personas ven que forman parte del cambio, la sostenibilidad deja de ser un proyecto y pasa a formar parte de la cultura.

¿Cómo deben medir las organizaciones su contribución real al impacto y qué indicadores considera más relevantes para evitar el greenwashing?

Lo más importante es medir evidencias, no intenciones. Por ello la regulación es cada vez más exigente con la trazabilidad de las acciones y el impacto que generan. No basta con decir que existe un programa; hay que demostrar quién participa, qué acciones se realizan, qué resultados generan y cómo evolucionan en el tiempo. Cada vez tendrán más valor los datos verificables, trazables y auditables, porque son los que realmente generan confianza frente al greenwashing.

¿Qué características definen a los líderes que están impulsando la transformación sostenible en sus organizaciones?

Son líderes que entienden que la sostenibilidad no pertenece a un departamento, sino al modelo de negocio a la competitividad, a la cultura y talento, a la generación de marca, y a la relación con clientes, inversores y colaboradores. Escuchan, colaboran, toman decisiones basadas en datos y son capaces de movilizar a las personas alrededor de un propósito compartido. Sobre todo, entienden que crear impacto y crear valor económico ya no son objetivos opuestos.

¿Hacia dónde se dirige el modelo empresarial en los próximos años y qué papel jugará la sostenibilidad en la toma de decisiones estratégicas?

Creo que vamos hacia empresas mucho más transparentes, más colaborativas y mucho más orientadas al impacto. La inteligencia artificial permitirá medir mucho mejor lo que ocurre dentro de las organizaciones, pero seguirá siendo imprescindible el compromiso de las personas. Desde ODSiza, la apuesta es que en pocos años ya no preguntaremos si una empresa es sostenible; preguntaremos cuánto impacto positivo genera y cómo es capaz de demostrarlo, porque la sostenibilidad consiste en generar más valor, no en hacer menos daño. Las organizaciones que sepan movilizar a las personas y demostrar su impacto, tendrán un posicionamiento de liderazgo empresarial frente a los stakeholders. Y ese será un factor de competitividad muy potente.

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