NUEVO MODELO DOCENTE

El necesario “puente aéreo” entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Industria

Francisco Herranz
Desde hace seis años José Antonio Expósito Hernández dirige, con evidente pasión, los pasos del Instituto de Educación Secundaria (IES) Las Musas, un centro educativo situado en San Blas, un barrio eminentemente obrero situado en el este de Madrid.

Poco después de su nombramiento presentó un proyecto educativo rompedor, único en España y en Europa, que supuso la creación de un novedoso Bachillerato de Investigación, en el que los estudiantes colaboran en su formación con centros científicos públicos y privados nacionales e internacionales.

La lista de colaboradores del IES impresiona: la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Carlos III de Madrid, la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad Europea de Madrid, la Universidad de Barcelona, la Universidad de Estambul, el Hospital Universitario de Getafe, el Instituto Cervantes de Moscú, el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), el Centro Superior de Investigaciones (CSIC), el Centro de Ciencias Humanas y Sociales…

“Es un auténtico lujo que los jóvenes trabajen en temas de electromagnetismo, física cuántica o tumores, estando en contacto con investigadores durante un año”, responde Expósito entrevistado por industry TALKS. “Los investigadores son generosos, desprendidos”, añade, y ayudan a los bachilleres a completar un trabajo final que incluye una redacción de 50 folios, un póster científico y una exposición oral que indudablemente repercute en su expediente académico, tan importante para ingresar en la universidad.

El proyecto docente también incluyó la transformación de las aulas, con espacios físicos más llamativos. Expósito y su equipo optaron por la “educación transparente”. Echaron abajo algunos muros y pusieron cristales en las paredes de clases y despachos para que la ciencia y la investigación entraran con fuerza en las aulas. Es una revolución no sólo estética sino filosófica educativa. Los cambios los hicieron con el presupuesto del centro, ahorrando dinero. No contaron con apoyos de la Administración para acometer las reformas. “Bueno, algún impulso de la Comunidad de Madrid sí que hubo”, admite Expósito.

Los frutos recogidos por esta experiencia pionera están siendo “maravillosos”, explica el director con indudable satisfacción. El último ha sido muy mediático. Un grupo de estudiantes de primero y segundo de Bachillerato está construyendo un nanosatélite de dos kilos de peso y 20 centímetros de longitud que será lanzado al espacio, gracias a la tutorización de la profesora Ana B. Heller, doctora en Física/Astrofísica del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Tel Aviv. Su asesoramiento les será de gran ayuda ya que es fundadora y directora de los satélites estudiantiles israelíes Duchifat1 y Duchifat2 lanzados en 2014 y 2017. “La misión del nanosatélite es medioambiental porque así lo decidieron los alumnos que lo construyeron”, incide José Antonio Expósito, profesor de Literatura y doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid.

Preguntado si se hace lo suficiente en España para promocionar las vocaciones STEM, es decir, aquellas relacionadas con las Ciencias, la Tecnología, la Ingeniería o las Matemáticas, el director responde con un rotundo no. Es muy tímido lo que se hace, tanto que se diluye, agrega. Debemos apostar por la ciencia y la tecnología, porfía, y hacerlo ya en la etapa de la Educación Secundaria, porque si no es así, llegamos tarde a la Universidad. “Estamos haciendo cantera de científicos, que nos dan progreso y riqueza. Esto no se lo creen los dirigentes y hay que repetírselo. Sirven para engrandecer la conciencia social, para que la sociedad mire a la ciencia con respeto y emoción”, destaca el director del IES Las Musas. Su objetivo es que los adolescentes amen la ciencia con tanta intensidad como aman los deportes y especialmente el fútbol.

Citando al poeta Juan Ramón Jiménez que llamaba héroes a los españoles que en España se dedicaban decididamente a disciplinas estéticas o científicas, Expósito critica que la ciencia continúe enfrentándose a ruidos, desprecios y contratos precarios.

Su exitoso Bachillerato de Investigación, con unos excelentes resultados en la EvAU –la Selectividad de toda la vida– despertó el fuerte interés de instancias diplomáticas. Primero fue la embajadora de Israel. Y ahora hasta el embajador alemán quiere llevarse esa idea a su país. “Los chicos y las chicas tienen ganas de hacer cosas innovadoras”, subraya el docente. “Menos sintagma nominal; con eso se aburren”, remarca, pero, eso sí, sin renunciar al conocimiento. “Hay que transmitirlo de otra forma”, remacha.

¿Tienen que estar presentes la industria y la ciencia en las escuelas? “Por supuesto. Tenemos una FP en mantillas. Debería haber una conexión más ágil, más transparente, más dinámica” entre los centros educativos y las empresas. Y pone el ejemplo de Alemania y su afamada formación profesional dual.

“La escuela es uno de los sectores más difíciles de mover. No tenemos reconocimiento, ni medios, ni recursos suficientes. Debería haber un puente aéreo entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Industria”, sentencia. Así sea.

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