Así lo refleja el IX Barómetro Industrial 2026, elaborado por el Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial de España (Cogiti), en colaboración con el Consejo General de Economistas (CGE), a partir de las respuestas de 2.813 ingenieros técnicos industriales de todo el país. El estudio identifica tres preocupaciones principales entre los profesionales del sector: la dependencia energética exterior, la creciente dificultad para encontrar talento cualificado y el exceso de burocracia que condiciona la actividad empresarial.
La cuestión energética aparece como la gran prioridad estratégica para el colectivo. El 87% de los encuestados considera importante o muy importante avanzar hacia una mayor autonomía energética en España, una cifra que refleja la preocupación existente por la dependencia exterior y la volatilidad de los mercados energéticos.
Esta preocupación se ha intensificado por el contexto geopolítico internacional. El 83% de los ingenieros cree que las tensiones en Oriente Medio tendrán consecuencias negativas para la industria española, especialmente por el impacto que pueden generar sobre los costes energéticos y de producción. Más de la mitad de los encuestados considera que estas tensiones elevarán significativamente los costes industriales, mientras que casi un tercio teme una pérdida importante de competitividad para las empresas europeas.
Energía e infraestructuras, la gran preocupación de la industria
La inquietud no se limita al precio de la energía. El informe pone de manifiesto una percepción crítica sobre la capacidad actual de las infraestructuras eléctricas para acompañar el crecimiento industrial previsto. El 69% considera que existe un desfase importante entre la demanda energética futura y la capacidad real de la red, mientras que otro 19% cree que las infraestructuras solo están parcialmente preparadas. En la práctica, casi nueve de cada diez ingenieros perciben la necesidad de acelerar las inversiones para reforzar el sistema eléctrico español.
La importancia de esta cuestión se refleja también en las prioridades de inversión identificadas por los profesionales. Las infraestructuras energéticas encabezan claramente la lista de actuaciones necesarias para mejorar la competitividad industrial, con el respaldo del 74% de los encuestados. A continuación aparecen las infraestructuras logísticas, mencionadas por el 59%, y las infraestructuras de innovación y transferencia tecnológica, señaladas por el 44%.
En este escenario, las energías renovables y el almacenamiento energético son percibidos como la gran oportunidad para el futuro industrial de España y Europa. El 68% de los participantes identifica este ámbito como el sector estratégico con mayor potencial de desarrollo durante los próximos años, muy por delante de otras actividades emergentes.
No obstante, el informe muestra que los profesionales mantienen una visión crítica sobre la forma en que se está gestionando la transición energética. El 65% considera que, aunque el proceso es necesario, no se está desarrollando al ritmo ni con el equilibrio adecuados y advierte de posibles efectos negativos sobre la inversión y la competitividad empresarial. Solo un 27% destaca principalmente las oportunidades de modernización e innovación asociadas a esta transformación.
La falta de talento se consolida como un problema estructural
Junto a la energía, la escasez de talento se consolida como uno de los mayores problemas estructurales para la industria española. El 70% de los ingenieros considera que la falta de personal cualificado representa un obstáculo importante para el crecimiento y la competitividad del sector. Además, cuando se pregunta por los principales desafíos que afronta actualmente la industria, la ausencia de profesionales especializados aparece como la preocupación más mencionada.
Las causas de esta situación son diversas, aunque predominan los factores relacionados con el mercado laboral y el sistema educativo. El 56% atribuye la escasez de talento a unas condiciones laborales poco competitivas, mientras que el 55% señala el desajuste entre la formación académica y las necesidades reales de las empresas. A ello se suma la emigración de jóvenes profesionales, identificada por el 40% de los encuestados, y la insuficiente promoción de las vocaciones técnicas, apuntada por un 32%.
La transformación digital está intensificando todavía más esta problemática. La práctica totalidad de los participantes considera imprescindible reforzar la formación continua en competencias digitales para mantener la competitividad industrial. En concreto, un 63% la califica como indispensable y otro 30% la considera muy importante.
Sin embargo, la valoración de la oferta formativa actual es claramente insuficiente. El 67% de los ingenieros cree que la formación en competencias digitales presenta importantes carencias, ya sea porque resulta escasa o porque no responde a las necesidades reales de la industria.
Esta brecha también condiciona la implantación de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial. Según el estudio, las principales barreras para su adopción no son económicas, sino relacionadas con el conocimiento y el capital humano. El 62% señala el desconocimiento sobre las aplicaciones reales de la IA y el 60% la falta de profesionales especializados como los principales obstáculos para su incorporación efectiva a los procesos industriales.
A pesar de estos desafíos, el sector mantiene una percepción relativamente positiva de su situación actual. El mercado laboral continúa mostrando una elevada fortaleza. El 89% de los ingenieros encuestados se encuentra trabajando, frente a una tasa de desempleo de apenas el 3%, lo que confirma la elevada empleabilidad de estos perfiles técnicos.
Entre quienes trabajan por cuenta ajena, la percepción de estabilidad es especialmente elevada. El 79% otorga valoraciones positivas o muy positivas a la posibilidad de mantener su puesto de trabajo, mientras que las perspectivas de mejora de las condiciones laborales también muestran una evolución favorable respecto a la edición anterior del estudio.
La actividad empresarial tampoco refleja síntomas generalizados de deterioro. El 74% de los encuestados asegura que su empresa no ha experimentado reducciones de producción durante los últimos seis meses. Entre las compañías que sí han sufrido descensos, los motivos más habituales son la incertidumbre económica, la caída de la demanda y la dificultad para encontrar profesionales cualificados.
Menos burocracia y más reindustrialización para ganar competitividad
Más allá de la energía y el talento, el estudio lanza un mensaje claro a las administraciones públicas. La simplificación burocrática aparece como la principal medida que debería adoptarse para impulsar la competitividad industrial. El 73% de los ingenieros reclama reducir los trámites administrativos y agilizar los procedimientos estatales, mientras que el 60% exige una mayor estabilidad normativa y seguridad jurídica para favorecer la inversión empresarial.
Las comunidades autónomas tampoco escapan a esta demanda. Los encuestados consideran prioritario simplificar la burocracia regional, impulsar una formación profesional más adaptada al tejido productivo y facilitar el acceso a suelo industrial e infraestructuras estratégicas.
En cuanto a las prioridades de la política industrial española, la reindustrialización territorial ocupa el primer lugar con el 41% de las respuestas. Los profesionales consideran fundamental reforzar la capacidad productiva del país y recuperar peso industrial como palanca de crecimiento económico. La reducción de los costes energéticos aparece como segunda prioridad, seguida por la formación de talento y las reformas fiscales.
El Barómetro concluye así dibujando una industria que mantiene niveles elevados de empleo y actividad, pero que afronta importantes retos estructurales. La necesidad de garantizar una energía competitiva, reforzar las infraestructuras, atraer talento y reducir las trabas administrativas se perfila como la hoja de ruta que, a juicio de los ingenieros técnicos industriales, determinará la capacidad de España para consolidar un modelo productivo más fuerte, innovador y competitivo en los próximos años.

