A ambas orillas del río Ulla, los municipios de Padrón y Valga concentran un ecosistema empresarial único en España. Con inversiones millonarias activas y una proyección internacional creciente, Cortizo, Exlabesa y Extrugasa suman más de 1.700 millones de euros en ingresos anuales y lideran el mayor polo industrial del aluminio del sur de Europa.
Firmas con varias décadas de trayectoria por la iniciativa de tres emprendedores que comenzaron en modestos talleres y que hoy generan empleo y riqueza en la comarca, dividida entre A Coruña y Pontevedra, haciendo frente a la industria primaria del aluminio que en la actualidad solo conserva una planta en dificultades de la estadounidense Alcoa, también en suelo gallego (San Cibrao, en la costa de Lugo). Y es que alrededor de las tres empresas han crecido talleres mecánicos, empresas de automatización industrial, matricería, mantenimiento eléctrico y proveedores de gases industriales.
Los orígenes del mayor clúster de aluminio del sur de Europa
La génesis de este polo industrial del Ulla se remonta a las décadas de 1960 y 1970, un periodo en el que la actividad metalúrgica de la comarca se limitaba a la herrería y la carpintería metálica de carácter artesanal. Fue entonces cuando dos iniciativas locales, que posteriormente se convirtieron en tres, comenzaron la transformación de lo hoy es todo un tejido productivo marcado por un fuerte arraigo territorial y por vínculos familiares a ambas orillas del río.
El nacimiento de Extrugasa y Exlabesa está estrechamente entrelazado. Sus promotores aprendieron el oficio de la forja y la herrería de su padre en el taller familiar de Valga. Francisco Quintá fundó Exlabesa en el año 1966 en este municipio pontevedrés. Posteriormente, divergencias en la visión empresarial propiciaron una escisión familiar que llevó a su hermano, Andrés Quintá, a fundar Extrugasa en 1978, localizando también su actividad en el mismo municipio pontevedrés, lo que les ha convertido en rivales comerciales históricos en la misma comarca. A su vez, con el tiempo, Exlabesa ha instalado nuevas plantas en las coruñesas localidades vecinas de Rois y Padrón.
Por su parte, el Grupo Cortizo inició su andadura en 1972 en Padrón por la iniciativa de José Manuel Cortizo, que puso en marcha, con 21 años de edad, un modesto taller de carpintería de aluminio de 40 metros cuadrados.

La evolución de talleres a industrias
Las tres compañías supieron aprovechar el crecimiento de la construcción en España durante sus primeras décadas y cuando estalló la burbuja inmobiliaria en 2008, Cortizo y Exlabesa pudieron sortearla porque ya habían llevado sus negocios a otros mercados exteriores.
Además, estas firmas de capital familiar español han instalado sus propias plantas de fundición en Galicia para no depender de los proveedores en un sector en dificultades como el del aluminio primario y se han diversificado hacia otros sectores. En definitiva, han logrado transformar los modestos talleres originales en multinacionales especializadas en la extrusión de aluminio para la edificación, la automoción y la industria.
En la actualidad, los fundadores ya se han retirado y han dado paso al relevo generacional. Cortizo está pilotado por las hijas del fundador, Virginia y Raquel Cortizo; Exlabesa por Fernando y Felipe Quintá (este último además preside la Asociación Española del Aluminio y Tratamientos de Superficie, AEA), hijos del fundador Francisco; y Extrugasa por Javier y Francisco Quintá, los descendientes del promotor Andrés.
Tres estrategias de negocio diferenciadas
A pesar de su vecindad, el crecimiento de las tres corporaciones responde a modelos de gestión y expansión claramente diferentes.
Cortizo es uno de los milagros industriales gallegos. Una empresa familiar que se ha convertido en un gigante europeo, concentrado en la integración vertical (con su propia red de centros de distribución repartidos por toda la Península para la venta directa) y en la ingeniería propia. Es la que más ha crecido en volumen de negocio, con una facturación de 895 millones de euros en 2025 y 4.100 trabajadores. En los años 90 asumieron la ingeniería y el diseño de sus propios sistemas de cerramiento arquitectónico y comenzaron a fabricar perfiles de ventanas y fachadas para medio mundo.

En la actualidad, su expansión exterior se basa en construir fábricas de nueva planta como la de Radomsko (Polonia) o la nueva factoría en el mercado ibérico, en Chaves (Portugal); y sumar a sus centros de producción una red logística propia. Cuenta ya con nueve plantas en España, Francia, Polonia y Eslovaquia, además de un centro de distribución y logística en Croacia. Y vende en 81 países de los cinco continentes (el 76% de su producción está destinada a los mercados exteriores).
El grupo ha levantado el moderno y ambicioso Campus Tecnológico Cortizo Padrón, un centro industrial de ingeniería e I+D orientado al diseño de fachadas de aluminio para grandes proyectos arquitectónicos internacionales.
La empresa ya ha vestido con envolventes a medida edificios icónicos como las parisinas Torres Duo de Jean Nouvel, el nuevo Hospital de Massachusetts, el World Trade Center de Santo Domingo, la torre Hallets Point de Nueva York, la Mondrian Tower de Beirut o las Green Towers de La Paz (Bolivia). En este último proyecto diseñó una envolvente de fachada modular a medida (muro cortina) para dar respuesta a la altitud de la ciudad (más de 3.600 metros) y la fuerza de los vientos locales; para ello, la firma gallega tuvo que calcular y probar la resistencia estructural de los perfiles de aluminio y las juntas de estanqueidad para garantizar el aislamiento térmico y la seguridad de todo el conjunto acristalado, el más alto del país sudamericano.
En diciembre de 2025 inauguró una planta de reciclaje de aluminio de última generación en Coirós (A Coruña) tras invertir 38 millones de euros para producir 100.000 toneladas anuales de tocho reciclado. Y es que su estrategia actual responde a la diversificación: diseñan fachadas a medida para rascacielos, están entrando en el aluminio para automoción y en componentes industriales de alta precisión (perfiles para paneles solares).

Exlabesa
Por su parte, Exlabesa se ha convertido en otro titán de la extrusión y está desarrollando una estrategia de expansión internacional mediante adquisiciones. Con sede en Valga, la compañía alcanzó en el último ejercicio unos ingresos de 720 millones de euros y tiene una plantilla de 2.000 profesionales. Su estrategia para implantarse en mercados exteriores se fundamenta en comprar grandes factorías para transformarlas e integrarlas con rapidez, como ha hecho en Reino Unido (2001), Polonia (2008), Estados Unidos (2011); o adquirir empresas como Flandria Aluminium en Francia.
No obstante, la compañía presenta endeudamiento bancario prácticamente nulo, acometiendo su expansión internacional con la reinversión de flujos de caja y fondos propios, orientándose hacia componentes de chasis para el vehículo eléctrico altamente demandados. En la actualidad tiene 11 fábricas en ocho países: España, Reino Unido, Estados Unidos, Polonia, Francia, Alemania, Marruecos y, la más reciente, en Portugal.
La empresa tiene una presencia comercial global, destinando más del 80% de su producción fuera de España, principalmente a otros mercados de la Unión Europea.
Extrugasa
La tercera de estas empresas vecinas, Extrugasa, se ha orientado hacia la especialización en acabados de mayor valor añadido en su fábrica pontevedresa y en eficiencia energética, con una menor presencia internacional: el 53,4% de su producción va dirigida al mercado nacional, el 37,5% a Europa (especialmente Francia y Portugal) y el 8,9% al resto del mundo (principalmente Marruecos). En 2024 (último dato publicado) alcanzó una cifra de negocio de 133,4 millones de euros y cuenta con 800 empleados.

La firma centraliza el 100% de su producción en su macrocomplejo de 225.000 metros cuadrados en Valga, apoyado por una red de almacenes de distribución en toda España y Portugal. Su modelo competitivo prima la especialización y el valor añadido (acabados superficiales y anodizados de alta gama). Para contener el impacto de los costes energéticos en sus hornos de fundición, su estrategia actual destaca por la implantación del mayor parque fotovoltaico de autoconsumo industrial sobre cubierta de Galicia, además de invertir en su propia fundición de reciclaje.
El eje del Ulla: la ventaja competitiva del Silicon Valley gallego del aluminio
La coexistencia de Cortizo, Exlabesa y Extrugasa en el entorno de Padrón y Valga ha convertido el eje fluvial del Sar-Ulla en el mayor polo industrial de transformación del aluminio del sur de Europa. La suma de sus negocios genera un músculo económico que supera ya los 1.700 millones de euros anuales y que sostiene 6.900 empleos directos (aunque no todos ellos en la zona, por la expansión nacional e internacional de las tres empresas).
La articulación geográfica del río Ulla como frontera natural entre las provincias de A Coruña y Pontevedra ofrece una ventaja competitiva. Décadas de actividad concentrada han generado economías de escala en la cadena de suministro regional, una densa red de proveedores auxiliares y un ecosistema de altísima especialización en la mano de obra local. Esta concentración de talento técnico optimiza la capacidad logística y operativa en la comarca, permitiendo al clúster mitigar las amenazas sectoriales.
No obstante, a pesar de sus trayectorias de éxito, el sector ha lanzado advertencias en encuentros sectoriales por la escasez de aluminio primario estable en España que hace a las empresas depender del exterior y estar expuestas a las tensiones geopolíticas. Asimismo, el coste de la electricidad y el gas para sus hornos de fundición y lacado es un hándicap frente a competidores turcos o chinos, que producen con normativas ambientales menos exigentes y costes laborales menores. Ello, en un contexto de caída de la demanda, guerras comerciales y nuevas regulaciones que generan incertidumbre.

