JORNADA

Datos, IA y computación cuántica: la empresa española acelera la convergencia tecnológica para convertir el conocimiento en negocio

Los datos han dejado de ser únicamente información para convertirse en un activo económico. La inteligencia artificial ya no puede desarrollarse sin una gobernanza sólida que garantice la calidad de esa información. Y la computación cuántica, lejos de ser una tecnología futurista, empieza a abrirse paso como la próxima gran revolución para sectores como la industria, la salud, la energía o la logística.

Ese fue el principal mensaje de la XX Asamblea de Conetic, celebrada bajo el lema «Datos, IA y Cuántica: convergencia, realidad de mercado y casos de éxito», que reunió a representantes de la Administración, organismos de normalización, empresas tecnológicas e industria para analizar el presente y el futuro de estas tecnologías.

Durante la inauguración, José L. Pancorbo, presidente de Conetic, defendió el papel estratégico del sector TIC en la economía española y destacó el crecimiento de la confederación, que agrupa ya a cerca de 1.400 empresas y más de 80.000 profesionales. Pancorbo subrayó que la digitalización ya no puede entenderse como un proceso aislado, sino como un cambio estructural en el que datos, inteligencia artificial y computación cuántica forman parte de una misma transformación tecnológica.

La primera mesa de debate, moderada por Raúl Uría Elices, coordinador del Grupo de Trabajo de Datos e IA de Conetic, abordó uno de los grandes desafíos actuales: cómo convertir los datos en un negocio sostenible. A lo largo del debate quedó patente que la tecnología necesaria ya existe, pero que el verdadero reto pasa por generar confianza, crear modelos de negocio viables y favorecer la colaboración entre empresas y administraciones.

Para Ana Palacios Morillo, directora general del Dato del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, la barrera ya no es tecnológica. «El reto está en encontrar modelos de negocio que permitan que compartir datos sea rentable para las empresas», afirmó. La responsable ministerial defendió que la Administración debe impulsar espacios de datos que permitan reutilizar la información sin perder la soberanía sobre ella. «No se trata únicamente de abrir datos, sino de establecer reglas claras sobre qué se comparte, cómo se comparte y con qué finalidad. Lo importante es hacerlo desde la confianza, la proporcionalidad y la trazabilidad para no perder la confianza ni de las empresas ni de los ciudadanos», aseguró.

Una de las cuestiones que más consenso generó fue la necesidad de garantizar la calidad de los datos antes de ponerlos al servicio de la inteligencia artificial. En este sentido, Carmen Martín Marino, responsable de Negocio Electrotecnia y TIC de UNE, recordó que las herramientas para conseguirlo ya existen gracias a los estándares desarrollados en los últimos años. «Las especificaciones proporcionan procedimientos y buenas prácticas para implantar un sistema de gobierno del dato y garantizar su calidad durante todo su ciclo de vida», explicó. A su juicio, esas normas constituyen «un habilitador clave para la inteligencia artificial», ya que permiten asegurar la fiabilidad de los resultados obtenidos por los modelos.

Desde la perspectiva empresarial, Óscar Rived Cristóbal, CEO de Larraby Electrónica y Comunicación y coordinador de Normalización de Conetic, puso el foco en la necesidad de que las empresas aprendan a valorar económicamente la información que generan. Explicó el trabajo que desarrolla CONETIC junto a UNE para elaborar una guía que permita identificar, valorar y monetizar los activos de datos. «Muchas organizaciones tienen un activo de enorme valor y todavía no son conscientes de ello», señaló. Además, recordó que monetizar no significa únicamente vender información, sino también utilizarla para optimizar procesos y reducir costes.

Por su parte, Antonio Sánchez Zapal, gerente de Desarrollo de Negocio de Anysolution, defendió que el éxito de los espacios de datos dependerá de la capacidad para generar beneficios compartidos. «Las empresas están formadas por personas y esas personas necesitan espacios de colaboración donde descubran que, en muchos casos, colaborar resulta más rentable que competir», afirmó. En su opinión, compartir información permitirá tanto al sector público como al privado tomar decisiones basadas en datos en tiempo real, mejorando la competitividad y la eficiencia de las políticas públicas.

La segunda parte de la jornada trasladó el foco hacia la computación cuántica, una tecnología que, según coincidieron los participantes, comienza a abandonar definitivamente el ámbito de la investigación para incorporarse a la estrategia empresarial.

En su ponencia, Aitor Moreno Fernández de Leceta, responsable de Tecnologías Cuánticas y Sistemas Cuánticos de LKS Next, defendió que el debate ya no debe centrarse en cuándo llegará la computación cuántica, sino en cómo prepararse para aprovecharla. «Ya existen ordenadores cuánticos de propósito general y sistemas especializados», recordó. Durante su intervención explicó cómo esta tecnología permitirá resolver problemas imposibles para la informática clásica mediante nuevas capacidades de cálculo y mostró casos reales relacionados con la optimización industrial, la salud, la logística o la simulación de nuevos materiales. «Los modelos de IA cuántica son siempre más precisos y más sensibles que los clásicos», aseguró.

Moreno lanzó además una advertencia sobre la velocidad con la que evolucionará este nuevo paradigma tecnológico. «Nos quedan tres años», afirmó en referencia al horizonte de 2030 que manejan numerosos expertos para la madurez de estas tecnologías. «Si esperamos a que la computación cuántica esté completamente implantada, volveremos a llegar tarde. No podemos limitarnos a ser usuarios avanzados; tenemos que convertirnos en promotores de esta nueva industria».

La mesa posterior, moderada por Xabier Albirdi Pons, director de Innovación y Proyectos de Conetic, analizó precisamente cómo acelerar ese salto desde la investigación hasta el mercado.

Para Francisco Javier García Vieira, director de Servicios Públicos Digitales de Red.es, el camino pasa por desarrollar casos de uso que permitan demostrar el impacto real de estas tecnologías. «Los casos de uso obligan a participar a todos los actores de la cadena de valor y ayudan a acercar la investigación al negocio», explicó. A su juicio, la estrategia nacional debe servir para consolidar un ecosistema que impulse la innovación y permita a las empresas españolas posicionarse en un mercado que calificó de «imparable».

Una visión compartida por Víctor Carvini Cretcheley, presidente y cofundador de Qilimanjaro Quantum Tech, quien destacó precisamente el acierto de abordar conjuntamente datos, inteligencia artificial y computación cuántica. «Existe una hibridación entre estas tecnologías que va a acelerar las capacidades de todas ellas», afirmó. El directivo explicó que la computación cuántica permitirá complementar a la inteligencia artificial, incrementando su capacidad de cálculo y reduciendo incluso el consumo energético asociado a los grandes centros de datos. También defendió el papel que pueden desempeñar las startups europeas en un mercado que todavía está definiendo cuáles serán las arquitecturas tecnológicas dominantes.

Durante el coloquio también intervino Itziar Landa Torres, responsable de Digitalización de Petronor, quien aportó la visión de la gran industria y defendió que sectores como la energía ya deben comenzar a experimentar con la computación cuántica para estar preparados cuando alcance su plena madurez. La responsable de digitalización puso de relieve el potencial de estas tecnologías para optimizar procesos industriales, mejorar la eficiencia energética y acelerar la toma de decisiones basada en datos.

Como conclusión, la XX Asamblea de CONETIC dejó un mensaje claro: el futuro de la competitividad empresarial dependerá de la capacidad para integrar datos, inteligencia artificial y computación cuántica dentro de una misma estrategia de innovación. Una transformación que exigirá reforzar la colaboración entre administraciones, empresas tecnológicas, industria y centros de conocimiento, impulsar estándares que garanticen la confianza en los datos y acelerar el desarrollo de casos de uso que permitan trasladar la investigación al mercado. Porque, como quedó patente a lo largo de toda la jornada, el reto ya no consiste en imaginar el futuro de estas tecnologías, sino en decidir quién liderará su desarrollo y quién llegará tarde a la próxima revolución digital.

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