El consenso fue claro: estamos inmersos en una nueva era geopolítica donde el protagonismo de Pekín es ineludible, generando a la vez oportunidades colosales y riesgos estratégicos para España y Europa.
“Nos adentramos en una nueva era de incertidumbre donde el proteccionismo y la prioridad de la seguridad imperan frente a la eficiencia económica”, advirtió en la apertura del evento Pablo de Ramón-Laca, presidente ejecutivo de Cesce. Sin embargo, lanzó un mensaje de capacidad de acción: “Lejos de ser totalmente impredecible, el nuevo mundo es terreno que nuestras empresas pueden conquistar”.
Cesce, como Agencia Española de Crédito a la Exportación, protege a las empresas frente a riesgos de impago, catástrofes naturales o situaciones de conflicto político, entre otros casos. Al asegurarse, Cesce facilita el acceso a la financiación y obtención de los avales que suelen necesitar los proyectos industriales. Actúa en todos los sectores productivos y en los cinco continentes, incluyendo inversiones estratégicas en España y contribuyendo a la lucha contra el cambio climático mediante las llamadas Pólizas Verdes, siempre con el respaldo y la garantía del Estado español.
Por su lado, la Fundación Política Exterior está asociada al grupo que edita desde hace casi 40 años la revista Política Exterior, líder del análisis internacional en lengua española.
La estrategia china: ¿Liderazgo o supervivencia?
El corazón del debate se centró en dilucidar el verdadero objetivo final de China. ¿Aspira a reemplazar a Estados Unidos como potencia hegemónica o su motivación es más profunda y reactiva? Rafael Dezcallar, embajador de España en China entre 2018 y 2024, ofreció una clave histórica. “Lo que impregna tanto la política exterior como la economía en China es el pragmatismo”. Según su análisis, el discurso oficial se vincula a la tradición imperial: “Uno de los mensajes es: nosotros simplemente estamos volviendo a lo que siempre hemos sido”.
Para Dezcallar, el objetivo primordial no es mesiánico, sino defensivo. “El objetivo primero de China es que Estados Unidos no sea capaz de dominarle a ella, de controlarla, que es lo que sucedió durante el siglo de humillación” como llaman ellos a las guerras del opio.
Sin embargo, en la práctica, esa defensa se traduce en una pugna directa con el liderazgo estadounidense. “Cuando plantas cara a la gran potencia, se crea una situación de tensión entre ambas que difícilmente se traduce en un equilibrio pacífico”, enfatizó.
Alfonso Noriega, consejero jefe de la Oficina Económica y Comercial de España en Pekín, coincidió en la visión estratégica. “China tiene marcados unos objetivos a muy largo plazo”, manifestó De hecho, se habla de conseguir para 2049 —centenario de la Revolución iniciada por Mao Zedong— la revitalización de la nación china. Sin embargo, este resurgir se produce en un mundo interdependiente, lo que genera fricciones masivas. “China, en muy poco tiempo, ha crecido mucho, pero ha generado unos desequilibrios inmensos con el resto del mundo”, señaló, destacando su dominio en sectores críticos: “Produce el 90% de los paneles solares a nivel mundial, el 80% de las baterías, el 90% de las tierras raras, más del 50% de los buques civiles”.
Rafael Loring, analista de Riesgo País de Cesce, matizó que, aunque el discurso oficial rechace la hegemonía, la práctica apunta a una pugna por el liderazgo. “El papel no buscan ser el nuevo poder hegemónico, pero lo que sí buscan es tener una autonomía que es verdad que en la práctica esta pasa por socavar el liderazgo estadounidense”. Este pulso, advirtió, es de una duración histórica: “Esta confrontación no se va a decidir en los próximos 10 años, es un enfrentamiento que va a durar varias décadas”.
Las cifras hablan por sí solas. En apenas dos décadas, China ha pasado de representar el 4% del PIB mundial a cerca del 19%. Hoy concentra “el 30% del crecimiento de la economía global”, “un tercio de la producción industrial mundial” y se ha consolidado como el principal exportador del planeta, con un superávit comercial cercano al billón de dólares.
Estas cifras descomunales, insistieron los ponentes, son claves para entenderlo todo. “China es hoy un centro formidable de innovación y actividad industrial avanzada”, y su peso obliga a “meditar cuidadosamente cómo gestionar esta relación”, combinando competencia y cooperación mientras se mitigan riesgos y se preserva la seguridad económica.
Fortalezas colosales y grietas estructurales
La base del poder chino es su transformación económica. La secretaria de Estado de Comercio, Amparo López Senovilla, quien acaba de regresar de China, aportó datos contundentes. “China se ha consolidado como el primer socio comercial de España fuera de la Unión Europea. El comercio bilateral se ha multiplicado por 20 en los últimos 30 años. En 2024 el comercio bilateral entre ambos países superó los 52.000 millones de euros», declaró. Pero esta relación es profundamente asimétrica. “El 80% del déficit comercial de España se debe a la relación que tiene con China. Y además es un déficit de carácter estructural cuya corrección es difícil», desveló.

«A día de hoy, más de 400 empresas españolas están implantadas en China, en sectores que van desde la automoción hasta los servicios financieros, la tecnología industrial avanzada, la agroalimentación, la moda o la cosmética», explicó la secretaria de Estado. » Y además España también se ha convertido en un destino atractivo para la inversión china. Pocos países como el nuestro ofrecen oportunidades de inversión tan favorables y un entorno tan abierto y tan competitivo. El creciente interés de las empresas chinas hacia nuestro país se hace especialmente visible en áreas vinculadas a la transición ecológica, a la movilidad sostenible y a las energías renovables», declaró.
Relaciones España-China, «una etapa muy buena»
Para López Senovilla, China es hoy un centro formidable de innovación y actividad industrial avanzada y ese liderazgo debe acompañarse de una mayor diversificación, pero también de transparencia y equilibrio en las relaciones económicas internacionales. «Para España esta estrategia implica, traer inversión productiva de alto valor añadido que genere empleo de calidad capaz de integrar actividades de I más D en nuestro ecosistema, de potenciar talento, de dinamizar cadenas de suministro locales y de reforzar la resiliencia industrial europea», continuó diciendo.
La secretaría de Estado puntualizó que los vínculos bilaterales entre España y China atraviesan «una etapa muy buena», e hizo repaso a los contactos de muy alto nivel ocurridos en los dos últimos años. En 2023, ambos Estados conmemoraron el 50º aniversario de sus relaciones diplomáticas con la visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Hainan y Pekín. Sánchez regresó en septiembre de 2024 con una nutrida representación de empresas españolas. Y repitió en abril de 2025. Cinco meses después, en octubre, el ICEX recibió en España a una delegación de más de 50 compradores chinos. Finalmente, en noviembre los Reyes protagonizaron una visita de Estado viajando a Chengdu y Pekín junto con el ministro de Economía y Comercio, Carlos Cuerpo.
Y los contactos no acaban aqui. El próximo año, como adelantó la secretaria de Estado, está previsto un nuevo viaje a China para celebrar la trigésima edición de la Comisión Mixta Económico e Industrial, un hito que resulta especialmente relevante en la relación bilateral, sobre todo porque ambas partes han suscrito un acuerdo elevando el estatus de esa Comisión Mixta a nivel ministerial, reforzando así la ambición y la profundidad de la cooperación mutua. «Reforzar nuestras relaciones con un actor de la importancia de China adquiere una relevancia estratégica en un momento en que la economía mundial enfrenta crecientes tensiones comerciales y una tendencia a la fragmentación», admitió López Senovilla.
El futuro de esa monumental máquina industrial que es China está plasmado en los planes quinquenales, heredados del sistema comunista. Aunque el próximo plan, el decimoquinto, aún no está aprobado formalmente, sus líneas maestras son claras: modernización industrial, autosuficiencia tecnológica, seguridad económica y sostenibilidad, con una apuesta decidida por la inteligencia artificial, la automatización y la industria avanzada. Noriega explicó que la próxima hoja de ruta (2026-2030) continuará la senda del Made in China 2025, que ya ha logrado dominancias globales, por ejemplo, en el caso del vehículo eléctrico. “China es el primer productor, el primer exportador. El año pasado produjo 32 millones de vehículos, de estos 13 millones vehículos eléctricos. Eso quiere decir el 70% de todos los vehículos eléctricos producidos a nivel mundial”.
Sin embargo, este modelo orientado a la oferta y la exportación genera desequilibrios internos y externos. El gran desafío, coincidieron los expertos de la jornada, es la transición hacia un crecimiento impulsado por el consumo interno.Loring alertó sobre esas dificultades. “La demanda interna en China ahora mismo está gripada y la razón sigue siendo la crisis inmobiliaria”, opinó. Desde 2021, con el colapso de grandes promotoras, el sector inmobiliario —motor tradicional del crecimiento— se ha convertido en un lastre. Las medidas de estímulo han tenido efectos “puntuales”, pero no han restaurado la confianza del consumidor.
Y añadió otros problemas estructurales. “El endeudamiento interno en China es del 300% del PIB”. Y a largo plazo, la demografía se erige como una losa: “La próxima década de los 2040 van a perder 100 millones de habitantes” y eso va a tener un impacto directo sobre la productividad, pronosticó.
El embajador Dezcallar introdujo una perspectiva crucial; en China, la economía está subordinada a la política. “El objetivo del crecimiento económico chino ha sido convertir a China en un país fuerte, grande, que deje de ser dominado por los extranjeros. El bienestar de la población es una consecuencia lateral bienvenida, pero no es el objetivo principal”, remarcó. Esto explica, según él, la obsesión con la autosuficiencia tecnológica, ejemplificada en la respuesta a las sanciones estadounidenses: “El principal contraataque de China ha sido doblar la apuesta por la autosuficiencia tecnológica, invertir más recursos, movilizar al partido”, añadió.
Por otro lado, la creciente concentración de poder en torno a Xi Jinping (presidente y secretario general del Partido Comunista) tiene ventajas —rapidez decisoria, movilización rápida de recursos—, pero también riesgos. “Cuando desaparece el líder”, se advirtió, “en las autocracias se genera un vacío de poder”.
Además, el mayor peso del Estado y del Partido en la economía introduce fricciones. Xi ha apelado al “patriotismo de los empresarios” más que a la eficiencia, y episodios como el de Jack Ma, propietario de la marca Alibaba y uno de los empresarios chinos más ricos del mundo enviaron un mensaje inequívoco: el poder último no está en el mercado. Ma estuvo desaparecido de la escena pública varios años después de criticar el sector financiero de China en 2020.

Europa vista como Disneylandia
Frente a este panorama, la posición de Europa fue analizada con realismo e incluso con rasgos de alarma. “Yo creo que la percepción china de Europa es bastante negativa en este momento. Los chinos nos ven como una especie de Disneylandia y nuestra tarea, por supuesto, es desmentir a los chinos esa confianza que tienen en que a Europa se la pueden merendar”, declaró Dezcallar sin pelos en la lengua.
Su diagnóstico sobre la debilidad europea fue severo. “Europa tiene que salir de su autocomplacencia. Como no empecemos a hacer las reformas que tenemos que hacer, al final seremos un peón de decisiones que tomarán otros”. Puso el foco en la dependencia defensiva: “La dependencia defensiva genera dependencia política. ¿Queremos depender de verdad de las decisiones que tome Trump?”. Su llamamiento fue a la unidad y a la inversión estratégica: “Si no pensamos en clave europea estamos perdidos”.
Sobre la compleja relación triangular, López Senovilla delineó la posición oficial española, que refleja el consenso europeo. “No se trata de elegir a China o Estados Unidos. Europa y España dentro de ella deben actuar desde la defensa de sus intereses estratégicos, preservando condiciones de competencia leal”. Abogó por una relación dual, que responda a “competencia versus cooperación o competencia junto a cooperación”, buscando atraer inversión de alto valor añadido y mitigar los riesgos de dependencia.
Oportunidades y riesgos para las empresas
Para las empresas españolas y europeas, China sigue siendo un destino ineludible pero lleno de obstáculos. Noriega ofreció una guía práctica. “Las empresas españolas tienen oportunidades cuando tienen un producto, un servicio verdaderamente diferenciad. Tienen que ser empresas muy competitivas y muy dinámicas”, desveló el consejero jefe de la Oficina Económica y Comercial de España en Pekín. Destacó que China ya no es solo un imitador, sino un ecosistema de innovación: “Hay empresas españolas que ya han designado a sus responsables en China como Chief Technological Officer a nivel global, porque realmente es el lugar en el que está habiendo más innovación”.
Sin embargo, enumeró una larga lista de riesgos: condiciones de competencia desleales, acceso limitado a compras públicas, problemas de propiedad intelectual, y, sobre todo, la incertidumbre geopolítica derivada no solo de la guerra en China sino también del futuro de la soberanía de la isla de Taiwán. “La guerra comercial ha impactado a muchas empresas española y están desarrollando su actividad con mucha incertidumbre”.
Un tema particularmente espinoso es la inversión china en Europa. Noriega advirtió del riesgo de crear “burbujas chinas en el exterior”; por ejemplo, fábricas de ensamblaje que no generan verdadero valor local. “Para intentar romper y evitar eso, es importante que se trabaje de forma coordinada para establecer una condicionalidad que permita que [las inversiones] verdaderamente genere valor, talento, transferencia de conocimiento y tecnología”.
El epicentro del riesgo: Taiwán
La jornada no pudo eludir el tema que más podría desencadenar un conflicto abierto entre las dos superpotencias. Lorca analizó la situación actual, destacando la volatilidad que introduce la administración Trump. “Debido a cómo es Trump y su modo tan transaccional, utiliza Taiwán como moneda de cambio en sus negociaciones comerciales”. Esta instrumentalización, sumada a la firmeza china sobre lo que considera una “provincia separatista”, mantiene el riesgo en un nivel preocupantemente alto, aunque un conflicto armado directo sigue considerándose un escenario extremo que ambas partes querrían evitar.
Conclusión: Navegar la complejidad
El retrato final que surgió de la jornada es el de una China poderosa pero no invencible, asentada en fortalezas industriales espectaculares pero acosada por debilidades estructurales profundas. Su ambición no es, quizás, gobernar el mundo, pero sí remodelarlo para garantizar su propia seguridad y preeminencia, lo que inevitablemente choca con el orden liderado por Estados Unidos.
Para Europa y España, el camino es estrecho. Requiere, como señaló Pablo de Ramón-Laca de Cesce, “trabajar de forma conjunta para que las empresas dispongan de todas las herramientas de información, de financiación y de aseguramiento”. Pero también exige, en palabras del embajadorDezcallar, un despertar estratégico y una mayor integración europea para dejar de ser “un peón” en el tablero.
La secretaria de Estado de Comercio cerró su intervención con una fórmula que resume el desafío: una política “realista, coherente y ambiciosa”. En un mundo desordenado por el ascenso chino, el realismo implica reconocer su poder; la coherencia, actuar con una voz europea unida; y la ambición, confiar en la capacidad de competir desde la defensa de un modelo de sociedad que merece la pena preservar. El tiempo dirá si Occidente está a la altura de este triple requisito.

