Cementos Molins ha informado al regulador y supervisor de los mercados, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), del acuerdo de admisión en la Bolsa de Madrid y su pretensión de comenzar a cotizar en el Sistema de Interconexión Bursátil Español (SIBE) del Mercado Continuo el lunes 13 de julio “o en fechas próximas a dicha jornada”.
Aunque la empresa explica que esta decisión es adicional a su actual cotización en la Bolsa de Barcelona, en la práctica implica el fin del histórico y limitado sistema de corros en el mercado bursátil de la Ciudad Condal, en el que los títulos de la cementera han cotizado con unos niveles de liquidez residuales durante décadas.
Una decisión que en 1942 se tomó para que de forma externa se estableciera un precio objetivo e independiente en las herencias y transmisiones de los paquetes accionariales de la familia propietaria, los Molins, los descendientes de los fundadores Juan Molins Parera y Joaquim Molins Figueras (padre e hijo). Era la forma de evitar diferencias familiares sobre el valor de la empresa sin intereses personales de por medio.
Pero la saga de los fundadores, que aglutinaba el 90% de la propiedad selló un pacto de sindicación de acciones. Esto es, un acuerdo privado o parasocial (de socios) entre accionistas en el que se comprometen a actuar de forma unificada, principalmente para votar en un mismo sentido en las juntas generales o para restringir la venta de sus acciones.
Como consecuencia, los títulos comenzaron a tener escasa negociación y liquidez, por lo que el precio en los corros se volvió irrelevante y dejó de cumplir su función original como árbitro o tasador del valor de la compañía.
De esa forma, el objetivo ahora de la compañía canalizar la negociación de las acciones en el Mercado Continuo para reforzar su liquidez y alinear la negociación del valor con los estándares del mercado bursátil español. Al tiempo, supone un nuevo paso en una transformación más estructural y profunda de la empresa familiar, iniciada hace un año y que alcanza a la gobernanza, la estrategia de expansión internacional y el equilibrio de su balance financiero.
La rama familiar Molins Amat, fuera del pacto accionarial
Los cambios comenzaron hace un año, aunque su origen viene de más lejos. La familia propietaria de la empresa era dueña en conjunto del 90% de las acciones. Una de sus ramas, los Molins Amat, ocupaba la presidencia con Joan Molins Amat, cuando se tomó una decisión histórica: el traslado de la sede corporativa de Barcelona a Madrid durante el procés catalán (2017). Un movimiento que llegó hasta los tribunales y que fue rectificado siete años después, con la reubicación de la sede social en Cataluña, en la localidad barcelonesa de Sant Vicenç dels Horts.
Un año más tarde, durante el pasado verano, el consejo de administración formalizó el relevo del presidente. Fue sustituido por Julio Rodríguez, que permanece en el cargo en la actualidad y que había sido consejero delegado de la compañía durante nueve años, convirtiéndose en el primer presidente (aunque no ejecutivo) de la empresa ajeno a la familia fundadora y propietaria en sus casi 100 años de historia. No obstante, es un ejecutivo sobradamente conocedor tanto del negocio como de los accionistas.

En la misma línea, el CEO de la corporación en esta nueva etapa tampoco es un miembro de la saga familiar. Marcos Cela había asumido las funciones ejecutivas en junio de 2024, relevando precisamente a Julio Rodríguez. El actual consejero delegado también es un viejo hombre de la casa. Antes de su nombramiento, formaba parte del comité ejecutivo de la compañía y lideraba las regiones de Asia, África y Sudamérica.
Poco después de completarse esta separación entre propiedad y gestión —un paso habitual en las empresas familiares en aras de la profesionalización—, en diciembre del pasado año, se produjo la ruptura del histórico pacto de sindicación de voto por parte de las tres ramas de los Molins, descolgándose el bloque de los Molins Amat (que ahora ostenta el 31,52% de las acciones). Los Molins López-Rodó (que tienen el 25,302% de los títulos) y los Molins Gil (con el 33,772%) se quedaban al mando al mando de la compañía porque en conjunto suman el 59,07% de las acciones. Además, el nuevo pacto social que estará en vigor hasta diciembre de 2030, ha sido secundado también por otros accionistas minoritarios de la familia, representando el 59,785% del capital. Por el contrario, los titulares del 15,075% de las acciones que hasta esa fecha eran parte del convenio no lo prorrogaron.
La compra de Secil y el reto de la descarbonización
Cementos Molins ha culminado a finales del pasado mes de marzo la adquisición del 100% de su competidora portuguesa Secil al grupo industrial luso Semapa. La operación, cerrada por un importe de 1.400 millones de euros, supone un gigantesco paso adelante para la empresa catalana al hacerse con una compañía que facturó 751 millones de euros en 2025, con un resultado bruto de explotación o ebitda de 195 millones.
Por su parte, la cementera catalana, que tiene una plantilla de 3.500 empleados, alcanzó los 1.368 millones de euros de volumen de negocio en 2025, con un ebitda de 356 millones de euros y un beneficio neto de 185 millones de euros. Con esta operación, refuerza su liderazgo en la Península Ibérica y accede al mercado de Brasil, único gran país de Sudamérica en el que no estaba presente hasta ahora.
Crecimiento internacional de Molins
Tras la adquisición de la portuguesa, especializada en el sector de la construcción, Molins está ya presente en 15 países con fábricas propias: España, Portugal, Croacia, Turquía, México, Argentina, Uruguay, Colombia, Bolivia, Brasil, Estados Unidos, Túnez, Angola, Cabo Verde y Bangladesh. Además, tiene negocio en otros cinco mercados: Francia, Países Bajos, Bosnia-Herzegovina, Líbano e India.
La operación se ha costeado mediante de recursos propios, con el lanzamiento de nuevas emisiones de bonos corporativos con los que ha captado 500 millones de euros y con la firma de un crédito sindicado bancario por valor de 1.180 millones de euros (los fondos de la emisión de bonos se han destinado al primer préstamo puente de la banca para la compra de la empresa lusa y se ha refinanciado el segundo tramo del crédito de 680 millones de euros).
En paralelo, la corporación debe acometer inversiones en la modernización y descarbonización de sus plantas industriales (incluyendo las plantas de Secil) para evitar las penalizaciones de la Unión Europea por emisiones de CO₂.

Perfiles del sector energía en el consejo de Molins
En la Junta General de Accionistas del pasado 26 de junio se ha aprobado la reelección de Carles Rivera Molins y de Rafael Villaseca como consejeros (el primero como dominical y el segundo como independiente, aunque históricamente ligado a la empresa familiar).
También se aprobó el nombramiento como nuevos miembros del órgano de gobierno de la compañía de Pablo Molins Amat, un perfil jurídico y estratégico que preside la sociedad patrimonial Noumea —la que controla el 31,52% de las acciones de la cementera—, liderando el relevo generacional de los Molins Amat; y de Ignacio Monfort, no perteneciente a la familia, pero también tradicionalmente ligado a ella.
Además, se incorporan al órgano de gobierno dos consejeras independientes que responden a perfiles con larga y destacada trayectoria en el sector energético, especialmente en el eléctrico, que se ha convertido en una de las claves del negocio de las industrias electrointensivas como la cementera.
Son Ángeles Santamaría, una de las ingenieras y ejecutivas más potentes del sector energético en España, fue CEO de Iberdrola España y es una experta en energías renovables y transición energética; y Carmen Gómez de Barreda, que fue directora general de Omel (operador del mercado eléctrico), ha pasado por los consejos de grandes cotizadas como Red Eléctrica, Hispasat y Grupo Eulen y es un perfil institucional y de buen gobierno corporativo (compliance) que conoce regulación del mercado energético y del Mercado Continuo.

Molins puede captar capital en el Continuo
La estrategia de la compañía se ha centrado históricamente en su capacidad de crecimiento inorgánico a través de fondos propios y financiación bancaria, pero el salto de los corros al Mercado Continuo sitúa a Cementos Molins en una nueva posición con mayores opciones de financiación y captación de fondos.
La compañía afirma en su comunicado al supervisor de los mercados, que en este debut en el Mercado Continuo no habrá emisión de nuevas acciones. Pero, más adelante, la compañía tendrá la posibilidad de llevar a cabo una ampliación de capital líquida para comenzar a desapalancarse tras el incremento de su deuda financiera por la compra de Secil y las exigentes inversiones destinadas a la descarbonización.
También será posible negociar una salida ordenada o traspaso de bloques de acciones de familiares que deseen liquidez, como pudiera ser el caso de los Molins Amat que rompieron el pacto de socios en diciembre; de esta forma se podría abrir el capital a grandes fondos de inversión institucionales internacionales o destinar un porcentaje de títulos a la libre circulación en el mercado (free float). Actualmente, el porcentaje de títulos en manos de minoritarios es de solo el 5,25% porque la compañía tiene en autocartera otro 4,16%.
En definitiva, el toque de campana del próximo 13 de julio en Madrid no será un debut cualquiera. Para Cementos Molins, representa el adiós definitivo a su pasada estructura de propiedad y el inicio de una etapa en la que la transparencia actuará como el cemento que mantenga unida —o facilite la separación— a una familia que, tras casi un siglo de cohesión, ha decidido que el precio de su legado lo decida la oferta y la demanda.

