¿Qué significa para Repsol ser una de las marcas impulsoras del Congreso Nacional de Industria y qué objetivos persiguen con su participación?
Ser una de las marcas impulsoras del Congreso Nacional de Industria no es para Repsol un simple logo en un cartel, sino una responsabilidad y una oportunidad de liderazgo real. Para nosotros significa dar un paso al frente y materializar el compromiso firme que tenemos con la transformación industrial de España; no venimos de espectadores, somos protagonistas de ese cambio. Queremos enseñar con hechos —fuimos la primera compañía de nuestro sector en plantearnos el reto de cero emisiones netas para 2050— y contar cómo los combustibles renovables, el hidrógeno renovable, la eficiencia energética y la optimización de procesos pueden ser la base de una industria competitiva y sostenible. Nuestro objetivo es que, en los pasillos del Congreso y más allá, se escuche una invitación clara a caminar juntos —administraciones, pymes, centros de investigación, consumidores— para acelerar la transición con herramientas de mercado, una norma estable y cooperación público-privada real, uniendo voluntades y dejando atrás individualismos.
Desde su posición como gran compañía industrial y energética, ¿cuáles son hoy los principales retos para la competitividad de la industria española?
Desde la perspectiva de una gran compañía industrial y energética en plena transformación, nos encontramos con desafíos como creo que nunca antes habíamos afrontado. Y sin embargo, lejos de frenarnos, nos impulsan a superarnos día a día.
El primero de esos desafíos lo constituyen los altos costes y la volatilidad de la energía. Actuamos con nuestra capacidad de adaptación y buscando constantemente soluciones innovadoras para asegurar el acceso a energía a precios competitivos. El segundo reto reside en que, en algunos ámbitos, como en el caso de los combustibles y el hidrógeno renovables o la economía circular, la regulación se está desarrollando en estos momentos. En este escenario, es esencial disponer de una regulación que sea neutra tecnológicamente, lo más sencilla posible, coherente en todas sus partes y orientada a alcanzar metas a largo plazo. Sin este marco, llevar adelante proyectos industriales de gran envergadura, que exigen inversiones y largos plazos de desarrollo, supone un verdadero desafío.
El tercer reto es la creación de un mercado para los nuevos productos con baja huella de carbono y estimular su demanda. Sólo así se podrá favorecer la escalabilidad de nuevas tecnologías, como la transformación de residuos en combustibles líquidos renovables o la producción de hidrógeno renovable.
Finalmente, el talento. En Repsol somos muy conscientes de la importancia de contar con profesionales bien formados porque el talento es el motor que nos permite avanzar; por eso, la compañía ha puesto en marcha planes de formación integrales y continuos para nuestros profesionales, capacitándolos en nuevas tecnologías, procesos innovadores y en la digitalización de la compañía. Apostamos firmemente por el desarrollo de perfiles híbridos y multidisciplinares, capaces de combinar conocimientos en ingeniería, digitalización, sostenibilidad y regulación, porque estamos convencidos de que estos retos son oportunidades que sabremos transformar en logros para la industria española.
¿Cómo está integrando Repsol la descarbonización en sus procesos industriales sin comprometer la eficiencia y la rentabilidad?
Como compañía energética, estamos viviendo unos momentos apasionantes, una transformación sin precedentes. La transición energética está llena de desafíos y en Repsol los vivimos como grandes oportunidades. La descarbonización de nuestros procesos industriales los afrontamos con visión estratégica y con proyectos de transformación, que en muchos casos son pioneros, que requieren de desarrollo de tecnología y de grandes inversiones. Pero no podemos perder de vista la rentabilidad. Es el factor que garantiza la continuidad y el éxito de la transformación. Por eso vamos paso a paso: recientemente hemos dado luz verde a dos grandes electrolizadores, de 100 MW cada uno, para nuestros centros de Cartagena y Petronor (en Bizkaia). Los usaremos para producir hidrógeno renovable y sustituir progresivamente el convencional. Y aquí la clave es “progresivamente”, porque se trata de una transición. Y es que, al mismo tiempo que nos transformamos, debemos seguir suministrando a la sociedad la energía que necesita, en todas sus formas. Debemos acompañar a la sociedad y atender sus necesidades de energía actuales. Por eso apostamos por energías cada vez más descarbonizadas, todas ellas; y las conjugamos con el suministro de combustibles convencionales y productos esenciales como lubricantes, materiales y otros muchos con los que cuenta la sociedad hoy.
¿Qué papel juega la innovación tecnológica en la transformación de sus complejos industriales y en su estrategia de futuro?
En Repsol, la innovación tecnológica constituye un pilar fundamental que impulsa nuestra transformación como compañía energética. Tiene una aplicación integral pero especialmente destacada en la evolución de nuestros complejos industriales.
Bajo esta perspectiva, creo que hemos adoptado una actitud valiente y proactiva. Un ejemplo de esa valentía ocurrió en 2020, cuando supimos anticiparnos a las tendencias del sector y Repsol anunció el desarrollo de la primera planta dedicada exclusivamente a la producción de combustibles renovables, adelantándose tanto a las necesidades regulatorias como a las exigencias del mercado vinculadas al Reglamento ReFuel Aviation. Este enfoque permitió que la instalación estuviera operativa y preparada para suministrar combustibles renovables al mercado con antelación a la entrada en vigor de la normativa europea en materia de aviación. Además, nuestra planta de producción de combustibles renovables ilustra cómo tecnologías aplicadas al transporte por carretera han facilitado su incorporación en otros sectores, como la aviación y el transporte marítimo. Esta visión integradora favorece el aprovechamiento de economías de escala y fortalece la competitividad en costes, porque su uso en el transporte por carretera genera el volumen necesario para acelerar el desarrollo de soluciones renovables en sectores de difícil electrificación, como el aéreo y el marítimo. Y tuvimos la valentía de poner en nuestras estaciones de servicio un nuevo producto, el diésel renovable, dejando que sean los clientes los que elijan la mejor opción para su movilidad, sin tener que cambiar de vehículo. Creo sinceramente que este proyecto representa un claro ejemplo de “bien hecho en España”. Ahora ya está próxima la segunda planta, estamos finalizando el rediseño de una unidad del complejo industrial de Puertollano, dotándola de nueva tecnología, para que pueda producir diésel 100% renovable. Este año la pondremos en marcha. Porque se trata de apostar por nuestra industria, reconfigurarla y adaptarla, no de dejarla atrás.
Otro ejemplo es la producción de gasolina 100% renovable a escala industrial que logramos en 2025 y que es un hito tecnológico a nivel mundial. Hace dos años esto parecía inalcanzable y hoy es realidad. O el desarrollo de tecnología de producción de combustibles sintéticos, que van a jugar un papel muy importante en la descarbonización del transporte, y complementarios a los renovables. Estamos construyendo una planta de escala demostrativa en Bilbao, que servirá para aprender y escalar hacia la siguiente etapa, la industrial.
La valentía también está en la apuesta por la gasificación, una tecnología avanzada que transforma residuos sólidos urbanos en metanol. Este combustible renovable servirá para el transporte marítimo y la producción de SAF, gracias al proyecto pionero de la Ecoplanta de Tarragona, reconocido por la Comisión Europea por su carácter innovador y señalado como referente mundial tanto en la COP30 de Brasil como por el World Economic Forum en su reciente informe Fuelling the Future. Un proyecto que de nuevo, sitúa a España a la vanguardia internacional.
¿Qué tipo de perfiles profesionales serán clave para la nueva industria y cómo se está preparando Repsol para atraer y formar ese talento?
Los perfiles clave de la nueva industria ya han roto con el molde tradicional: no basta con ser ingeniero químico o industrial, hacen falta expertos en sostenibilidad que sepan medir y reducir la huella de carbono; ingenieros y técnicos con la mirada en la digitalización, el machine learning, el blockchain o la automatización; especialistas en mercados de energía, en economía circular y en normativa; personas con una visión transversal. Para atraerlos y formarlos, Repsol ha diseñado programas de captación temprana —prácticas, másteres y colaboraciones con universidades— y un plan de formación continua dentro de la compañía, poniendo el foco en hidrógeno, combustibles renovables, química circular y digitalización. Queremos que nuestro equipo trabaje en proyectos reales, tocando el futuro ya, sintiendo que cada día descubre algo nuevo y aporta a una causa colectiva.
¿Qué mensaje le gustaría trasladar a las empresas que asistirán al Congreso sobre el momento que vive la industria en España?
A las empresas que vendrán al Congreso les diría, con la cordialidad de quien comparte una misma travesía, que estamos ante una oportunidad histórica: podemos hacer de la industria de España el motor de prosperidad redefiniéndola desde la innovación, el crecimiento sostenible y la colaboración. Pero no hay atajos: necesitamos inversión a largo plazo, políticas estables, un clima regulatorio que dé certezas y una visión compartida donde los costes y riesgos no recaigan solo sobre unos pocos. La transición energética no es la carrera de unos cuantos héroes aislados, sino el esfuerzo colectivo de todos —empresas, administraciones, sociedad—. Si somos capaces de alinear miradas y voces, de poner en marcha cadenas de valor locales y de cuidar el talento y la gente de nuestros territorios, España puede emerger con una industria fuerte y resiliente, capaz de crear empleo de calidad y de convertir los retos en oportunidades para todos.

