ENTREVISTA ENVERA

Antonio Muñoz Gallego, socio de Skiller School: “En plena revolución de la IA tengamos presente que la tecnología sin talento humano no transforma nada”

La inteligencia artificial está cambiando las reglas del mercado laboral y obligando a las empresas a repensar qué talento necesitan. Talento, tecnología y empleabilidad convergen en un escenario donde actualizar capacidades ya no es una opción. Skiller School aborda ese reto añadiendo un componente de impacto social: que la revolución digital sea también una oportunidad para la inclusión.

Skiller nació muy vinculada a un problema: conectar con la industria tecnológica a personas con talento que no habían tenido esa oportunidad, ya fuera por estudios, edad o circunstancias profesionales. ¿Qué ha cambiado en las necesidades de las empresas para que encontrar talento tecnológico sea hoy un reto?

Durante mucho tiempo hemos asociado el talento tecnológico casi exclusivamente a determinadas titulaciones universitarias. Yo mismo vengo de la Facultad de Informática, pero la realidad del mercado nos está demostrando que el talento tecnológico puede proceder de muchos lugares diferentes. Hay personas que, con las capacidades, la metodología y el entrenamiento adecuados, pueden resolver perfectamente muchas de las necesidades tecnológicas que hoy tienen las compañías.

Además, tenemos otro problema: las empresas han realizado enormes inversiones en tecnología, pero no siempre cuentan con el talento necesario para aprovecharla. CMSWire señalaba precisamente que muchas organizaciones utilizan únicamente alrededor de un tercio de las capacidades de su martech stack, lo que puede traducirse en millones de dólares de inversión infrautilizada y también en una pérdida de credibilidad para los propios departamentos de marketing. El problema ya no es solamente tener tecnología. El verdadero reto es disponer de personas capaces de convertir esa tecnología en productividad, resultados y negocio.Y con la llegada de la inteligencia artificial esa necesidad va a ser todavía mayor.

La inteligencia artificial ha pasado en muy poco tiempo de ser una ventaja competitiva a convertirse casi en una competencia básica. ¿Estamos ante una verdadera transformación de los perfiles profesionales o existe también cierta “fiebre de la IA” que está llevando a las empresas a demandar capacidades que todavía no saben muy bien cómo utilizar?

Creo que hay un poco de las dos cosas. Como sucede con cualquier gran revolución tecnológica, existe una primera fase en la que parece que todo va a cambiar de manera casi mágica. La IA no va a ser magia, pero probablemente termine siendo mucho más importante de lo que todavía muchas empresas creen. Para mí, la inteligencia artificial va a convertirse en una capa adicional sobre nuestras propias capacidades. No sustituye automáticamente lo que sabemos hacer:multiplica lo que somos capaces de hacer.

Con el tiempo probablemente ocurra algo parecido a lo que pasó con el inglés o con las competencias digitales. Hubo un momento en el que eran un elemento diferencial y después pasaron a convertirse prácticamente en un requisito básico para determinados puestos.

Se habla constantemente de falta de talento tecnológico en España. Desde vuestra posición entre empresas y profesionales, ¿el problema es realmente que faltan personas cualificadas o que existe un desajuste entre lo que enseña el sistema formativo y lo que necesita la industria?

Yo no creo que España tenga un problema de falta de talento. Tenemos muchísimo talento. Lo que tenemos es un problema de conexión entre talento, formación y tecnología. Existe un gap entre las capacidades de muchas personas y las herramientas que las empresas necesitan utilizar en su día a día. Y cubrirlo no es sencillo porque muchas de esas tecnologías son caras, evolucionan constantemente y no siempre están al alcance de universidades o centros educativos. No podemos exigir a una universidad que invierta millones de euros cada pocos años para reproducir todo el ecosistema tecnológico que utiliza una gran compañía.

Por eso creo que hace falta un modelo diferente: un ecosistema en el que trabajemos conjuntamente instituciones educativas, empresas tecnológicas, compañías y talento. Ése es precisamente uno de los objetivos de Skiller: reducir la distancia entre lo que se aprende y lo que realmente se utiliza en una empresa. Y además hacerlo con un modelo que pueda actualizarse prácticamente a la misma velocidad a la que cambia la tecnología.

Cada vez defendéis más la aparición de un perfil híbrido, capaz de entender tecnología, IA y negocio. ¿Está perdiendo valor el especialista puro frente al profesional que sabe conectar diferentes disciplinas y convertir la tecnología en resultados empresariales?

No creo que el especialista pierda valor. Creo que está evolucionando dónde se genera ese valor. Seguiremos necesitando especialistas excelentes, pero cada vez será más importante que esos profesionales entiendan qué problema de negocio están resolviendo y cómo su conocimiento conecta con otras áreas de la compañía.

El perfil que entiende tecnología, datos, inteligencia artificial y negocio tiene una capacidad enorme para generar impacto porque no se limita a manejar una herramienta: entiende para qué utilizarla. La especialización seguirá siendo importante, pero la capacidad de conectar especialidades será cada vez más valiosa.

Buena parte de las compañías está invirtiendo en upskilling y reskilling. Pero ¿cómo se distingue una transformación real de una plantilla de una empresa que simplemente ha formado a sus empleados en el uso de dos o tres herramientas de inteligencia artificial?

Ahí está precisamente uno de los grandes riesgos. Aprender a utilizar dos o tres herramientas de IA no significa haber transformado una organización. En muchos casos estamos viendo que se incorporan cursos de inteligencia artificial a los planes de formación que ya existían, pero sin modificar realmente la manera en la que trabaja la empresa.

Una transformación verdadera implica revisar procesos, puestos, responsabilidades, herramientas, flujos de trabajo y objetivos. Y también medir si la tecnología está generando realmente productividad o mejores resultados. Estamos entrando en una nueva etapa y eso exige algo más profundo que añadir formación sobre IA al catálogo de cursos corporativos.

De modo que no se trata de formar a la plantilla para utilizar la IA; se trata de repensar cómo trabajaría la organización si la IA estuviera integrada desde el principio.

La automatización promete liberar a las personas de tareas repetitivas, pero también genera incertidumbre sobre determinados puestos. ¿Qué empleos o funciones vinculados al marketing, los datos y la tecnología considera que van a transformarse más profundamente durante los próximos años?

Creo que deberíamos hablar más de tareas que desaparecen que de empleos que desaparecen. Las primeras en automatizarse serán aquellas tareas más repetitivas, operativas, fácilmente estandarizables y en las que además se producen muchos errores humanos: reporting manual, determinados procesos de activación, tratamiento básico de datos, adaptación de contenidos o tareas administrativas. Eso no significa necesariamente que desaparezca el profesional que las realizaba. Significa que su trabajo tendrá que desplazarse hacia actividades de mayor valor.

El valor humano se moverá cada vez más hacia la creatividad, la estrategia, el producto, la capacidad de decisión y, sobre todo, los resultados.

La IA puede hacer muchas cosas por nosotros, pero alguien seguirá teniendo que decidir qué problema queremos resolver.

En ese nuevo mercado laboral, ¿qué pesa hoy más para una empresa tecnológica: una titulación determinada, el dominio de herramientas concretas o la capacidad del candidato para aprender, adaptarse y resolver problemas?

La titulación sigue siendo importante porque aporta una base de conocimiento y demuestra un recorrido formativo. Pero por sí sola ya no es suficiente. En muchas posiciones tecnológicas, saber utilizar realmente las herramientas que emplea una empresa puede pesar tanto o incluso más que una determinada titulación. Y hay un tercer elemento que probablemente sea todavía más importante a medio plazo: la capacidad de aprender.

Las herramientas que utilizamos hoy pueden cambiar completamente dentro de tres o cuatro años. Por eso necesitamos personas capaces de adaptarse, aprender nuevas tecnologías y resolver problemas. El conocimiento técnico te permite entrar, pero la capacidad de aprendizaje es lo que permite seguir siendo relevante.

Skiller impulsa “Más Inclusión Más Talento” y defiende que tecnología, formación e inclusión pueden generar nuevas oportunidades profesionales. Sin embargo, las personas con discapacidad siguen encontrando importantes barreras de acceso al empleo. ¿Puede el sector tecnológico convertirse realmente en una puerta de entrada laboral o corremos el riesgo de trasladar al mundo digital los mismos prejuicios del mercado de trabajo tradicional?

Puede convertirse en una enorme puerta de entrada, pero para conseguirlo necesitamos cambiar también la manera en la que formamos y evaluamos el talento. La tecnología puede eliminar muchas barreras, pero no sirve de nada si seguimos utilizando los mismos prejuicios o los mismos procesos de selección que dejaban fuera a esas personas. Nuestra experiencia nos lleva a una idea muy clara: la metodología de aprendizaje es tan importante como la propia tecnología.

Hay que trabajar con herramientas reales, con procesos reales y con situaciones similares a las que esa persona encontrará después dentro de una empresa. Y hay que ser capaces de demostrar a las compañías, con resultados, lo que ese talento puede hacer. No se trata de rebajar el nivel de exigencia. Se trata de evaluar capacidades reales en lugar de descartar talento por etiquetas o por itinerarios educativos diferentes.

Si descendemos específicamente a la discapacidad intelectual, existe todavía la percepción de que los empleos tecnológicos requieren perfiles de altísima cualificación técnica. ¿Estamos dejando fuera talento porque seguimos asociando “trabajo tecnológico” exclusivamente con programadores, ingenieros o científicos de datos? ¿En qué tareas o ámbitos digitales podría existir una oportunidad laboral real para personas con discapacidad intelectual?

Totalmente. Uno de los errores que hemos cometido es identificar tecnología exclusivamente con programación o ingeniería. El ecosistema digital es muchísimo más amplio. Existen funciones relacionadas con gestión de contenidos, validación de información, operaciones digitales, control de calidad, catalogación, utilización de plataformas, determinados procesos de CRM, revisión de campañas o tareas asistidas por inteligencia artificial que no requieren necesariamente una ingeniería informática. Naturalmente, dependerá de las capacidades, formación y apoyos que necesite cada persona. Pero precisamente ahí la tecnología puede convertirse en un enorme habilitador.

Mi apuesta es que, en muchos puestos, demostrar que sabes manejar correctamente una herramienta puede terminar siendo más relevante que explicar qué titulación tienes. Y creo que la combinación entre tecnología, inteligencia artificial y una metodología formativa adecuada puede abrir oportunidades laborales que hace solo unos años eran mucho más difíciles de imaginar.

Y hay una cuestión especialmente interesante con la inteligencia artificial: si determinadas herramientas permiten simplificar procesos, ofrecer apoyos cognitivos o facilitar la realización de tareas, ¿podría la IA convertirse también en una tecnología de inclusión laboral de primer nivel para personas con discapacidad intelectual? ¿Qué tendría que cambiar en las empresas para aprovechar esa posibilidad?

Sin ninguna duda. Creo que puede ser una de las aplicaciones más interesantes de la inteligencia artificial. Una IA capaz de explicar un proceso paso a paso, simplificar información, resolver dudas durante una tarea, detectar errores o actuar como apoyo puede reducir barreras que hasta ahora dificultaban el acceso de determinadas personas a algunos puestos. Pero la tecnología por sí sola no resolverá el problema. Necesitamos metodología, formación y empresas dispuestas a evaluar ese talento de una manera diferente.

Eso conecta además con lo que buscamos desde los inicios de Skiller: crear un ecosistema en el que las compañías tecnológicas nos confíen sus plataformas, formemos talento sobre tecnología real y las empresas puedan incorporar profesionales preparados para trabajar desde el primer día.

Es un modelo en el que pueden ganar todos: la empresa obtiene talento preparado; la tecnológica consigue que sus clientes aprovechen mejor sus herramientas; y personas que tradicionalmente habían quedado fuera de esta industria acceden a nuevas oportunidades profesionales. Es un auténtico win-win-win.

Los Skiller Awards funcionan como escaparate del talento tecnológico y de las tendencias que están transformando el sector. Si dentro de cinco años miramos quiénes reciben esos reconocimientos, ¿qué le gustaría que hubiera cambiado en nuestra manera de entender qué es el talento y quién puede formar parte de la industria tecnológica?

Me gustaría que dentro de cinco años hubiéramos dejado de identificar talento tecnológico exclusivamente con determinadas titulaciones, edades o perfiles. Los Skiller Awards quieren precisamente poner en valor a las personas que son capaces de utilizar la tecnología para generar impacto, innovación y oportunidades. Porque hay algo que no deberíamos olvidar en plena revolución de la inteligencia artificial: la tecnología sin talento humano no transforma nada.

Tenemos que mantener una visión humanista de la tecnología. La IA, los datos o la automatización son herramientas extraordinarias para avanzar, mejorar la productividad y generar inclusión. Pero necesitan personas que sepan darles sentido.

La tecnología puede ser muy potente. El talento humano es lo que hace que esa tecnología brille. No nos falta talento tecnológico; nos falta conectar mejor el talento con la tecnología que utilizan las empresas.

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