Y, precisamente, en el mar estamos encontrando algunas de las soluciones que nos permiten hacer nuestro modo de vida más sostenible. La desalación de su agua se ha erigido en una respuesta segura y eficiente para asegurar la supervivencia de poblaciones, agricultura y también industria en muchas zonas del planeta.
De hecho, en el contexto actual de sequías recurrentes y tensión hídrica, en el que el suministro de agua no siempre está garantizado y es necesario priorizar a qué usos se destina, la industria es una de las áreas de actividad que necesita fuentes alternativas que garanticen su continuidad y resiliencia. Hasta hace relativamente poco, el debate sobre el agua desalada y reutilizada se centraba fundamentalmente en el abastecimiento urbano y agrícola en el caso de la desalación, y en el agrícola en el caso de la reutilización. Sin embargo, su uso está cobrando cada vez más protagonismo en la industria, especialmente en algunas regiones: el agua desalada se consolida como una opción alternativa y transversal a todos los sectores; y el agua reutilizada avanza también en sectores como la energía, la minería, la química, la automoción. Industrias que reconocen el valor estratégico de disponer de agua de calidad “a la carta” y en la cantidad requerida, es decir, ajustada a sus necesidades específicas. Una capacidad de adaptación que no siempre es posible con las fuentes naturales de agua y que dota de una ventaja diferencial de la desalación y la reutilización.
Uno de los aspectos esenciales en el debate es la vertiente energética de la gestión del agua, el nexo agua-energía, que, hoy en día, son recursos inseparables. En nuestro caso, producir agua desalada y regenerada requiere energía, pero también es cierto y hay que recordar que sin agua no se puede producir energía. Desde la refrigeración en las centrales térmicas hasta la generación de hidrógeno verde, el agua es un imprescindible en muchos modelos energéticos. Por tanto, este nexo agua-energía debe abordarse desde una visión de interdependencia y colaboración tecnológica.
En el caso de las plantas desaladoras y de reutilización de agua, la innovación ha reducido y sigue reduciendo de forma significativa y constante el consumo energético. En las últimas décadas, la tecnología de ósmosis inversa, los avances en equipos y procesos, la recuperación de energía y digitalización han disminuido el consumo energético de la desalación en más de un 90%. Y las plantas ya incorporan en sus proyectos sistemas de energías renovables, cerrando así el círculo de la sostenibilidad. El agua desalada, lejos ya de ser un producto intensivo en energía, se ha convertido en un recurso eficiente, controlable y previsible, capaz de integrarse de forma estructural, complementaria y armónica en los planes de transición ecológica.
Si nos circunscribimos a la industria, podemos decir que tanto la desalación como la reutilización son su gran aliado para su desarrollo, ya que la disponibilidad de agua condiciona su localización y su capacidad de crecimiento y de inversión. Está demostrado, por ejemplo, en países como Chile, donde la expansión sostenible de su sector minero sería inviable sin la desalación. Las compañías mineras que operan en este país utilizan desde hace años grandes volúmenes de agua de mar desalada para sus operaciones, reduciendo su dependencia de fuentes continentales y protegiendo los ecosistemas interiores. Un modelo que se extiende a otros países latinoamericanos y constituye un ejemplo contrastado de éxito para otras regiones del mundo.
En España, desalación y la reutilización están llamadas a jugar cada vez más un papel fundamental en sectores industriales estratégicos. La combinación de tecnología, experiencia y talento convierte a nuestro país y nuestras empresas en un referente internacional en gestión avanzada del agua, capaz de exportar conocimiento, equipos y soluciones sostenibles.
No obstante, para seguir impulsando estas tecnologías, es necesario desterrar mitos infundados. Como el del alto consumo energético de la desalación -como he dicho más arriba, la realidad tecnológica actual muestra un escenario muy distinto, con plantas cada vez más eficientes y conectadas a fuentes renovables-. O el del impacto del concentrado en el medio marino. Experiencia, evidencias y estudios científicos demuestran que ese impacto no es significativo, ya que se lleva a cabo una dilución estudiada y controlada de manera pormenorizada en cada proyecto de forma individual, a lo que se une el estricto control ambiental al que están sometidas todas las grandes desaladoras en España durante toda su operación. Además, la investigación y el desarrollo están transformando este subproducto en una oportunidad de economía circular a través del aprovechamiento de sus minerales y compuestos, o como recurso clave para la producción de la llamada energía azul.
Como llevamos demostrando en España desde hace 60 años, cuando se puso en marcha la primera desaladora, tanto el agua desalada como la regenerada son seguras y de alta calidad. Gracias a los avances tecnológicos, se puede producir agua con las características físico-químicas que requiere cada uso. Esta “agua a medida” es un activo estratégico que aporta estabilidad, seguridad y competitividad a la industria.
Por tanto, desalación y reutilización son herramientas necesarias para la sostenibilidad y la competitividad de la economía. Apostar por estas tecnologías no es solo una decisión ambiental, sino una inversión estratégica en seguridad hídrica, independencia energética y futuro industrial.
