BARÓMETRO

Solo el 13% de las empresas españolas controla el consumo energético asociado a la IA, frente al 61% de las británicas

La inteligencia artificial ha dejado atrás la fase experimental en las empresas europeas, aunque su integración avanza a velocidades muy diferentes según el país. Esta es una de las principales conclusiones de la segunda edición del Barómetro IA: Empresa y Sostenibilidad, elaborado por el instituto AI for Sustainability de ESSCA School of Management, en colaboración con Forvis Mazars, a partir de las respuestas de 826 profesionales de IT y digital de España, Francia, Alemania y Reino Unido.

El Reino Unido se distancia claramente del resto de mercados en madurez empresarial. El 84% de las compañías británicas cuenta ya con personal o equipos específicos para gestionar la IA, frente al 60% de España, el 59% de Alemania y el 58% de Francia. La diferencia se reproduce en la capacitación. Un 76% de las empresas británicas forma ya a sus empleados en IA, frente al 52% de las españolas y alemanas y el 47% de las francesas.

Esta mayor madurez de las empresas británicas se traduce también en una percepción más clara de los resultados económicos. El 72% de las compañías británicas considera que la IA ya ha beneficiado a su rendimiento, por delante de Alemania con un 55%, Francia con un 49% y España con un 47%. De cara al futuro, el 74% de las compañías británicas prevé seguir aumentando su inversión, frente al 54% en España y Francia y el 52% en Alemania.

España invierte en IA, aunque todavía busca convertir la adopción en retorno

España presenta, sin embargo, una de las situaciones más singulares del estudio de ESSCA. El 77% de las compañías españolas ha invertido ya en sistemas de gestión de datos, solo por detrás del Reino Unido, con un 93%, y por encima de Francia, con un 72%, y Alemania, con un 66%. Además, España es el mercado donde el estudio identifica una mayor proporción de compañías con más de diez sistemas de IA en funcionamiento.

Al mismo tiempo, esta adopción todavía responde en buena medida a una lógica competitiva. El 48% de las empresas españolas afirma haber invertido para asegurarse de “no perder el tren” de la IA, el porcentaje más alto entre los cuatro mercados, mientras solo un 18% señala como origen de la inversión una necesidad previamente identificada. En Francia, el miedo a quedarse atrás alcanza el 36%, en Reino Unido el 37% y en Alemania el 40%.

“La IA se está convirtiendo rápidamente en una infraestructura cotidiana dentro de las empresas. El siguiente reto es conseguir que esta velocidad de adopción venga acompañada de una mayor madurez en la toma de decisiones, con casos de uso vinculados a necesidades concretas, una gobernanza clara y capacidad para medir sus resultados”, señala Dejan Glavas, profesor de Finanzas e IA de ESSCA y director del instituto AI for Sustainability.

En materia regulatoria, España presenta una posición más avanzada que el resto de países. El 32% de las empresas españolas declara tener un conocimiento elevado del AI Act, solo por debajo del Reino Unido, con un 37%, y por encima de Alemania, con un 23%, y Francia, con un 19%. También un 39% cuenta ya con directrices éticas formalizadas para el uso de IA, frente al 35% de Alemania y el 34% de Francia, aunque todavía lejos del 70% registrado en Reino Unido.

El uso cotidiano crece más rápido que su control

La nueva edición del Barómetro IA de ESSCA muestra además cómo la IA generativa se está integrando en las tareas diarias. Los modelos de lenguaje para resumir documentos, transcribir reuniones o asistir en la redacción de correos se utilizan ya, con distinta intensidad, en alrededor del 91% de las empresas británicas, el 82% de las españolas, el 80% de las francesas y el 66% de las alemanas. El desarrollo de software avanza en la misma dirección. Entre las empresas que programan, entre el 46% y el 51% de las compañías de los tres países de la UE analizados confía ya al menos una cuarta parte de su código a herramientas de IA, porcentaje que asciende al 74% en Reino Unido.

Los agentes autónomos comienzan igualmente a abandonar los proyectos piloto para entrar en producción. Reino Unido vuelve a mostrar la mayor penetración, aunque el estudio constata que cerca de la mitad de las empresas de los tres mercados de la UE ya los utiliza o está experimentando con ellos. Su expansión abre nuevas cuestiones relacionadas con la supervisión humana, el coste y el consumo energético.

Paralelamente crece el denominado Shadow AI, el uso de soluciones de IA por parte de los empleados sin la aprobación o supervisión de su compañía. El fenómeno está presente en los cuatro mercados. Francia destaca porque un 20% de las empresas lo considera una práctica extendida, frente a alrededor del 10% en los demás países, mientras que España alcanza el mayor porcentaje de tolerancia, hasta el 30% de las compañías.

“España muestra una combinación especialmente interesante. Cuenta con una infraestructura tecnológica sólida y un nivel de conocimiento regulatorio superior al de Francia y Alemania, pero todavía existe una distancia importante entre utilizar IA y gobernarla de forma integral. El Shadow AI, la medición ambiental o la soberanía de los datos muestran dónde estarán algunos de los próximos desafíos”, añade Glavas.

Esta distancia resulta especialmente visible en lo relativo a la sostenibilidad. Mientras el 61% de las empresas británicas controla el consumo energético de sus sistemas de IA, solo lo hace el 24% de las francesas, el 20% de las alemanas y el 13% de las españolas. En medición de emisiones asociadas a la IA, Reino Unido vuelve a situarse en cabeza con un 48%, frente al 21% de Francia, el 16% de España y el 14% de Alemania.

La soberanía digital tampoco pesa todavía de la misma manera en las decisiones empresariales. El origen geográfico del proveedor, la ubicación de los datos o el control sobre las infraestructuras constituye un criterio importante o una exigencia para el 46% de las empresas británicas, el 35% de francesas y alemanas y únicamente el 24% de las españolas.

En conjunto, el barómetro dibuja un mercado europeo en el que la adopción tecnológica de la IA está avanzando con rapidez, mientras la gobernanza, la regulación, la soberanía y la medición ambiental todavía evolucionan a un ritmo desigual. España destaca por su velocidad de implantación y su infraestructura de datos, aunque los resultados apuntan a que su siguiente etapa deberá centrarse en convertir esa adopción en usos más estratégicos, controlados y medibles.

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