Duro Felguera tiene una nueva oportunidad para enderezar el rumbo y evitar el cierre. Quizá la última tras varios rescates en los últimos años. Una oportunidad que se gesta en los juzgados de Gijón y en las nuevas oportunidades de negocio a través de grandes contratos de la mano de su máximo accionista mexicano, el Grupo Promotor de Desarrollo e Infraestructura (Prodi).
La compañía de ingeniería industrial asturiana ha cerrado el primer semestre del ejercicio con un sorprendente beneficio sobre el papel de 241,79 millones de euros. Además, su beneficio bruto de explotación o ebitda ha pasado de un saldo negativo de 18 millones de euros a un resultado positivo de 5,13 millones. Aunque no se debe a una mayor actividad comercial, sino a un drástico expediente de regulación de empleo (ERE), que ha encogido la plantilla de la ingeniería prácticamente a la mitad, pasando de 1.005 empleados a poco más de 500 profesionales.
Los acreedores de Duro Felguera y la quita en sus cuentas
Su cifra de negocio también se ha desplomado un 73%, pasando de 116,80 millones de euros a unos exiguos 31 millones. La explicación de las ganancias a pesar de la caída del negocio tradicional es la quita de deuda millonaria decidida por el Juzgado de lo Mercantil número 3 de Gijón con el visto bueno de una parte de los acreedores. Los principales, Banco Santander y Banco Sabadell. En menor medida, Unicaja y Caixabank.
También los ha habido que han batallado judicialmente para impugnar el plan, como la empresa estatal argelina Sonelgaz, la rumana Romgaz o la minera marroquí Zgounder Millenium Silver Mining. Al margen de la quita queda la ayuda de 120 millones de euros de la Sociedad estatal de Participaciones Industriales (SEPI).
Duro Felguera se ha deshecho del 99,16% de su pasivo de 2.056 millones, lo que ha supuesto una anotación de 177,02 millones de euros como ingresos financieros en sus cuentas por la eliminación de prácticamente todas sus deudas con la banca y los proveedores.
La reacción en bolsa de Duro Felguera y el futuro de la compañía
Estos resultados, comunicados al supervisor español de los mercados bursátiles, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), han provocado que en la primera jornada de cotización sus acciones se disparasen un 36,59% además de un fuerte aumento en la negociación de sus títulos; aunque en la jornada posterior una parte de los inversores se han retirado haciendo caer el valor un 10,18%.
Al margen de la volatilidad de los mercados, el balón de oxígeno financiero es tener que devolver solo el 0,84% de sus millonarias deudas acumuladas en la crisis de los últimos años y la desaparición de 2.039 millones de euros de su pasivo —acumulado por riesgos contractuales, reclamaciones internacionales del pasado, provisiones por proyectos fallidos y avales técnicos— que pesaban como una losa sobre la viabilidad del holding. De forma que el capital corriente de la compañía ha pasado de -221,17 millones de euros a +47,9 millones.
A lo que se suma el plan puesto encima de la mesa por Prodi para que Duro Felguera participe en grandes contratos en México, suponen una nueva oportunidad para una empresa histórica que ha estado al borde de la quiebra y parece de momento haberla salvado de nuevo.

El origen de la crisis industrial profunda de Duro Felguera
Fundada en 1858 como una gran minera y siderúrgica, la compañía se transformó con éxito a finales del siglo XX en una cotizada multinacional especializada en la ingeniería de grandes proyectos energéticos e industriales.
A principios de la década de 2010, la empresa alcanzaba récords en su cotización, con una facturación que rozaba los 1.000 millones de euros anuales, una plantilla de miles de empleados y un negocio internacionalizado.
Su colapso comenzó a fraguarse entre 2014 y 2019, cuando una estrategia de expansión exterior aún más agresiva de Ángel Antonio del Valle llevó a la compañía a asumir obras multimillonarias en Venezuela, Argentina o Australia bajo la modalidad llave en mano, asumiendo el riesgo de enormes costes de grandes proyectos.
Los retrasos, sobrecostes y pleitos internacionales hicieron estragos en las cuentas de la asturiana. Los bancos cerraron la puerta de su financiación y de los avales necesarios para competir por nuevos contratos y la empresa comenzó a quedar herida de muerte. En 2018, la banca tuvo que ejecutar una primera refinanciación para evitar la quiebra.
La parálisis de la pandemia mundial en 2021 posibilitó un rescate público, con la inyección de 120 millones de euros a través de la SEPI, sumados a otros 6 millones de euros aportados por el Principado de Asturias. Un dinero que salvó provisionalmente la quiebra pero que, por ley, quedó totalmente excluido de cualquier condonación posterior; una deuda que sigue viva y que Duro Felguera tendrá que devolver íntegramente según unos nuevos plazos pactados.
Desinversiones urgentes en Duro Felguera para mantener la liquidez
Mientras arranca la actividad de contratación en el exterior y se incrementan los ingresos, la dirección de Duro Felguera ha sostenido la liquidez aplicando una política de venta de activos no estratégicos. El grupo asturiano ha hecho caja desprendiéndose de su participación del 3,97% en la firma australiana Ausenco por 17,5 millones de euros; vendiendo su antigua sede de Gijón por 13,1 millones de euros; y traspasando su planta de producción de vehículos militares en Asturias, El Tallerón, a Indra por 3,65 millones de euros.
El negocio gira hacia México
Con el balance saneado en los tribunales y los costes adelgazados por el recorte de plantilla ejecutado, el plan de resurrección de Duro Felguera ha virado hacia el mercado latinoamericano. El control de la compañía asturiana está en manos del grupo industrial mexicano Prodi, liderado por José Miguel Bejos, uno de los reyes de la infraestructura y la obra pública del país norteamericano que ha sabido hacer negocios con el antiguo régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Enrique Peña Nieto, así como con el nuevo Ejecutivo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Prodi ostenta el 54,66% de los títulos de Duro Felguera tras inyectar desde su entrada en 2023 un total de 100 millones de euros en la compañía y asumir el mando en solitario tras la salida de Mota-Engil del accionariado —un gigante portugués de las infraestructuras cuyo máximo accionista también es Bejos—.
La viabilidad de la ingeniería asturiana a corto plazo está ligada a las operaciones vinculadas que consiga de la mano de su máximo accionista. El primer examen tendrá lugar en la Junta Extraordinaria de Accionistas convocada para el próximo 18 de septiembre, en la que se someterá a votación la adjudicación de un contrato de 210 millones de euros para la construcción de una planta de ciclo combinado en México, conocido como proyecto Tula.
Y es que el futuro de Duro Felguera pasa por México, que concentra aproximadamente el 60% de sus nuevas previsiones de negocio. El proyecto Escolín en Poza Rica, Veracruz, es otro ambicioso complejo destinado a la producción de fertilizantes de última generación para abastecer la demanda del sector agrícola mexicano. Y que sumará otros 90 millones de euros a la cartera de pedidos de la asturiana.
La recuperación pasará también por captar futuras licitaciones en el ámbito de la transición energética, por la modernización de infraestructuras de hidrocarburos para Pemex y por el desarrollo de terminales de minería a gran escala.

