INTERNACIONALIZACIÓN

Acerinox: de un prado de vacas en Kentucky a la mejor megafábrica del mundo que conquista EEUU

Acerinox se salva hoy de la asfixia del sector en Europa gracias a un activo al otro lado del Atlántico que levantó contra todo pronóstico hace casi cuatro décadas. En una España recién llegada a la economía europea, la compañía firmó una de las mayores gestas de su historia industrial. Aprovechando de forma audaz un vacío legal, una crisis local en Kentucky y gracias a la determinación del ingeniero Victoriano Muñoz Cava, levantó desde cero en un prado a orillas del río Ohio la fábrica de acero más importante, eficiente y avanzada de Estados Unidos y de todo el planeta.

Cómo es que una empresa española levanta desde cero la mayor y más importante fábrica de acero de Estados Unidos hace casi cuatro décadas… Cuando la España democrática posTransición apenas acababa de meter la cabeza en la antigua Comunidad Económica Europea y asomaba la cabeza a los grandes mercados mundiales. Cuando aún no habían llegado los grandes procesos de internacionalización de las mayores multinacionales españolas.

Una planta edificada, además, de la nada. Sobre un prado verde pasto de vacas en la localidad de Ghent, en el condado de Carroll, en el estado de Kentucky. A orillas del río Ohio. Y que hoy, en la actual crisis del acero europeo, asfixiado por los costes y la competencia china, termina convirtiéndose en un factor clave para que Acerinox pueda sortear el temporal que sufre la industria siderúrgica del Viejo Continente. Impulsada por su presencia en el mercado estadounidense sin pasar por el peaje del pago de los aranceles de Trump, en nuestros días es una fábrica integral capaz de producir tanto producto plano (bobinas y chapas) como producto largo (barras y alambre) y suministra aproximadamente el 35-40% del acero inoxidable que se consume en todo Estados Unidos y el 50% en el segmento de producto plano.

Es una historia que mezcla una gran audacia y visión industrial, una mentalidad visionaria y atrevida para la época, en la que intervienen varias personalidades protagonistas muy diferentes; el dinero de la antigua aristocracia bancaria española; una oportunidad surgida de un vacío legal geopolítico; y la inteligencia y determinación de un ingeniero catalán legendario que no se frenó ante nada ni ante nadie.

Acerinox: una alianza al calor de Banesto y Japón

Fundada en 1970, Acerinox nació como un proyecto de alta diplomacia industrial. Una alianza estratégica entre el Banco Español de Crédito, Banesto; liderado en ese momento por el caído Mario Conde, que buscaba de forma ambiciosa un golpe de efecto internacional en la época dorada de la banca industrial; y los gigantes tecnológicos japoneses Nisshin Steel y la comercializadora Nissho Iwai (que hoy es el gigante Sojitz), que aportaron las patentes y el conocimiento técnico para el laminado del acero inoxidable en frío.

Pero la decisión visionaria que cambió para siempre el destino y el futuro de la acerera española llegó dos décadas después, con la creación en 1990 de North American Stainless (NAS) en Estados Unidos. Mientras otros competidores europeos se concentraban en el Viejo Continente, Acerinox se estableció al otro lado del Atlántico para edificar desde cero la fábrica de acero inoxidable integrada más grande y eficiente de Estados Unidos.

Y si hay un nombre propio al que hay que atribuirle ese éxito es Victoriano Muñoz Cava. Un ingeniero de Caminos e Industrial ilerdense que ya era un primer espada histórico de la casa y que parecía haber heredado la brillantez de su padre, Victoriano Muñoz Oms, cofundador de Aceros Roldán y una leyenda de la ingeniería en Cataluña. Muñoz Cava fue director general de Acerinox durante 18 años, desde su origen en 1970 a 1988.

El plan maestro de Muñoz Cava para Acerinox en EEUU

Muñoz Cava tenía una obsesión enfermiza con la competitividad y los costes unitarios. Sabía que la factoría de Acerinox en Algeciras (Cádiz) era un ejemplo de eficiencia y generaba un gran negocio con la exportación. Pero detectó que Estados Unidos era el mayor consumidor de acero inoxidable del mundo y apenas lo producía de forma eficiente a nivel local.

En ese momento se cruza en el camino de Acerinox una gran oportunidad de arbitraje político y fiscal en el país norteamericano. En los años 80, Estados Unidos tenía blindado su mercado con unos cupos máximos para los productores europeos. La compañía española no podría vender allí porque la ley se lo impedía.

Una panorámica del entorno en el que se ubica la megafábrica de Acerinox en Kentucky, que emplea a unas 1.500 personas y se ha convertido en la más eficiente e importante del mundo. Firma: North American Stainless (NAS)

La dirección de Acerinox descubrió un vacío legal en la ley de comercio de Washington: el cupo prohibía importar acero, pero no que una empresa extranjera invirtiese y lo fabricase dentro de sus fronteras.

En ese momento, el estado de Kentucky puso la alfombra roja: desesperado por atraer de nuevo alguna industria pesada por el declive del Rust Belt, su siderúrgica local, ofrecía grandes exenciones fiscales, terreno a un precio muy competitivo y acceso a una de las redes de electricidad más económicas de América gracias a las centrales de carbón locales.

Un socio estadounidense para Acerinox y un prado de vacas

Acerinox se había asociado inicialmente al 50% con el fabricante local Armco para crear una joint venture: es el nacimiento de la mencionada NAS. Más adelante se terminó quedando con todo el negocio, al comprar el 100% a su socio que sufría la crisis común del acero estadounidense.

Tenían dos requisitos técnicos muy claros: acceso a un gran río navegable para abaratar la logística y electricidad muy económica. Directivos de ambas empresas con Muñoz Cava a la cabeza se dedicaron a buscar activa y personalmente el lugar idóneo exacto en el mapa de Estados Unidos.

Y terminaron eligiendo un prado verde, pasto de las vacas y gigantesco, de más de 1.000 acres (algo más de 400 hectáreas o 4 kilómetros cuadrados) en Carroll, a la orilla del río Ohio —las propias fuentes históricas de la compañía oscilan entre 1.100 y 1.400 acres (entre 445 hectáreas o 5,45 kilómetros cuadrados y 566 hectáreas o 5,67 kilómetros cuadrados)—. En la actualidad, tras sucesivas ampliaciones, la planta de acero más importante y avanzada de Estados Unidos se asienta sobre una extensión total de 1.600 acres (647 hectáreas o 6,48 kilómetros cuadrados).

Victoriano Muñoz Cava, director general (1970-1988) consejero delegado y presidente de Acerinox (1988-2007) recibiendo el pasado año una distinción de honor del Colegio de Ingenieros Industriales de Andalucía Occidental. Firma: Fundación Juanelo Turriano

Pero entonces los socios japoneses de Acerinox se echaron las manos a la cabeza. Consideraban que montar una acería en un prado de vacas en Kentucky, enviando ingenieros andaluces y madrileños a dirigir a operarios norteamericanos en mitad de la nada, era un suicidio financiero. Pero Muñoz Cava se plantó y les convenció para no comprar una fábrica vieja de Detroit con sindicatos rígidos. Construyeron la suya propia, desde los cimientos y con la última tecnología probada en Algeciras.

El éxito de Acerinox a orillas del río Ohio

El propio Muñoz Cava, que ya era presidente y consejero delegado de la compañía (1988-2007), recuerda en sus memorias (Memorias de un ingeniero inoxidable) cómo pasaron de negociar en los despachos de los rascacielos de Tokio con sus socios nipones a pisar el barro y el pasto de una zona profundamente rural y ganadera de Kentucky para elegir la parcela. También los primeros ingenieros que se trasladaron recuerdan el contraste de vivir en un entorno de ganaderos del interior de Estados Unidos.

Pero ese prado en el que se ensuciaban sus zapatos los ejecutivos de Acerinox era, en el fondo, una enorme ventaja competitiva. No requería apenas deforestación, ni demoliciones de plantas viejas, ni limpiezas por contaminación previa. Pudieron diseñar las cadenas de producción de la forma más eficiente posible: una línea recta perfecta desde donde entra el mineral por el río hasta donde sale el camión con el acero.

A cambio de asegurar la fuerte inversión, que se eleva con los años a más de 3.000 millones de dólares (unos 2.600 millones de euros al cambio actual) tras sucesivas ampliaciones y modernizaciones en la planta, el estado de Kentucky financió también la adecuación de los accesos viales y de las facilidades logísticas necesarias para que la siderúrgica pudiera operar.

Los réditos de la megafábrica para Kentucky y para Acerinox

Pasó de ser un proyecto sobre el papel a sostener más de 1.500 empleos directos fijos en una zona rural, además de dar carga de trabajo a cientos de contratistas. La primera línea de laminación en 1990, la primera bobina vendida en 1993 y en 2010 ya era la acería integrada más grande e importante de todo el hemisferio occidental. Un bucólico paisaje ganadero se había transformado en el complejo industrial acerero más competitivo y productivo del mundo.

Casi cuatro décadas después, lo que nació de la nada en un prado verde y ganadero en un Estado en crisis del interior estadounidense, es la acería integrada más grande y eficiente del mundo, que se ha hecho con más de un tercio de la demanda de la primera potencia del mundo, y es todo un pulmón financiero que rescata las cuentas del grupo de la crisis europea del sector. Y Muñoz Cava es de forma vitalicia presidente de honor del grupo Acerinox.

Total
0
Shares
Previous Post
Campus Futura, el centro de Airbus defensa y espacio en Getafe (Madrid), es el tercer mayor complejo industrial de la multinacional, por detrás de Toulouse (Francia) y Hamburgo (Alemania). Firma: Airbus

Airbus elige a Soledad Muñoz Aranguren como directora de recursos humanos en España en pleno conflicto laboral

Related Posts