EMPRESAS

Pastas Gallo: la líder española que resistió la ofensiva italiana, en vías de caer en una industria extranjera

El proceso de venta de Pastas Gallo por parte del capital riesgo reabre el debate sobre la pérdida de centros de decisión y el arraigo territorial de industrias líderes en nuestro país. El grupo portugués Cerealis, que ya ha adquirido la división de pastas de Cerealto (Siro) se perfila como uno de los más interesados compradores. En juego el dominio del mercado ibérico y el crecimiento en tamaño para generar ahorros y ganar competitividad internacional, como ya ocurriera en la industria cementera con la compra de la lusa Secil por la catalana Cementos Molins; y en la química, con la toma de Ercros por parte de Bondalti. Una de las joyas de la industria agroalimentaria nacional puede terminar en manos foráneas.

Año 1987. El publicista catalán Lluís Bassat, padre del marketing moderno de nuestro país; la mítica actriz italiana Sophia Loren; el empresario José Espona, fundador de Pastas Gallo, mantienen una reunión en el emblemático Hôtel George V, un lujoso y céntrico palacio parisino situado en pleno Triángulo de Oro de la capital francesa, a solo unos pasos de la emblemática Avenida de los Campos Elíseos.

La empresa española de pasta, líder indiscutible en su segmento en la industria agroalimentaria nacional, temía el desembarco de las marcas italianas en el mercado español, favorecidas por el renombre universal de este producto históricamente ligado a la cocina italiana. ¿El antídoto? Una campaña de gran impacto preventivo, para la que Bassat propuso a la célebre actriz italiana, uno de los iconos más internacionales y populares de la cultura italiana del siglo XX, que además había publicado libros de cocina sobre recetas de pasta.

El propio Espona la convenció cara a cara para firmar el contrato. Y cuenta la leyenda que la estrella de la gran pantalla pidió probar el producto de la compañía española antes de comprometer su imagen. Según el relato del propio Bassat ella misma quiso cocinarla en persona en una lujosa habitación del hotel parisino.

¿El resultado? Una intensísima campaña televisiva durante dos años en la que la Loren cocinaba sus platos de Pastas Gallo a cambio de un contrato altísimo para la época, a la altura del caché de toda una estrella de Hollywood. Gallo no solo bloqueó el desembarco de la competencia italiana, sino que disparó sus ventas de forma histórica, amortizando la ingente inversión que asustaba al propietario de la empresa familiar barcelonesa, nacido en Prats de Lluçanès (1926-1997), pero que con tan solo 20 años de edad se trasladó a Rubí (Barcelona), donde en 1946 fundó lo que hoy conocemos como Pastas Gallo tras adquirir una pequeña fábrica de harinas.

José Espona, un joven emprendedor barcelonés disruptivo y decidido

El éxito de lo que comenzó como el sueño de un joven emprendedor, se cimentó sobre una disrupción técnica que cambió la alimentación en España. En 1958, el empresario introdujo el uso industrial de la sémola de trigo duro. Hasta entonces, la pasta nacional se elaboraba con trigo blando, una materia prima que se deshacía durante la cocción.

Bajo el lema «No se pasa, no se pega», Gallo democratizó el producto y transformó también la logística: en los años 70, levantó la gran factoría de El Carpio en Córdoba para situar la producción junto a los campos de cultivo del Guadalquivir para eliminar los costes fijos de transporte del cereal en bruto.

Venta en la segunda generación familiar de Pastas Gallo

El modelo de éxito del fundador, que diversificó el negocio más tarde hacia las salsas y platos preparados, comenzó a agrietarse tras su fallecimiento en 1997. La propiedad se fragmentó a partes iguales entre sus cinco hijos, los hermanos Espona Massana. La inexistencia de un protocolo familiar estricto y las discrepancias en el consejo de administración sobre la hoja de ruta estratégica a seguir en la compañía, paralizaron las inversiones necesarias en digitalización y expansión exterior durante una década.

Además, el avance veloz e imparable de las marcas propias de los distribuidores, desencadenaron en 2019 la decisión unánime de la segunda generación de vender la compañía el 100% de la compañía a ProA Capital por 227 millones de euros.

Pastas Gallo de nuevo a la venta por desinversión del capital riesgo

La compañía que resistió los envites del renombre universal de la pasta italiana afronta de nuevo un escenario de cambio de propiedad. Al cumplirse el séptimo año de la entrada del fondo español de capital riesgo liderado por Fernando Ortiz en su accionariado, el cartel de venta vuelve a colgar del grupo alimentario.

La operación, coordinada por la consultora EY-Parthenon y que aspira a adjudicar la compañía por unos 300 millones de euros, abre la puerta, paradójicamente, a la compra por parte de un grupo extranjero. Y es que el grupo portugués Cerealis, que el pasado mes de febrero ya adquirió el negocio de pasta de la palentina Cerealto (Siro), se perfila como el competidor industrial con mayor interés por absorber el negocio tradicional de pasta seca de la firma líder española, lo que supondría una reordenación total del mercado ibérico.

Un fenómeno que cuenta con dos antecedentes recientes. A finales del pasado mes de marzo, la también catalana Cementos Molins adquiría la portuguesa Secil por 1.400 millones de euros. Y en la industria química la lusa Bondalti, propiedad del Grupo José de Mello, se hacía con Ercros tras el éxito de una larga opa, a través de la que se ha hecho con el 77,23% de la española por 247,5 millones de euros.

Resultados financieros: costes operativos y presión de márgenes

Las cuentas anuales del grupo reflejan la complejidad de un escenario marcado por la inflación de costes y la volatilidad en el mercado internacional del trigo duro; y las dificultades para trasladar el encarecimiento de la sémola al precio final del producto sin perder volumen de ventas frente a las marcas de distribuidor. No obstante, sigue siendo líder en España, con una cuota de mercado de alrededor del 30%.

El grupo cerró el ejercicio de 2024, último ejercicio cuyas cuentas se conocen, con una cifra de negocio de 226,5 millones de euros, lo que representa una caída del 3% respecto al año anterior, encadenando un segundo ejercicio de retroceso, aunque moderado. En 2023, los ingresos habían sido de 235 millones, con un retroceso del 2%.

Una imagen de uno de los anuncios televisivos que Sophia Loren protagonizó para Pastas Gallo, en 1989. Firma: Industry Talks

El resultado bruto de explotación se situó en 16 millones de euros, condicionado por la imposibilidad de repercutir la totalidad de los costes de la cadena de suministro al consumidor final. De esta forma, el grupo registró unos números rojos de 6,2 millones de euros, afectada por el impacto de los costes de reestructuración organizativa y las cargas financieras de su balance.

El endeudamiento del grupo ronda los 90 millones de euros, situando el ratio de apalancamiento financiero por encima de las 5,6 veces ebitda. Esta estructura de capital restringe la generación de flujo de caja libre (free cash Flow, FCF).

El mercado español genera más del 80% de la facturación del grupo y aproximadamente un 15% son exportaciones, que están centradas en Portugal, norte de África y algunos contratos específicos de marca propia en el mercado comunitario.

Pastas Gallo cuenta con una plantilla cercana a los 700 profesionales y cuenta con cuatro factorías especializadas en El Carpio (Córdoba), el centro neurálgico en el que se concentran las harineras integradas y la producción de pasta seca tradicional, con una capacidad que representa el 50% del volumen total de la compañía.

Las otras tres se sitúan en la provincia de Barcelona. EnEsparregueratiene una fábrica especializada en las gamas sin gluten y libre de alérgenos, un nicho de menor volumen, pero con márgenes comerciales superiores al producto genérico. En Sant Vicenç dels Hortscuenta con la planta en la que opera la filial Ta-Tung, adquirida para diversificar los ingresos hacia las especialidades de platos preparados orientales. Y en Granollersse ubica el centro logístico y de almacenamiento de platos personalizados que en los últimos meses ha aplicado planes de recorte de personal.

Riesgo de desmembración de Pastas Gallo: una venta troceada

El 90% de la facturación de Pastas Gallos procede del negocio maduro y rentable de la pasta tradicional mientras que las más recientes líneas de negocio de frescos y precocinados aportan solo el 10% de los ingresos y registran pérdidas operativas debido a la intensa competencia de otros operadores líderes como Gallina Blanca o Aneto. Vender los activos de la empresa de origen catalán de forma separada u optar por una colocación por bloques podría ser uno de los objetivos del vendedor. De esta forma, obtendría el mayor precio posible por la venta del negocio líder, consolidado y rentable. Y esperaría un tiempo antes de deshacerse de los nuevos negocios para intentar hacerlos crecer y pasar a ser rentables y llevara cabo su venta más adelante en mejores condiciones.

Según diversas informaciones, Carles Espona, uno de los hijos del fundador y antiguo director general de la compañía, lidera un grupo familiar que estaría interesado en entrar en el capital de la división de platos preparados, frescos y caldos en caso de que ProA formalice la venta de la pasta seca tradicional a un tercero.

El gran reto técnico radicaría en la convivencia de los derechos de marca. Si un grupo internacional adquiere la división de pasta tradicional bajo la enseña original y el capital nacional retiene los platos preparados con la misma identidad corporativa, podría deteriorarse el valor de marca del fabricante.

Desafíos estratégicos de Pastas Gallo

Uno de los desafíos a resolver por Pastas Gallo es inherente a su condición de industria agroalimentaria dependiente de las cosechas del campo.La planta cordobesa opera con una fuerte dependencia de la estabilidad climatológica en Andalucía. Los periodos de sequía reducen la disponibilidad de trigo duro y obligan a importar grano desde mercados como Canadá, incrementando los costes logísticos.

Por otra parte, el progresivo crecimiento de las marcas blancas. El plan del director general, Néstor Nava, se centra en contrarrestar el trasvase de clientes hacia las marcas de distribuidor apoyándose en la innovación técnica de la factoría sin gluten de Esparreguera y el relanzamiento de gamas prémium para estabilizar los ingresos.

Unos retos que serán afrontados en breve por nuevos propietarios y, probablemente, nuevos directivos. Una joya de la corona de la industria alimentaria española que muy probablemente pasará a manos foráneas de pesar de los esfuerzos de su fundador hace cuatro décadas por contener a la competencia internacional con un éxito que llevó a la empresa barcelonesa a convertirse en una de las más admiradas de nuestro país.  

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