EMPRESAS

TSK: la ingeniería familiar gijonesa que vende 1.000 millones en 50 países y debuta en bolsa para seguir creciendo

El grupo asturiano presidido por Sabino García Vallina salta este miércoles al Mercado Continuo con el propósito de captar 150 millones de euros. La empresa alcanzó en 2025 un ebitda récord, pero vio reducida su facturación un 40%. La compañía, que diseña y construye infraestructuras de energía e industriales llave en mano, sale al parqué con la intención de seguir creciendo en volumen sin deteriorar el margen ni perder el control familiar de la firma.

TSK da el salto al mercado bursátil. La ingeniería gijonesa propiedad de la familia García Vallina debuta con un precio de 5,05 euros por acción, el máximo del rango de precio de la Oferta Pública de Suscripción (OPS) que partía de 4,45 euros por acción, lo que supone valorar a la compañía en 600 millones de euros. De esta forma, la empresa cumple el objetivo de captar 150 millones de euros para apoyar el plan de crecimiento hasta 2028.

Una financiación que permitirá a la compañía reforzar su patrimonio neto y ampliar su expansión industrial, aspirando a contratos de mayor envergadura en plena carrera global por la descarbonización. El grupo asturiano ha disparado su margen en detrimento del volumen y a estrategia ahora es ganar tamaño sin perder rentabilidad. Y sin renunciar al control de la firma: la familia fundadora, con su presidente Sabino García Vallina a la cabeza, conserva una participación mayoritaria por encima del 60% tras la ampliación de capital (en torno al 30%) acometida para dar entrada a los nuevos accionistas en su estreno en el mercado bursátil. Además, se ha comprometido en no vender su paquete en al menos un año. Hay que recordar que su hijo, Joaquín García Rico, es el actual consejero delegado y su hija, Beatriz García Rico, vicepresidenta ejecutiva.

La compañía asturiana ha comunicado al regulador de los mercados que ha firmado acuerdos con varios inversores institucionales de respaldo, gigantes del mundo financiero que dan solidez al proyecto: Amundi (mayor gestora de activos en Europa), Amundsen (firma de inversión francesa especializada en el sector industrial y energético), DNB Asset Management (división del mayor grupo de servicios financieros de Noruega), Global Income (family office portuguesa)y Janus Henderson (gestora global de activos de origen británico-estadounidense).

TSK, que cumple 40 años de actividad, factura más de 1.000 millones de euros anuales en 50 países. En el ejercicio de 2023 logró elevar sus ingresos por encima de esta barrera, situándose en 1.265 millones. Un volumen de negocio que en 2024 se disparó hasta alcanzar un techo histórico de 1.738 millones, según las memorias anuales de la firma. Un crecimiento excepcional impulsado por el avance masivo de obras en el extranjero. Por el contrario, en el último ejercicio de 2025, los ingresos se quedaron en 1.035 millones.

Esta caída del 40% se explica por el componente cíclico del modelo llave en mano que ofrece TSK: tras entregar grandes complejos industriales, la firma ha pasado a una fase de captación de nuevos proyectos que aún no computan en los ingresos. Pese a vender menos, el ebitda se disparó el pasado año hasta los 99,7 millones de euros, un 37% más que en 2024. Una rentabilidad lograda gracias a que los nuevos contratos de digitalización y energía tienen un margen mayor. El beneficio neto se situó en 2025 en 32 millones, con un espectacular crecimiento del 64,3% respecto al año anterior. A 31 de diciembre de 2025, la cartera de pedidos ascendía a 1.292,1 millones de euros (29 proyectos en 12 países) y los acuerdos de exclusividad de proyectos representaban un valor estimado agregado de 3.665 millones.

Sabino García Vallina, presidente de TSK (izquierda); su hija Beatriz García Rico, vicepresidenta ejecutiva;
y su hijo Joaquín García Rico, CEO del grupo de ingeniería y tecnología gijonés. Firma: TSK

Especialización técnica en tres frentes

TSK hace tiempo que ha dejado de ser solo una firma de montajes. El grupo familiar se ha especializado en la ingeniería y tecnología para ofrecer soluciones de infraestructuras para la transición energética, la digitalización y la transformación de materias primas críticas.

Su negocio actual se sostiene sobre tres pilares en los que el diseño técnico es la clave. Por un parte, infraestructuras de energía, en la que diseña y construye plantas renovables, subestaciones de alta tensión e infraestructuras de distribución eléctrica almacenamiento y plantas convencionales de cogeneración, biomasa y ciclos combinados.

Por otra parte, plantas para industrias pesadas como la siderúrgica y la del cemento; plantas de almacenamiento de combustibles y refino; y logística, sistemas mecánicos y cintas transportadoras complejas para mover minerales críticos como el litio, el cobalto o el cobre, esenciales para la industria del vehículo eléctrico.

Por último, el negocio de digitalización, el que más ha contribuido a la mejora de los márgenes: desarrolla software propio para el control de plantas y para la ciberseguridad industrial.

Según informa la propia compañía al regulador y supervisor de los mercados, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el 91% de sus ingresos el último año provino de los segmentos de transición energética y digitalización, mientras que el 9% fue generado por la división de handling y minería. Asimismo, la diversificación internacional es otro de los hitos del grupo: el 78% de las ventas provino de proyectos en América, el 12% en Europa y el 10% en el resto del mundo (Oriente Medio, Asia y Oceanía).

De un despacho en Gijón a cotizar en Madrid

La historia de TSK es la de su fundador. Sabino García Vallina procede de una familia humilde de Siero que tuvo que hacer un gran esfuerzo para que pudiera estudiar una carrera técnica: la de perito industrial, con especialidad en electricidad, en la Escuela de Peritos Industriales de Gijón. Dieciocho años después, cuando trabajaba en Erpo, un grupo bilbaíno que se trasladó a Asturias, lideró a un grupo de ingenieros para crear una firma independiente en 1986: Conort Ingeniería y Montajes Eléctricos y que TSK adquirió al Grupo Erpo cuatro años después.  Con su sede central innegociable en el Parque Científico Tecnológico de Gijón, la empresa ha crecido hasta superar los 1.500 empleados.

La compañía había intentado en 2025 la entrada de un socio inversor (se mantuvieron negociaciones con Energy China) y dos de las condiciones eran mantener la sede social en esta ciudad asturiana, así como la plantilla de trabajadores. Ahora, la salida a bolsa permite a la familia fundadora mantener el control y blindar su fuerte arraigo en el Principado y su tejido industrial, en el que se ha convertido en uno de los referentes ante la crisis de otras empresas de sector como Duro Felguera (de la que García Vallina fue consejero y TSK máximo accionista con el 16% entre 2000 y 2007), Navec, Imasa o Isastur. Un orgullo regional en el que TSK emerge como el último bastión de la ingeniería asturiana que sobrevive con éxito.

Con una cartera de pedidos de 1.300 millones de euros ya firmados, TSK afronta su nueva etapa bursátil con el reto de demostrar que puede recuperar los niveles de facturación muy por encima de los 1.000 millones de euros sin que la estructura de costes penalice el beneficio que hoy reconoce el mercado.

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