INFORME

La industria del acabado del denim acelera su transformación: el 66% de los procesos ya son de bajo impacto, pero el reto químico frena el salto definitivo

La industria global del acabado del denim —uno de los segmentos más intensivos en recursos dentro del textil— ha entrado en una fase de transformación estructural en la que la mejora incremental ha dado paso a un cambio tecnológico más profundo. Así lo concluye el informe Denim Laundry Industry Progress & Insights 2025 de Environmental Impact Measurement (EIM), elaborado a partir de más de 100.000 procesos industriales reales, que ofrece una radiografía precisa de hacia dónde se dirige este eslabón clave de la cadena de valor textil.

El dato más relevante es claro: el 66% de los procesos industriales de acabado ya se sitúan en niveles de bajo impacto ambiental, lo que confirma que la industria ha logrado consolidar una base operativa más eficiente. Este avance no es menor si se tiene en cuenta que el acabado —la fase conocida como “denim laundry”— es una de las más críticas desde el punto de vista industrial, al concentrar consumo de agua, energía, químicos y mano de obra especializada.

Este salto se apoya en una transformación progresiva del modelo productivo. La mejora en eficiencia energética es especialmente significativa: el 85% de los procesos ya se consideran de bajo impacto en este ámbito, con una reducción del consumo medio hasta los 1,09 kWh por prenda. Detrás de este avance hay decisiones industriales concretas: modernización de maquinaria, electrificación de procesos térmicos, incorporación de bombas de calor industriales y una mayor automatización de las operaciones.

Sin embargo, el informe también deja claro que el sector ha alcanzado un punto de inflexión. En agua, uno de los indicadores históricos de presión ambiental en la industria textil, los avances empiezan a estabilizarse. El consumo medio se mantiene en torno a los 30 litros por prenda, lo que sugiere que las mejoras fáciles ya se han agotado y que el siguiente salto dependerá de inversiones más profundas: sistemas de reciclaje, reutilización del agua y rediseño completo de las plantas industriales.

Esta lectura es clave desde el punto de vista industrial. El sector ya no está en una fase de optimización de procesos, sino en una etapa de transformación tecnológica que exige capital, planificación y cambios estructurales en las instalaciones productivas.

Donde el informe es más contundente es en el ámbito químico, identificado como el principal cuello de botella de la industria. Solo el 28% de los procesos alcanza niveles de bajo impacto en este apartado, mientras que un 27% sigue en niveles altos. La razón no es la falta de soluciones tecnológicas, sino su adopción desigual. Persisten prácticas tradicionales —como el uso de piedra pómez o permanganato potásico— que continúan penalizando el rendimiento ambiental de las fábricas.

Este punto tiene una lectura claramente industrial: el problema ya no es tecnológico, sino de implementación. La industria dispone de alternativas más limpias, pero la inercia operativa, los costes de transición y la estructura de la cadena de suministro ralentizan su adopción.

El uso de piedra pómez, por ejemplo, sigue presente en el 14% de los procesos y es responsable directo de una parte significativa del impacto químico. A pesar de su ligera reducción, continúa siendo una práctica heredada que condiciona los resultados globales. De forma similar, el permanganato potásico —empleado en procesos de desgaste— sigue utilizándose en el 15% de las operaciones, con implicaciones tanto ambientales como en salud laboral.

Precisamente en el ámbito laboral se observa otro de los avances estructurales del sector. El 68% de los procesos presenta ya un bajo impacto sobre los trabajadores, impulsado por la sustitución de técnicas manuales por tecnologías automatizadas y digitales. Esta transición no solo mejora las condiciones de trabajo, sino que redefine el modelo productivo, desplazando el peso desde la mano de obra intensiva hacia sistemas más tecnológicos y controlados.

Este cambio conecta directamente con una de las grandes tendencias industriales del momento: la automatización como vector dual de eficiencia y sostenibilidad. En el caso del denim, tecnologías como el láser, la abrasión automática o los sistemas inteligentes de dosificación química están sustituyendo procesos manuales, reduciendo errores, consumo de recursos y exposición de los trabajadores.

El informe aporta además un elemento clave para la industria: la estandarización de la medición. En un contexto regulatorio cada vez más exigente —con iniciativas como el Pasaporte Digital de Producto en Europa—, disponer de datos verificables y comparables se convierte en una ventaja competitiva.

Desde una perspectiva industrial, esto implica que la sostenibilidad deja de ser un atributo reputacional para convertirse en una variable operativa medible, auditable y, en muchos casos, exigida por clientes y reguladores.

Otro de los aspectos relevantes del informe es la dimensión del análisis. Los datos proceden de 100.280 procesos industriales registrados por 359 fabricantes, lo que proporciona una base estadística robusta y representativa del estado real del sector. Este volumen de información permite establecer benchmarks industriales claros y detectar tendencias con alto grado de fiabilidad.

En conjunto, el diagnóstico es claro: la industria del acabado del denim ha logrado avances significativos en eficiencia, especialmente en energía y condiciones laborales, pero afronta ahora una fase más compleja en la que los desafíos son estructurales. La gestión química, la renovación tecnológica de infraestructuras y la eliminación definitiva de prácticas heredadas marcarán el ritmo de la próxima década.

El sector entra así en una nueva etapa en la que ya no basta con optimizar procesos existentes. La competitividad industrial dependerá de la capacidad para transformar el modelo productivo, integrar nuevas tecnologías y acelerar la adopción de soluciones que, en muchos casos, ya están disponibles.

En otras palabras, la industria del denim ha demostrado que puede mejorar. El reto ahora es demostrar que puede transformarse.

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