Esta ha sido la principal conclusión de la mesa redonda «Lo bien hecho nos define», celebrada en el marco del Congreso Nacional de Industria y moderada por el secretario de Estado de Industria, Jordi García Brustenga.
Durante el debate, los CEOS han compartido una visión común: la industria se enfrenta a un entorno de transformación constante y solo aquellas organizaciones capaces de adaptarse con rapidez, incorporar tecnología de forma aplicada y colaborar en ecosistema podrán mantener su competitividad.
Eduardo Mozas, Managing Director – Industry X Lead en España y Portugal de Accenture, ha subrayado que la modernización industrial es inseparable de la digitalización de toda la cadena de valor. Según ha explicado, la competitividad se construye desde el diseño y la simulación de productos, continúa en la automatización y robotización de los procesos productivos y culmina en la operación y el mantenimiento inteligente de los activos a partir del uso del dato. “La única opción para crear una industria moderna y flexible es utilizar cada vez más la capa digital”, ha afirmado, insistiendo en que la innovación solo genera valor cuando se aplica de forma real al negocio.
Desde el ámbito energético, Luis Cabra, director general de Transición Energética, Tecnología Institucional y adjunto al CEO de Repsol, ha recordado que sin energía competitiva no hay industria. Cabra ha advertido de que Europa ha perdido capacidad industrial en sectores clave por estructuras de costes que penalizan la actividad productiva y ha defendido un enfoque pragmático para la transición energética. “España no ha cerrado refinerías porque ha invertido en competitividad”, ha señalado, al tiempo que ha reclamado una regulación tecnológicamente neutral que permita transformar el sector sin poner en riesgo el suministro ni la competitividad. En este sentido, ha destacado que tecnología y regulación deben avanzar de forma equilibrada.
Por su parte, Fernando Silva, presidente y CEO de Siemens España, ha situado la falta de escala como uno de los grandes retos estructurales de la industria europea. A su juicio, si Europa no consolida empresas, debe consolidar capacidades a través de la colaboración. Silva ha defendido un modelo basado en tres palancas: innovación, talento y ecosistemas colaborativos. “No somos suficientemente rápidos innovando, en parte por barreras regulatorias excesivas”, ha apuntado, subrayando la necesidad de compartir datos y capacidades para acelerar proyectos que puedan escalar.
Borja Ochoa Gil, presidente ejecutivo de Telefónica España, ha vinculado directamente la competitividad del país con la capacidad de inversión en infraestructuras digitales. Ochoa ha señalado que la fragmentación del mercado europeo de las telecomunicaciones reduce márgenes y limita la inversión, lo que impacta en la productividad del conjunto de la economía. “La conectividad tiene un efecto directo sobre el crecimiento económico”, ha afirmado, destacando el papel de las redes, la ciberseguridad y la resiliencia de las infraestructuras como elementos estratégicos.
Desde una perspectiva transversal, Rafael García Meiro, CEO de Aenor, ha defendido que la excelencia industrial no se alcanza solo con tecnología, sino también con valores. “No se llega a la excelencia sin valores”, ha afirmado, explicando que conceptos como la calidad, la seguridad, la sostenibilidad y la buena gobernanza son hoy factores verificables y diferenciadores. Para García Meiro, “lo bien hecho” se ha convertido en una ventaja competitiva que define a las organizaciones responsables y sostenibles.
En la misma línea de adaptación al cambio, Justin Corcho, CEO de Nippon Gases Iberia, ha puesto el acento en la flexibilidad organizativa y tecnológica como condición imprescindible para operar en un entorno de alta incertidumbre. Corcho ha destacado el papel de la digitalización y la inteligencia artificial para anticipar incidencias, optimizar procesos y acelerar la transición energética en proyectos industriales complejos.
La mesa ha concluido con un mensaje compartido: la competitividad industrial ya no depende de un único factor, sino de la combinación de tecnología aplicada, energía competitiva, regulación inteligente, colaboración entre empresas y una cultura basada en valores. Una idea que ha quedado resumida en el concepto que ha dado nombre al encuentro: lo bien hecho como seña de identidad de la industria del presente y del futuro.

