El Ingite es la entidad que agrupa a las corporaciones colegiales de las 10 ramas de la ingeniería en España (Aeroespacial, Agrícola, Forestal, Industrial, Informática, Naval, Minas, Obras Públicas, Telecomunicaciones y Topografía) representando a más de 350.000 profesionales y más de 100 colegios profesionales. Su misión es promover la ingeniería como una herramienta para ofrecer soluciones a la sociedad.
El dato más alarmante y persistente que revela el estudio es el pronunciado descenso en las vocaciones de ingeniería. Desde el curso 2002-2003, se ha registrado una caída del 33% en el número de matriculados. Esta tendencia ha reducido drásticamente el peso relativo de la ingeniería dentro del conjunto de las titulaciones universitarias: si en 2002 representaba el 24% de las matriculaciones (prácticamente uno de cada cuatro alumnos), en la actualidad se ha quedado en un 17%. La situación es aún más crítica en la cifra de egresados. Mientras que antes uno de cada cinco titulados universitarios era ingeniero, ahora solo el 7.54% de los graduados se titula en esta rama, lo que evidencia un panorama muy cambiante y preocupante.

En cuanto a las titulaciones, existen 4.807 titulaciones de grado en todo el arco universitario en España, de las que 1.139 son de grados en Ingeniería, es decir, «hay muchísimas titulaciones de Ingeniería», advierte José Antonio Galdón Ruiz, presidente de Ingite. «Eso representa un 24% de titulaciones de ingeniería que, como hemos visto, ni se corresponde con las matriculaciones y mucho menos con los egresados. Es decir, con un 24% de titulaciones tenemos solo un 7,54% de titulados. Las conclusiones yo creo que están claras, ¿no? Estamos hablando de que son titulaciones que no están suficientemente valoradas y explotadas y por tanto no son eficientes, que consigan realmente el objetivo que se persigue», opina. Tampoco concibe que haya 1.139 titulaciones de grado y 1.260 de máster.
En el análisis de las titulaciones por ramas, de los 1.139 grados en Ingeniería, la más presente es la Industrial, que supone un 40% con 457 títulos. A continuación, encontramos la rama Informática, que con 246 supone un 22% del conjunto de las ingenierías. Y en el tercer lugar, se halla Telecomunicaciones, que, con 129 títulos, representa un 11%. La rama Naval con 11 titulaciones representa un 1%, siendo la que menor presencia tiene en el conjunto, seguida de Topografía y Forestal, ambas con 21 titulaciones (2% de representación en el total).
“Este retroceso consolida una tendencia estructural que pone en riesgo la disponibilidad de profesionales cualificados en sectores estratégicos. España no puede permitirse un déficit de talento técnico justo cuando más lo necesita. El número de ingenieros que finaliza sus estudios es hoy insuficiente para atender las demandas de la industria, la digitalización y la transición ecológica”, estima Galdón.
Boom de las titulaciones no habilitantes
Un problema estructural clave identificado en el informe es la proliferación de titulaciones de grado no habilitantes. Es fundamental distinguir entre un grado habilitante, que permite ejercer la profesión regulada de ingeniero (realizar proyectos, direcciones de obra, etc.), y uno no habilitante, que no concede esta atribución.
Según el informe, el número de grados no habilitantes ha crecido un 59,4% en los últimos 10 años. En el mismo periodo, los matriculados en este tipo de grados han aumentado un 48,5%, pero los matriculados en grados habilitantes han caído un 5,99%. Como puntualiza Galdón, «se ha invertido la curva».
Actualmente, el 53% de los grados en ingeniería son no habilitantes. Esto crea un problema «gravísimo», en opinión de Galdón, quien es también presidente del Comité General de la Ingeniería Técnica Industrial de España, porque muchos estudiantes descubren que no pueden ejercer como ingenieros solo cuando finalizan sus estudios, al intentar colegiarse o acceder a puestos regulados.
Esta situación, estima Galdón, genera frustración, sensación de engaño y obliga a los afectados (más de 200.000 entre titulados y estudiantes actuales) a realizar un “esfuerzo extra”, ya sea económico, personal o familiar, para cursar un máster o grado habilitante que les permita ejercer, retrasando su incorporación al mercado laboral.
En una entrevista exclusiva a industry Talks, Galdón explica las razones detrás de este fenómeno e identifica dos factores clave para la proliferación de este tipo de titulaciones no habilitantes. En primer lugar, «todo esto surgió para adaptar a las profesiones antiguas; se tuvieron que crear unos grados ‘blancos’ para que diesen acceso a un determinado máster concreto». Es decir, opina, fueron una creación de las universidades para garantizar la continuidad del alumnado en sus másteres, priorizando su interés institucional sobre las necesidades del estudiante.
En segundo lugar, estas titulaciones son menos complejas, ya que, dice, «son más fáciles de aprobar en las propias universidades porque no tienen que cumplir la orden CIN y no tienen que ceñirse a unos determinados contenidos». Para atraer estudiantes, se utilizan «nombres recurrentes, muy modernos -considera Galdón-, pero sin el rigor que exigen las titulaciones reguladas». El entrevistado es contundente al afirmar que el interés detrás de estas titulaciones responde al «de las propias universidades» y no al «interés general».
La orden CIN mencionada por el presidente de Ingite se refiere a la Orden CIN/351/2009 del Ministerio de Educación, que establece los requisitos de los títulos universitarios para ejercer como ingeniero técnico industrial.

Limitación de las oportunidades laborales
El principal perjuicio de esta dinámica recae sobre los titulados, que ven limitadas sus oportunidades laborales. Estos «grados en ingeniería especialista coartan las posibilidades laborales de esos titulados, porque solo van a poder trabajar en un campo determinado y concreto». Además, se genera una situación de «sinsentido» donde la universidad «te obliga a que hagas otros dos años de titulación para tener entonces el máster generalista». Esto retrasa la incorporación al mercado laboral.
El Ingite, señala Galdón en la presentación del estudio, no se opone a que las universidades impartan estas titulaciones no habilitantes llamadas “blancas”, pero exige una información transparente, clara y rigurosa para que los estudiantes “sepan de antemano” las limitaciones profesionales de la titulación que eligen.
Como solución, el Instituto propone una Ley de la Ingeniería basada en cuatro pilares fundamentales:
1.- Defensa del nombre de la ingeniería: El borrador estipula, dice Galdón, que «cuando un título sea de ingeniería debe cumplir los requisitos de los estándares que marca Europa». Además, se propone que «todos los títulos [de ingeniería] tienen que ser habilitantes» para eliminar la confusión actual. La orden CIN habla de 180 ECTS (créditos europeos) de asignaturas o módulos como mínimo para un plan de estudios que tendrá una duración de 240 créditos. Los 60 restantes se pueden emplear para materias optativas, comenta.
2.- Niveles profesionales basados en competencia y experiencia: El borrador establece tres niveles profesionales que combinan formación y experiencia, rompiendo con el modelo que solo considera títulos académicos. Tras el grado, se accedería a «ingeniero senior» (que requiere 7 años entre titulación y experiencia) e «ingeniero experto» (20 años de experiencia). Esto permitiría «promocionar la carrera de todos los ingenieros» y que «la sociedad pueda comprobar en cualquier momento el tipo de ingeniero que es», argumenta Galdón.
3.- Organización colegial global: Se aboga por «la creación de una organización colegial global en el ámbito de la ingeniería» que agrupe a todas las ramas, siguiendo el modelo de la organización colegial médica. Esta Organización Colegial Ingeniera (OCI) de nuevo cuño permitiría una «voz única» y eliminaría las «guerras intestinas» a propósito de las atribuciones profesionales que en España están basadas en el uso y menos en las competencias técnicas. Y Galdón pone un ejemplo para ilustrar. Un ingeniero industrial puede hacer una nave industrial de tres plantas, con sótano, puente grúa, forjado, es decir, muy compleja, pero no una nave agrícola para guardar aperos, porque el uso es agrícola y no es industrial. “Lo explicas fuera de España, cuando pasas los Pirineos, y la gente se asombra y dice: ¿cómo es posible que pase eso?”
4.- Disposición transitoria: Se propone una solución para los más de 200.000 afectados por grados no habilitantes, ofreciéndoles «una habilitación parcial y que puedan luego seguir ganando atribuciones profesionales». Para los titulados pre-Bolonia, se respeta su estatus actual.
Para Carlos Dueñas, vicepresidente de Ingite y presidente del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras públicas, existen dos pilares fundamentales: la vocación y la preparación. Para incentivar la primera resulta imprescindible, en su opinión, que exista una concienciación social hacia los más jóvenes sobre lo que es la ingeniería en todas sus ramas. Y la preparación es “muy importante” en los primeros niveles de estudios, en Bachillerato, que se potencien materias como Matemáticas, Física o Química que son fundamentales luego para el desarrollo de nuestras titulaciones.
El portavoz de Ingite adelantó que la iniciativa ha sido bien recibida por los estudiantes, «que para nosotros es lo más importante». Sin embargo, la universidad tiene «luces y sombras» y «no está muy por la labor» de que la experiencia profesional pueda complementar o suplir en algunos niveles a las titulaciones. El proyecto también se ha enviado a patronales y sindicatos, ya que tendrá un impacto significativo en el mercado laboral y los convenios colectivos.
El proceso de tramitación de la Ley de la Ingeniería se acogerá seguramente a la modalidad de Iniciativa Legislativa Popular (ILP). Esta es una vía de participación ciudadana que permite a los ciudadanos presentar una propuesta de ley para que sea debatida y considerada por el Congreso de los Diputados. En España se necesitan 500.000 firmas acreditadas para que una ILP sea tramitada, tal como lo establece el artículo 87.3 de la Constitución. Galdón considera que el proceso podría durar entre año y medio y dos años, un tiempo que aprovecharán para hacer pedagogía y consensuar el texto. «El procedimiento no es inmediato ni corto», resume.

Entre los datos positivos, el exhaustivo informe destaca el aumento constante de la presencia femenina en las ingenierías. «Las estadísticas son halagüeñas», considera Galdón. Las mujeres ya suponen el 23% del alumnado matriculado en grados (una de cada cuatro), lo que representa un incremento del 36,6% en los últimos diez años en los grados habilitantes, aunque sea todavía insuficiente. Además, las mujeres muestran una tasa de graduación significativamente más alta (46.9%) que los hombres (39.4%), lo que indica un mayor éxito académico de ellas en estas titulaciones.
En el capítulo de la mujer, Galdón señala que están «trabajando en la visibilidad, porque tenemos el concepto social de que la mujer no se incorporaba al ámbito de la ingeniería y necesitábamos muchos referentes femeninos». El ponente recuerda que una exposición de mujeres ingenieras de éxito recorre toda España para que las niñas y jóvenes encuentren referentes reales que les inspiren y guíen. «Estamos trabajando en el primer barómetro de la mujer ingeniera que se va a realizar, sobre todo para comprobar el sentimiento que tienen las mujeres, si existen o no desigualdades, cómo se produce su incorporación» y otras circunstancias, agrega.
El informe de 116 páginas también revela otros hallazgos muy significativos, como una tasa de abandono en los grados de ingeniería cercana al 50%, y que los grados no habilitantes tienen una tasa de graduación más alta (46,24%) que los habilitantes (35,73%), sugiriendo asíi que pueden ser percibidos como menos exigentes.
El Ingite, en este sentido, considera urgente adoptar medidas decididas para reforzar las vocaciones STEM (científicas, tecnológicas, ingenieras y matemáticas), mejorar la orientación académica, asegurar la calidad y atribuciones de las titulaciones de Ingeniería y planificar la oferta universitaria en función de las necesidades reales del país.
“No es solo una reivindicación profesional; es una cuestión de Estado. Sin ingenieros suficientes y bien formados, España no podrá afrontar sus grandes desafíos: sostenibilidad, innovación, digitalización, industria, energía y seguridad”, concluye Galdón.
Ante este panorama agridulce, el Instituto está impulsando una propuesta de Ley de la Ingeniería. El objetivo de esta nueva normativa legal será modernizar la profesión, adaptando las titulaciones post-Bolonia a las profesiones reguladas, eliminar barreras entre las diferentes ramas de la ingeniería, equiparar el nivel con los estándares europeos y mundiales, y reconocer la adquisición de competencias a lo largo de la vida profesional, incluyendo la experiencia y la formación continua. Con esta iniciativa, buscan crear una ingeniería moderna, con una voz única y acorde a las demandas del tejido industrial y empresarial del siglo XXI. Queda bastante camino por recorrer.

