El mercado de los humanoides está en pleno auge, sobre todo por parte de startups y grandes inversores. Y es que, hasta la Organización Internacional de Normalización (ISO) se ha puesto manos a la obra para regular su uso y aplicaciones. Si bien este crecimiento es verídico, se deben considerar aspectos clave como las necesidades reales en una fábrica. Lejos de una imagen futurista, la forma humana no se encuentra entre las prioridades de las fábricas.
Entre los retos de múltiples territorios como Estados Unidos, Japón y Europa, el más importante radica en el descenso de la mano de obra disponible y de los perfiles cualificados. En paralelo, los fabricantes se enfrentan a la presión cada vez mayor de proporcionar productos personalizados, con ciclos de vida más cortos y con cadenas de suministro más resilientes, sin olvidar la productividad, la calidad y la sostenibilidad como premisas básicas. Por todo ello, la automatización ha dejado de ser opcional para convertirse en un requisito estratégico. Pero con aplicarla no basta: hay que tener en cuenta cómo y con qué recursos hacerlo.
A lo largo de una línea de producción, no todas las tareas son iguales. Los puestos fijos emplean robots colaborativos (cobots), que resultan especialmente efectivos en acciones repetitivas. La logística y los movimientos internos ya se gestionan con los AMR (Robots Móviles Autónomos), que cuentan con capacidad de carga muy superior a la de un humanoide. En operaciones híbridas, en las que se combinan desplazamientos e interacción, los cobots móviles son la opción idónea.
En cambio, los humanoides resultan demasiado generalistas, además de ser más costosos, complejos y poco adaptados a la eficiencia que requiere una fábrica. En otras palabras, la forma humana no aporta ningún valor diferencial en entornos enfocados a la productividad. ¿Por qué invertir en dos piernas, cuando unas ruedas transportan más rápido y de un modo seguro? ¿Para qué pagar múltiples articulaciones si con un brazo robótico se resuelve la tarea? La premisa está clara: los proyectos de automatización más exitosos son aquellos que eligen la herramienta adecuada, ajustada para cada función.
En un contexto de incertidumbre económica y escasez laboral como el que vivimos, la robótica avanzada está ganando terreno. Mediante robots modulares con posibilidad de añadir accesorios complementarios, se pueden resolver numerosas aplicaciones. Además, se implantan de manera rápida, ocupan poco espacio y consumen menos energía. Así, el retorno de la inversión es tangible.
Esto no significa que los humanoides carezcan de futuro. Su valor puede ser igualmente significativo donde la parte humana facilita la interacción, como sería el caso de la atención sanitaria o el sector hotelero. Sin embargo, esperar a que estén listos para la industria supondría posponer soluciones diseñadas para complementar el trabajo humano que ya existen.
En definitiva, la industria lo que necesita son soluciones concretas para acciones concretas. Y, en realidad, ya las tenemos aquí.
