MONOGRAFÍA

La industria manufacturera española cae al 11,8% del PIB y pierde 723.500 empleos

La industria manufacturera española ha experimentado un deterioro sostenido en las últimas dos décadas, situándose en 2024 en el 11,8% del valor añadido bruto (VAB), muy lejos del 20% fijado como objetivo por la Unión Europea.

Así lo constata la monografía ‘La adaptación de la industria manufacturera española al escenario energético y la transición digital’, elaborada por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie). El descenso acumulado desde el año 2000 es de 6,1 puntos porcentuales, lo que coloca a España 3,9 puntos por debajo de la media europea.

En el año 2000, la industria manufacturera española representaba el 17,9% del valor añadido bruto (VAB) del país. Sin embargo, tras la crisis financiera de 2008, el sector comenzó un progresivo retroceso que lo ha llevado a situarse en un 12,5% en 2022. Solo entre 2000 y 2008, España perdió 4,1 puntos porcentuales de peso industrial, siendo el país que más retrocedió entre las economías analizadas.

Durante esa etapa, todos los países industriales vieron disminuir el peso de sus manufacturas, con la excepción de China, que ganó 1,2 puntos y alcanzó el 30,9% de su PIB. La caída española contrasta también con la relativa estabilidad de Alemania, cuya industria apenas se resintió, y agranda la brecha con la media de la UE: en 2008 ya era de 3,2 puntos porcentuales y sigue ampliándose.

El informe destaca que a principios del siglo XXI España estaba algo por debajo de la media europea en peso manufacturero (19,5%) pero por encima de economías como Francia (16,1%) o Estados Unidos (15,7%). La evolución posterior, sin embargo, ha debilitado esa posición. “La industria española fue la que más peso perdió en términos relativos tras la crisis de 2008”, subraya el texto, lo que pone de relieve la fragilidad del modelo productivo español frente a escenarios de inestabilidad.

Gráfico VAB Manufacturero

La pérdida no se limita al ámbito económico. En términos de empleo, la contracción ha sido aún más drástica: el sector ha destruido uno de cada cuatro puestos de trabajo que tenía al comienzo del siglo, lo que equivale a una pérdida de 723.500 empleos. En la actualidad, las manufacturas apenas representan el 9,9% del total de ocupación en España. La industria manufacturera, que excluye las actividades energéticas, está compuesta por más de 150.000 empresas, que suponen el 4,8% del tejido productivo, y emplea a 2,17 millones de personas, frente a los más de 2,8 millones de 2000.

“España no solo no ha alcanzado el objetivo del 20% del PIB marcado por la UE en 2014, sino que se ha alejado aún más de él”, advierte el informe, que remarca el retroceso tanto en renta como en empleo. Esta pérdida de peso productivo y laboral tiene implicaciones estructurales, ya que limita la capacidad de crecimiento sostenible de la economía y su autonomía estratégica en un contexto global inestable.

Cuatro ramas dominan el mapa industrial

La composición del sector industrial español también revela importantes diferencias respecto al contexto europeo. En 2022, cuatro ramas concentraban casi el 60% de toda la producción manufacturera nacional: la industria agroalimentaria lidera con un 19,4% del total, seguida de la metalurgia y productos metálicos (12,7%), la química y farmacéutica (12,1%) y la fabricación de material de transporte (11,8%). Justo detrás se sitúa el sector de caucho, plásticos y minerales no metálicos (9,3%).

En comparación con la media de la UE-27, España presenta una especialización mucho mayor en el sector agroalimentario, con un peso 8,4 puntos superior. También muestra una mayor presencia en las industrias textil y de caucho y plásticos. Sin embargo, la producción de maquinaria y equipo representa apenas la mitad del peso que tiene en Europa, y en productos informáticos, electrónicos y ópticos, el desfase es aún mayor: su peso en España es seis veces inferior al promedio comunitario.

Pese a su menor protagonismo en el PIB, la industria manufacturera sigue desempeñando un papel esencial en el sector exterior. Sus exportaciones representan el 20,3% del PIB nacional y suponen el 84% de todas las exportaciones de bienes. No obstante, el informe matiza que esta cifra sigue siendo inferior a la de la UE-27, donde las exportaciones industriales equivalen al 31,1% del PIB, lo que evidencia un menor grado de industrialización y un menor peso de sectores de alto valor añadido en la economía española.

En cuanto al desafío digital, el estudio revela que la industria española aún tiene un largo camino por recorrer en términos de incorporación de tecnologías, inversión en activos intangibles y esfuerzo innovador. En 2020, sectores clave como la fabricación de productos informáticos y electrónicos apenas representaban el 1,5% del VAB manufacturero, frente al 5,5% en la UE.

El problema energético merece capítulo aparte. La industria manufacturera española muestra una elevada intensidad energética y dependencia del exterior, lo que afecta negativamente a su competitividad. Sin embargo, el informe también identifica una oportunidad: “España tiene una posición ventajosa para liderar la transición energética gracias a sus recursos naturales, especialmente en energías renovables”.

A través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y los fondos europeos Next Generation EU, el Gobierno español ha lanzado iniciativas ambiciosas como el componente 12 del PRTR o los PERTE. Pero los autores insisten en que “la eficacia de estas inversiones dependerá de que se enfoquen en sectores estratégicos, impulsen la innovación y prioricen la eficiencia energética”.

En suma, el estudio plantea un diagnóstico claro: el futuro de la industria manufacturera española pasa por una transformación profunda que integre digitalización, sostenibilidad y políticas industriales selectivas. La meta del 20% del PIB sigue vigente, pero, como concluyen los autores, “requiere muchos matices y una visión crítica para que no se convierta en un simple eslogan”.

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