ENTREVISTA

Sergio Martín, ABB: “Vamos a ver robots donde nunca los vimos hasta ahora, por ejemplo, en restaurantes”

Sergio Martín lleva prácticamente toda su vida profesional, nada menos que 18 años, en ABB, una corporación multinacional tecnológica con sede central en Zúrich (Suiza), especializada en robótica, generación de energía eléctrica, automatización, equipamientos industriales y otras tecnologías de ingeniería. En esta entrevista el director de Robotics & Discrete Automation de ABB para España y Portugal presenta los 'cobots' o robots colaborativos, pero también opina sobre el futuro de la robótica en general.

¿Cuáles son los actuales productos estrella de ABB Robotics?

GoFA y SWIFTI son las estrellas. Los enseñamos mucho en el mercado porque en realidad marcan una diferencia muy clara con la robótica industrial tradicional. La robótica industrial era algo “muy serio”. Quiero decir que la programación tenía que hacerla un experto, la ingeniería tenía que estar muy detallada, con unos cerramientos y unos vallados, y una vez en marcha, a producir a alta velocidad. ¿Qué es lo que hemos visto en el mercado? Que no todo el mundo necesita este tipo de producción ni ese tipo de ingeniería, sino algo más flexible o adaptable a las necesidades, que no haya que llamar a ABB o a un experto programador para adaptarlo.

Diseñamos GoFa y SWIFTI, estos dos robots de la familia colaborativa para que se puedan programar desde una tablet con operaciones como las que hacemos con un móvil de programar tareas, o incluso con la mano.  

La principal diferencia entre una cosa y la otra es la flexibilidad, porque las pequeñas y medianas empresas necesitan ponerlos en marcha rápido, pero también ada ápido, porque no tienen pedidos de millones de unidades, sino que tienen de un centenar y mañana tienen que hacer otra cosa. Flexibilidad, facilidad de uso y también el nivel de inversión. Cuando hablábamos de robótica tradicional, había como una barrera en cuanto a ¿me puedo meter aquí? Con la robótica colaborativa estamos hablando alrededor de 25.000 euros, lo que podría ser un vehículo normal. Por tanto, el nivel de inversión ha bajado mucho. Y el retorno de inversión, a parte de los costes, está en torno a un año.

¿Para qué están pensados estos robots colaborativos o ‘cobots’? ¿Hacia dónde va su desarrollo?

Las primeras aplicaciones son de manipulación de pequeño material: mover piezas, ajustar piezas, con una precisión muy alta. Las aplicaciones no son de proceso, entendido este como soldadura o corte. Estas aplicaciones de proceso no son por sí mismas colaborativas, porque hay un grado de peligro con el calor y las proyecciones… ¿Y el futuro hacia dónde va? Hacia la manipulación de tareas complejas en las que el robot pueda decidir qué tipo de tarea necesita, es decir, hay detrás un componente de IA o Deep Learning en la que el robot pueda determinar si lo que le ha llegado para montar está en buenas condiciones o tiene una buena calidad o tiene que hacer un montaje específico en función de lo que le llega. El siguiente paso que veremos en la evolución de la robótica colaborativa es que el robot sea más más autónomo en la toma de decisiones y sea capaz de adaptar su nivel de trabajo en función del entorno. Empezamos a ver ahora los primeros pasos de todo esto.

Lo que vemos ahora son robots quietos. Los montamos en la mesa de trabajo y allí trabajan. Lo siguiente que veremos en poco tiempo será robótica móvil, cómo el robot colaborativo se mueve por el lugar de trabajo. Tenemos un video demo en el que tenemos a un robot de este tipo: YuMi, con dos brazos, montado sobre una plataforma móvil robótica que recorre la superficie de un laboratorio. Su tarea es mover tubos de ensayo, moverlos a la centrifugadora y lleva la bandeja. Los siguientes pasos serán la robótica móvil con una evolución muy rápida.

¿Qué diferencias hay entre GoFa y SWIFTI?

GoFa es un robot 100% colaborativo, es decir, que siempre va a poder trabajar codo con codo con el operario. No tendrá un vallado de seguridad. Estará instalado en su posición. El operario va a poder darle piezas y recogerlas, decirle que avance, que pare siempre en un entorno abierto. Eso es porque la velocidad de trabajo de este robot está limitada para que sea un trabajo seguro, que no tenga mucho movimiento o inercia que pueda dañar al operario. GoFa puede manipular hasta cinco kilos de carga, que es mucho para un robot colaborativo de los más altos de su clase, y a una velocidad de dos metros por segundo. La productividad es elevada, con cargas elevadas, pensando en lo que puede manipular un operario. 

SWIFTI está entre la robótica colaborativa de GoFa y la robótica industrial. En la robótica industrial, el robot va a ejecutar lo más rápido posible las tareas que le digan, porque lo que prima es la velocidad y la productividad y para eso los cerramos porque no son capaces de ver si el operario está cerca o lejos. SWIFTI está en medio. Tiene un modo de trabajo colaborativo, en el que puedo estar cerca de él, pero tiene un sensor que detecta si el operario está muy cerca cuando trabaja a mucha velocidad. De manera que SWIFTI adapta su velocidad a la proximidad del operario. Sin operario cerca puede trabajar a velocidades de cinco metros por segundo con cuatro kilos de carga, pero si el operario tiene que aportar una pieza o acercarse, SWIFTI pasa a modo colaborativo. Sin tocar ningún botón. Sin programar nada. En resumen, la productividad es diferente para GoFa y para SWIFTI.

¿Cómo vendería al directivo de una pyme un ‘cobot’ que vale 25.000 euros?  

La principal ventaja es que va a aumentar la producción porque el robot trabaja sin parar y va a poder adaptar esa máquina automática a la producción que necesite. Va a mejorar la productividad pues el robot ejecutará las órdenes que le den sin equivocarse y con 100% de calidad. Y podrá adaptarse rápidamente a las necesidades del cliente, por ejemplo, con producciones muy variadas o lotes de distintos tamaños. No tendrá que cambiar la instalación; a un robot colaborativo sólo lo tendrá que reprogramar. Ganará fácil adaptación a un bajo coste y esa ventaja competitiva. Con respecto a los demás, va a poder trabajar más horas, produciendo con más calidad y adaptándose más rápidamente.

¿Cuándo salieron al mercado GoFa y SWIFTI?

Los dos robots fueron presentados oficialmente en febrero y ahora empiezan a llegar las primeras unidades a España.

Video presentación de las habilidades del ‘cobot’ GoFa de ABB.

¿Cómo ha afectado la pandemia a su nicho de mercado?

Como en todos los segmentos, la pandemia ha producido un parón en la producción. Por ejemplo, en el automóvil. En otros sectores este parón ha provocado tener tiempo de pensar hacia dónde me enfoco. La pregunta de ¿qué me aporta la robotización? se la han planteado muchas empresas.  ¿Cómo puedo hacerme más fuerte, más competitivo? En la pyme se ha acelerado la introducción de la automatización porque al robot lo tienes trabajando allí independientemente de lo que pase con la crisis sanitaria.

Lanzamos una encuesta durante tiempos de pandemia acerca de sobre qué se iban a enfocar los empresarios en este tiempo. El 84% respondió que en digitalización y automatización. Digitalización porque necesitan ver el estado de su fábrica o de su producción incluso en remoto: dónde se produce, qué máquina se está parando… para poder reaccionar antes, incluso antes de que pase, con mantenimiento predictivo. Y la automatización, por ser capaces de mantener una producción incluso cuando no estemos al 100% de carga o cerremos puertas.

Se ha producido una aceleración en el mercado incluso en segmentos donde no estábamos presentes. Por ejemplo, nunca hasta ahora habíamos instalado robots en laboratorios farmacéuticos. Están los técnicos que hacen los tests y ahora tenemos robots haciendo esos tipos de tests, que están trabajando 24 horas. O en logística. Con el boom de las compras online, los centros de distribución han incrementado muchísimo su carga y no muchísimo su plantilla, porque no podían hacerlo. En los finales de línea de esos centros de distribución han ido apareciendo robots que se encargan de la clasificación de paquetes o del paletizado del paquete. Esa forma de consumir o de asumir los recortes que nos ha traído la pandemia ha provocado que apretemos un poquito más las tuercas y nos preguntemos cómo seguir si el entorno no nos deja.

El público en general sigue teniendo miedo a la interacción entre el hombre y el robot. ¿Qué está haciendo ABB para superar ese obstáculo?

Hay dos puntos de vista. El primero es cómo interactuamos con el robot. Habitualmente era muy árido. No tenías un teclado o una unidad de programación con botones y palancas y botones. ¿Cómo lo interactuamos en nuestro día a día? Con el móvil tocamos la pantalla y arrastramos órdenes para que la aplicación o el juego evolucionen. Hemos intentado coger ese mismo concepto y trasladarlo al robot y para que la manera que interaccione con él sea la misma. La manera de programar el robot ahora es gráfica. No se pican códigos, sino que arrastramos bloques de órdenes. Eliminamos la barrera de la tecnología. Eso hemos intentado con nuestra nueva unidad de programación que es como si fuera una tablet. Muy fácil, muy intuitivo. Esa es la primera parte. La segunda es el robot que se ha diseñado con unas zonas que están acolchadas y redondas que impiden el atrapamiento. En vez de picar códigos y dar coordenadas, se graban posiciones, lo que nos permite desde un primer momento que se vea como algo muy asequible. No da miedo como la robótica tradicional porque entonces no sabías parar el robot. ¿Cómo se para un robot industrial? ¿Dónde está el botón? Con la robótica colaborativa basta poner la mano para que el robot se pare. En los primeros momentos, nada más sacarlo de la caja, te da la sensación de que es un juguete, que es algo serio, pero muy asequible. De esa forma nos hemos acercado al usuario. Y hemos hecho varias demos, varios prototipos.

¿Cree que falta regulación normativa para el sector de la robótica? ¿Qué le piden a la Administración?

A la Administración le pedimos formación. Hace falta que llegue más robótica a los centros técnicos, a los centros de Formación Profesional, a la ingeniería. Nosotros hemos tenido la iniciativa de colocar robots, y tenemos 200 en centros de formación. Pero en los planes de formación falta ese acento tecnológico basado en la digitalización, como tratar el big data, porque nos estamos quedando atrás en el desarrollo de ese tejido de conocimiento.

En cuanto a la regulación del uso de máquinas, no hay mucho más que añadir. Todos tenemos, muchas veces, al robot como una cosa de ciencia ficción, que va a caminar y hacer nuestro trabajo. En realidad, es una máquina más. El hecho de que ahora sea más sencilla y que pueda trabajar contigo es consecuencia de que es una herramienta que se ha ido universalizando y democratizando, pero no va a pagar el IRPF…

Peso si se aprecia cierto conflicto laboral porque ocuparán los puestos de trabajadores…

Pero si lo analizamos con datos, la tasa de paro disminuye en los países que más robotización tienen, como Corea del Sur, Alemania. Hay una relación directa. ¿Por qué? Porque los que mete en robot son los más competitivos. Son ellos los que hacen las fábricas más grandes. O los que venden más rápido. En realidad, robotizar está generando más empleo que el que destruye. Nosotros somos el país número 13 en la lista de robotización. Tenemos 190 robots por cada 10.000 empleados. Es una tasa muy baja.  Los países más robotizados nos triplican en esa tasa. También en PIB y en oportunidades. La automatización robótica es, en realidad, un aliado de la competitividad.

¿Entonces no hay tantos robots como parece?

Estamos en la fase temprana de la robotización en la mayor parte del mundo. La industria del automóvil, en los países industrializados, es la que se lleva la mayor parte de los robots. En España, si sólo miramos automóvil, estamos en 1.000 robots por cada 10.000 empleados. Es cierto que es algo muy presente y muy visible, pero aún falta mucho por desarrollar. Por ejemplo, en robótica colaborativa el año pasado se vendieron 22.000 robots, que es muchísimo en un mercado que está creciendo, pero va a crecer a un ritmo de 20% anual, es un mercado que en dos años va a duplicar su valor. De 700 millones de euros a 1.400 millones en tres años. Eso quiere decir que vamos a ver robots donde antes no los veíamos hasta ahora. Por ejemplo, en restaurantes, con un asistente de cocina que sea un robot. Eso lo veremos a muy corto plazo. En dos años, por no decir antes, porque estamos trabajando con muchas empresas que necesitan eso. Aparecerá muy rápido.

¿En ese escenario hacia dónde va la robótica? ¿Cómo estaremos en 10 años? ¿Habrá ‘smart factories’ por doquier?

El boom de la robótica va a crecer a muy corto plazo y a un ritmo muy alto. ¿Hacia dónde va? Nosotros, desde ABB, no nos imaginamos las smart factories como salas oscuras y automatizadas. Vemos el uso de la robótica como ayudante, porque aun falta mucha evolución en la ingeniería de la IA. Por ejemplo, el automóvil se ha automatizado mucho, pero sigue habiendo muchas personas. Lo mismo va a pasar en el resto de las industrias. Automatizaremos los centros logísticos, pero eso querrá decir que habrá mucho más volumen de trabajo y de transporte. Se va a incrementar mucho el uso de la robótica como compañera de la manufactura tradicional, no eliminando la tarea humana, también por requisitos de calidad, supervisión, ajuste. Cada vez hacen falta otro tipo de tareas.

¿Tiene sesgo la programación de robots, la Inteligencia Artificial?

Personalmente veo ese sesgo, porque no somos capaces de trasladar una parte muy importante de la toma de decisiones como son la emoción y la empatía. Cuando uno decide algo, miras el impacto que va a tener lo que decides. Cuando programamos IA, ese tipo de soluciones no están, no aparecen. En tareas muy básicas no tiene importancia, si es un robot que mueve una placa de un lado a otro, pero sí es un robot que está atendiendo al público, ayudando a un enfermo, falta esa parte. Y es ahí donde el robot de la ciencia ficción está muy lejos de lo que tenemos en el mercado, por esa falta, por ese sesgo de la parte más vital nuestra.   

¿Incluye en ese sesgo el sesgo de género?

No le veo el sesgo de género. Seguramente tendremos que evolucionar mucho más en el análisis de las acciones para ver esa diferencia de género en una toma de decisiones.        

¿Cuáles son los proyectos futuros de ABB?

Estamos pensando en robótica fuera de los entornos de manufactura. Hemos creado una nueva unidad de negocio que llamamos Servirobotics, que es robótica pero no para producir. Ya tenemos varias líneas de negocio. Seguimos apostando por ello y va a crecer a otra velocidad. La Servirobotics la vamos a ver en restaurantes, sanidad, farmacia, hospitales, logística. Suelo decir que la logística será en breve como el automóvil en cuanto a volumen de la robótica. Tradicionalmente el automóvil ha ido creciendo y es la industria que más absorbe toda la tecnología y eso es lo que vemos que pasa ya en la logística.       

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