Carmen Navarro, directora del Grupo Español para el Crecimiento Verde, abrió el debate recordando que Europa dispone ya de las tecnologías necesarias, pero no de la velocidad de despliegue adecuada. “No estamos avanzando al ritmo suficiente”, subrayó, pese a que Andalucía “cumple de sobra en electrificación renovable”. Navarro puso el foco en tres pilares: la electrificación limpia, las tecnologías de descarbonización industrial y la circularidad. “Las renovables han reducido sus costes hasta un 70% en eólica y un 80% en solar y baterías, pero el consumo final global sigue estancado en un 30% de energía renovable cuando deberíamos estar ya en un 60%”, recordó. Su conclusión fue clara: “Las tecnologías existen; lo crítico ahora es la escalabilidad, la financiación y un marco regulatorio que dé certidumbre”.
En esta línea, Marta San Román, directora y secretaria general de AFEC, insistió en que Europa no puede liderar si la innovación no está directamente conectada con el mercado. “Necesitamos una I+D que invierta en tecnologías aplicables de forma efectiva y pronto. Si no, es un gasto inútil”, afirmó. Defendió la electrificación eficiente y una digitalización integral de los procesos industriales. “El control de la tecnología ya no es accesorio; hay que diseñarlo desde el principio”. Además, abogó por evitar un “agnosticismo fiscal que favorece a unas tecnologías y penaliza a otras”, y defendió la hibridación: desde la aerotermia y geotermia hasta la fotovoltaica o el hidrógeno verde.
El punto de inflexión llegó con la intervención de Fernando Mateo, director de Descarbonización Industrial de Iberdrola. Recordó un dato clave: el 50% de la energía que se consume en el mundo es calor, y la mitad corresponde a procesos industriales. “En España la industria consume 200 TWh de calor, y la mitad es solo para generar vapor”, explicó. Frente a esto, defendió que ya existen tecnologías maduras para electrificar ese vapor: bombas de calor industriales, calderas eléctricas y almacenamiento térmico. “Generar vapor con medios eléctricos es sencillo, competitivo y flexible, especialmente en un país con renovables baratas como España”. Mateo también destacó que Andalucía es líder en tecnologías de almacenamiento térmico, con empresas que ya exportan proyectos a nivel internacional: “Tenemos los mimbres para atraer industria y exportar tecnología, pero necesitamos redes y equilibrio en la fiscalidad”.
Por su parte, Alfonso Vargas, presidente de Claner, centró el debate en la paradoja andaluza: mucha producción renovable, pero poca industria capaz de consumirla. “Aquí somos capaces de producir mucha energía y muy barata. Lo que falta es que las industrias puedan conectarse a la red porque no hay capacidad disponible”, lamentó. Advirtió que la inversión en redes avanza muy por detrás de la producción y que tecnologías con enorme potencial, como la biomasa, se han quedado rezagadas: “Hemos perdido el tren de la biomasa; tenemos un potencial enorme, pero no ha competido porque no la hemos acompañado lo suficiente”. Vargas también recalcó otra ventaja diferencial: la región es un territorio óptimo para proyectos de hibridación y almacenamiento y cuenta con un ecosistema ideal de test beds, como CTA o la Plataforma Solar de Almería.
La necesidad de alianzas público-privadas y de una planificación más integrada apareció a lo largo de toda la mesa. Navarro insistió en que “la transición no puede hacerse en silos; requiere de empresas, administración, universidad y agentes locales”. Subrayó especialmente la dimensión territorial: “Es fundamental escuchar a los agentes locales; la aceptación social es decisiva”.
La moderadora, Vanessa Moreno, directora de Comunicación de CTA, cerró el encuentro pidiendo a cada ponente un mensaje final. San Román optó por un guiño irónico: “Pidamos a los Reyes Magos industrias sostenibles… y por favor, que no nos traigan carbón”. Vargas reivindicó el papel de la sociedad: “Las condiciones las tenemos; necesitamos también un caldo de cultivo social favorable”.
El debate dejó una idea clara: Andalucía está a las puertas de convertirse en una referencia europea en industria limpia. Pero para que el potencial se traduzca en empleo, competitividad y liderazgo tecnológico, la región debe agilizar permisos, reforzar redes, atraer industria y dar estabilidad a largo plazo. El laboratorio está listo. Falta acelerarlo.
