REPORTAJE

Los grandes Perte industriales, bajo la lupa: qué se ha conseguido y qué sigue pendiente

Cuatro años después de su puesta en marcha, los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (Perte) se han consolidado como el principal instrumento de política industrial ligado a los fondos europeos Next Generation EU. Con miles de millones de euros movilizados y decenas de convocatorias ya resueltas, el balance comienza a ofrecer una imagen más clara: algunos programas han logrado acelerar inversiones estratégicas y modernizar sectores clave, mientras que otros todavía afrontan desafíos relacionados con la ejecución, la complejidad administrativa o la llegada efectiva de los proyectos al tejido empresarial.

Cuando el Gobierno presentó los primeros Perte en 2021, el objetivo era ambicioso. No se trataba únicamente de distribuir fondos europeos, sino de aprovechar esa oportunidad para transformar el modelo productivo español, impulsar la autonomía estratégica en sectores críticos y acelerar la transición ecológica y digital de la industria.

Desde entonces se han aprobado doce Perte que abarcan ámbitos tan diversos como la salud, la economía social, el agua o la nueva economía de la lengua. Sin embargo, son seis de ellos los que concentran buena parte del esfuerzo industrial del país: el Perte del Vehículo Eléctrico y Conectado (VEC), el de Descarbonización Industrial, el Agroalimentario, el de Economía Circular, el Naval y el Perte Chip.

Tras varios años de convocatorias, ampliaciones presupuestarias y adjudicaciones, la pregunta ya no es cuánto dinero queda por movilizar, sino qué impacto real están teniendo estas iniciativas sobre la industria española.

El Perte VEC: de un inicio complicado a una nueva etapa de consolidación

Probablemente ningún Perte ha estado tan expuesto al escrutinio público como el dedicado al vehículo eléctrico y conectado.

Su lanzamiento generó enormes expectativas. España es el segundo fabricante de automóviles de Europa y la transición hacia la movilidad eléctrica suponía una oportunidad histórica para mantener ese liderazgo en un momento de profunda transformación tecnológica.

Sin embargo, los primeros pasos no estuvieron exentos de dificultades. Las primeras convocatorias registraron una ejecución inferior a la esperada, principalmente debido a la complejidad administrativa de los proyectos tractores, los requisitos exigidos para acceder a las ayudas y las dificultades para coordinar grandes consorcios empresariales.

A medida que avanzaba el programa, el Ministerio de Industria fue introduciendo cambios para flexibilizar el acceso a las ayudas y adaptar las convocatorias a las necesidades reales del sector.

Esa evolución ha permitido que el Perte entre en una nueva fase, mucho más centrada en reforzar la cadena de valor del automóvil eléctrico que en grandes proyectos integrales.

En los últimos meses, el Ministerio ha adjudicado 1.347 millones de euros a 34 proyectos correspondientes a la línea de cadena de valor, una de las mayores asignaciones realizadas hasta la fecha dentro del programa. Las ayudas pretenden impulsar inversiones vinculadas a la fabricación de baterías, componentes, sistemas electrónicos y nuevas tecnologías asociadas al vehículo eléctrico.

Paralelamente, el Ejecutivo ha ampliado los plazos de distintas convocatorias para facilitar la participación empresarial y ha puesto en marcha nuevas ventanillas de financiación adaptadas al ritmo de inversión del sector.

Vehículo eléctrico

Entre ellas destaca la apertura de una nueva convocatoria dotada inicialmente con 400 millones de euros, así como el anuncio del futuro Perte VEC V, que contará con una dotación inicial de 100 millones de euros ampliables para seguir reforzando la transformación de la automoción española.

Más allá de las cifras, el programa ha contribuido a consolidar inversiones de fabricantes de automóviles, productores de baterías y empresas auxiliares que buscan adaptar sus procesos a la nueva movilidad eléctrica.

No obstante, el desafío continúa siendo enorme.

La competencia internacional por atraer inversiones en baterías, electrónica de potencia o nuevos modelos eléctricos es cada vez mayor y obliga a mantener un marco de ayudas suficientemente ágil para responder a un mercado que evoluciona con rapidez.

Descarbonización industrial: el Perte con mayor impacto transversal

Si el Perte VEC se centra en un sector concreto, el de Descarbonización Industrial afecta prácticamente a toda la industria española.

Su objetivo no consiste en desarrollar un producto específico, sino en transformar la forma en que producen las fábricas.

La siderurgia, la metalurgia, la industria química, el cemento, la cerámica, el papel, la alimentación o el vidrio comparten un mismo reto: reducir sus emisiones sin perder competitividad.

En ese contexto, este Perte se ha convertido en una de las principales herramientas para financiar inversiones destinadas a electrificar procesos industriales, sustituir combustibles fósiles, incorporar hidrógeno renovable, mejorar la eficiencia energética o implantar tecnologías de captura de carbono.

Su desarrollo ha sido especialmente intenso durante el último año.

El Ministerio de Industria adjudicó recientemente 518 millones de euros a 17 nuevos proyectos industriales, consolidando una de las mayores convocatorias del programa.

Poco después anunció una nueva ampliación presupuestaria de 785 millones de euros, reflejo del elevado interés mostrado por las empresas y del volumen de proyectos presentados.

La actividad no se ha detenido ahí. Durante los últimos meses también se ha activado una nueva convocatoria dotada con 330 millones de euros, además de lanzar la segunda convocatoria de la Línea 4, destinada a impulsar inversiones estratégicas con un presupuesto de 100 millones de euros.

Todo ello confirma que el Perte de Descarbonización ha dejado de ser un programa puntual para convertirse en un proceso continuado de modernización industrial.

A diferencia de otros programas, su impacto alcanza a miles de empresas de sectores muy diferentes, muchas de las cuales afrontan inversiones imprescindibles para adaptarse a los objetivos europeos de neutralidad climática.

Precisamente esa transversalidad explica que numerosos expertos consideren este Perte uno de los más relevantes desde el punto de vista industrial, ya que no impulsa únicamente nuevos proyectos, sino que busca garantizar la competitividad futura de instalaciones ya existentes.

Perte Chip: una apuesta por la soberanía tecnológica

La pandemia primero y la posterior crisis de suministro de componentes pusieron de manifiesto una realidad que Europa llevaba años ignorando: la enorme dependencia exterior en materia de semiconductores.

Los microchips se han convertido en un recurso estratégico para sectores como la automoción, la defensa, las telecomunicaciones, la electrónica de consumo o la propia industria manufacturera.

El Perte Chip nació precisamente con la intención de fortalecer la posición española dentro de esa cadena de valor europea.

No pretende competir directamente con los grandes fabricantes asiáticos, sino atraer actividades de mayor valor añadido relacionadas con el diseño, encapsulado, validación, integración y desarrollo de nuevos componentes electrónicos.

Durante los últimos meses, el Ministerio de Industria ha adjudicado 305 millones de euros a 33 proyectos distribuidos en diez comunidades autónomas, una muestra del creciente interés empresarial por este ámbito tecnológico.

Perte Chip

Los proyectos seleccionados abarcan desde nuevos desarrollos de microelectrónica hasta iniciativas vinculadas a centros tecnológicos, procesos de fabricación avanzada y soluciones aplicadas a sectores industriales estratégicos.

Aunque sus resultados tardarán previsiblemente más tiempo en materializarse que en otros PERTE, el programa responde a una necesidad claramente identificada por la Unión Europea: reducir la dependencia tecnológica exterior y reforzar la autonomía industrial en un mercado considerado estratégico para las próximas décadas.

El Perte Agroalimentario: modernizar la primera industria del país

Si existe un sector cuya transformación afecta directamente al conjunto de la economía española es el agroalimentario. Con una industria formada mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, uno de los grandes desafíos consiste en incorporar tecnologías digitales, mejorar la eficiencia energética y avanzar hacia modelos de producción más sostenibles sin perder competitividad.

El Perte Agroalimentario nació precisamente con ese objetivo: impulsar la modernización de toda la cadena de valor, desde la transformación de materias primas hasta la logística, el envasado o la trazabilidad de los productos.

Aunque ha recibido menos atención mediática que otros programas como el Perte VEC o el Perte Chip, su impacto potencial es enorme por el elevado número de empresas que pueden beneficiarse de las ayudas.

Las convocatorias han permitido financiar proyectos relacionados con la automatización de procesos, la digitalización de plantas productivas, la implantación de soluciones de inteligencia artificial, la eficiencia energética o el desarrollo de nuevos modelos productivos más sostenibles.

Una muestra de ese avance es la reciente adjudicación de 34 nuevas ayudas por un importe cercano a los 25 millones de euros dentro de la segunda convocatoria del programa, ampliando el número de empresas que participan en este proceso de modernización.

Industria agroalimentaria

Más allá de las cifras, el Perte Agroalimentario refleja una realidad compartida por buena parte de la industria española: la transformación digital ya no constituye una opción, sino una condición imprescindible para mantener la competitividad en mercados cada vez más exigentes.

Economía Circular: producir más aprovechando mejor los recursos

La economía circular ha dejado de entenderse únicamente como una política medioambiental para convertirse en una estrategia industrial.

Reducir residuos, reutilizar materiales, incorporar materias primas recicladas o diseñar productos más duraderos ya no responde únicamente a criterios de sostenibilidad. También supone reducir costes, disminuir la dependencia exterior de determinadas materias primas y mejorar la competitividad empresarial.

El Perte de Economía Circular busca precisamente acelerar ese cambio de modelo.

Las ayudas impulsan inversiones destinadas a rediseñar procesos productivos, aumentar la reutilización de materiales, desarrollar nuevos sistemas de reciclaje o incorporar tecnologías que permitan aprovechar recursos que hasta hace pocos años terminaban convirtiéndose en residuos.

Sectores como el plástico, el textil, los bienes de equipo o la industria manufacturera encuentran en este programa una oportunidad para adaptar sus procesos a un contexto donde la disponibilidad de materias primas críticas constituye uno de los grandes desafíos para Europa.

Aunque su desarrollo ha sido más discreto desde el punto de vista informativo, representa uno de los Perte con mayor capacidad para transformar la competitividad industrial a largo plazo.

La economía circular deja así de limitarse a la gestión de residuos para convertirse en un nuevo modelo de producción donde la eficiencia en el uso de los recursos adquiere un valor estratégico.

Industria naval: modernizar un sector estratégico

La construcción naval española afronta una transformación similar.

Los astilleros deben responder simultáneamente a las exigencias de digitalización, descarbonización y automatización que afectan al conjunto de la industria.

El Perte Naval pretende acelerar ese proceso mediante ayudas destinadas a incorporar nuevas tecnologías de fabricación, digitalizar procesos, mejorar la sostenibilidad ambiental y reforzar la competitividad internacional del sector.

El programa busca también fortalecer toda la cadena de suministro vinculada a la construcción naval, favoreciendo la colaboración entre grandes astilleros, empresas auxiliares, centros tecnológicos y universidades.

Perte Naval

Aunque su dimensión económica resulta menor que la de otros PERTE, su importancia estratégica es indudable para numerosas regiones españolas con una elevada especialización industrial y un importante peso del sector marítimo.

Mucho dinero movilizado… pero también importantes desafíos

Después de varios años de funcionamiento, el balance general permite identificar avances evidentes.

Los PERTE han conseguido movilizar miles de millones de euros en inversiones públicas, atraer proyectos empresariales de gran dimensión y situar la política industrial en el centro del debate económico.

Sectores como la automoción, la descarbonización o la microelectrónica cuentan hoy con instrumentos de financiación específicos que hace apenas unos años no existían.

Además, muchas convocatorias han servido para acelerar inversiones que probablemente habrían tardado más tiempo en materializarse o incluso habrían terminado desarrollándose en otros países.

Sin embargo, el recorrido de estos programas también ha puesto de manifiesto algunas limitaciones.

La primera tiene que ver con la propia complejidad administrativa.

Durante los primeros años, numerosas empresas señalaron las dificultades para preparar proyectos, cumplir todos los requisitos exigidos o coordinar grandes consorcios empresariales en plazos muy reducidos.

Precisamente por ello, varios PERTE han ido modificando progresivamente sus convocatorias, flexibilizando criterios, ampliando plazos o adaptando las ayudas a la realidad empresarial.

Otro reto continúa siendo la participación de las pequeñas y medianas empresas.

Aunque muchos programas incorporan líneas específicas para pymes, la capacidad administrativa y financiera necesaria para presentar determinados proyectos sigue suponiendo una barrera para una parte importante del tejido industrial español.

A ello se suma otro aspecto igualmente relevante: la velocidad de ejecución.

Anunciar convocatorias constituye únicamente el primer paso.

La verdadera transformación llegará cuando todas esas inversiones se traduzcan en nuevas fábricas, líneas de producción modernizadas, procesos más eficientes, empleos cualificados y mayor capacidad exportadora.

Del volumen de ayudas al impacto real

A medida que los PERTE alcanzan su madurez, el debate comienza a cambiar.

Durante los primeros años, la atención se centraba principalmente en el volumen económico de cada convocatoria o en la cantidad de fondos adjudicados.

Ahora el foco empieza a desplazarse hacia otra cuestión mucho más relevante: medir los resultados.

¿Cuántas inversiones industriales han conseguido atraer?

¿Cuántas plantas han modernizado sus procesos?

¿Cuánto ha aumentado la capacidad tecnológica de la industria española?

¿Qué impacto tendrán estas inversiones sobre el empleo, la productividad o las exportaciones?

Responder a esas preguntas requerirá todavía varios años, ya que buena parte de los proyectos financiados continúan en fase de ejecución.

No obstante, algunos efectos comienzan a ser visibles.

La electrificación de la automoción avanza con nuevas inversiones en baterías y componentes; numerosas industrias intensivas en energía están iniciando proyectos para reducir emisiones; el ecosistema español de microelectrónica empieza a captar nuevas iniciativas empresariales; y sectores tradicionales como la alimentación o la construcción naval aceleran su digitalización.

El reto ya no es lanzar nuevos Perte, sino consolidar sus resultados

La política industrial española vive probablemente uno de los momentos de mayor actividad de las últimas décadas.

Los fondos europeos han permitido poner en marcha programas que difícilmente habrían podido desarrollarse únicamente con recursos nacionales y han situado la transformación industrial en el centro de la estrategia económica.

Sin embargo, el éxito de los Perte no podrá medirse únicamente por el volumen de ayudas concedidas.

Su verdadera eficacia dependerá de la capacidad para generar una industria más innovadora, más sostenible y más competitiva en un contexto internacional marcado por la transición energética, la digitalización y una creciente competencia por atraer inversiones estratégicas.

El Perte VEC deberá consolidar el papel de España en la nueva movilidad eléctrica. La descarbonización industrial tendrá que demostrar que es posible reducir emisiones sin perder competitividad. El Perte Chip aspira a fortalecer la autonomía tecnológica europea. Mientras tanto, los programas dedicados al sector agroalimentario, la economía circular y la industria naval buscan modernizar actividades que forman parte del núcleo histórico de la industria española.

Cuatro años después de su nacimiento, los Perte han superado la fase de las expectativas para entrar en la de los resultados. El reto ya no consiste en anunciar nuevas convocatorias o incrementar la dotación presupuestaria, sino en comprobar que cada euro invertido se traduce en fábricas más modernas, procesos más eficientes, empleo de mayor valor añadido y una industria preparada para competir en un entorno cada vez más exigente. Ese será, en última instancia, el verdadero examen de la mayor política industrial impulsada en España con fondos europeos.

Total
0
Shares
Previous Post

La producción industrial desaceleró su ritmo de crecimiento en junio, aunque aumenta por cuarto mes consecutivo

Related Posts