Durante décadas, la economía se ha dividido en compartimentos estancos: la agricultura (sector primario), que da de comer a la población, la industria (sector secundario), que transforma materias primas en productos, y los servicios (sector terciario), que atienden necesidades diversas de la población y de los dos sectores.
Sin embargo, la evolución del modelo productivo ha desdibujado estas fronteras. Empresas que tradicionalmente se dedicaban a fabricar máquinas-herramienta ahora ofrecen mantenimiento predictivo basado en Inteligencia Artificial (IA), venden soluciones de disponibilidad en lugar de equipos y gestionan todo el ciclo de vida del producto, desde el diseño hasta el reciclaje. ¿Dónde termina la industria y dónde empieza los servicios?
Esta pregunta, que durante años ha sido un quebradero de cabeza para los servicios de estadística y los responsables de políticas públicas, tiene ahora una respuesta gracias al Informe Servindustria 2025, presentado el 24 de febrero en la sede del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid (Coiim). Un trabajo que, patrocinado por la Comunidad de Madrid, propone por primera vez una definición formal y una clasificación de actividades económicas bajo la nueva categoría de servindustria.
El informe de 16 páginas adopta una visión integral del proceso industrial y toma como referencia el ciclo de vida completo del producto, desde su diseño y desarrollo hasta su mantenimiento y tratamiento final, para identificar aquellas actividades que forman parte estructural del sistema productivo.
Desde este enfoque, se consideran Servindustria los servicios técnicos, científicos y de conocimiento
cuya vinculación con la industria es directa y constante, aunque estén formalmente encuadrados en
el sector servicios. Así, entre las actividades identificadas se encuentran la reparación y
mantenimiento de maquinaria y equipos, los servicios técnicos de ingeniería, los ensayos y análisis
técnicos, la investigación y desarrollo, así como determinadas actividades de transporte,
almacenamiento e instalación vinculadas al ciclo productivo.
Una respuesta a la transformación productiva
El acto de presentación del informe, celebrado en el salón de actos del Coiim, contó con la presencia de representantes institucionales, del mundo académico y empresarial. Fabián Torres, decano del Coiim y presidente de la Fundación Industria, inauguró la jornada con una reflexión personal sobre la génesis del proyecto: «Yo siempre me remonto a mi arranque profesional en SEAT. Allí, desde los tornillos hasta el servicio de limpieza, todo pertenecía a la nómina de la compañía y era visible. En el transcurso del tiempo, esta industria ha cambiado radicalmente. Ahora tenemos lo que llamo la integración vertical digital de empresas, servicios y productos».

Torres subrayó la necesidad de esta nueva mirada. «Todos sabemos que queremos alcanzar ese 20% del PIB industrial, pero para ello necesitamos contemplar todo lo que rodea a la industria. Es lo que ahora conocemos como servindustria». Y procedió a leer la definición consensuada por el equipo de trabajo multidisciplinar, compuesto por expertos del Coiim, la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), la Escuela de Organización Industrial (EOI) y la Asociación de Empresas del Metal de Madrid (Aecim): «Conjunto de servicios industriales —técnicos, científicos y de conocimiento— que abarcan todo el ciclo de vida del producto, desde su diseño hasta su consumo final o tratamiento como residuo, con el objetivo de asegurar y fortalecer el funcionamiento, la modernización y la competitividad del sistema industrial».
«Una pieza clave para el nuevo plan industrial»
El punto álgido de la mañana fue la intervención de Jaime Martínez, director general de Economía e Industria de la Comunidad de Madrid, quien no dudó en calificar el informe como «una pieza clave» para la definición de las políticas públicas regionales.
Martínez comenzó agradeciendo la iniciativa y destacó su valor más allá del ámbito académico. «Este trabajo sobrepasa el interés meramente intelectual o técnico; tiene aplicaciones directas y muy relevantes para la definición de políticas públicas y, en concreto, de la política industrial. Esta es la razón por la que desde la Comunidad de Madrid hemos querido estar presentes hoy».
El director general reconoció que la propuesta de la servindustria no es una idea nueva, sino una «reivindicación histórica» del sector industrial que ahora encuentra un cauce adecuado. «Nos encontramos de una manera muy optimista ante una respuesta a esta reivindicación, que exigía nada más que asimilar el cambio de paradigma: la mutación desde la economía del producto hacia una economía de servicio», enfatizó.
Martínez profundizó en la problemática actual, «Sin embargo, reconociendo todo ese valor cualitativo de estas actividades, no había y no hay a día de hoy ningún organismo oficial que esté considerando o clasificando de manera adecuada estas actividades. Esto nos dificulta a la administración pública, como responsables de definir e implementar políticas, incluirlas en nuestros planes de crecimiento».
El responsable de Industria de la CAM alertó sobre el peligro de esta «ceguera estadística», que puede llevar a diagnósticos erróneos. «A veces podemos estar asociando una desindustrialización de la economía cuando, a lo mejor, no es precisamente una desindustrialización, sino una transformación». De hecho, mencionó cómo en muchos papers académicos ya se incluyen disclaimers, advirtiendo de que el fenómeno de la servitización no se está contemplando adecuadamente en las mediciones.
Precisamente por ello, anunció una noticia de gran calado. «Para la Comunidad de Madrid, en concreto para la Consejería de Economía y Hacienda y Empleo, este trabajo es fundamental para la definición de ese nuevo Plan Industrial 2026-2030 que estamos en estos momentos elaborando. Esta es una pieza clave para nosotros, porque ahora vamos a poder incorporarla y, con ello, tener un andamiaje teórico y técnico sobre el cual luego poder desgranar nuevas iniciativas».
Martínez concluyó su intervención con un mensaje de optimismo y compromiso. «Pueden tener por seguro que para la Comunidad de Madrid, este trabajo que hoy nace ya tiene un largo recorrido en nuestra política industrial. Ojalá que otras administraciones puedan seguir esta estela, porque eso va a ser en beneficio de toda la industria».

El baile de números que evidencia el problema
Uno de los momentos más ilustrativos de la jornada llegó de la mano de Manuel Soriano Baeza, vicedecano del Coiim, y moderador de una mesa redonda sobre los pormenores del informe, quien puso sobre el tapete un ejemplo práctico que evidenciaba la confusión estadística actual.
«En la pasada edición del Congreso Nacional de Industria, que ha tenido lugar en Bilbao el 4 y el 5 de este mes, el ministro de Industria y Turismo declaró que el peso de la industria en el País Vasco era el 21%. El 21% es una cifra buena teniendo en cuenta que el peso de la industria en España apenas llega al 16%. Pero sin embargo, en las intervenciones anteriores que habían hecho, el consejero de Industria del gobierno vasco dijo que el peso de la industria en Euskadi estaba cercano al 40%. Y en la intervención de la diputada general de Industria de Vizcaya, de Promoción Económica, dijo que el peso de la industria en Vizcaya era el 40%».
Soriano lanzó entonces la pregunta clave. «¿A qué se debe este baile de números? Sin duda alguna en que estábamos hablando de alcances netamente diferentes. El ministro seguramente utilizaba los datos normales que se utilizan en las estadísticas y los representantes de las instituciones vascas se estaban refiriendo de manera insistente a que ellos contemplaban dentro del peso industrial lo que le llamaban servicios avanzados a la industria, que nosotros estamos denominando servindustria».
Esta anécdota sirvió para ilustrar perfectamente la necesidad del informe. La falta de una categoría estadística homogénea impide comparar realidades y, lo que es más grave, invisibiliza el verdadero peso del ecosistema industrial en la economía nacional española.
Prudencia y rigor sobre la nueva CNAE-2025
Tras las intervenciones inaugurales, la mesa redonda moderada por Soriano profundizó en los aspectos técnicos del informe. En ella participaron Cristina de Sequera (directora del proyecto y subdirectora del Coiim), Antonio Hidalgo (doctor de la Universidad Politécnica de Madrid), Alfredo Villalba (colegiado del Coiim), Elena Arroyo (consultora de Proyectos e Innovación en la Aecim) y Andrés Muñoz (Comisión de Industria del Coiim).
Sequera explicó el punto de partida. «Lo primero que hicimos fue dibujar el proceso productivo más amplio posible. No podíamos quedarnos solo en la manufactura. Fuimos más atrás, con la I+D y la ingeniería, y más adelante, con la logística, el mantenimiento e incluso la retirada del producto para su reciclaje o reutilización». Este enfoque de ciclo de vida completo fue la base para iterar hasta dar con una definición que consideran «redonda» y que no necesita una enumeración constante de actividades.
Por su lado, Hidalgo detalló la base metodológica. «Nos hemos apoyado en la clasificación más reciente, la CNAE-2025, aprobada por Real Decreto en enero de 2025 y en sintonía con la NACE europea y la CIIU de Naciones Unidas». El equipo aplicó un criterio de «prudencia y conservador», siendo este un primer paso. Además, se contrastaron las dudas con la realidad empresarial: «Cuando teníamos dudas sobre alguna actividad, tratábamos de identificar empresas reales en esos CNAE para ver cuál era su actividad», añadió.
Hidalgo también reconoció las limitaciones del estudio, principalmente «la falta de claridad en la definición de muchas actividades de la CNAE cuando bajas a tres o cuatro dígitos. Por ejemplo, en códigos de mantenimiento, programación informática o logística, no siempre es posible separar las actividades orientadas a entornos industriales de las destinadas a oficinas u hogares».
El debate técnico
Villalba puso el foco en cómo se aplicó la definición como un «algoritmo». Se partió de los cuatro grupos tradicionalmente considerados industria por el Instituro Nacional de Industria (Extractivas, Manufacturera, Energía y Agua) y se identificaron dentro de ellos actividades que, por su naturaleza, encajan mejor en la definición de servindustria, como el mantenimiento de maquinaria o las actividades de apoyo a las extractivas.
Sequera repasó los grandes capítulos donde se han encontrado actividades servindustriales fuera de la industria tradicional:
- 1.- Construcción: Se incluyen la construcción de redes para fluidos y eléctricas (por su vinculación directa con los suministros, que sí son industria) y las instalaciones (eléctricas, fontanería, climatización), que requieren personal técnico y se rigen por reglamentos de seguridad industrial.
Fue precisamente al abordar el capítulo de la construcción cuando Villalba ofreció una de las reflexiones más sugerentes de la jornada, al afirmar que los edificios han dejado de ser meras estructuras para convertirse en auténticas «máquinas habitables».
«Ya en el año 2000, yo al edificio, al inmueble, se llamaba máquina habitable porque eran máquinas que diseñaban arquitectos y a veces era complicado meter las instalaciones más allá de la instalación eléctrica o algo de clima y la fontanería. Pero a medida que iba avanzando toda la tecnología, los edificios se han vuelto máquinas, que ya no se construyen, se fabrican. Entonces, todo lo relacionado con esa fabricación, mantenimiento y evolución, incluso destrucción y recuperación de los residuos para ser utilizados en los servicios, pues son servicios absolutamente industriales».
Esta visión del edificio como producto industrial complejo refuerza la tesis de que actividades tradicionalmente consideradas como servicios o construcción tienen, en realidad, un profundo sustrato industrial que debe ser reconocido y medido como tal.
- 2.- Transporte y Logística: Se incluye todo el transporte de mercancías, así como el depósito, almacenamiento y manipulación de mercancías, por ser parte esencial de la cadena de valor.
- 3.- Actividades profesionales y técnicas: Se incorporan los servicios técnicos de ingeniería, los ensayos y análisis técnicos, la I+D experimental en ciencias naturales y técnicas, y actividades de diseño de productos industriales.
- 4.- Otros servicios: Se incluye la limpieza industrial y de edificios, las actividades de envasado y empaquetado, y la reparación y mantenimiento de vehículos de motor (por ser herramientas de trabajo para la industria).
Otro momento interesante llegó de la mano de Muñoz, quien explicó los CNAEs que, pese a tener un claro componente servindustrial, han quedado excluidos en esta primera versión por el mencionado criterio de prudencia. «Hay capítulos que nos han costado incluir», admitió.
Entre los excluidos se encuentran:
- Construcción de otros proyectos de ingeniería civil (42.99): Un «cajón de sastre» donde cabe de todo, desde infraestructuras industriales hasta un parque urbano.
- Actividades de servicios logísticos (52.25 y 52.26): Aunque la logística es vital, estos epígrafes son demasiado genéricos, estimaron los expertos.
- El grupo más debatido fue el de actividades de programación y consultoría informática (62.1 y 62.2). Muñoz explicó la paradoja. «¿Cómo es posible, en la era de la transformación digital, el Big Data y la ciberseguridad industrial, que no estén incluidos? Porque dentro de estos códigos cabe tanto el software que controla una planta industrial como el que gestiona las nóminas de una empresa. No podemos distinguirlo».
- Otros excluidos son el alquiler de maquinaria (77.39) y la reparación de ordenadores y equipos de comunicación (95.1), por la misma razón de ambigüedad.
El equipo coincidió en que sería necesario, en el futuro, abrir nuevos epígrafes a un nivel más detallado para poder capturar con precisión estas actividades netamente industriales.
Los próximos pasos
La representante de Aecim aportó la visión de utilidad práctica del informe. «El sector servicios es muy amplio. Había una zona negra (alejada de la industria), una zona clara (la industria tradicional) y una zona gris. Hemos tratado de acotar esa zona gris. Si no sabemos de qué sectores estamos hablando, cuántos trabajadores emplean o qué porcentaje del PIB suponen, no lo podemos medir ni impulsar».
Los ponentes coincidieron en los próximos desafíos. Sequera resumió el sentir general. «Lo primero es ponerle cifras a esto. Queremos saber de cuántas empresas, empleados y PIB estamos hablando. El problema es que la CNAE-2025 es nueva y aún no hay datos desglosados con ese nivel de detalle».
Soriano retomó la idea de la necesidad de un «manual de referencia» internacional, al estilo del Manual de Frascati para I+D o el de Oslo para innovación. «Podría ser el Manual de Madrid», propuso, para dotar de coherencia y comparabilidad a las estadísticas sobre servindustria a nivel global, evitando así «baile de números» como el del caso vasco.
Villalba sugirió poner fecha a una «versión 2.0» del informe en un año, para ir refinando la clasificación a medida que se disponga de más datos y se puedan romper las categorías demasiado genéricas.

Implicaciones en política industrial
El informe no solo tiene implicaciones estadísticas, sino también políticas y económicas. Al ampliar el concepto de lo que es «industrial», las cifras de empleo y PIB del sector crecerían, justificando potencialmente más recursos y políticas específicas.
Como se señala en el documento, las actividades servindustriales carecen de organismos oficiales propios, a diferencia de la industria tradicional. Su reconocimiento permitiría un cambio en la narrativa, mostrando un ecosistema industrial más completo y robusto.
El informe presentado en sociedad no es un punto de llegada, sino de partida. Como concluyó Fabián Torres, «lo que se ha pretendido es nombrar y definir qué es servindustria para, desde ahí, poder medir y poder arrancar políticas industriales». Con el nuevo Plan Industrial 2026-2030 de la CAM en el horizonte, y con este informe como brújula, Madrid se posiciona a la vanguardia en el reconocimiento de una realidad económica que, aunque existente desde hace años, carecía de nombre y de espacio propio en las estadísticas oficiales. La servindustria ya está aquí, y ha venido para quedarse.

