A pesar de la caída en ingresos, el valor añadido generado por la industria creció un 3,2%, alcanzando los 197.991 millones de euros. Este dato sugiere una mejora en la eficiencia productiva o en el margen de las actividades industriales. Asimismo, los gastos de personal aumentaron un 7,4%, impulsados por una subida del 6,6% en sueldos y salarios, lo que evidencia una presión al alza en los costes laborales.
En términos de empleo, el sector mostró una evolución positiva, con un incremento del 1,0% en el número de ocupados, hasta una media anual de 2,39 millones de personas. Sin embargo, la estructura empresarial sigue altamente fragmentada: el 82,7% de las empresas industriales cuenta con menos de 10 trabajadores, aunque estas solo generan el 5,8% de la facturación total. En contraste, el 0,6% de las grandes empresas (con 250 o más empleados) concentra el 61,1% de los ingresos y el 41,7% del empleo.
Predominio de la industria manufacturera
La industria manufacturera continúa siendo el pilar fundamental del sector, representando el 80,5% de la cifra de negocios total. No obstante, su facturación cayó un 1,7% respecto a 2022. En contraste, el suministro de energía eléctrica, gas y vapor sufrió un desplome mucho más acusado, con una caída del 27,7% en su volumen de negocio.
Por ramas de actividad, la industria de la alimentación lideró la facturación con un 17,9% del total, seguida de la producción y distribución de energía eléctrica (12,2%) y la fabricación de vehículos de motor (10,8%). Esta última destacó también por su dinamismo, con un crecimiento del 20,2%, solo superado por las industrias extractivas, que aumentaron un 26,2%.
En el lado negativo, la producción y distribución de gas registró el mayor descenso, con una caída del 41,5%, reflejando probablemente el impacto de la volatilidad energética.
Aumento de la productividad y fuerte orientación exterior
La productividad de la industria manufacturera alcanzó los 71.187 euros por trabajador, lo que supone un incremento del 3,7%. Algunas actividades presentan niveles especialmente elevados, como el refino de petróleo, la industria del tabaco o la fabricación de productos farmacéuticos.
El sector mantiene además una importante vocación exportadora: el 31,6% de las ventas se realizaron fuera de España. De estas, el 20,6% se dirigieron a países de la Unión Europea y el 11,0% al resto del mundo. Destacan sectores como la fabricación de material de transporte y de vehículos, donde más de dos tercios de la producción se destina a mercados internacionales.
Uno de los aspectos más positivos del ejercicio fue el aumento del 15,1% en la inversión en activos materiales, que alcanzó los 35.544 millones de euros. La mayor parte de esta inversión se concentró en la industria manufacturera (68,4%), seguida del sector energético (24,2%).
Esta inversión representa el 18% del valor añadido del sector, lo que indica un esfuerzo relevante por modernizar infraestructuras, mejorar la capacidad productiva y adaptarse a los nuevos retos tecnológicos y medioambientales.
Desigual distribución territorial
A nivel geográfico, Cataluña lideró la actividad industrial con el 22,1% de la facturación total, seguida de la Comunidad de Madrid y Andalucía, ambas con un 11,5%. En términos de empleo, Cataluña también ocupa la primera posición (21,2%), seguida de la Comunidad Valenciana (12,6%) y Andalucía (10,9%).
En el caso de Aragón, la industria representó el 4,8% de la cifra de negocios nacional, con más de 41.000 millones de euros, y concentró el 4,5% del empleo del sector, consolidándose como una región con peso relevante en el tejido industrial español.
En conjunto, el año 2023 muestra un sector industrial que ha experimentado una contracción en ingresos, influida en gran medida por el comportamiento del sector energético, pero que al mismo tiempo presenta señales de solidez estructural. El crecimiento del empleo, la mejora de la productividad y el fuerte impulso inversor apuntan a una industria en proceso de transformación, más eficiente y orientada al largo plazo, aunque todavía condicionada por un entorno económico incierto.

