El debate quedó patente en el webinar organizado por Fundación Repsol y Sernauto, titulado “La nueva cadena de valor de las baterías en España: del battery passport a los casos de éxito industriales”. El encuentro reunió a fabricantes de celdas, integradores de sistemas, empresas de reutilización, proveedores industriales y expertos en sostenibilidad para analizar cómo el nuevo Battery Passport europeo está acelerando una transformación que va mucho más allá de la electrificación.
La transición energética como transformación estructural
La electrificación del transporte no es únicamente un cambio tecnológico. Supone un rediseño profundo de la arquitectura industrial de la automoción. La batería representa en torno al 30-40% del coste total de un vehículo eléctrico, concentra buena parte de su huella de carbono y determina autonomía, seguridad y competitividad. Controlar su diseño, fabricación, integración y final de vida equivale a controlar el futuro del sector.
En la apertura del encuentro, Ruth Yerga, Coordinadora de Red de Cátedras en Fundación Repsol, recordó que “la transición energética solo puede construirse desde el rigor, desde la tecnología y desde la colaboración”. Subrayó que el último año ha sido decisivo para la movilidad eléctrica en España, con un fuerte crecimiento en infraestructuras de recarga y una apuesta clara por la innovación tecnológica. “No hay transición energética sin innovación y no hay innovación sin conocimiento compartido”, afirmó.

Por su parte, Cecilia Medina, Gerente de Innovación y Talento en Sernauto y Coordinadora de la Plataforma Tecnológica Española de Automoción y Movilidad M2F (Move2Future), puso el foco en el tejido industrial. La electrificación no puede abordarse únicamente desde los grandes fabricantes; exige que la red de proveedores, clústeres y pymes se adapte a nuevas exigencias técnicas y regulatorias. La nueva movilidad será eléctrica, pero también digital, trazable y circular.
De la tradición mecánica al ecosistema electrificado
España cuenta con décadas de experiencia en fabricación de vehículos. Sin embargo, el salto tecnológico es profundo. Jorge Viloria, Innovation Project Manager del Centro Aragonés de Clústeres del Automóvil (CAAR), evocó el momento fundacional de la industria moderna en Aragón con la instalación de la planta de General Motors en 1982. Aquella decisión transformó la región durante más de cuatro décadas.
Hoy, la implantación de fábricas vinculadas a la electrificación marca un nuevo punto de inflexión. “En automoción está pasando lo mismo que con la crisis del cuarzo en la relojería”, explicó. “El mecanismo mecánico deja paso a la electrónica”. Las empresas especializadas en mecanizado, transformación de plásticos o fabricación de moldes deben integrar conocimientos en electrónica, software, inteligencia artificial o gestión térmica sin perder su valor añadido.
En ese contexto se enmarca el proyecto Intercluster Batechain, que busca reforzar la cadena de valor nacional de baterías desde la colaboración entre clústeres regionales y pymes. “Aquí no estamos planteando fabricar la mejor batería desde cero; estamos empezando a trabajar cómo se pueden mejorar sus componentes”, señaló Viloria. El objetivo es impulsar trazabilidad digital, gemelos digitales para anticipar la degradación, encapsulados ligeros y sostenibles y protocolos de segunda vida y reciclaje.
Viloria insistió en que el reto no es solo tecnológico, sino estratégico. “Lo que no pueden es perder su valor añadido”, afirmó en referencia a las pymes industriales. La electrificación no debe implicar deslocalización ni pérdida de capacidades, sino evolución hacia segmentos de mayor sofisticación.
El Battery Passport: una revolución basada en datos
El Battery Passport supone una revolución silenciosa pero profunda porque transforma la sostenibilidad en información estructurada, verificable y compartida a lo largo de toda la vida útil de la batería. Ya no se trata solo de fabricar un producto eficiente, sino de demostrar con datos su composición, su huella de carbono, su estado de salud y su potencial de reutilización o reciclaje. Al convertir cada batería en un nodo digital dentro de una arquitectura común europea, el pasaporte obliga a integrar trazabilidad, interoperabilidad y calidad del dato como elementos centrales de la competitividad industrial.
Si la batería es el nuevo corazón industrial, el Battery Passport es su columna vertebral digital. Jorge Arnal, Investigador Senior en Sostenibilidad y Economía Circular de Tecnalia, explicó que el pasaporte digital será obligatorio a partir del 18 de febrero de 2027 para baterías de vehículos eléctricos, industriales de más de 2 kWh y de medios de transporte ligeros.

“El Battery Passport es básicamente una ficha digital obligatoria que acompañará a la batería desde que se fabrique hasta el final de su vida útil”, explicó. Incluirá información estructurada y verificable sobre composición, huella de carbono, estado de salud, historial de uso y datos necesarios para desmontaje o reciclaje.
Arnal fue claro: “Sin pasaporte ninguna batería se va a poder comercializar ni poner en servicio dentro de la Unión Europea”. La responsabilidad recaerá en el fabricante o importador que introduzca la batería en el mercado. Los proveedores intermedios no estarán obligados a emitir su propio pasaporte, pero sí a suministrar la información necesaria.
El sistema combinará datos de acceso público —como composición básica o impacto ambiental— con información restringida para actores específicos como recicladores o reacondicionadores. El acceso se realizará mediante un código QR adherido físicamente a la batería, que enlazará con un registro digital dinámico.
Más allá de la obligación normativa, el pasaporte introduce un cambio cultural profundo. “Introduce un cambio muy profundo, que es convertir la sostenibilidad en datos reales y gestionables”, señaló Arnal. La trazabilidad y la calidad del dato pasarán a ser factores directos de competitividad.
Gigafactorías y autonomía industrial
Las gigafactorías representan mucho más que grandes plantas de producción: son infraestructuras estratégicas en la nueva geopolítica industrial de la electrificación. En el caso de España, atraer y desarrollar capacidad de fabricación de celdas supone dar un salto cualitativo dentro de la cadena de valor, pasando de ser principalmente ensamblador de vehículos a participar en el núcleo tecnológico que determina coste, autonomía y rendimiento. Producir celdas en territorio nacional reduce dependencias externas, fortalece la resiliencia ante tensiones en el suministro y genera un efecto tractor sobre proveedores de materiales, componentes y servicios tecnológicos.
Además, la implantación de gigafactorías obliga a elevar el nivel de digitalización, estandarización y control de procesos en toda la red industrial. No se trata solo de volumen, sino de calidad, trazabilidad y eficiencia energética en cada etapa de producción. En un contexto marcado por el Battery Passport y por exigencias crecientes en materia de huella de carbono y transparencia, estas plantas se convierten en nodos clave de datos y de innovación, consolidando la autonomía industrial como un pilar imprescindible para la competitividad futura del sector.

La fabricación de celdas constituye el núcleo más estratégico de la cadena de valor. Joan Sanz, Departamento de Calidad de PowerCo, destacó que su compañía impulsa la primera gigafactoría de celdas en España. “Las baterías suponen alrededor de un 40% del coste total de un vehículo eléctrico, y un 80% de ese coste corresponde a las celdas y materias primas”, recordó.
Producir celdas en territorio nacional refuerza la autonomía industrial y reduce dependencias externas. Sanz subrayó que el Battery Passport exige coordinación total en estructuras complejas. “El cumplimiento depende de disponer de información consistente y verificable en cada etapa del proceso”, afirmó. Sin alineación entre proveedores, fabricantes y sistemas IT, el cumplimiento regulatorio sería inviable.
Ingeniería e integración: el valor de la especialización
En la nueva cadena de valor de las baterías, la especialización en ingeniería e integración se convierte en un factor diferencial decisivo. Entre la fabricación de la celda y el vehículo final existe un complejo trabajo de diseño, ensamblaje y validación del sistema de baterías que exige conocimientos avanzados en electrónica de potencia, software, seguridad funcional, gestión térmica y cumplimiento normativo. La batería ya no es un simple conjunto de módulos, sino un sistema inteligente que debe interactuar con el vehículo, optimizar su rendimiento y garantizar máximos estándares de seguridad y fiabilidad.
Esta capa de integración es, además, un espacio de alto valor añadido para el tejido industrial español. Las empresas capaces de desarrollar arquitecturas propias, sistemas de gestión (BMS) y soluciones adaptadas a aplicaciones específicas pueden competir no necesariamente por volumen, sino por flexibilidad, rapidez de desarrollo y capacidad de adaptación a distintos fabricantes. En un entorno regulado por el Battery Passport y por exigencias crecientes de trazabilidad, la ingeniería especializada no solo aporta eficiencia técnica, sino también transparencia, robustez de datos y confianza en el producto final.
Entre la celda y el vehículo final, empresas como Millor Battery desempeñan un papel clave. Rubén Puértolas, Project Manager de Millor Battery, explicó que su compañía se posiciona en la integración de sistemas de batería y fabricación de packs adaptados a aplicaciones concretas.
“Nuestro valor diferencial es la ingeniería”, afirmó. Seguridad funcional, electrónica, software, compatibilidad electromagnética y cumplimiento normativo convergen en un producto que debe ser robusto y competitivo. El Battery Passport añade exigencias de trazabilidad, pero también abre oportunidades de diferenciación en transparencia y calidad.
Puértolas defendió que en España existe talento suficiente para competir a nivel europeo, siempre que se mantenga una inversión constante en desarrollo y validación tecnológica.
Segunda vida y circularidad: cerrar el círculo
La segunda vida de las baterías se ha convertido en uno de los pilares más prometedores de la economía circular aplicada a la movilidad eléctrica. Cuando una batería deja de cumplir los requisitos exigentes de autonomía y potencia para un vehículo, todavía conserva una capacidad significativa que puede aprovecharse en aplicaciones menos demandantes, como el almacenamiento estacionario de energía. Extender su uso reduce la necesidad de fabricar nuevas baterías desde cero, disminuye la presión sobre las materias primas y mejora el balance ambiental global del sistema.
Cerrar el círculo implica, además, integrar reutilización y reciclaje dentro de una estrategia coherente. No todas las baterías podrán tener una segunda vida, pero aquellas que no sean aptas podrán convertirse en fuente de materiales recuperados para nuevas producciones. En este contexto, el Battery Passport actúa como facilitador clave, al aportar información fiable sobre el historial de uso, el estado de salud y la composición de cada batería. La circularidad deja así de ser un concepto teórico para convertirse en una práctica industrial apoyada en datos, trazabilidad y planificación desde el diseño inicial del producto.
La nueva cadena de valor no termina en la fabricación. La reutilización y el reciclaje son eslabones esenciales en una economía circular. Egoitz Martinez-Laserna, Chief Technology Officer de BeePlanet Factory, explicó que su empresa es un actor destacado en sistemas de almacenamiento estacionario basados en baterías reutilizadas.
“El potencial del Battery Passport es brutal”, afirmó. Como reutilizadores, serán consumidores de datos técnicos que les permitirán trabajar con mayor certidumbre sobre el estado y el uso previo de las baterías. Pero también serán proveedores de información, aportando transparencia a productos que todavía arrastran cierto estigma por ser de segunda vida.

“El concepto de reutilización tiene el estigma de la segunda mano”, reconoció, “pero el pasaporte nos permite demostrar que nuestros productos son tan válidos como uno recién fabricado para un propósito concreto”. Martinez-Laserna señaló que reutilización y reciclaje serán complementarios, y que la veracidad e interoperabilidad de los datos será clave para consolidar el modelo.
El desafío de los datos masivos
La electrificación del parque automovilístico europeo traerá consigo millones de baterías circulando por el mercado, y cada una de ellas generará y almacenará decenas —o cientos— de parámetros técnicos a lo largo de su vida útil. El reto no es solo recopilar esa información, sino gestionarla con coherencia, seguridad y eficiencia. Huella de carbono, composición, ciclos de carga, estado de salud, intervenciones de mantenimiento o procesos de reacondicionamiento deberán integrarse en sistemas interoperables capaces de comunicarse entre fabricantes, proveedores, recicladores y autoridades. La magnitud del volumen de datos obliga a repensar infraestructuras digitales, estándares comunes y modelos de gobernanza del dato.
Además, la calidad y veracidad de la información se convierten en un factor crítico. No basta con generar datos; deben ser consistentes, auditables y actualizables en el tiempo. En un entorno regulado por el Battery Passport, la trazabilidad ya no es una opción, sino una condición de acceso al mercado. El desafío, por tanto, es doble: evitar la fragmentación tecnológica —con múltiples sistemas inconexos— y garantizar al mismo tiempo la soberanía y la ciberseguridad de la información. Gestionar con éxito estos datos masivos será tan determinante para la competitividad como la propia capacidad de fabricar baterías.
El volumen de información asociado a millones de baterías plantea un reto inédito. Ernesto Barceló, Director Corporativo de ESG de Gestamp, advirtió que la digitalización debe gestionarse con eficiencia. “No vamos a descarbonizar la movilidad y después carbonizar los espacios de datos generando millones de puntos que tienen que ser mantenidos”, señaló.
La solución pasa por espacios de datos comunes, estándares compartidos y soberanía digital. El Battery Passport es el primer gran ensayo de un pasaporte digital de producto a gran escala en la industria europea. Lo que se aprenda aquí marcará el camino para otros sectores.
2027 empieza hoy
El horizonte regulatorio es claro, pero el trabajo debe hacerse ahora. Como recordó Jorge Arnal, “2027 no es el inicio del pasaporte, sino el resultado de todo lo que se está haciendo ahora”. Las empresas deben adaptar sistemas, asegurar calidad de datos y coordinar cadenas de suministro.
La batería se ha convertido en el eje industrial de la automoción del siglo XXI. En torno a ella se reconfigura la competitividad, la soberanía tecnológica y la sostenibilidad del sector. España tiene capacidad industrial, talento técnico y proyectos estratégicos en marcha. El Battery Passport no es solo una obligación administrativa: es el catalizador de una nueva forma de producir, compartir información y cerrar el círculo de valor.
La transición energética se juega en múltiples frentes, pero en el ámbito industrial la partida se disputa, cada vez más, en torno a la batería. Y en ese tablero, el dato es tan decisivo como la propia tecnología.

