ENTREVISTA

Idoia Miranda, Somos Conexión: «La verdadera soberanía tecnológica depende de quién controla las infraestructuras»

Somos Conexión es una cooperativa de telecomunicaciones sin ánimo de lucro que ofrece servicios de telefonía e internet en toda España. Su modelo apuesta por una conectividad ética, el consumo digital responsable y la gestión democrática de un servicio que considera un derecho fundamental. Idoia Miranda, responsable de prensa de la cooperativa de telefonía ética Somos Conexión, ha comentado en entrevista para industry TALKS que "la conectividad no puede seguir tratándose como una mercancía, sino como un derecho fundamental".

¿Qué es Somos Conexión y cuáles son sus principales objetivos?

Somos una cooperativa de telecomunicaciones sin ánimo de lucro, damos servicio de telefonía e internet en todo el estado y, conscientes de los impactos negativos del consumo de telecomunicaciones para las personas y el medio ambiente, invitamos a consumir menos internet y a hacerlo de forma más consciente. 

Nuestra razón de ser es poner conciencia en este ámbito de consumo y nos organizamos colectivamente para hacer frente a los retos complejos a los que nos llevan los grandes avances tecnológicos.

Después de más de una década de trayectoria, más de 40 empleados y una previsión de superar los 5 millones de euros de facturación en 2026, ¿cuáles han sido las principales lecciones para demostrar que un modelo cooperativo puede competir en una industria tan concentrada como la de las telecomunicaciones?

    Lo esencial es la honestidad. En un mercado saturado de ofertas con letra pequeña y estrategias agresivas de fidelización, nuestra mayor ventaja ha sido la transparencia. No competimos en la guerra de precios destructiva, sino en la confianza. Tratar a las personas usuarias como socias y no como meros clientes crea un vínculo de fidelidad que las grandes operadoras no pueden replicar. Además, hemos demostrado que un modelo cooperativo no está reñido con la eficiencia económica. La diferencia radica en qué se hace con los excedentes. En lugar de priorizar el dividendo de grandes accionistas, reinvertimos en mejorar el servicio, asegurar condiciones laborales dignas para nuestro equipo y generar un impacto positivo en la comunidad. También apostamos por una atención de proximidad, empática y con criterio ético. La ciudadanía busca, cada vez más, que su consumo esté alineado con sus valores. Al ofrecer una alternativa que defiende la soberanía tecnológica y el consumo consciente, transformamos un servicio básico en un acto de transformación social, que además no intenta venderte nada que no necesites ni te obliga a quedarte si te quieres marchar, con cláusulas de permanencia abusivas.

    De todos modos, nosotros no hemos venido a competir; existimos con voluntad de servicio y de ser transformadores frente a un modelo que busca el beneficio por encima del bienestar de las personas y del medio ambiente.

    El sector vive una presión constante por invertir en infraestructuras, mejorar redes y adaptarse a nuevas tecnologías. ¿Cómo se puede mantener la innovación cuando el objetivo no es maximizar beneficios, sino maximizar el impacto social?

      Para Somos Conexión, la innovación tecnológica y el impacto social no se excluyen, sino que se potencian. A diferencia de las grandes corporaciones, no innovamos para inflar tarifas ni forzar el hiperconsumo, sino para resolver necesidades reales de la gente. Al no desviar ingresos a grandes accionistas, podemos reinvertir nuestros excedentes en mejorar las redes y sistemas, apostando por herramientas de código abierto y alianzas estratégicas con la economía social. Así demostramos que se puede estar a la vanguardia tecnológica sin perder la escala humana, entendiendo la conectividad como un derecho fundamental y no como una mera mercancía

      En Europa se habla cada vez más de soberanía tecnológica y de reducir dependencias estratégicas. ¿Qué papel pueden jugar proyectos como Somos Conexión en la construcción de un ecosistema digital más democrático y resiliente?

        La verdadera soberanía tecnológica no solo depende de grandes infraestructuras, sino de en manos de quién están. Proyectos como Somos Conexión aportan la dimensión democrática que Europa necesita: descentralizamos el sector de las telecomunicaciones devolviendo el control de las decisiones a las personas usuarias, y no a fondos especulativos. Al ofrecer una alternativa basada en la participación, el cuidado de las personas y la justicia social, demostramos que la resiliencia digital se construye fortaleciendo a su ciudadanía, transformando la conectividad de un negocio extractivo en un derecho fundamental protegido por la propia comunidad.

        Las telecomunicaciones son ya una infraestructura básica para la educación, el trabajo y la participación social. ¿Consideras que el acceso a la conectividad debería abordarse más como un derecho esencial que como un servicio comercial?

          Absolutamente. De hecho, como apuntábamos antes, esta es la premisa que define todo nuestro modelo: la conectividad no puede seguir tratándose como una mera mercancía, sino como un derecho fundamental y una infraestructura básica para la vida democrática. Cuando un servicio es esencial para la educación, el trabajo o la participación social, su gestión no puede depender de la especulación o de la maximización de beneficios de un oligopolio. Por eso, desde el cooperativismo, demostramos que es posible gestionar las telecomunicaciones como un bien común, donde el éxito se mide en impacto social, inclusión y soberanía ciudadana, y no en la rentabilidad financiera de unos pocos accionistas.

          Uno de los grandes desafíos actuales es la brecha digital. Más allá del acceso a internet, ¿qué desigualdades os preocupan más y qué medidas crees que deberían impulsarse desde empresas, administraciones y sociedad civil?

            Hoy la brecha digital va mucho más allá de tener cobertura; nos preocupa profundamente la brecha de capacitación y la exclusión que sufren las personas y colectivos vulnerables ante la digitalización forzosa de trámites básicos. Para combatirla, las administraciones deben mantener canales de atención humana y las empresas debemos diseñar tecnología más ética; pero también hay que pasar a la acción desde el sector. Por eso, en Somos Conexión impulsamos nuestro propio proyecto contra la brecha digital, ofreciendo bonos de descuento en conectividad para colectivos vulnerabilizados. La conectividad es un derecho fundamental y la digitalización solo será un éxito si es inclusiva, humana y no deja a nadie atrás

            Desde Somos Conexión habéis impulsado iniciativas como el departamento de Infancia y Pantallas y la «Guía para familias crueles y malvadas». ¿Cómo podemos encontrar un equilibrio entre aprovechar las oportunidades de la tecnología y minimizar sus riesgos, especialmente entre los más jóvenes?

              El equilibrio no nace de la prohibición, sino del acompañamiento consciente, pero también de exigir responsabilidades a quien diseña la tecnología. A través de nuestro proyecto «Crecer en un mundo de pantallas» —desde el que impulsamos recursos como la Guía para familias crueles y malvadas, además de otras guías, talleres y productos de conectividad específicos para el entorno familiar—, defendemos que la tecnología ofrece grandes oportunidades, pero requiere de una guía adulta responsable. Sin embargo, no todo el peso debe recaer en los hogares: es urgente y necesario regular el sector de las redes sociales y las grandes plataformas. Las familias no pueden competir solas contra entornos digitales diseñados específicamente para ser adictivos; necesitamos un marco legal estricto que proteja la salud mental de los menores mientras nosotros, desde la comunidad, les educamos en una soberanía y sobriedad digital que priorice su bienestar emocional y su desarrollo real.

              Si miramos al sector de las telecomunicaciones dentro de diez años, ¿qué cambios te gustaría ver y qué tendría que ocurrir para que modelos empresariales orientados al bien común pasen de ser una alternativa a convertirse en una referencia?

                En diez años, nos gustaría ver un sector de las telecomunicaciones que haya dejado atrás la agresividad comercial y el modelo extractivista para convertirse en lo que realmente debe ser: un sector de servicios esenciales e infraestructuras neutras, donde la conectividad se gestione con responsabilidad ética (como debería pasar con el agua o la energía). Para que los modelos orientados al bien común pasemos de ser la alternativa a ser la referencia, deben ocurrir dos cambios estructurales. Por un lado, una regulación pública valiente que exija un freno real al impacto medioambiental del sector —reduciendo la huella de carbono de los centros de datos, limitando la obsolescencia programada de los dispositivos y apostando por la sobriedad digital—. Por otro lado, un cambio de conciencia colectiva. Cuando la ciudadanía empiece a exigir a sus proveedores digitales compromiso social y ambiental, el cooperativismo dejará de ser una excepción para convertirse en una opción mayoritaria

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